sábado, 30 de abril de 2011

España y Roma III


Esta conmoción sobre Roma y ante Roma, fue decisiva para mi vida. Fue un caso de amor.

Pero ese caso de amor, y de derrotero vital, ¿no habrían sido en mí, eso: un caso? ¿Algo personal, caprichoso, arbitrario? ¿Qué fundamentos profundos pudo tener ese instinto que en mí se manifestó de pronto, como una explosión?

No fundamentos individuales. Yo no creo en los fundamentos individuales. Sino fundamentos de estirpe, de razón, de pueblo, de «genio de España».

¿Respondía mi instinto ante Roma con una reacción artificial y contingente? ¿O era ese instinto mío la voz más íntima, radical, recóndita de mi sangre? ¿En vez de ser yo –ese instinto– no sería yo el vehículo que eligiera ese instinto mío para manifestar algo anterior a mí? ¿Para mostrar toda una estirpe espiritual?

Sucede en nosotros los artistas como en los aristócratas de sangre. Que ninguna de nuestras hazañas, de nuestros sentimientos, puede tener explicación congrua, hasta que se escruta su «pasado en vivo», el genio de la casta.

Ese sentimiento mío hacia Roma, ¿lo habrían sentido otros escritores españoles antes que yo? ¿Quiénes? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Quiénes eran mis antecedentes? ¿Cómo manifestaron su sensación? ¿En qué épocas?

¿Podría trazarse toda una trayectoria espiritual de las relaciones de España con Roma a través de los índices literarios?

Y una vez trazada esa trayectoria, ¿podríanse deducir conclusiones generales?

Esta es la tarea –a mi modo de ver, extraordinaria– que yo voy a abordar en el presente trabajo.

Esta tarea, este trabajo, bien pudiera constituir, andando el tiempo, el cimiento sobre qué asentar toda una política y una acción futura.

Mi deber de investigador nacional, de buscador de alma española, me empuja a esta empresa de fundaciones basamentales.

Roma: ante España. ¿Cómo ha sentido España a Roma, a través de los siglos, antes de que mi pobre y humilde corazón se pusiese a

temblar de gozo y filialidad, un día aún no lejano?

Un día en que no se sentía ya Roma en España. Un día, en que, al sentirla yo de nuevo me pareció reanudar la historia más profunda e íntima del genio de nuestro pueblo.

viernes, 29 de abril de 2011

Juan Pablo II


“si la unidad de los pueblos europeos quiere ser duradera no puede ser solamente económica y política. Como ya recordé en mi peregrinación a Compostela, en noviembre de 1982, el alma de Europa sigue hoy estando unida porque su punto de referencia son los valores comunes humanos y cristianos”.

"La recuperación del derecho de autodeterminación y el desarrollo de la libertad política y económica no bastan para reconstruir la unidad europea. El objetivo de la unidad europea sigue estando lejos. No habrá unidad europea hasta que no se base en la unidad espiritual".

"La historia de Europa es un gran río en el que desembocan numerosos afluentes, y la variedad de tradiciones y culturas que la forman es su mayor riqueza. Los fundamentos de la identidad de Europa están construidos sobre el cristianismo. Y su actual falta de unidad espiritual procede principalmente de la crisis de esta autoconciencia cristiana".

"Occidente tiene mucha necesidad de nuestra fe, viva y profunda, en la etapa histórica de la construcción de un sistema nuevo. El Oriente devastado espiritualmente necesita una señal fuerte de abandono en Cristo. El perdón es la condición de la reconciliación".

"En las universidades se puso todo tipo de obstáculos a cualquier forma de pensamiento filosófico que no respondiera al modelo marxista. Y se hizo de un modo simple y radical, actuando contra los que seguían otras corrientes de pensamiento filosófico."...Lo ocurrido en Polonia tras la subida al poder de los marxistas tuvo consecuencias similares a las provocadas anteriormente en Europa occidental por los procesos desarrollados a partir de la Ilustración. Se hablaba, entre otras cosas, del «ocaso del realismo tomista», entendiendo con ello también el abandono del cristianismo como fuente de un pensamiento filosófico.


