martes, 31 de mayo de 2011

Por qué la derecha es tan fragil


Por qué la derecha es tan fragil
Publicado por José Javier Esparza el 7 de Julio de 2006 en Política y Sociedad.


Interesantes reflexiones sobre los complejos de la derecha política. ¿porqué el miedo a reconocerse en las propias ideas?¿porqué el miedo a decir con claridad soy de derechas?

Siempre que planteamos la cuestión de la fragilidad de la derecha, hay un aluvión de opiniones de lectores. En el PP no se enteran de estas cosas, pero la gran preocupación de la derecha social, hoy, no es otra: ¿por qué somos tan frágiles, tan vulnerables? ¿Por qué Zapatero piensa que nos aniquilará sin resistencia?La derecha, en general, no osa decir su nombre. Incluso el partido que la representa se define “de centro”. La derecha no osa decir su nombre porque el término “derecha”, en nuestra cultura política, viene afectado por un toque de ilegitimidad. Ser de derechas no está bien visto. Y esto es así porque hace muchos años que quien decide lo qué está bien y mal es la izquierda. Ésta posee el control de la cultura oficial y la mayor parte de las factorías de opinión. Es una batalla que la derecha nunca ha creído necesario librar ni en el franquismo ni en democracia. Hoy cosechamos lo sembrado.

Además, buena parte de la derecha no se reconoce como tal. Existe una realidad objetiva de derecha que, en España, viene compuesta por principios como la unidad nacional, la moral cristiana, la libertad individual y la tradición cultural hispánica. Pero con frecuencia veremos a personas que defienden esas cosas y, sin embargo, no se reconocen “de derecha”. ¿Por cobardía? A veces, sí. Pero otras veces es cuestión de escrúpulos. El término “derecha”, que designa un conjunto de ideas y principios, señala también a los “poderes tradicionales”. Y, claro, uno puede defender ciertos principios, pero siempre será incómodo que te cuelguen la misma etiqueta que al banquero de turno. La querella entre derecha de principios y derecha de intereses es muy vieja, pero siempre ha ganado la de “intereses”. Tantas veces ha ganado que, ahora, se ha hecho de izquierdas.

La derecha de intereses agoniza. Quienes tienen el poder -los polancos, los banqueros, todo eso- ya no están en la derecha. Eso nos liberará de servidumbres enojosas. Pero hay que extraer todas las conclusiones oportunas: que el poder ya no sea de derechas quiere decir que el poder no vendrá a socorrernos. Si la derecha no quiere que sus principios mueran, tendrá que actuar, resistir.

Actuar, en una vida pública pacífica, quiere decir marcar unas posiciones, fundamentarlas y defenderlas. La gente de derechas, si quiere que sus ideas sobrevivan, tendrá que dejar de pensar como pasiva “gente de orden” y empezar a moverse, a vivir con conciencia política, a participar en la vida civil, a comprar los libros y revistas de quienes comparten su visión del mundo, a hablar en las asociaciones de padres de alumnos o en los grupos de vecinos. Todo eso no lo va a hacer el PP; lo tiene que hacer la gente. Si no, la apisonadora nihilista pasará sobre ella. Y lo tendrá bien merecido.

Publicado por José Javier Esparza el 07-07-2006 en Semanal Digital

El antiglobalismo de derecha





El antiglobalismo de derecha

Marcello Veneziani


Si te fijas en ellos, los anti-G8 son la izquierda en movimiento: anarquistas, marxistas, radicales, católicos rebeldes o progresistas, pacifistas, verdes, revolucionarios. Centros sociales, monos blancos, banderas rojas. Con el complemento iconográfico de Marcos y del Ché Guevara. Luego te das cuenta de que ninguno de ellos pone en discusión el Dogma Global, la interdependencia de los pueblos y de las culturas, el melting pot y la sociedad multirracial, el fin de las patrias. Son internacionalistas, humanitarios, ecumenistas, globalistas. Es más: cuanto más extremistas y violentos son, más internacionalistas y antitradicionales resultan.

O sea, que cuanto más se oponen a la globalización, más comparten su meta final. Por lo demás, el Manifiesto de Marx y Engels es un elogio total de la globalización, a cargo de la burguesía y del capital, que rompe los vínculos territoriales y religiosos, étnicos y familiares, y libera de la tradición. Y en las cumbres anteriores, los presidentes de los países más industrializados eran casi todos de tendencia progresista y provenían del 68, desde Clinton a nuestros propios líderes, que soñaban con transformar el G8 en un coalición de izquierdas planetaria. Todos optimistas del G8.

¿Dónde están entonces los verdaderos enemigos de la Globalización? Están en la derecha, queridos amigos. Allí, no sólo desde hoy, se combate el mundialismo y el internacionalismo, la muerte de las identidades locales y nacionales. Si es verdad, como sostienen muchos pensadores, que la próxima alternativa será entre el universalismo y el particularismo, entre globalidad y diferencias, entre cosmópolis y comunidad, entonces el antagonista de la globalización está en la derecha. Con los conservadores y los nacionalistas, con los tradicionalistas y los antimodernos, pero también en el ámbito de la nueva derecha de Alain de Benoist y de Guillaume Faye, y de los movimientos localistas y populistas.

Hay una rica literatura de derecha que hace tiempo critica radicalmente la globalización y sus consecuencias: el dominio de la técnica y de la economía financiera en detrimento de la política y de la religión. Es en la derecha donde se reúne la respuesta populista a las oligarquías transnacionales. Es en la derecha donde las tradiciones se oponen a la sociedad global sin raíces. Es en la derecha donde se teme la imposición de un pensamiento único y de una sociedad uniforme, y se denuncia la globalización como un mal en sí mismo; mientras, en la izquierda, se denuncia que la globalización no extiende sus beneficios economicos a la humanidad sino sólo a unos pocos. O sea, que no se denuncia su efecto de desarraigo sobre las culturas tradicionales y sobre las identidades, sino sólo que no vaya unida a la globalización de los derechos humanos.

En Génova, pues, se consuma una paradoja: unos pocos hombres de derecha, entre agricultores, artesanos y tradicionalistas, se opondrán al G8 de modo débil y marginal pero con propósitos fuertes y radicales. Y mucha gente de izquierda se opondrá de modo vistoso y radical a una globalización que en el fondo comparte. En Génova la maldición de Colón golpea a la inversa: él zarpó para las Indias y descubrió América, éstos sueñan con un mundo nuevo pero descubren las viejas Indias.

¿Es eso, de tonto y mentecato?


Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?.

jueves, 26 de mayo de 2011

miércoles, 25 de mayo de 2011

martes, 24 de mayo de 2011

Palabras de un disidente de izquierdas

Pese a sus ideas o tics internacionalistas, ultra-igualitaristas, materialistas... Se perciben buenos instintos en gente como Anguita.


España y Roma XII


Hemos visto, pues –de modo sucinto, pero claro–, las dos vertientes del genio de Séneca el cordobés. Por una vertiente, Séneca resulta como un oriental, como un cristiano primigenio. Por la otra, un perfecto hombre antiguo, pagano, bárbaro. De una ladera, Séneca es el consolador de los débiles, de los doloridos, de las masas, vencidas y decadentes, de almas que poblaban el imperio en sus postrimerías. De otra ladera, Séneca es el revalorizador de lo individual hasta hacer heroica la vida del Sabio. Por un lado, Séneca ve el nihilismo del cosmos. Por otro, sólo salva la virtud del héroe para hacer frente a esa nada cósmica.

Todo esto –y otras cosas– me ha llevado a pensar muchas veces en el fondo estoico que nutre el actual Fascismo. Me ha llevado a meditar sobre el fundamento que pudiera tener el Fascismo en las doctrinas de Séneca el cordobés.

No se crea, que, al decir yo esto, es porque deseo, arbitraria y patrióticamente, dar una base genuinamente española a la nueva doctrina universalista, salida de la ciudad eterna. Quien conozca mis teorías sobre el Fascismo, como «nueva catolicidad», sustentadas en libros anteriores, no podrá extrañarse de tal pensamiento mío.

Yo afirmo que el Fascismo tiene una amplia base estoica en general, y, concretamente: senequista.

* * *

Una de las características esenciales del Fascismo es su antidemocracia, que lo es, a su vez del senequismo. «Argumentum pessimi turba est», dijo Séneca en De vita beata II. Luego Petrarca, imbuido por Séneca, lo expresó, eso mismo, de tal forma, que llegó a nuestra «Celestina» en el siglo XV: «Ninguna cosa es más lejos de verdad que la vulgar opinión.» Y Erasmo, redondeó esa máxima de Séneca al decir: «La verdad es que el juicio común de la gente nunca jamás fue ni es regla muy cierta ni muy derecha para regirse hombre por ella.»

Es lo que diría luego Mussolini con otras palabras: «Il fascismo nega che il numero, per il semplia fatto di essere numero possa dirigere le societá umane».

