jueves, 5 de abril de 2012

Orientaciones


Orientaciones

JULIUS EVOLA


I

Es inútil hacerse ilusiones con las quimeras de un optimismo cualquiera: en nuestros días nos encontramos al final de un ciclo. Desde hace ya siglos, primero imperceptiblemente, después como el movimiento de una masa que se desploma, son múltiples los procesos que han destruido en Occidente todo ordenamiento normal y legítimo de los hombres, que han falseado incluso la más alta concepción de la vida, de la acción, del conocimiento y del combate. El movimiento de esta caída, su velocidad, su aspecto vertiginoso, ha sido llamado “progreso”. Y a este “progreso” se han dedicado himnos, y se tuvo la ilusión de que esta civilización -civilización de materia y de máquinas- era la civilización por excelencia, a la cual habría estado preordenada toda la historia anterior del mundo: finalmente, las consecuencias últimas de todo este proceso fueron tales que provocaron, en algunos, un despertar.

Se sabe dónde, y bajo qué símbolos, se intentaron organizar las fuerzas de una posible resistencia. Por un lado, una nación que desde su unificación no había conocido más que el mediocre clima del liberalismo, de la democracia y de la monarquía constitucional, tuvo la osadía de recoger el símbolo de Roma como base para una nueva concepción política y para un nuevo ideal de virilidad y de dignidad. Por otro lado, en otra nación, que en el Medievo había hecho suyo el principio romano del Imperium, fuerzas análogas se despertaron para reafirmar el principio de autoridad y la primacía de todos aquellos valores que tienen sus raíces en la sangre, en la raza y en los instintos más profundos de una estirpe. Y mientras que en otras naciones europeas algunos grupos se orientaron en el mismo sentido, una tercera fuerza se alineó en el mismo campo de combate en el continente asiático: la nación de los samurai, en la que la adopción de las formas externas de la civilización moderna no había lesionado la fidelidad a una tradición guerrera, centrada en el símbolo del Imperio solar de derecho divino.

No se pretende que, en estas corrientes, la distinción entre lo esencial y lo accesorio fuese clara, que en ellas las ideas tuvieran paralelamente una adecuada convicción y cualificación en la persona, ni que hubieran sido superadas algunas influencias de aquellas mismas fuerzas a las que se debía combatir. El proceso de purificación ideológica habría podido tener lugar en un segundo tiempo, una vez que hubieran sido resueltos algunos problemas políticos inmediatos e inaplazables. Pero, incluso así, era evidente que estaba tomando cuerpo una concentración de fuerzas en abierto desafío frente a la llamada civilización “moderna”, tanto para las democracias herederas de la revolución francesa como para la encarnación del límite extremo de la degradación del hombre occidental: la civilización colectivista del Cuarto Estado, la civilización proletaria del hombre-masa anónimo y sin rostro. La velocidad se aceleró, se acentuó la tensión hasta que Ilegó el choque armado de las fuerzas en pugna. Lo que prevaleció fue el poder bruto de una coalición que no retrocedió ante la más híbrida alianza de intereses y la más hipócrita movilización ideológica para aplastar a un mundo que estaba poniéndose en pie y que intentaba afirmar su derecho. Dejamos al margen el hecho de saber si nuestros hombres estuvieron o no a la altura de su empresa, si se cometieron errores en cuanto al sentido de la oportunidad, de la preparación completa, de la medida del riesgo, ya que esto no compromete al significado profundo de la lucha que se produjo. Del mismo modo, no nos interesa saber que hoy la historia se vengue de los vencedores, que, por una justicia inmanente, las potencias democráticas, tras haberse aliado con las fuerzas de la subversión roja para Ilevar la guerra hasta el insensato extremo de la rendición incondicional y de la destrucción total, vean volverse contra ellas a sus aliados de ayer, peligro éste mucho más temible que el que querían conjurar.

Lo único que cuenta es que hoy nos encontramos en medio de un mundo en ruinas. Y la pregunta que debe plantearse es la siguiente: ¿existen aún hombres en pie en medio de estas ruinas? ¿Y qué deben o pueden hacer aún?

2 comentarios:

Mujer Del Mar dijo...

Esto es el mundo moderno..... esto es el "progreso". Hombres y mujeres se dedican a pensar como obtener lo material en grandes cantidades, ya no existe espiritualidad, no hay comunicación ni sensibilidad, nos estamos quedando vacíos. Extraño los tiempos cuando la poesía era un deporte.

Saludos
Diestra hacia el sol!

Mujer Del Mar dijo...

Esto es el mundo moderno..... esto es el "progreso". Hombres y mujeres se dedican a pensar como obtener lo material en grandes cantidades, ya no existe espiritualidad, no hay comunicación ni sensibilidad, nos estamos quedando vacíos. Extraño los tiempos cuando la poesía era un deporte.

Saludos
Diestra hacia el sol!