La patria es en cierto modo lo mismo que el patrimonio, es decir, el conjunto de bienes que hemos recibido como herencia de nuestros antepasados, con un engarce profundo entre el aspecto espiritual y el material, entre la cultura y la tierra

"La nación es, en efecto, la gran comunidad de los hombres que están unidos por diversos vínculos, pero, sobre todo, precisamente por la cultura. La nación existe "por" y "para" la cultura".

Quisiera yo saber. Salvador Sostres



Quisiera yo saber

Me gustaría saber por qué a casi toda la derecha se la acusa de ser extrema y por qué a ninguna izquierda se la acusa de ello. Me gustaría saber por qué motivo concreto llevar camisas de cuello Mao resulta tan aceptado, y ves­tir cualquier pieza de ropa que tuviera que ver con los uniformes nazis sería una provocación con pena de cárcel.

Quisiera yo saber por qué se pueden llevar tan guapamente las famosas camisetas con la foto mí­tica del Che y, “en cambio, poner­se alguna prenda con fotografía del doctor Goebbels sería visto como la apología de lo peor. No entiendo por qué la librería Euro­pa de Barcelona ha sido clausu­rada por vender el Mein Kampf y, en cambio, el Manifiesto Comu­nista, la poesía de Gorki o de Maiakovski, pueden venderse con total impunidad y en cual­quier quiosco. No entiendo por qué motivo el Cara al Sol está demonizado y pueden, en cambio, socialistas y comunistas cantar sin temor ni rubor y el puño en altoLa Internacional. ¿Al son de qué himno se cometieron mayo­res matanzas? ¿Cuál de los dos inspiró a los ejércitos más sanguinarios?

Me pregunto por qué los defen­sores de la memoria histórica se detienen en el franquismo y no llegan nunca a la Guerra Civil y mucho menos a la República: me pregunto por qué al nazismo y a Adolf Hitler se les considera de derechas cuando él mismo se proclamaba socialista, tanto por su concepción igualitaria de la sociedad como por su metódica y sistemática manera de extermi­nar a los discrepantes y a los di­ferentes. ¿En qué se diferenció de Mao? ¿En qué se diferenció de Stalin? En que duró menos y en que causó menos muertos. Por lo demás, fue igual de socialista y de criminal que ellos.

Me encantaría saber por qué a la derecha se le atribuye lo peor de la Historia sabiendo que tales atribuciones suelen ser falsas; daría lo que fuera por saber por qué se continúa negando que el nazismo y el fascismo eran de ra­íz socialista, y por qué los horro­res del comunismo se niegan, y cuando ya es imposible se disi­mulan, y se tolera la siniestra apología de decir que, en el fon­do, fue una buena idea aunque mal aplicada.

Querría saber por qué al libera­lismo lo apellidan siempre salvaje, con la cantidad de riqueza y de bienestar que ha creado, y por qué la socialdemocracia conser­va todavía tanto prestigio y no la apellidamos, como mínimo, temi­ble, con el daño que ha hecho y la bancarrota que nos ha dejado. Querría saber por qué la culpa de la crisis es de los bancos que die­ron créditos a quienes luego no han podido pagarlos y no de los que solicitaron créditos sabiendo que difícilmente podrían devol­verlos.

Quisiera yo saber por qué el Partido Popular tiene que disimu­lar que es de derechas, cuando España conoció con la derecha su mayor prosperidad política y social y, en cambio, el PSOE pue­de seguir presumiendo de ser un partido de izquierdas cuando to­do lo ha hundido con sus recetas equivocadas y ha tenido que ve­nir la derecha alemana a dictar­nos el camino hacia la recupera­ción.
Me pregunto por qué la iz­quierda nunca es extrema en un país en el que a los que no nos queremos doblegar a sus delirios se nos dispara y tenemos que pe­dir perdón por simplemente res­pirar.