* * *

Otra característica genuina –quizá la más pura– del Fascismo es la de considerar la vida como una lucha.

«Il Fascismo concepisce la vita como lotta», dijo Mussolini. «Vida est militia homonis superterram», había dicho Séneca. «Per noi fascisti, la vita e un combatimento continuo incessante, che noi accetiamo con grande corazzio...» Puro senequismo. «Lo primero que le aconsejó es que una y muchas veces traiga a la memoria que toda la vida de los mortales no es aquí sino una perpetua guerra», dijo un gran intérprete de Séneca en el Renacimiento. El hombre, el fascista –dice Mussolini– deberá «conquistarse quella vita che sia veramente degna di lui». «Una vida feliz es aquella que es digna de su naturaleza.» «Cada uno es el artesano de su vida», había dicho Séneca. «Fare ditutta la propia vita tatto il propio capolavoro», diría luego Mussolini. Ese carácter práctico, ético, de la vida, que se había señalado a la filosofía de Séneca es el que aparece como estructura del Fascismo: «Questa concezion positiva della vita e evidentemente una concezione ética», «vita seria, austera, religiosa: in un mondo sorretto dalle forze morale», «Il fascista didegna la vita comoda», «Il nóciolo della filosofia fascista: noi siamo contro la vita comoda». Senequismo esencial: esencia de la vita beata, del Caballero Cristiano que diría el Renacimiento, traduciendo el concepto del Varón virtuoso, siempre en guardia contra los acontecimientos, endurecido contra toda comodidad engañosa. «Yo aprecio en más los bienes de trabajo, los que cuentan fatiga y se basan en la acción, luchando constantemente contra la Fortuna», «Vencer la costumbre», aconseja Séneca a Lucilio. Y esto otro: «Es necesario habituar el ánimo por medio de continuos, incesantes ejercicios.»

* * *

La concepción que del hombre tiene el Fascismo, como ser dotado para alcanzar las más altas cimas de la Voluntad por medio de ejercicios heroicos, es, en el fondo, la de Séneca. Donde Séneca escribe «el sabio», «el varón fuerte», hay que escribir hoy el «Duce», el «Führer», el «Héroe». Séneca es, mucho antes que Nietzsche, el gran forjador de la voluntad como poderío.

«La fuerza de las cosas adversas no mueve el corazón del varón fuerte; antes está firme en su estado. Porque es más poderoso que todas las cosas que fuera le acaecen. No digo yo que no las sienta, mas digo que las vence», traduce nuestro Cartagena en 1551.

Era ese un concepto que recogería Séneca, el Petrarca, León Bautista Aberti, Maquiavelo, Montaigne, y llegarían, a través de Nietzsche, hasta Mussolini. ¡Amar lo difícil! ¡Vivir en peligro!, ha repetido el Duce más de una vez.

Así decía Séneca en De Providencia, haciendo resaltar el heroísmo de Fueton: «Porque estas cosas que me piensas espantar más me avivan. Y allí me place estar donde el mismo sol ha miedo. Porque al hombre bajo y [10] para poco pertenece buscar lo seguro. Por lo alto va la virtud.» He ahí Séneca: ¡Contra lo seguro! ¡Contra la vida cómoda!

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Ese concepto del «ardito», del «héroe», del «sabio senequista», comportó, en la Roma del siglo I, el mismo concepto de «aristocracia natural», de «realeza natural», que el Fascismo traería al mundo de hoy.

«¿Quién, pues, es el noble? Aquel a quien naturaleza ha hecho para la virtud.» «No estimo a uno por hombre diferente del vulgo, habiendo respeto al lugar y preeminencia que posee, sino al corazón que veo que tiene...» Y luego nuestro Vives ajustaría: «La verdadera y firme nobleza nace de virtud.»

Esta tesis senequista es la base de «la nueva jerarquía fascista». Séneca descubre así a su héroe, a su Duce: «Tal hombre será equilibrado y pleno de ordenación uniendo, a su natural majestad, un sentido de piedad en todas sus acciones.»

* * *

El Fascismo no emplea hoy la palabra virtud para designar lo que Séneca designaba con ella. Pero utiliza otra tan sinónima que su reiteración en todos los discursos y doctrinarios fascistas la hace equivalente: «fática.» Cuando el Duce emplea el término «fática» se refiere exactamente a la misma concepción que Séneca tenía de la Virtud. Al esfuerzo, trabajo, al coraje, a la tensión que el vivir, el varón fuerte necesita para vencer esa cosa dura y difícil que es la vida. «Non est delicata res viverlo.»

No debo olvidar que este estudio mío no puede tocar más a fondo un tema como éste que aquí va englobado en otro más general. Pero para terminar este apunte de «senequismo y fascismo», transcribiré las expresas alusiones de Benito Mussolini: «Se il fascismo non fosse una fede, come darebbe lo stoicismo e il coraggio ai suvi fregani?» (Muss. Vincoli di sangue, «Popolo d'Italia», 19 gen. 1922).

«L'orgoglioso motto squadrista me ne frego, scrit o sulle berde di una ferita, e un atto di filosofia non soltanto stoica, e il sunto di una dottrina non soltante politica: e l'educazione al combattimento, l'accettazione dei rischi che esso comporta, e un nuovo stile di vita.» (Muss. La dottrina del Fascismo, treves Milano 1932.)

* * *

El Fascismo, como el senequismo, «puodo stile di vito» es, en el fondo, el estilo eterno de Roma. La concepción que luego de Séneca, se llamaría cristiana, y hoy, fascista. O sea de que la vida es milicia. Frente al Oriente, donde la vida es despojamiento absoluto, y al Occidente, donde la vida, según Fausto, «es acción», Roma la concibe a través de sus más geniales hijos (Séneca, Loyola, Mussolini), como combate, como virtud, como fe, como fatiga. Por algo se da uno la pena de considerar el fascismo doctrina nueva para España, como una vieja sabiduría donde España dio sus mejores frutos. Como el viejo secreto, hoy cada vez más nuevo, que a Roma musitara el gran cordobés Lucio Anneo Séneca, por los años primeros de la rea del Cristo.

E. Giménez Caballero

sábado, 21 de mayo de 2011

Ante el monopolio de los valores de izquierda de la revuelta 15 M


Una de las tácticas que Lenin recomendó a los mandarines del Partido Bolchevique para hacerse con el poder consistía en montar organizaciones pantalla, aparentemente no relacionadas con el partido, que habrían de servir para llegar a nuevos graneros de votos. Así, los primeros bolcheviques se apoderaron de los más variopintos movimientos que, en principio, eran refractarios al ideario comunista, ya entonces un guiso muy pesado para los estómagos de los pequeños comerciantes, los campesinos con tierra o los artesanos.



Una vez conquistado el poder, única razón de ser de la izquierda desde sus orígenes leninistas, caían las pantallas y, con ellas, la vida y hacienda de los que osasen disentir. Aquella recomendación del genuino padre del socialismo fue llevada a la práctica por sus sucesores en todo el mundo. Allá donde los ideólogos izquierdistas han encontrado una causa tras la que esconderse, se han aprovechado de ella. Es lo que, con el tiempo, han terminado denominando “luchas” –en plural–, que han ido variando y evolucionando dependiendo de la época. La izquierda actual se ha apropiado, por ejemplo, de causas justas como la defensa del medio ambiente, la igualdad entre el hombre y la mujer o la promoción de la paz. El ecologismo, el feminismo o el pacifismo constituyen de este modo simples medios que sirven a un fin superior: el de garantizar el usufructo del poder a la camada socialista.



En la España de nuestros días, sacudida por una severa crisis económica provocada en gran parte por el Gobierno socialista, era esperable que el descontento –especialmente el juvenil, cuya tasa de desempleo supera el 40%– aflorase por algún lado. Y ahí, como hace 100 años, ha estado ágil la izquierda de hoy utilizando las técnicas de la izquierda de ayer. Han detectado por dónde podría romper esa insatisfacción, han esperado pacientemente a que fuese tomando forma y, una vez su causa ha sido reconocida, la han cooptado para ponerla al servicio de sus fines. Esa es la razón por la que el manifiesto de la plataforma Democracia Real Ya apesta a socialismo rancio de principio a fin, o el motivo por el que los jóvenes indignados incurren en tantas contradicciones, algunas de bulto, como abjurar del Estado y sus políticos… pidiendo más Estado y más políticos, siempre que estos sean, cómo no, intervencionistas hasta la náusea. La protesta ha quedado así diluida en un indigerible engrudo botellonero a medio camino entre mayo del 68 y la Facultad de Políticas de la Complutense.



