martes, 27 de marzo de 2012

Historia. Los conocimientos revolucionarios y la tecnica sindical en Mussolini


Los precedentes revolucionarios de Mussolini fueron su mejor escuela de capacitación para el golpe de Estado y más aún para la organización de la reacción burguesa.

Mussolini trataba de organizar un estado antiproletario, y no podía olvidar que, como antiguo revolucionario, conocía el terreno que pisaba. Esto dio una seguridad a sus métodos que están muy lejos de disfrutar los demás dictadores pseudofascistas, llámense Carmona o Pilsudski.

Vayamos, pues, con método, analizando cuáles son esos precedentes revolucionarios:

a) Sorel y Marx. Mussolini, como discípulo de Jorge Sorel, poseía un conocimiento detallado de la doctrina y del panorama de las fuerzas sindicalistas en Italia. Un renegado, Rossini, colaboró con el Duce en la tarea de nutrir de ingredientes sindicales el fascismo.

En primer lugar aprendieron la táctica soreliana de la violencia, explicada en las Reflexiones sobre la violencia, del propio Sorel, libro, quizá, el más significativo del fundador del Sindicalismo.

En segundo término, se dieron cuenta del interés que podría tener la organización sindical de la producción, y esto les sirvió para comprender la definitiva importancia que para la hegemonía del Partido Fascista tendría el llegar a someter los Sindicatos al control del Estado.

Tienen, pues, raíces sorelianas los métodos y parte de la ideología fascista. Solamente que esos aspectos revolucionarios los toma el fascismo parcialmente, utilizándolos como arma contra la revolución; contra los intereses del proletariado.

De Marx aprendió Mussolini, antiguo socialista, una multitud de cosas, también para volverlas contra la revolución. Pero fundamentalmente una: la disciplina, que había de ser el arma que centralizase, realizando un modelo de regularidad y control, sus organizaciones fascistas.

b) Mussolini y la socialdemocracia. Este es otro aspecto de interés. Su permanencia en la socialdemocracia, viviendo horas emocionantes y eminentes, en la historia del Partido, le sirvió más tarde de mucho. Conocía con precisión cuáles eran las flaquezas, las debilidades y errores de aquellas organizaciones, y así operaba sobre seguro.

No solamente sus dotes de polemista y su audacia política le destacaron entre los mejores militantes italianos, especialmente durante la época de su labor en Avanti, sino su energía revolucionaria, probada en innumerables ocasiones, que hacía aparecer como imposible que Mussolini fuese el mismo hombre, que años más tarde iba a realizar la tremenda traición histórica del fascismo.

He aquí cómo le describe Pedro Nenni, en la cárcel, en una de las ocasiones en que padeció prisión: «Era lo que podía decirse un preso modelo. Su bondad con los compañeros de prisión no tenía límite. Todo lo excusaba y ponía en la cuenta de la iniquidad social... Y partía su comida con ellos, gustosamente.»

Este aspecto humano, unido a sus aptitudes revolucionarias, le convirtieron en uno de los líderes más estimados de los socialdemócratas. Más tarde iba a reclutar entre sus camaradas de entonces no pocos camisas negras, entregados, como él, a la reacción.

La socialdemocracia iba a ser uno de los obstáculos que se interpusieran entre su Partido y el Poder; una de las barreras que tendría que franquear, destrozándola. De mucho le sirvió conocerla como muy pocos en Italia.

c) Estrategia y táctica marxista. Reconocen los mismos apologistas italianos del fascismo que el triunfo de Mussolini fue debido a su dominio de la táctica marxista. Sabía cómo se hace y cómo se inutiliza la revolución proletaria. Aprovechó esos conocimientos para realizar la toma del Poder contra el proletariado, combatiéndole antes en sus centros nerviosos.

Malaparte dice, con absoluta verdad: «La táctica seguida por Mussolini para apoderarse del Estado no podía haber sido concebida más que por un marxista. No hay que olvidar nunca que la educación de Mussolini es marxista.»

No quiere decir esto que la táctica fascista para apoderarse del Estado fuese la misma que la que hubiera seguido el proletariado, sino que sólo un hombre educado revolucionariamente en Carlos Marx, había podido adivinar que la táctica para apoderarse del Estado su Partido debía ser precisamente la de impedir que lo conquistase el proletariado.