Salvador Sostres (El Mundo 28 de Abril de 2011)

jueves, 28 de abril de 2011

EL CARLISMO EN CASTILLA LA MANCHA (1833-1875)


EL CARLISMO EN CASTILLA LA MANCHA (1833-1875)
La profesora Manuela Asensio Rubio ha concluido un arduo trabajo de investigación sobre la presencia del movimiento carlista en Castilla La Mancha durante el siglo XIX. El libro lleva por título El carlismo en Castilla La Mancha(1833-1875). A su edición ha contribuido la Fundación Ignacio Larramendi, dentro del cumplimiento de sus fines, que incluyen el apoyo al estudio de la influencia histórica del carlismo en la sociedad española.

La obra, publicada en la Biblioteca Arbil, se presentará en Almagro, donde residen los más importantes archivos consultados en la elaboración, bajo la presidencia del alcalde de la localidad, D. Luis Maldonado Fernandez de Tejada, el próximo día 29 de abril, viernes, a las 19,30 en el Palacio de los Condes de Valdeparaiso.

España y Roma II


Pero –y desde hace seis años– un buen día caí en Roma. Yo era liberal y socialista. Y de Roma sabía dos cosas: que quizá estaba en el mapa, y que aquello era un poco de reacción y de barbarie pestífera.

Caí en Roma, un par de días, el tiempo necesario para dar una conferencia, y salir corriendo a dar otras en la verdadera Europa francesa, belga, holandesa y alemana. Lo que me sucedió en Roma, apenas la hollé con mi planta despreocupada y herética, ya lo he referido más de una vez. Lo que me sucedió fue tal catástrofe interior y al terremoto de mi vida, que en mi existencia exterior sólo pudo traslucirse por la palidez, la fiebre y el anonadamiento.

Quiero transcribir una vez más aquel sucedido, porque es nada menos que el fundamento de cuanto voy a escribir sobre «Roma y España». Porque aquel sucedido fue el despertar de mi instinto más profundo de español. Un instinto al que hoy he querido buscar una base firme de sostén un abolengo espiritual, una tradición perfecta: una estirpe.

«A las pocas horas de caer en Roma... ¿qué cosa me pasó? No sé. Sólo recuerdo que girovagué alucinado por las calles, y jardines, y cielos, y árboles, y palacios, y acentos de aquella vida. Y que de pronto me encontré abrazado a Roma con un ansia incontenible y desarticulada de balbucear tenuemente: madre.

Roma, a los pocos días, ya fue todo para mí.

Roma era el Madrid cesáreo e imperial que Madrid no sería nunca.

Roma era ese firmamento cálido, azul, de un azul sexual, embriagador, azul y dorado que yo no había visto en parte alguna de España –y que era España, sin embargo– y que me protegía como una mano regia.

Era la matriz de una Castilla mía, depurada, antigua, eterna, celeste, inajenable. Roma era –¡qué impresión descubrir eso, sencillamente!– mi lengua, el manantial de mi habla, espuma y cristal, originario en el que yo ahora zahondaba mi espíritu como un Jordán beatífico, saturándome de santidad, de periodo de orígenes, de filialidad, de ternura agradecida.

Roma era lo que yo nunca supuse que podría pervivir: aquella iglesia de mi infancia, y aquel sonar de campanas de mi colegio de monjas y aquel olor de agua bendita-incienso, y aquella visión negra de sotanas y roja de sobrepellices, y era la procesión de ese día y de ese pueblo, y de esa tarde castellana, y de esa noche madrileña y de ese alba en el mar.

Y era Roma el capitel y la columna y el portal del palacio en la ciudad vieja, y el cuadro y el púlpito, y el sentido melancólico, adusto y altiplánico de la llanura y la sierra de mi naturaleza.

Encontraba en Roma el olor a madre que nunca había olido en mi cultura, que es peor que el olor a hembra, porque enloquece de modo más terrible.