Los indignados, cuyo manifiesto es una copia bastante deficiente del programa electoral de Izquierda Unida, en vez de erigirse en una amenaza para los que mandan son una oportunidad para que estos se valgan de su fuerza para amarrarse al poder. Un movimiento, en definitiva, perfectamente manipulable por los más convencidos. De hecho, en cierto modo, ya está siendo así. Los que en origen se presentaron como apolíticos e hicieron de la etiqueta “No les votes” su bandera, el miércoles ya decían que su objetivo era acabar con el bipartidismo al tiempo que pedían el voto para los partidos minoritarios. A escala nacional sólo existe un partido que cumpla ese requisito y se siente en el Parlamento: Izquierda Unida, de ahí que Cayo Lara no tardase en subirse al carro de los amotinados, al tiempo que el programa y las consignas de los mismos se radicalizaban unos cuantos grados. No ha sido el único. Los líderes socialistas, sabedores del batacazo electoral que les aguarda, se han apuntado entusiastas otorgando carta de legitimidad al así llamado “movimiento 15-M”, que, a estas alturas, poco tiene de apolítico y mucho, en cambio, de algarada callejera. A la izquierda no le importa tanto que lo que estén haciendo –ocupar ilegalmente una céntrica plaza de Madrid– sea poco democrático, como los réditos electorales que puedan obtener el domingo.



Si PSOE e IU movilizan, aunque sea en parte, una porción de ese electorado joven que, con toda la razón, le da la espalda, habrá merecido la pena el esfuerzo. Los indignados pueden convertirse, asimismo, en un arma muy valiosa de cara a sitiar al adversario, tal y como ocurrió durante las campañas electorales de 2003 y 2004, cuando grupos de radicales de izquierda asaltaron sin el menor rubor las sedes del Partido Popular. Todo esto lo pueden conseguir, además, con el aplauso de los medios y la mirada cómplice de la sociedad civil, que sí está genuina y lógicamente indignada. Pero, por muy mal que vayan las cosas, de nada serviría tratar de arreglarlas con una receta que incluye más de todo lo malo que nos ha llevado a esta situación. España está en crisis por exceso de políticos y una sobredosis de Estado. Lo último que necesitamos es reincidir en los viejos vicios intervencionistas e hiperreguladores que nos han conducido a esta situación. Y eso es lo que proponen estos, los indignados del 15-M.



*Fernando Díaz Villanueva es historiador, periodista y analista del Instituto Juan de Mariana.

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Tercios de España

viernes, 20 de mayo de 2011

España y Roma XI


Si los cristianos vieron en Séneca un evangélico, ¿qué vieron luego los renacentistas y los criticistas –Petrarca, Erasmo, Montaigne, Kant– para exaltarle a un puesto magno de precursor? Vieron la otra vertiente senequista. La puramente pagana: la humanista. De ahí que pueda afirmarse, con la misma razón, que del cristianismo, que Séneca fue un antecedente imprescindible del humanismo en el Renacimiento.

El renacer del neo-estoicismo durante el siglo XVI, fue ya estudiado por L. Zanta.

Pero ese renacer tenía fuentes anteriores a ese siglo. Ya Averroes, en la España del siglo XIII –otro cordobés– niega la recompensa ultraterrena para el hombre justo. Era la idea axial de Séneca en lo que se refería a un ultramundo, a la inmortalidad del alma y a la existencia de Dios. Era el clásico «materialismo» senequista, como hubiera dicho un descendiente de esa teoría: Carlos Marx.

Para el Séneca humanista, pagano y revolucionario, el Hombre era él centro del cosmos. Y la Razón, un principio autónomo. La Razón era el instrumento único para combatir esos grandes enemigos del hombre que se llaman las pasiones: «movimientos absurdos, alógicos, irracionales y contra la naturaleza del alma.» El Hombre que lograba mediante el ejercicio de la Virtud, de la Razón, combatir esos enemigos, alcanzaba el sumo grado beato de felicidad: la apatía, la impasibilidad. Ese hombre, era el Sabio.

El Mundo para este Séneca racionalista, que predica la autonomía de la moral, era un orden fatal, al que había que adecuarse. Seguir el Sino, la Naturaleza: sequere naturam. Ese sino englobaba a los hombres y a los dioses con igual fuerza. Existía una predestinación. Por eso el luteranismo se alzó con esa teoría.

El premio de la virtud en sólo la virtud consiste. Y ese fue el secreto de la concepción Kantiana de la Moral. El secreto de Séneca. Y el que quiso adivinar Petrarca en su «De remediis utriusque fortunae» que tanto influiría en todos los Renacimientos europeos, singularmente en el español. Pero realizar en la vida humana la felicidad por medio de la virtud era una quimera. De ahí las flaquezas de todos «los humanistas» que les conducía, como le condujeron a Séneca, a la atmósfera típica de esa concepción vital: el pesimismo. Y el suicidio.

Séneca no se suicidó voluntariamente. Le suicidó Nerón. Pero él se abrió las venas con la misma impasibilidad –impasibilidad o rencor endemoniado– con que Sócrates bebiera la cicuta.

El suicidio era la máxima libertad del hombre: la de poder quitarse la vida voluntariamente. Y como todo lo que era voluntario era honestus, el suicidio resultaba algo decente. Por eso Séneca se pondría siempre de moda en las épocas de suicidios literarios. En la época de La Celestina y de la Cárcel de Amor. En la época kantiana del Werther. Y luego en la schopenhaueriana de Figaro y Ganivet y del Andrés del Arbol de la Ciencia barojiano.

¡La libertad! «Nada es honesto cuando se hace por acción, contra el propio querer. Todo lo honesto es voluntario», había dicho Séneca. ¿No estaba ahí toda la doctrina del individualismo contra un Estado coactivo, contra una religión dogmática? ¿No estaba ahí Erasmo, y luego Voltaire? ¿No estaba ahí, en esa preformación del sabio, todo el superhombre de Nietzsche?

El hombre podía identificarse con Dios. He ahí el gran secreto milenario del genio de Occidente, que Séneca interpretó con su Sabio. El satanismo de Adán, de Prometeo, de Sócrates, de Fausto: El Hombre sobre Dios.

En España –ese Séneca– alboreó, a finales del siglo XV, suscitado por el humanismo petrarquesco e italiano, bajo la Corte de Juan II. Ya en 1482 se interpretaban los Proverbios de Séneca como hizo Díaz de Toledo.

En el año de 1491 tradujo a Séneca el obispo Alonso de Cartagena, de origen judío por cierto. «Cinco libros de L. A. Séneca.» Y tuvo tres ediciones más esa traducción: 1510 (Toledo), 1530 (Alcalá) y 1551 (Amberes).

Sus Epístolas aparecieron en cuatro ediciones sucesivas de 1502, 1510, 1529 y 1551. Y una antología senequista que fue muy leída por los españoles fue la de «Las Flores», traducidas por el erasmista Juan Martín Cordero (1555). Y el Pinciano escribe sus famosas «Castigationes» senequistas en 1536.

Las traducciones y comentarios sobre Séneca abundaron durante todo el siglo XVII. Se atribuye sentido senequista a Cervantes, a Mateo Alemán, a Calderón, a Quevedo, a muchos de nuestros místicos. Y en el XIX resucita con cierta originalidad y gracia, en el «Idearium», de Angel Ganivet. «Cuando yo, siendo estudiante, leí las obras de Séneca me quedé aturdido y asombrado, como quien perdida la vista y el oído, los recobrara repentina e inesperadamente» dice Ganivet en ese libro. «Yo soy entusiasta admirador de Séneca», afirma en «El porvenir de España». El suicidio de Séneca le da motivo para algunas humoradas sobre la sangría suelta, en el agua, como medicina. Pero le da otro motivo mucho más serio: el de suicidarse en las aguas del Vilna.

Recientemente, con el triunfo del «liberalismo» más completo de la historia española en el Gobierno republicano de Azaña (1931-1933), la vuelta a Séneca se ha reproducido, como buscando un apoyo humanista, anticristiano. La representación de la tragedia «Medea», traducida por Unamuno, en el anfiteatro romano de Mérida y ante el Palacio Real de Madrid, ha sido muy significativa. «Medea» era el rencor que incendia palacios, templos, que asesina y embruja con tenacidad inextinguible, como una ménade o una fuerza natural. Es decir: un poco, como la España pagana, laica, bárbara anticatólica, que Azaña soñó con instaurar.

No era esto...

jueves, 19 de mayo de 2011

El 22 M di no a Zapatero

La nuestra es una revolución espiritual...



Nosotros somos quien somos.

¡Basta de Historia y de cuentos!

¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.



Ni vivimos del pasado,

ni damos cuerda al recuerdo.

Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.



Somos el ser que se crece.

Somos un río derecho.

Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.



Somos bárbaros, sencillos.

Somos a muerte lo ibero

que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.



De cuanto fue nos nutrimos,

transformándonos crecemos

y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.



¡A la calle! que ya es hora

de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.



No reniego de mi origen

pero digo que seremos

mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.



Españoles con futuro

y españoles que, por serlo,

aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.



