miércoles, 11 de abril de 2012

¿Vivir en un mercado o en un campamento?


Te indignas tanto, Lucilio, y te lamentas… ¿No comprendes que lo único malo es precisamente eso: tu indignación y tus quejas? Si me preguntas a mí, pienso que ninguna desgracia natural debería hacerme llorar. El día en que haya algo que yo no pueda soportar, ese día no podría soportarme a mí mismo ¿Estoy mal de salud? Es parte de mi destino. ¿Se han ido a dormir los criados, bajan mis rentas, se me ha hundido la casa, me han venido daños materiales, heridas, trabajos, cosas que dan miedo...? Suele pasar. Son cosas que ocurren necesariamente; no son accidentes. Créeme y te descubriré mis sentimientos más íntimos. En todo lo que parece adverso actúo así. No obedezco a un dios, sino que consiento con su voluntad. Le sigo, pero no porque no tenga alternativa. No me sucederá nada que yo acoja con tristeza, con mal gesto. No pagaré mis tributos de mala voluntad. Todo lo que lloramos, lo que nos asusta, son tributos de la vida. De todas estas cosas, amigo Lucilio, no esperes inmunidades ni las pidas. ¿Te ha producido inquietud que te duela la vejiga, recibir cartas amargas, una pérdida patrimonial detrás de otra...? ¿Acaso no querías llegar a viejo? Todas esas cosas en una existencia dilatada son como el polvo, el lodo o la lluvia en una caminata larga. —“Pero es que yo quería vivir sin todos esos inconvenientes.” Unas palabras tan afeminadas son impropias de un varón. Mira como recibes este deseo que yo tengo para ti: yo lo formulo con grandeza de ánimo, no simplemente con buen ánimo. Ni los dioses ni las diosas harán que la fortuna te lleve en palmitas. Pregúntate a ti mismo, si un dios te diera el poder de vivir en el mercado o en el campamento militar. Y, querido Lucilio, la vida es milicia. Los que andan activos de un sitio para otro, y van arriba y abajo por lo trabajoso y por lo arduo, y hacen frente a las misiones más peligrosas, esos son los varones esforzados, los héroes del campamento. Y esos otros a quienes una vergonzosa inacción les hace vivir blandamente son unas gallinas mojadas cuya seguridad es una deshonra.

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