Olor a mundo antiguo, medieval y nuevo. ¡Qué era eso al lado de la bastardía arribista de las otras culturas europeas, que se me disputaban el favor!»

miércoles, 27 de abril de 2011

martes, 26 de abril de 2011

España y Roma I


España y Roma,
Introducción
La estirpe de un instinto
Ernesto Giménez Caballero
F. E.
Madrid, 11 de enero de 1934


Hasta hace seis años, yo no conocí Roma. No sólo no la conocí, sino que no me había importado conocerla.

Yo era liberal y socialista. Y escribía en la prensa más siniestra de España. Y mis ídolos espirituales eran aquellos que me llegaban, por filtración, y a través de los maestros que entonces regentaban mi cultura. Ídolos que podían resumirse en unos cuantos nombres de ciudades o civilizaciones: París, Londres, Berlín (un poco: Moscú). O bien, en este imperativo categórico: «europeizarse.»

Yo había sido uno de tantos muchachos españoles que se habían visto obligados a obedecer ese imperativo categórico, pendiente entonces –antes– sobre las almas españolas, como una especie de espada de Damocles. Había que «europeizarse», que «civilizarse», que «humanizarse». España era «bárbara», «rural», «antieuropea» y «atrasada». España padecía una gravísima enfermedad, que sólo tenía remedio en las clínicas de Centro-Europa, donde unos mágicos especialistas de enfermedades recónditas, podían aliviarla, iniciándola en el secreto de una terapéutica extraña y milagrosa, llamada «progreso».

Las peregrinaciones que en otros tiempos hiciera España a los loca santa de Jerusalén o de Compostela, había comenzado a dirigirlas, desde comienzos del siglo actual, a esas clínicas progresistas y europeas, donde los enfermos españoles empezaron a practicar ritos semejantes a los que ya en Lourdes practicaban otros paralíticos. Esto es: primero, una inmersión en agua bendita (un baño de lengua alemana); después un rosario de oraciones (escuchar y repetir unas lecciones de «técnicos»); después una visita a los santuarios y altares (recorrer los puntos culturales de Centro-Europa), y, finalmente traerse a casa, al pueblo natal, unas cuantas reliquias y amuletos (el gusto por la cerveza, por ir a la sierra y por pronunciar dos palabras-claves: «sensibilidad» y «finura»). Esa peregrinación española ad nova loca santa, tenía su abolengo histórico. Se había comenzado a aconsejar en el siglo XVIII: Feijoo, Cadalso, Jovellanos, Moratín, fueron de los primeros zahoríes que mostraron a los españoles esa vía de salvación: que principiaron a disuadir a los españoles, cada vez más decadentes e ictéricos, en su gusto por relacionarse con la vieja Roma de los Césares y de los Papas. ¡Francia!, ¡Francia!, era el íntimo anhelo de aquellos afrancesados de nuestro XVIII.

Después vino, con altisonancias, el gusto por lo inglés. Época romántica de los emigrados y de las poesías al Támesis. Desde finales del XIX, comenzó a iniciarse la variante hacia lo germánico. Uno de cuyos primeros palmerines fue un señor de Illescas, llamado Sanz del Río.

El Romanticismo en España, o sea, la corriente espiritual que hizo a España desear lo exótico a ella misma, a su propio genio, tuvo esas tres etapas. Siglo XVIII: romanticismo literario por lo francés. Siglo XIX: romanticismo político y liberal por lo inglés. Siglo XX (primer tercio): romanticismo filosófico y científico por lo alemán.

Yo –español de ese tercio del XX (que no era precisamente un tercio de Flandes)– me vi envuelto, empujado, impelido, por la última etapa del romanticismo nacional: el de la ciencia, la filosofía, lo germánico.

Jovencito y tierno, como novicio de «la Orden progresista y cientifista de España», partí un buen día en misión, para hacer méritos de salvación española. En busca del «fermento regenerador». Partí yo –uno de tantos– jovencito, novicio, tierno y emocionado

Planté mi devocionario en el campamento más central de Europa: la zona renana. Y me dispuse a practicar los sortilegios necesarios, para poder volver un día al pueblo, sin la lacra secreta de la enfermedad nacional: la barbarie, la ruralidad.