Recuerdo nuestros errores

con mala saña y buen viento.

Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.



Vuelvo a decirte quién eres.

Vuelvo a pensarte, suspenso.

Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.



No quiero justificarte

como haría un leguleyo,

Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.



España mía, combate

que atormentas mis adentros,

para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.





Poema de Gabriel Celaya

miércoles, 18 de mayo de 2011

REINVENTAR EL PATRIOTISMO (ESPAÑOL)


REINVENTAR EL PATRIOTISMO (ESPAÑOL)


Artículo de José Javier Esparza en “El Semanal Digital” del 26.01.06



26 de enero de 2006. "Lo que corre peligro no es la unidad de España, es su identidad", dice Gustavo Bueno. En efecto, tal vez pueda descartarse una ruptura de la unidad política formal del Estado: haría demasiado daño (económico) a los escindidos. Pero lo que estamos viendo desvanecerse a toda velocidad es la identidad española, el sentimiento de identificación con una trayectoria histórica, con una herencia cultural, con una personalidad colectiva. Ahora bien, sin identidad española, ¿qué importancia tiene la unidad de esto? Por eso algunos pensamos que la supervivencia de España no puede limitarse a la defensa de la Constitución, sino que debe jugarse, sobre todo, en el plano de los sentimientos –sí, sentimientos- comunitarios.

Objeción liberal: pero, entonces, ¿no estaríamos cayendo en el mismo abuso que denunciamos en los nacionalismos periféricos, en esa identificación de la ciudadanía con una trascendencia colectiva? Ese temor ata de pies a manos a liberales y a cosmopolitas. Pero es que el problema, en tales términos, está mal planteado. Lo que hace delirante al nacionalismo vasco o catalán no es el defender una identidad, sino que su interpretación política de esa identidad, en clave separatista, se basa en una impostura, a saber, la reconstrucción de la historia local como si desde su origen hubiera tendido hacia la conformación de un hecho político nacional. Por eso, porque son una impostura, tienen que recurrir a la coacción, a la exclusión, a la violencia. Nuestros separatismos no son malos porque sean "identitarios", sino porque son falsos.

Por cierto que esto debe hacernos reflexionar a todos, y especialmente a quienes consideramos las identidades culturales como una riqueza. Ocurre que, a fecha de hoy, la cesión de la pluralidad cultural a los nacionalistas, que es un rasgo básico de nuestro sistema, se ha convertido en una amenaza para la propia pluralidad cultural, porque lo que se está instalando en Cataluña, el País Vasco o Galicia (y ojo a Valencia) es una homogeneidad de plomo que aplasta la diversidad en esas comunidades. Inversamente, parece incuestionable que la idea de España se ha convertido hoy en la única defensa efectiva de la pluralidad cultural española, porque no hay otra instancia que la garantice.

Y mientras bailamos de identidad en identidad, ¿quién sostiene la idea de España? Desde el Estado, nadie. Ésa es la realidad de España en 2006. La aventura autonómica consistía en conjugar la unidad con la pluralidad; pensar una identidad española compuesta, que no dejara de ser española por integrar los hechos diferenciales. Hoy vemos que hemos fracasado. España es ya un Estado sin nación –y la identidad española empieza a ser una nación sin Estado.

¿Soluciones? En la práctica, sólo hay una: comenzar la reconquista desde abajo, desde la calle, desde la gente. En las actuales circunstancias, sólo desde fuera del Estado es posible pensar España como identidad nacional. Hemos entrado en una fase inesperada: hay que reinventar nuestro patriotismo.

España y Roma X


Toda una corriente que empieza en San Pablo y quizá termina en el socialismo actual, quiso ver exclusivamente en Séneca el filósofo de los humildes y los pobres de la vida.

Se sabe que es apócrifo el Epistolario cruzado entre Séneca y San Pablo, en los orígenes del Cristianismo. Lo cual lo estudiaron Fléury, en «Séneque et Saint Paul», y Aubertín en «Rapports supposés de Senéque et de St. Paul». Pero el hecho de que no se escribiera en realidad, no quiere decir que no hubiera podido escribirse idealmente. Tan es así, que los cristianos lo dieron por escrito, y tuvieron de Séneca una veneración cercana a la de un Padre de la Iglesia. San Agustín le envidiaba su ardor de mílite moral. «Ha hecho por la patria de la tierra lo que no hacemos nosotros por la patria del cielo», escribió en su Ciudad de Dios (V, 18) (Walter Burley, en pleno siglo XIV, le creía cristiano a Séneca.) San Jerónimo le llamada maestro Séneca. En el Concilio de Trento se le citó.

El cristianismo vio en Séneca todo lo que había en él de defensa ardorosa de lo débil e inválido para esa cosa tan ardua que es atravesar este valle de lágrimas. Non est delicatares vivere, había dicho Séneca.

La vida misma de Séneca había sido la de «un pecador» a la cristiana. Enfermo, cobarde, adúltero, traidor en ocasiones, solitario, soberbio, este alma constantemente atormentada luchó de modo desesperado por ponerse a flote, por serenarse, por encontrar una paz divina y una felicidad que era casi la cristiana. Dios para Séneca no fue el Dios cristiano, no estaba en la ultratumba. Pero Séneca, con el instrumento de la «virtud», algo así como el cilicio espiritual de los anacoretas, buscó una consolación inefable, un aniquilamiento final y decisivo, un «nihil admirari», un acallamiento tan absoluto de las pasiones, que Séneca se acercó no sólo al evangelio, a un Dios Padre Todopoderoso, sino a los mismos orígenes orientales del Evangelio: a un paraíso nihilista, al de Buda, al nirvana. Era su esencia cordobesa, oriental, la que a ello le empujaba. Hasta tal punto, que andando el tiempo, otro cordobés ilustre, el filósofo Abenhazan, se hermanaría con él en esos sentimientos. Eso lo vio muy bien el investigador de Abenhazan, nuestro Miguel Asín y Palacios: «Sin grande esfuerzo podrían encontrarse pensamientos de Abenhazán análogos, hasta en la forma de expresión, a sentencias de su paisano Séneca; sin embargo, no estimo que tal analogía se deba a nexo real y directo entre el pensador musulmán y la tradición senequista española, sino más bien a influjo de los moralistas árabes del Oriente.»

Es indudable que en la doctrina estoica de Grecia y Roma tuvo que tener el Oriente un influjo más decisivo del que se cree. Quizá está estudiado ese influjo. Yo no lo sé, pero lo intuyo y me complacería que alguien me lo indicare. Lo cierto es que en Séneca, con mucha más fuerza que en Zenón, en Atalo, en Epicteto o en Marco Aurelio, surge ese sentido moral tan contrario al típico de Occidente, creador, optimista, fuerte, demoníaco.

El estoicismo fue una filosofía para vencidos y para humillados, o para almas reblandecidas y románticas.

Fue la filosofía de un esclavo: Epicteto. De un político fracasado: Cicerón. De un príncipe soñador: Marco Aurelio. De un tísico y asmático, desterrado y condenado a muerte, como Séneca, que despreciaba el cuerpo. («Da a tu cuerpo lo suficiente para ir tirando». «Creo haber padecido todas las enfermedades, hasta las más peligrosas. Pero ninguna tan terrible como ésta que los médicos llaman la 'meditación de la muerte' (el asma).»

Séneca es el cantor de la muerte, el filósofo que mejor acaricia la «agonía y tránsito de la muerte», como diría luego otro senequista nuestro, el beato Avila. Siempre la tiene presente: «Mi disposición de ánimo al escribir esta carta es como si la muerte hubiese de llamarme mientras estoy escribiendo», escribe a Lucilio en la Epístola LXI. Y toda su preocupación es cómo habrá de distribuirse el tiempo, [9] que es un camino o viaje hacia la muerte (De temporis usu).

Junto a la contemplación de la muerte, la de la pobreza: «El camino más corto para poseer riquezas es despreciarlas.» Y junto a la pobreza y la muerte, el consuelo de la enfermedad: «Morirás porque vives, no porque estás enfermo.»

Muerte, pobreza, enfermedad, ¿no fueron las tres pruebas de Sakyamuni, de Gautama, del más eminente representante del genio de Oriente Buda? O bien, ¿no es ese sentir senequista el mismo, bíblico, de Job? «Todo se debe soportar con paciencia.» «¿Estoy enfermo? Disposición es del destino. ¿Han muerto mis esclavos? ¿Me apremian mis acreedores? ¿Se ha derrumbado mi casa? ¿Me sobrevienen pérdidas, heridas, desgracias y temores? Común es todo esto, amigo, y debe acontecer. La Providencia lo ordena y no la casualidad.» ¿No es esto Job? ¿No es esto el fatalismo esencial de Oriente? Por eso una de las claves de Séneca es su concepción del Sino, de lo Fatal, del Hado. «Darse y obedecer al Hado»: he ahí su consigna «Sequere naturam».

