jueves, 19 de abril de 2012

Las Navas de Tolosa


¿Por qué la batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, fue fundamental en la historia de España y de Europa?

- Fue fundamental por lo que toda Europa se jugaba: detener la última gran invasión africana en occidente. Los almohades, una secta guerrera fundamentalista del sur de Marruecos, habían conseguido reunir bajo su liderazgo a todos los pueblos del norte de África, habían pasado a la península y se habían hecho con el poder en Al-Andalus; tenían la potencia militar, política y económica suficiente para romper la frontera, que en ese momento estaba situada en Sierra Morena, al norte de Andalucía, y desparramarse de nuevo por la meseta castellana. Tan obvia era la amenaza que al rey castellano no le costó obtener del Papa Inocencio III la proclamación de cruzada, y así, en 1212, se reunieron millares de europeos –alemanes, bretones, lombardos, provenzales…- para frenar a los almohades en España. Aunque la mayoría de los europeos resistieron mal las condiciones extremas del combate, una buena porción de caballeros provenzales permaneció junto a las tropas de los reinos españoles y compartió la gloria de la victoria. Después de las Navas de Tolosa, nunca más una invasión musulmana volvería a amenazar el suelo europeo por occidente.

- Unos pocos miles de hombres al mando de Roger de Flor, aquellos famosos Almogávares, tropas de choque de la Corona de Aragón constituidas por pastores de las sierras ibéricas, consiguieron retrasar casi un siglo y medio la muerte de Bizancio. ¿Cómo pudo ser esto?

- Es sencillamente inverosímil y, sin embargo, ocurrió. Los almogávares eran una suerte de tropa de elite de los ejércitos cristianos en la reconquista, tanto aragoneses como castellanos, y esencialmente de infantería. Una gente singular: vivían permanentemente en el frente de guerra, con sus familias, y su existencia consistía en atacar sin descanso las líneas enemigas, infiltrarse tras ellas y sobrevivir con lo que capturaban al enemigo. Cuando el Reino de Aragón llegó hasta su límite sur de expansión en la península, los almogávares (la palabra viene del árabe al-mugavar, que significa “los que provocan confusión”) fueron empleados en el nuevo horizonte de la Corona aragonesa, que fue la expansión por el mediterráneo. Después de conquistar Sicilia y Nápoles, acudieron a la llamada del emperador de Bizancio, amenazado por los turcos. Era 1302. La mera idea de viajar a Bizancio para pelear contra el inmenso ejército turco era perfectamente demencial, pero ese era exactamente el carácter almogávar. Su jefe, Roger de Flor (en realidad, Roger von Blum, hijo de un halconero de Federico II Hohenstauffen, criado con los templarios y viejo templario él mismo), aceptó el reto y embarcó hacia Constantinopla con 4.500 hombres. Llegará a haber 7.000 almogávares en la península de Anatolia. Su gesta es asombrosa: destrozaron a los ejércitos turcos en Cízico, en toda la costa mediterránea, al pie del monte Tauro… Traicionados por los propios bizantinos, masacran a éstos en Galípoli, pasan a Grecia y constituyen un ducado propio en Tesalia, donde mantendrían su presencia durante un siglo. JJ. Esparza

1 comentario:

Tío Chinto de Couzadoiro dijo...

Una página de nuestra historia -de la historia europea- que hoy, precisamente, conviene tener muy presente. La historia se repite. ¡Pero debe repetirse en todo!