(Desde allí contemplaba con admiración y envidia los famosos resultados que iban obteniendo ya en España otros misioneros anteriores a mí. España, seguía tan desastrosa como antes. Pero los misioneros de «lo europeo» ganaban en prestigio, en pesetas y en porvenir, por momentos.)

Todas las mañanas comencé con la inmersión en el agua bendita: con los baños sacros de lengua alemana. Por si era poco, procuraba en los atardeceres hacer unos paseos graves, lentos y pensativos, que pudieran darme un aire goethiano. Y como los hacía a lo largo del río que Goethe los hiciera –con superstición homeopática– de vez en cuando, y, como jugando con el río, zahondaba mis dedos en sus ondas europeas, para adquirir sus virtudes curativas, por bajo precio y con urgencia.

Estudiaba ardientemente en adquirir «una técnica». Poco a poco me fui sintiendo ese tipo de hombre que Keyserling llamaría luego el «hombre-chófer» (y que luego Ortega traduciría elegantemente, con el calificativo de «hombre-masa»). Me iba sintiendo un hombre que alcanzaba a manejar una técnica, una máquina, pero sin saber en el fondo su secreto, ni interesarle por qué la máquina andaba, se movía y vivía. Lo importante era saber llevar el volante. Hacerlo como los otros. Ser «hombre–chófer» en España era suficiente para mirar por encima del hombro a los demás ciudadanos que aún iban a pie, o en coche de caballos, por las viejas calles hispánicas.

Como yo –años de 1920-21–, se encontraban en aquella zona centroeuropea indígenas de otras naciones, tan bárbaras, atrasadas y precarias como la española. Por ejemplo, italianos. Yo tenía sobre los italianos la idea que me habían proporcionado en España los regentes de mis opiniones. Los italianos eran unos pobres diablos, «mediterráneos», «decadentes» y «cursis», que no valía la pena ni de llamarlos hermanos. Ser latino constituía, en la moral «progresista» casi una infamia. Y pensar en «Roma» algo así como un desvarío, una inexactitud y un bochorno.

* * *

jueves, 21 de abril de 2011

Memoria Historica: Jerarquia


NOVEDAD EDITORIAL: EDICIÓN ÍNTEGRA DE "JERARQVÍA", LA REVISTA NEGRA DE LA FALANGE (1936-1938)
Jerarqvía.
La revista negra de la Falange (1936-1938)
VV.AA.
Introducción de José Luis Orella Martínez
Edición íntegra
Colección: Tinta y memoria
Ediciones Barbarroja.
Madrid, 2011
Formato: 15 x 21 cm.
Portada color plastificada brillo con solapas.
544 págs. Ilustrado
P.V.P.: 25'00 €.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO JERARQVÍA

Jueves 28 de abril de 2011, a las 19,30 h. (se ruega puntualidad)
En la Hermandad de la Vieja Guardia, cita en Cuesta de Santo Domingo, nº 3,
Esc. izq, 1º - 28013 - Madrid

CUANDO NAVARRA FUE ATENAS


En plena guerra, bajo el humo de la pólvora, no suele ser tiempo adecuado de pararse a pensar, sino en luchar. Sin embargo, los nacionales tenían la necesidad de demostrar el porque de su Lucha, y cuales eran las ideas que les impregnaba para tomar las armas. Fermín Yzurdiaga Lorca, será quien tome aquella responsabilidad sobre sus espaldas, e intente convertir la vieja y pequeña ciudad de Pamplona en una Atenas intelectual que bombee sus ideas al resto del cuerpo nacional. Su instrumento será Jerarqvía, una publicación, subtitulada “Revista Negra de la Falange” que mostrará un exquisito aspecto, con tapas color negro mate y el título, con el yugo y las flechas en oro.