Pero precisamente en ese «sequere naturam» es donde el Catolicismo, alarmado abandonaría a Séneca, para los herejes y los paganos. Nuestro tratadista Antonio de Torquemada, lo puso bien en claro en su «Jardín de flores curiosas» (1573).

Además, Séneca representó para el Cristianismo –por lo demás, como los otros estoicos– el tipo del futuro confesor, del cura de almas. No sólo en casa de los ricos y los poderosos, sino cerca de todo el que sufría. Los Consuelos de Séneca a Marcia, a su madre Helvia y a Polibio, son los libros más cristianos escritos antes del Cristianismo. La prueba es que tuvo imitadores como Boecio en De consolatione, autor que tendría una larga influencia en las literaturas románicas medievales.

Y como los «Consuelos» de Séneca, fueron sus concepciones de la Vida beata, feliz, su tratado de la Ira, de los Beneficios: yacimientos de moral cristiana.

Creer que Séneca representó a lo largo de la Edad Media y luego en el Renacimiento solamente una precursión del liberalismo, del laicismo pagano, es un error, como ya avancé hace un momento. De ahí que en pleno Renacimiento reformista, en que los heréticos trataban sacar de Séneca sólo la parte individualista y rebelde, haya ingenios católicos que busquen la adecuación y armonía de las dos vertientes senequistas por mí señaladas.

Esa fue la tarea de un Justo Lipsio, bastante afortunada. Y, la menos dichosa, de nuestro gran Quevedo. Quizá es hoy la misma mía, interrumpida un día español del siglo XVII por el autor del «Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica».

martes, 17 de mayo de 2011

España y Roma IX


La vida y la obra de Séneca es algo tan dramático y paradójico, que sólo un español que vaya sabiendo el secreto de lo español, puede, en el fondo, comprenderlas.

Es indudable que Séneca significó por un lado la maximalidad del espíritu antiguo: la virtud, el culto al héroe, el respeto de las jerarquías. Pero no es menos indudable que Séneca fue el primer sensible al nuevo espíritu que iba a avecinarse, al espíritu más anticesáreo: el de los débiles, los enfermos, los esclavos, los inferiores, los cobardes, el espíritu de masas gregarias de los «humillados y ofendidos», que diría luego Dostoyewski.

Por eso en Séneca se encuentran igualmente los fundamentos de una filosofía de la voluntad, de la virtud pagana, del Héroe, que las bases de una doctrina de resignación, de despojamiento, de la pobreza y de lo miserable que es la vida.

Y es que la clave de Séneca no es sólo la época en que florece, tan apta para esa incertidumbre, para ese barroquismo moral. La clave de Séneca es que Séneca era un alma de Córdoba (llena de gérmenes orientales, de renunciación y nihilismo), con cultura y educación griega, occidental, «europea». Y en ese choque de entrañas cordobesas con dialécticas áticas, surge su patético y dramático sentido de la vida: el senequismo.

Algo tan complejo y hermoso, que el senequismo parece haber quedado como el sustrato definidor de toda una filosofía española que no existe, que no existe más que en nuestro aire, nuestra sangre, y entre las páginas estremecidas de los mejores espíritus de España.

* * *

Ese cruce y patetismo del genio del Oriente y del genio del Occidente, tan característico y definidor del genio de Séneca, era, sin embargo, el mismo crismático de Roma. Por eso Séneca representa a Roma fundamentalmente, en sus fundamentos más permanentes, no en los contingentes y pasajeros de «lo antiguo» o de «lo moderno».

Nadie entenderá de veras a Séneca, si lo enfoca de otro modo. Todo lo más tomará de Séneca la vertiente que mejor le vaya a sus particularismos políticos o ideales.

Séneca, por eso, sufrió a lo largo de la historia, deformaciones interpretativas, singularistas e incompletas.

Unos, potenciaron su aspecto puramente cristianizante. Otros, su aspecto liberal, individualista y demoníaco.

domingo, 15 de mayo de 2011

Obispo Estenaga. Memoria Historica



Wikipedia

Narciso de Estenága y Echevarría (Logroño, 29 de octubre de 1882 - Peralvillo, 22 de agosto de 1936) obispo titular de Dora (1922-36), declarado beato y mártir por la Iglesia Católica Romana. Hombre de gran cultura, e inteligencia fue además amigo y confesor del rey Alfonso XIII.


Fue uno de los trece obispos asesinados por el bando republicano durante la Guerra Civil Española, víctima de la persecución religiosa, y el más joven de estos trece prelados.

Contenido
1 Vida
2 Beatificación y legado


Vida
Huérfano de padre y madre (jornalero y lavandera, respectivamente), fue llevado primero a Vitoria y luego a un colegio para huérfanos en Toledo, fundado por Joaquín de Lamadrid (que también sería asesinado en el mes de agosto de 1936), que quedó impresionado por la viva inteligencia del niño. Lamadrid le consiguió una beca en el Seminario de Toledo, graduándose en Derecho con brillantez y siendo ordenado sacedote en 1907. Además del derecho, sentía predilección por los temas históricos y los relacionados con el arte. Debido a sus talentos fue pronto nombrado canónigo por oposición de la catedral primada.

Amigo y confesor del rey Alfonso XIII, tras quince años de ministerio sacerdotal éste lo eligió como Obispo- Prior de Ciudad Real Prior de las Órdenes Militares, el 20 de noviembre de 1922, cuando contaba con cuarenta años de edad. El propio rey le invistió como caballero de la Orden de Santiago. Fue consagrado obispo en Madrid el 22 de julio de 1923 por el cardenal Reig, primado de España, actuando como padrinos el conde de Guaqui y la duquesa de Goyeneche. El 12 de agosto hizo su entrada en Ciudad Real. Intervino en el Congreso Catequístico Nacional de 1929, celebrado en Granada, en el Ibero-Americano de Sevilla y en el Eucarístico de Toledo.

Era correspondiente de las Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando, académico de número y director de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, caballero del hábito de Santiago y caballero de la belga Orden de la Corona. Dominaba varios idiomas y fue autor de varias obras, entre ellas una historia de la catedral de Toledo que dejó inconclusa. El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, que le encargó, en abril del 36, el Elogio fúnebre de Lope de Vega, con motivo del tercer centenario del fallecimiento del Fénix de los Ingenios.

Cuando estalló la Guerra Civil se produjo una situación equívoca. El gobernador civil de Ciudad Real, Germán Vidal Barreiro, partidario de Casares Quiroga, promovió la moderación, pero no impidió las matanzas realizadas por milicianos. A pesar del peligro, el obispo decidió permanecer en su diócesis. Cuando los contingentes de la Guardia Civil que había en la ciudad fueron trasladados a Madrid, el obispo quedó a merced de los radicales de extrema izquierda. El 5 de agosto los milicianos asaltaron y registraron su palacio. El 13 de agosto fue obligado por la fuerza a abandonar su morada, junto con su capellán, Julio Melgar, instalándose en casa de un amigo, Saturnino Sánchez Izquierdo (quien posteriormente también sería asesinado).

En la mañana del 22 de agosto los milicianos se llevaron a la fuerza al obispo y a su capellán, que no opusieron resistencia. Conducidos a las cercanías de Peralvillo del Monte, a orillas del Guadiana y a ocho kilómetros de Ciudad Real, fueron asesinados a tiros. Los cadáveres fueron encontrados al día siguiente, y trasladados al cementerio de la ciudad, siendo enterrados en la sepultura del Cabildo. Con la victoria de los nacionales, su cadáver fue traslado a la catedral (10 de mayo de 1940).

Beatificación y legado
El obispo Estenaga fue beatificado junto con otros 497 mártires en Roma el 28 de octubre de 2007. La festividad litúrgica del beato Narciso y compañeros mártires del siglo XX en España se celebra el día 6 de noviembre.

El libro negro de la izquierda española




Sale a la venta EL LIBRO NEGRO DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA.
Autores: José Javier Esp...arza, Gustavo Morales, Juan Carlos Girauta, Pío Moa, Isidre Cunill, José Carlos Rodríguez, Ricardo de las Heras, Juan Antonio Tirado, Ángel Monzón, Jose Mª Zavala, Francisco Olaya Morales, Angel D. Martín Rubio, Fernando Paz
Colección: Ideas
Materias: Historia de España, Política
Páginas: 512

sábado, 14 de mayo de 2011

España y Roma VIII



¿Qué representó Séneca para Roma? ¿Y Roma para Séneca? No quiero referirme sólo con esto a la opinión que los romanos tuviesen de Séneca o Séneca de Roma. {(1) En algunas de sus obras, Séneca alude concretamente a su estimación de Roma: «Una ciudad es que, sin duda alguna, puede considerarse como la mayor y más hermosa del mundo.» «De ella puede afirmarse que es universal y que puede pasar revista a todas las otras ciudades» (Consolación a Helvia, VI). A Séneca se debe la definición del mundo antiguo: el mundo antiguo llegaba hasta donde «romana pax desinit». Hasta donde Roma llegaba.}

Yo quiero al decir esto pensar en que no se ha visto todavía con claridad y exactitud –por nadie– lo que estos españoles antiguos a lo Trajano y Séneca, representaron para Roma.

