lunes, 9 de abril de 2012

Intelectual



Es preciso poner en claro que para el hombre de Derecha los valores culturales no gozan de la condición excelsa a la que son ensalzados por los escritores deformación racionalista. Para el verdadero hombre de «Derecha», antes que la cultura están los valores genuinos del espíritu que encuentran expresión en el estilo de vida de las verdaderas aristocracias, en las organizaciones militares y en las tradiciones religiosas todavía vivas y operativas. En primer lugar está un cierto modo de ser, una cierta tensión hacia alguna realidad, después el eco de esta tensión bajo forma de filosofía, arte o literatura.


En una civilización tradicional, en un mundo de «Derecha», en primer lugar se encuentra el espíritu viviente y sólo después la palabra escrita.


Únicamente la civilización burguesa, nacida del escepticismo iluminista, podía creer sustituir el espíritu heroico y ascético por el mito de la cultura, por la dictadura des philosophes.


El demócrata rinde culto a la problemática, a la dialéctica, a la discusión y transformaría de buen grado la vida en café o en un parlamento. Para el hombre de «Derecha», por el contrario, la investigación intelectual y la expresión artística alcanzan sentido sólo como comunicación con la esfera del ser, con algo que, sea de la manera que sea, no pertenece al reino de la discusión sino de la verdad. El verdadero hombre de «Derecha» es instintivamente un homo religiosus, pero porque mide sus valores no con el metro del progreso sino con el de la verdad.


«Ser conservador ‑ha escrito Moeller van den Bruck- no significa depender del pasado inmediato sino vivir de los valores eternos».


La cultura y el arte de «Derecha» no pueden pretender ser ellos mismos el templo sino sólo el vestíbulo del templo. La verdad viviente está más allá.


De aquí surge una cierta desconfianza del genuino hombre de «Derecha» frente a la cultura moderna, un desprecio impersonal hacia el vulgo de literatos, estetas y periodistas. Recuérdense las palabras de Nietzsche: «Una vez el pensamiento era Dios, después devino hombre, ahora se ha hecho plebe. Todavía un siglo de lectores y el espíritu s e pudrirá, apestará».


De aquí la hostilidad del fascismo y del nacionalsocialismo hacia la figura del intelectual deraciné. No se trata meramente de la burda desconfianza del escuadrista y del lansquenete por los refinamientos de la cultura sino también del aspirar a una espiritualidad hecha de heroísmo, fidelidad, disciplina, sacrifico. José Antonio recomendaba a sus falangistas «el sentimiento ascético y militar de la vida».


Establecida esta premisa, consideraríamos más de cerca el objetivo de animar una cultura de «Derecha». El fin, lo hemos dicho, es la construcción de una visión del mundo que se inspire en valores diferentes los hoy dominantes. No teoría o filosofía sino «visión del mundo». Esto deja un amplio margen de libertad a las posiciones particulares.

http://adrianoromualdi.blogia.com/2007/031001--por-que-no-existe-una-cultura-de-derecha-.php

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