sábado, 7 de abril de 2012

LA ORACIÓN DEL SUPREMO


LA ORACIÓN DEL SUPREMO

Sé que colgué de ese árbol barrido por el viento,
meciéndome durante nueve largas noches,
herido por mi propia espada,
ensangrentado para Odín,
yo mismo una ofrenda para mí mismo:
atado al árbol
del que ningún hombre conoce
hacia dónde corren sus raíces.
Nadie me dio pan,
nadie me dio agua.
Hacia los abismos más profundos me asomé
hasta que avisté las Runas.
Lanzando un rugido las tomé
para luego caer, aturdido y débil.
Gané bienestar
y sabiduría también.
Crecí y me regocijé con mi crecimiento:
de palabra en palabra
fui guiado hacia otra palabra,
de una acción hacia otra acción.

- Del antiguo escandinavo
La Edda poética (1200 D.C.)

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