Y es algo tan evidente y alucinante, que se me escapa de la pluma y de la boca el poderlo blandir.

Trajano y Séneca, en el mundo antiguo romano, representaron lo mismo que Carlos V y Loyola en el mundo católico romano, y quizá lo mismo de otras figuras incógnitas aún, que habrán de aparecer a su tiempo en el mundo social romano, que ahora se desarrolla.

Representaron los españoles ante Roma –pagana y cristiana– el «sentido máximo de catolicidad». «El supremo esfuerzo de la universalidad», cuando Roma comenzaba a perecer en su clasicismo nacionalista y en su estrictez católica.

Séneca, para Roma antigua, fue algo así como Loyola en la Roma cristiana. Los que la levantan en vilo, como titanes, y la muestran al orbe, cuando el orbe se iba fatigando de contemplar la urbe sacra, cuando el mundo comenzaba a mirar al Oriente evangélico y luego al Occidente luterano.

No es un azar que Séneca surja en Roma, en la llamada «edad de plata». Loyola, al final del Renacimiento, en el «barroco».

Es decir: cuando las cumbres romanas encanecían de nieves invernales. Cuando la vejez se aproximaba, y, con la vejez, la muerte.

* * *

Tengo mucho ansia por escribir alguna vez todo un libro sobre nuestro Séneca. Ese libro, que ya debiera existir en una España que tuviera conciencia de su hispanidad. Me ensayé hace años con una pequeña tesis para un examen de Filosofía. Luego, siempre que he podido, he vuelto a Séneca, lleno de una atracción en la que se mezclan el entusiasmo y la antipatía.

Para mí Séneca es una de esas figuras españolas que yo he llamado verticilares. Que son como vértices. Es decir: cimas donde se biselan dos vertientes: una que asciende, y otra que declina. Ese siglo verticilar me parece el más característico de los grandes representantes del espíritu español. Lo es Séneca en el mundo antiguo. Un Arcipreste de Hita o un Alfonso X en el Medieval. La Celestina, en el Renacimiento. Cervantes en nuestra edad áurea. Quevedo en el Barroco. Goya y Jovellanos en el siglo XVIII. Larra, Ganivet, en el XIX. Hoy, un Unamuno.

Séneca llega a Roma, como llegaron los otros españoles de la época: en calidad provincial: a educarse. Es decir, con un sustrato bárbaro, de lejanías deformadas y ruralidades subconscientes. Con ese sentimiento concentrado luego falsamente llamado «complejo de inferioridad», del que arrancan siempre, como explosiones, los ímpetus, lo revolucionario. La timidez desbordada en ímpetus, es lo que suele caracterizar al provinciano con talento. Hoy a Trajano, a Séneca, se les hubiese denominado arribistas. Y es que comportaban el impulso fresco, virgen, de su natividad bárbara, a un mundo demasiado capitalicio ya, y fatigado. Demasiado batido y peinado por una cultura ciudadana. Lo esencial en Séneca no fue su sabiduría. Sino su barbarie. Esto, que puede sonar a paradoja, es una gran verdad. Yo entiendo por barbarie de Séneca la aportación que hizo de un espíritu contrario y subversivo al imperante en la civilización normativa de Roma.

Séneca, que pasa por uno de los ejemplares más perfectos del hombre romano antiguo, no lo fue más que a medias. Y en la parte más externa y superficial.

A mí Séneca me recuerda esos rusos de tipo Dostoyewski que usan la cultura de la época con ademanes correctos, ordinarios, confundibles con los de cualquier otro hombre de la calle. Pero que al usar de ella, la abusan, al abrazarla, la estrangulan. La túnica de Séneca no era diferente de las túnicas que cruzaban por el foro o que aparecían en los escenarios plautinos. Como la chaqueta de Dostoyewski se confundía en París o Berlín, con las de los transeúntes más vulgares y de todos los días. Y, sin embargo, Dostoyewski, con sus novelas imitadas de originales europeos, preparó la revolución bolchevique, la ruina de Occidente. Y Séneca, con sus filosofías imitadas de Grecia, preparó el Cristianismo, la ruina del imperio cesáreo

viernes, 13 de mayo de 2011

miércoles, 11 de mayo de 2011

Solidaridad con las victimas del terremoto


Pensamiento Radical


...Fuera de la comedia, y, al contrario, dispuesto a incendiar todo el teatro, se encuentra, en cambio, quien sepa asumir posiciones radicales.

El radicalismo es la antítesis del extremismo. El primero es silencioso, vivido, de largo alcance, operativo; el segundo es ruidoso, escenificado, miope, inútil. No centrado en los gestos sino en las acciones, el radicalismo es, etimológicamente, la capacidad de ir a la raíz. A la raíz de uno mismo ante todo: el pensamiento radical está siempre arraigado. O mejor, debe estarlo: quien se aventura en el reino de la nada debe tener una identidad fuerte para no asumir él mismo las apariencias del enemigo. Pero pensamiento radical significa también ir a la raíz de los problemas, comprender los acontecimientos en profundidad, sabiendo ponerlos en perspectiva.

Escuela de autenticidad y de realismo, el pensamiento radical es hoy la única vía transitable que con razón se puede definir revolucionaria. Así es, porque el primer cometido de toda voluntad revolucionaria es el de descender concretamente a la realidad, más allá de la histeria y de la utopía, las dos únicas alternativas que la sociedad del espectáculo nos ofrece. Por tanto, actuar para volver a lo real. Generar nuevas conciencias. Re-despertar conciencias adormecidas. Salir de la capa sofocante de la no-verdad para volver por fin a ver las estrellas.

El mundo en el que vives no existe.

Todo lo que sabes es falso.

Abre los ojos.

Ahora.

Adriano Scianca

14 de Mayo 17:00



El Matrix progre



Matrix

http://youtu.be/cs8GrspESsI

España y Roma VII


España y Roma, III
Séneca o los fundamentos
estoicos del fascismo
Ernesto Giménez Caballero


Este ensayo sobre Séneca intenta fundamentar la doctrina fascista desde un punto de vista filosófico y español. Y asimismo de establecer para España una tradición profunda, íntima y original de una corriente que hoy se llama «fascista», pero que para nosotros era tan antigua como nuestro senequismo cristiano.

Córdoba fue el núcleo matricular de la España romana. Repitámoslo. De Córdoba salieron los dos Césares famosos: Trajano, conquistador del Danubio. Y Adriano, conservador máximo de todas las conquistas del Imperio.

Pero de Córdoba salió algo que nos interesa más para nuestro estudio. La familia Annea: una de las más representativas de lo que Roma sería ante el mundo del espíritu antiguo. Aquella familia Annea: que dio a Marco Anneo Séneca, el Retórico. A Lucio Annea Séneca, el Filósofo. Y a Marco Anneo Lucano, el poeta.

Dejemos al retórico Marco, padre del filósofo. (Así como a otro notable retórico cordobés: Marco Portio Latrón). Y para después, al poeta Lucano. Y ahora concentrémonos, con todo nuestro ímpetu y clarividencia, en la figura decisiva de Séneca el filósofo: vértice de nuestro estudio en estas primeras relaciones espirituales de España con Roma.

Ya que es la figura de Séneca la que deseamos destacar –enérgica y máximamente significativa– en la España romana del mundo antiguo.

martes, 10 de mayo de 2011

GREDOS






Al ideal

¿A quíén he amado más que a ti, querida sombra?

A mí y en mí yo te he acercado, y desde entonces

Me he convertido casi en sombra y tú en un cuerpo.

Pero mís ojos aprender nunca pudieron

Por su costumbre de mirar todas las cosas

fuera de sí: tú seguirás siendo el eterno

fuera de mí ... ¡Ay, esos ojos

Que siempre a mi fuera de mi me están llevando!

Federico Nietzsche

lunes, 9 de mayo de 2011

Elecciones municipales


“COMUNIÓN ATÁVICA”, partido formado por gente normal, de la calle, que quiere normalizar la vida política de nuestra ciudad y estar a la altura de las listas del resto de partidos concurrentes.


http://www.mundorancio.com/2011/04/28/2031/

viernes, 6 de mayo de 2011

LOS SOLITARIOS

LOS SOLITARIOS
Eugenio d´Ors

... Pero el «Envío» con que se cierra el libro de versos de Ángel María Pascual, debe ser citado íntegramente. Aquí está la catarsis de toda la obra y, a la vez la explicación de toda una vida.