La situación revolucionaria era clara y precisa para el Partido comunista; pero la falta de control de éste sobre las masas, no permitió que la revolución social triunfase; el duelo por el Poder no se libraba sino entre la guardia roja y las camisas negras, con un cien por cien de ventajas a favor de Mussolini.

El duce supo en todo momento, tanto en el período de lucha contra las organizaciones obreras como en el de hostilización a los gobiernos liberales burgueses, observar aquellos dos inolvidables principios de Marx: la revolución debe mantenerse siempre en la ofensiva; la revolución debe comenzarse y llevarse hasta el final.

Y, con amplio éxito para su Partido, aplicó este sistema de combate al movimiento reaccionario que se enseñoreó de Italia.

d) Etapas y consignas. Donde se manifiesta el sentido demagógico de Mussolini, la utilización de principios falsamente revolucionarios, es en el viraje de su Partido, cuyas etapas fundamentales conviene bocetar brevemente.

Primera. La primera etapa del fascismo, es lo que pudiéramos llamar prehistoria del Partido. Expulsado Mussolini del Partido Socialista por su criterio intervencionista en la guerra, expuesto en un violento e inesperado artículo en Avanti, se escinde con él un importante grupo de intervencionistas. En 1919, firmada la paz, Mussolini reúne estos antiguos partidarios en Milán, durante el mes de marzo, y constituye sus fascios de combate. No tenían entonces consignas fijas; era un período de indefinición. Los fascios no se distinguían sino por un sentido absoluto, categórico, de la disciplina. El mismo año, después de algunas uniones infructuosas, actúa como partido autónomo en las elecciones, con éxito menos que mediano.

Segunda. A partir de 1919 empieza el Partido Fascista a desentenderse de sus contactos radicales con los socialistas y a buscar afiliados entre la burguesía. Abandona las antiguas consignas de reforma agraria, la industria a los obreros, &c. Comienzan a aparecer las consignas nacionalistas económicas, y la dirección sindical sentida por Rossoni y por el mismo Mussolini, adulterando la doctrina sindicalista con el criterio de paritaridad. Aún figuran en este período consignas, como la jornada de ocho horas, que iba a combatir en el Poder.

Tercera. A partir de 1921, cuando ya la toma del Poder se presenta como un hecho indudable y fatal, se condensan en su forma actual las consignas fascistas, y se da el viraje completo, enrolando partidarios fanáticos y decididos en las filas de la burguesía.

e) Premisas revolucionarias del sofisma fascista: Estado y Sindicatos. La dialéctica fascista, de carácter sustantivamente sofístico, ha extraído su consecuencia reaccionaria, su organización antiproletaria del Estado de dos principios auxiliares de la revolución, forjados al calor de ella.

Uno de esos principios es el postulado político de la fortaleza del Estado, postulado político transitorio de marxismo, ya que se concibe el Estado proletario como arma de realización del comunismo.

El segundo es el postulado social de control sindical por parte del Estado y sindicación necesaria de todos los trabajadores, principio de máxima eficiencia para el bienestar de la clase obrera y campesina, cuando el Estado es también un Estado de los campesinos y de los obreros.

Mussolini proclamó, indudablemente, en el subsuelo teórico del fascismo ambos principios, exagerándolos si cabe: supremacía indiscutible e ilimitada del Estado y actividad sindical sometida al control y potestad del Estado.

Pero en el primero de esos principios se encierra el sofisma de la identificación del Estado ilimitado y omnipotente con la burguesía. La conclusión ha de ser, necesariamente, la sumisión del proletariado a los intereses de la burguesía, expresados en el fascismo.

Es, pues, un manejo demagógico de dos principios nacidos y llevados a la práctica al calor de la revolución. Es uno de los muchos aprendizajes que el traidor Mussolini extrajo de la revolución.

Santiago Montero Diaz (De manera posterior a escribir este texto se metio en las JONS de Ramiro ledesma Ramos)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cualquier alianza, por táctica y temporal que sea, de pos principios nacionales revolcuionarios con los intereses de las altas finazas debe ser extremadamente cautelosa y desconfiada por naturaleza.

Los finacieros y capitalistas ultra liberales no tiene mas ideal que el dinero, de ahi que nunca se pueda fiar uno de ellos.

Eso no siginifica abandonar la creencia en el derecho a la propiedad privada y a superación individual y colectiva diaria en aras de un futuro mejor para el purblo y la Patria