El proyecto cultural de Jerarqvía será el más importante en la vida del cura navarro. Contó con la colaboración, entre otros de: Carlos Foyaca, Rafael García Serrano, Alfonso García Valdecasas, Ernesto Giménez Caballero, Pedro Laín Entralgo, Eugenio Montes, Ángel María Pascual, José María Pérez Salazar, Víctor de la Serna, Fermín Sanz Orrio, Eugenio D´Ors y Manuel Iribarren, Francisco Franco, Gonzalo Torrente Ballester, Agustín de Foxa, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Manuel Ballesteros, José María Pemán, Fray Justo Pérez de Urbel, Luis Légaz Lacambra, Luis Felipe Vivanco, Joaquín de Entrambasaguas, Manuel Díez Crespo, Teófilo Ortega y Ángel B. Sanz.


[José Luis Orella]

INFO Y PEDIDOS:
Librería Barbarroja
http://www.libreriabarbarroja.com
Tfno y Fax: 91 533 27 83. Móvil: 687 156 184

miércoles, 20 de abril de 2011

Atentado contra el concejal de Roma y vicepresidente de Casa Pound Andrea Antonini


"Hemos molestado a alguien. No sabemos a quién, podrían ser tantos. No señalamos a nadie. Pero cualquiera que sea la locura que hay detrás de todo esto, lo único cierto es que CasaPound Italia no se deja intimidar. Seguiremos avanzando por nuestro camino, con la determinación y la serenidad de siempre, conscientes de la importancia de nuestra lucha”. Así ha hablado Gianluca Iannone, presidente de CasaPound Italia, que se encuentra en Kenya con la organización “Solidarité identite” en una misión de solidaridad internacional a favor de los huérfanos de Nairobi, en relación a lo ocurrido con Andrea Antonini, vicepresidente de CasaPound Italia y concejal en el Municipio XX de Roma, herido ayer por la tarde con dos disparos de pistola mientras viajaba en moto por vía Flaminia.

“CasaPound Italia –afirma Iannone- tiene más de cincuenta sedes en toda Italia, ha ocupado decenas de edificios públicos y privados del norte al sur del país, ha desarrollado acciones concretas a favor de los más débiles, como minusválidos y detenidos, ha realizado propuestas factibles y realizables que, de ser aprobadas, podrían ser un gran paso adelante para resolver el problema de la vivienda. Sobre todo, se ha consolidado como un sujeto político fuera de los esquemas y alianzas habituales, capaz de enfrentarse con quien quiera dialogar sobre los problemas reales del país. Evidentemente, todo esto no ha gustado. A los que quieren cerrarnos la boca les respondemos como siempre a cara descubierta y con las mangas arremangadas, que todo esto no nos asuste y que seguiremos adelante, ahora todavía con más fuerza. A Andrea le hago llegar mis mejores deseos para una pronta recuperación. Lo esperamos para afrontar juntos próximas batallas”.
El concejal del Municipio XX y coordinador regional de CasaPound, Andrea Antonini, de 39 años, ha resultado herido en la pierna izquierda por dos tiros de pistola, mientras circulaba por una calle de Roma (vía Flaminia) en moto. Los proyectiles han atravesado la pierna sin provocar fractura alguna. Ingresado en el hospital, podría ser dado de alta hoy mismo. Dos personas, también a bordo de una scooter y con el rostro cubierto por el casco, se han acercado a Andrea Antonini a la altura del número 872 de vía Flaminia, disparándole dos balas de pequeño calibre. El concejal, elegido por el partido La Destra, es responsable municipal de deportes. La Digos y la policía de Flaminia están investigando lo ocurrido.

“Andrea está bastante bien, están consciente, hemos hablado hace unos minutos. Me ha pedido que tranquilice a todos sobre su situación –ha declarado un colaborador del concejal-. Su moral es alta. Esperamos que sea dado de alta pronto. Me ha dicho que hablará con la policía de esto”.