Parece el autor dirigir este «Envío» a un camarada. Ya se entenderá que es a sí mismo:

«A ti, fiel camarada, que padeces
El cerco del olvido atormentado.
A ti, que gimes, sin oír al lado
Aquella voz segura que otras veces.

Te envío mi dolor. Si desfalleces
Del acoso de todos y, cansado,
Ves tu afán como un verso malogrado,
Bebamos juntos en las mismas heces.

En tu propio solar quedaste fuera.
Del orbe de tus sueños hacen criba.
Pero, allí donde estés, cree y espera.

El cielo es limpio y en sus bordes liba
Claros vinos del alba, Primavera.
Pon arriba tus ojos. Siempre arriba».

Allá donde los puso Ángel María Pascual, allá se nos ha ido...

Hablamos en reflexivo personal, porque, efectivamente, este hombre era nuestro. ¿De un grupo, un partido? ¿De una ciudad? No, de una raza. De la raza de los cultivadores del amor en disgusto.

La condena de esta raza es la soledad. Pero su pena podría redimirse. Bastaría con que nos hiciéramos signos asiduos, a distancia.

Entre las forzadas torres de marfil, ¡qué bien, un telégrafo de señales!

Así lo he predicado yo mismo, algún día. Las greyes me cortaron la palabra. No importa. ¿Por qué no volver a empezar?

Para las greyes, se había formulado antes un grito de alistamiento. Se invitaba con él a lo más sumido y oscuro en ellas, a los «proletarios». Nosotros invitaríamos a inteligencia a lo más claramente exento de las mismas, a los «solitarios». Diríamos: «¡Solitarios del mundo, uníos!»

Por lo menos, y por hoy, los de las Españas.

Eugenio d´Ors. 9 de mayo de 1947

España y Roma VI


Otro español surge, emperador, cuando el imperio de Roma va a tocar a su fin: Teodosio (346-395). Si Trajano el cordobés fue el último conquistador, y el cordobés Adriano el máximo conservador de lo conquistado, Teodosio –nacido en la castellana Coca– representó el supremo esfuerzo de Roma por la unidad antes de que se derrumbase definitivamente. Teodosio fue el finalizador del Imperio romano. Bajo él, por vez última, vibran en unidad los lindes imperiales desde Escocia hasta Mesopotamia. Teodosio había logrado contener las invasiones de los bárbaros con el sistema de los «foedesati». Había podido vencer a los insurgentes y separatistas, como Máximo, el otro emperador español, a quien Teodosio aniquiló en Aquileya. Venció a otro insurrecto, Eugenio, y al franco Arbogosto. Logrando una pacificación y unificación, que sólo duraron hasta la muerte de nuestro Teodosio en Milán. Teodosio repartió el Imperio entre sus hijos. A uno, el Oriente: a Arcadio. Y al otro, el Occidente: Honora. Oriente y Occidente no volverían a unirse. El Imperio de Oriente duró hasta 1453, en que los turcos entraron en Bizancio, en Constantinopla. El de Occidente desapareció en el siglo V, bajo aquellos bárbaros que Teodosio supo contener.

El español Teodosio fue el último gran campeón de Roma en el mundo antiguo.

E. Giménez Caballero

miércoles, 4 de mayo de 2011

Gracias Compagnia...



El pasado treinta de abril se celebraron unas jornadas en el que estuvieron presentes unos grandes militantes de la Derecha Social Italiana, La Compagnia dell Anello. Con toda su ilusión se trasladaron desde Padova para compartir una jornada de confraternización con sus hermanos españoles. Los italianos son militantes desde más de 40 años en el área, que han conocido la desesperación, la gloria y la decepción. No obstante forman parte de una comunidad organica que tiene entidad propia y que se ha construido con esfuerzo, muertos, convivencia, militancia, politica...

Pero en España estamos a otra cosa y solo un puñado de militantes acudieron al encuentro que pretendía rehabilitar un monumento histórico con los fondos de la jornada, pero no creo que cubriera ni los mas mínimos gastos de desplazamiento del grupo.

Me imagino que la gente estaría muy ocupada en sus pajas mentales, fiestas locales, puentes... pero desde luego considero que esta nueva decepción es un antes y un después en la idealización de un mundo que está podrido hasta el tuétano.

Los pocos que fuimos debemos ser conscientes de que la realidad es la que vimos este sábado y realmente no existe nada en España aunque muchos creen que existe. Hay que construir con esos mimbres y las pequeñas comunidades humanas que aun comparten cosmovisión y valores. El asociacionismo de comunidades de militantes es la única solución. La política desde el punto de vista material, no tiene sentido si no hay comunidades que hagan propios nuestros valores. La política es un transito circunstancial, no es un fin en sí mismo, por ello el tomarte unicamente en serio siglas o partidos no es propio de quien decimos ser.

De igual manera que en la novela de la compañía del anillo algunos cayeron, Frodo sobrevivió a la odisea de Tolkien y la tierra media fue salvada. Fueron un puñado pero cada uno, primero unidos y luego ocupando el lugar que debían ocupar, salvaron la tierra media.

Muchos estamos cansados y hemos escrito mucho sobre este tema y nos hemos decepcionado otras tantas… Pero no perderemos la esperanza y consideramos que debemos perseverar y finalmente llegara la libertad y una aurora en España y Europa.


"La preexistencia de un substrato cultural diferenciado y de una comunidad que lo haga suyo es necesario y fundamental para el desarrollo de un movimiento político viable."


Si queréis reflexionar os planteo reflexiones:

http://exromalux.blogspot.com/search/label/Roldanus

http://exromalux.blogspot.com/2009/08/reflexiones-presentacion-en-alicante.html



Un análisis que hizo un gran amigo en el 2002 y que si se lee sin acritud podremos sacar conclusiones que nos ayuden.

http://www.arbil.org/(86)roma.htm

"Nada han aprendido de las lecciones del pasado reciente quienes hoy todavía se ilusionan a propósito de las posibilidades de una lucha puramente política y sobre el poder de tal o cual fórmula o sistema, si no se parte, ante todo, de una nueva cualidad humana... Hay que adoptar, pues, una precisa posición contra el falso “realismo político”, que piensa sólo en términos de programas, de problemas, de organización de partidos, de recetas sociales y económicas. Todo esto es contingente y no esencial. La medida de lo que aún puede ser salvado depende, por el contrario, de la existencia o no de hombres que vivan no para predicar fórmulas, sino para ser ejemplos; no para ir al encuentro de la demagogia y del materialismo de las masas, sino para despertar diferentes formas de sensibilidad y de interés. A partir de lo que, pese a todo, sobrevive aún entre las ruinas, reconstruir lentamente un hombre nuevo, animarlo gracias a un determinado espíritu y una adecuada visión de la vida, fortificarlo mediante la adhesión férrea a ciertos principios. Este es el verdadero problema..."

Julio Evola

España y Roma V


No nos interesa en este trabajo nuestro reseñar lo que Roma dió a España, cultural y políticamente. Sino lo que España da a Roma en el mundo antiguo. Nos interesa el índice espiritual de lo español ante la Roma cesárea e imperial de la antigüedad.

España ofrece al Imperio romano cinco césares españoles. Y España ofrece al genio de Roma un haz de poetas máximo

Córdoba

Andalucía fue la tierra de España que antes fundió su alma con la de Roma. (Luego el litoral tarraconense. Luego Lusitania. Las más tardías tierras de romanización: el noroeste Galaico y la Cantabria dura, breñuda y misteriosa.)

La República romana había dividido a España (197 a. de C.) en dos departamentos: el citerior y el ulterior, separados por el Saltus castulonensis, la sierra de Cazlona.

Augusto fraccionó la España ulterior en dos provincias: Lusitania y Bética.

A la Bética –provincia la más pacífica y fusionada– se la hizo provincia «senatorial», a diferencia de otras más peligrosas que cayeron bajo la adscripción directa del imperio, de la mano militar.

Cada provincia romana estaba dividida en «civitates» y «conventus» –circunscripciones administrativas.

La Bética (Andalucía) tuvo cuatro conventos: Cádiz, Córdoba, Ecija y Sevilla.

Cádiz poseía una tradición fenicia, un pasado prerromano. Sevilla, un recuerdo tartesio y milenario. Pero el carácter nuevo, central, capitalicio de la Andalucía romana, lo recibió Córdoba.

Córdoba sería la ciudad imperial por excelencia en la historia de España hasta que Toledo le arrancara un día ese título bajo el catolicismo.

Ya sé que Tarragona y Mérida tuvieron un prestigio oficial mayor que el cordobés, en la España romana.

Pero Córdoba tuvo el sentido imperial que luego se desarrollaría espléndidamente en la Córdoba árabe del Califato.

Por eso, hoy Córdoba tiene para mí todavía un perfume superior al de Sevilla y al de otra cualquier ciudad andaluza. Un perfume que sólo yo lo abandono para aspirar el de Toledo. De Córdoba salieron de los mejores hombres (héroes) de España. Césares, Filósofos, Poetas, Capitanes, Toreros: ¡aroma imperial cordobés!

Césares como Trajano y Adriano. Filósofos como Séneca, Averroes y Maimónides. Poetas como Lucano, Juan de Mena y Góngora. Capitanes como el grande Gonzalo, el de Córdoba. Toreros como Lagartijo, Frascuelo y el Guerra. (El torero durante el siglo XIX y el actual siglo es quien hereda la tipicidad heroica en forma popular y de fiesta.)

Abandonada y olvidada –hoy– Córdoba guarda sin embargo ese reflejo soberbio e imperioso. En sus patios romanos se percibe –aún– bajo el cielo azul ese reflejo. «Patios cercados de columnas de mármol, enlosados y con fuentes y flores. Las abejas y las avispas zumban y animan el patio durante el día. El ruiseñor le da música por la noche», decía el gran cordobés Juan Valera, de aquellos patios.

«Córdoba no tiene el ambiente sutil y voluptuosidad que se respira en Sevilla; hay en ella una nota de severidad, de sobriedad, de ascetismo, que es lo que domina en las casas. La línea negra de la lejana serranía está siempre a la vista. En el Quijote hay mucho de Córdoba; lo hay en la elegante sobriedad y en el fondo de melancolía resignada que allí se muestran.» Fondo de «melancolía resignada». Así ve Azorín, exactamente, a Córdoba: «Yo no le encuentro a esa ciudad tan árabe como dicen. Me parece bastante castellana y hasta un tanto romana, no sólo en su tradición, sino en su actualidad», confirma Pío Baroja, con su aguda visión de climas espirituales.

De Córdoba la romana saldrían, en el mundo antiguo, dos grandes césares: Trajano y Adriano. Los dos Sénecas. Y Lucano el Poeta.

Los dos Césares cordobeses

De los cinco emperadores que España diera a Roma –Galba, Trajano, Adriano, Máximo, Teodosio– dos fueron cordobeses: los más famosos y grandes.

No existe en nuestra literatura, en nuestra historiografía, ningún estudio concluyente y fino sobre estos emperadores (Trajano fue recordado en un bello libro por Ramón de Basterra, raro poeta y augur, del que hablaremos en su punto). Trajano (98-117) fue el primer emperador procedente de las provincias. Se conserva su efigie en un Manual de la gliptoteca de Munich. Rostro enérgico, generoso. franco, viril. De nariz y boca llenas de robustez y expresividad. Su temperamento cuentan que respondió a esa efigie. Bajo su régimen Roma llega al máximo de su expansión, de su elasticidad imperial.

Trajano fue para la Roma cesárea, algo así como Carlos para la Roma católica. Si el Católico ofreció a Roma una América bárbara para cristianizar, Trajano la ofreció otra región intacha de romanismo: la Danubiana, la región dácica, lo que luego se llamarían los Balkanes.

Creador de una nueva «romanía» (Rumanía), fue el cordobés Trajano: poblándola con italianos y españoles. [11]

Trajano escribió –a estilo de César– su campaña. Y Roma le recordó para siempre en esa columna de su foro que aún se yergue con gracia de ciprés de Córdoba, en pleno corazón de la ciudad eterna.

Trajano designó como sucesor a su paisano Adriano, quien rigió el imperio desde el año 117 al 138.

Adriano, a semejanza de un Felipe II, fue el conservador de los límites imperiales llegando hasta cercar con empalizadas de leño y con muros de piedra las lindes donde la «pax romana desmit».

Adriano fue el emperador culto, viajero, con sentido catolicista y universo del régimen, con un espíritu de absolutismo ilustrado. Se dejó la barba a la griega, en admiración de la filosofía ática. Cobró un vehemente entusiasmo por Atenas, que enriqueció con cuanto pudo. Aún se conservan las ruinas, en Atenas, de la gran Biblioteca Adriánica. Adriano fue –en lo político– lo que Séneca en lo filosófico: un ensanchamiento de lo nacional hacia lo universal, de lo romano hacia lo humano.

Este Emperador cordobés aún pervive en Roma por testimonios como el Panteón, gran idea universalista hecha arquitectura. Y unificó el derecho civil romano con el famoso «edictum perpetuum». Y entre los despojos de su villa Tívoli (arquitectónicos y recuerdos de todos sus viajes), se adivina la anchura de aquel alma hispánica, que supo abrazar el mundo antiguo con pasión de amante andaluz.

martes, 3 de mayo de 2011

Memoria historica: Contrarrevolucionarios




“Llámese racionalismo, Socialismo, Revolución o LIBERALISMO, siempre será por su condición y esencia misma, la negación franca ó artera, pero radical, de la fe cristiana.”

Felix Sarda y Salvany


http://www.mundorancio.com/pensamientorancio/El_Liberalismo_es_pecado2.pdf

lunes, 2 de mayo de 2011

2 de mayo


"La Patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarla." Móstoles, 2 de mayo de 1808.

España y Roma IV


Roma y la España antigua
Ernesto Giménez Caballero
F. E.
Madrid, 18 de enero de 1934


Hispania

El primer sentido unitario, coherente y participador del mundo civilizado, sabemos que España lo recibe de Roma. La historia auténtica de España comienza en su contacto con lo romano.

Hasta la llegada de la cultura de Roma a España, nuestro país, más que historia tuvo prehistoria en el sentido de que su vida fue tribal, de islotes, étnicos y antagónicos, con invasiones parciales, pasajeras y poco profundas de otros pueblos.

España, puede decirse que aparece ante el mundo antiguo en el siglo III antes de Cristo. Cuando los Escipiones vienen a contender con los africanos cartagineses en el levante ibérico. (Primera lucha de lo romano contra lo oriental, desarrollada en nuestra patria.) La España anterior a esa fecha fue la legendaria Iberia, de vagos nombres sin límites: Estrinusis, Ofiusa, Tarsis...

En el Paleolítico inferior, España es Africa: el norte africano y el sur hispánico forman como un bloque y un conjunto.

En el Paleolítico superior, invasiones nórdicas por la ruta pirenaica escinden nuestra península en compartimentos plurirraciales.

En el Neolítico, se forman los primeros núcleos de pueblos sin gran nexo entre sí, dependientes cada uno de diversos círculos culturales y prehistóricos.

Durante la Edad del Bronce España es una especie de América virgen en el mundo antiguo: es el Eldorado de la minería, de los males preciosos: Almería, Huelva, Algarve, Asturias, son como potosíes que atraen al mundo mediterráneo. Y que provocan –en la Edad del Hierro– las invasiones de fenicios, griegos y cartagineses. España fue para esos emigrantes rapaces en busca del cobro y de la plata lo que California sería para el oro, o Méjico para el petróleo. Las huellas de lo fenicio, lo griego y lo cartaginés en nuestro país fueron de factorías. Si entonces, además de monedas y algunos objetos culturales, hubiesen existido latas de conservas y de gasolina, y utensilios mecánicos de explotación, es lo que encontraríamos hoy entre las ruinas de los establecimientos cartagineses, griegos y fenicios, por el breve litoral hispánico que explotaron. España fue, para ellos, una explotación: un litoral con hinterland, donde hacer fortuna y regresar a sus pueblos como indianos.

* * *

El nombre de España se lo debemos. a Roma: Hispania (España). El nombre y el primer sentido nacional. Si puede llamarse así ese instinto de independencia «nativa», frente al invasor que ya se había iniciado contra el cartaginés en Sagunto y que se desarrollaría enérgicamente en las primeras etapas de la colonización romana entre nosotros. Sabido es lo que el término de «Numancia» significa en la historia de España: el primer grito de personalidad colectiva, la primera efeméride nacionalista. Así como Viriato: el primer insurgente o guerrillero nacional.

Andando el tiempo, Napoleón, heredero del sentido romano en el mundo del siglo XIX –nuevo César– encontraría en una Zaragoza y en un Empecinado, las herencias numantinas y viriateñas de España.

El contacto de España con lo romano fue un contacto más que al principio. Roma acude a España a proseguir sus luchas particulares contra el cartaginés: a arrebatarle sus factorías ibéricas y a explotarlas. Pero después Roma se funde a España: la funda, la crea. Roma es la paternidad de España.

Se diría que Roma llegó como para abusar de la pobre, bella, indefensa España. Pero que terminó por unirse a ella en sacro matrimonio. Por eso dieron hijos al mundo, que honraron sus bodas, universalmente.

César –el divino César– fatigó a España con sus correrías personales, en pos de la hermosa Andalucía. Como luego Mañara, también procedente de Italia, en el Renacimiento, las diaria con sus aventuras.

Pero España salió, al fin, triunfante de César, y don Juan salió inmortal.

España se puebla de fecundidad romana. España se matroniza. Y alcanza: unidad, sentido, alma, nombre, sucesión: Hispania.