Andrea Antonini, ádemás de vicepresidente de CasaPound Italia es concejal en el Municipio XX de Roma, Antonini inició su militancia a los 16 años en el Fronte della Gioventù del MSI. En 2002 es llamado por Francesco Storace (Alleanza Nazionale), entonces presidente de la región del Lacio como consejero de estrategia política. Ese mismo año entra en CasaPound Italia, de la que llega a ser vicepresidente. En 2008 es elegido concejal en el Municipio XX. Es presentador de radio del programa “I giorni della fenice”l, que posteriormente se convierte en “Non più ospite” de Radio Bandiera Nera, ligada a Casapound. También es militante del sindicado UGL.

CASA POUND RESPONDE

¿Qué es Casa Pound Italia?


CPI es una asociación de promoción social constituida y reconocida legalmente. Es un movimiento político que trabaja para otra política. Sus militantes son en su mayor parte jóvenes que realizan su actividad bajo la luz del sol. CPI es un salto social, una esperanza de insurrección, una vanguardia del pensamiento. Es el escudo y la espada de un pueblo traicionado, humillado vendido y que sigue traicionándose a sí mismo. Es arte, cultura, empeño social –en una palabra: vida- en un mundo agonizante y plastificado.


¿Qué relación tiene el Blocco Studentesco con CPI?


Blocco Studentesco es el movimiento estudiantil de CPI organizado en las escuelas. BS y CPI son lo mismo


¿De qué se ocupa CPI?


De política. Del bien de la polis. De dar esperanza, dignidad, fuerza y voluntad. CPI actúa en la sociedad que nos rodea con una sola voluntad que se une en miles de voces: muestras, conferencias, grupos de estudio, experimentación artística, conciertos, cervecerías, comunidad juvenil, gimnasios, voluntariado, sindicalismo, provocaciones mediáticas. Y también elecciones.


¿CPI es un partido?


En absoluto. CPI es transversal, libre y creativa. CPI tiene militantes y programas, tiene carga ideal y no da esperanzas de carrera, Así pues no puede ser un partido. Esto no significa que no haga política. Mantener que solo un partido pueda hacer política significa tener una visión idealizada, ochocentesca, superficial de la dinámica política contemporánea.


¿Qué relación tiene CPI con los diversos partidos de la llamada “destra radicale”?


CPI es externa y autónoma con respecto a cualquier realidad partidista. Fuera de esta autonomía puede dialogar y colaborar en igualdad de condiciones con cualquier partido que desee tener una confrontación honesta, pertenezca o no dicho partido a la “destra radicale”.


¿CPI es un movimiento extraparlamentario?


En absoluto. CPI tiene militantes, sostenedores y amigos que trabajan en la política institucional, en la cultura oficial, en las asociaciones que determinan la vida social de la nación. No es un grupo de marginados sediciosos, de locos terroristas ni de cabezas locas en busca de aventuras. Las veleidades rebeldes extremistas no nos interesan, no nos atraen, no nos gustan. Nosotros queremos ser protagonistas de nuestro tiempo, no comparsas de un espectáculo cuya argumento ya haya sido escrito dejándonos el papel de los malos, de los subversivos o de los fanáticos. No le daremos este gusto a nuestros enemigos.Acusado de confabular en la sombra contra un régimen con el cual era, sin embargo, franco y solar, el Comandante d’Annunzio respondió: “Ardisco, non ordisco” (yo no confabulo, yo me atrevo”). Ese es nuestro mismo espíritu.


¿CPI es un movimiento xenófobo?


En absoluto. Las fobias, por su naturaleza, son el producto de cerebros débiles y corazones calientes. CPI quiere hacer análisis y formular soluciones, no fomentar obsesiones. Análisis radicales y no conformes, sin por otra parte invocar la “vía más simple” ni buscar chivos espiatorios. No nos interesan las guerras entre débiles ni los temores/temblores burgueses. Esto no significa que la condena de CPI sobre la confrontación del fenómeno de la inmigración masiva, de la sociedad multirracial, de la oligarquía que se beneficia de esta, o de los lobbys sociales, políticos y culturales que la favorecen sea menos clara. La inmigración masiva es un cuchillo que corta a ambos lados, que desarraiga y humilla tanto al huésped como al anfitrión. Pero reconocer todo esto actuando en consecuencia por una política de preferencia nacional y de inspiración identitaria, no significa ser xenófobo. Significa reconocer un dato elemental de la política: el Estado, si es tal, no debe nunca olvidarse de sus propios hijos.


¿Es CPI un movimiento antisemita?


En absoluto. CPI rechaza la paranoia. Pero al mismo tiempo, no admite tampoco los chantajes. Por ello CPI defiende su derecho de criticar cualquier gobierno o cualquier minoría organizada con un objetivo concreto, sin prejuicios de ninguna clase, sean positivos o negativos.


¿CPI es un movimiento homófobo?


El hecho de que dos seres del mismo sexo se amen y deseen vivir libremente su sexualidad no nos turba lo más mínimo. Claro, no todos viven tal condición con equilibrio y buen gusto, pero esto vale igualmente para demasiadas parejas heteros, ya que el buen gusto forma parte del estilo, y esto, claro, no puede ser impuesto por ley. De la misma manera tampoco vemos ningún problema en el hecho de que tales uniones tengan algún tipo de reconocimiento civil o administrativo, con la atribución de determinados derechos y deberes para la pareja. Sin embargo, somos totalmente contrarios a cualquier hipótesis de adopción de niños por parte de parejas homosexuales.


¿Está presente en la ideología de CPI el odio por el diferente?


Nosotros nos batimos por un mundo plural en el cual las diferencias, bajo cualquier forma, sean tuteladas e incrementadas. Queremos un mundo con pueblos diferentes, culturas diferentes, religiones diferentes, alimentos diferentes. Queremos un contraste entre formas de existencia diferentes que no degeneren nunca en la confusión ni la desfiguración de las respectivas identidades. Quien nos acusa de “odiar al diferente” está simplemente reciclando un estereotipo periodístico que explota aquello que querría denunciar: pura y simple ignorancia. Nuestro enemigo es una ideología que desde hace dos mil años impone igualitarismo y nivelación, y el mundo en una sola dimensión, se trata de la homologación global, es la monocultura de la mente, los logotipos omnipresentes y el cosmopolitismo progresista. Es esta ideología la que explota el verdadero “odio por lo diferente”.


¿Es CPI un movimiento católico?


CPI es un movimiento laico y no confesional. Respeta cualquier credo y cualquier vía de acceso a lo sagrado como proceso individual. Desde un punto de vista más político, pensamos, sin embargo, que un católico (así como un pagano, musulmán, budista o también un ateo) puede adherirse a CPI siempre que comparta programas, ideas, estilos y lenguajes. Un católico no puede, sin embargo, pertenecer a CPI si cree poder seguir bajo nuestras enseñas una política de estampa confesional, clerical, reaccionaria o neoguelfa. Sobre estos puntos no será tolerada ninguna desviación de la línea ya trazada.


¿CPI es un movimiento violento?


CPI hace política no gamberrismo. No está interesada en enseñar músculos. Quiere la fuerza serena. Pero al mismo tiempo no puede permitir que quien sea le impida la legitimidad de actuar y de existir. Queremos la confrontación, pero no rechazamos el encuentro si éste nos viene impuesto y en él nos va nuestra supervivencia política y física.


¿Hay mujeres en CPI?, ¿Qué función tienen en la organización?


Hay muchas mujeres en CPI, y están encuadradas en las coordinaciones DeA (Mujer y Acción). Nuestras chicas están siempre en primera línea en cualquier acción, aportando cada vez más una fundamental contribución. En la articulación de la función individual a atribuir en base al género, CPI rechaza tanto la confusión como la sumisión. La humillación de la mujer es típica del mundo contemporáneo en sus dos aspectos materialista-consumista y fundamentalista-monoteísta. Lo que perseguimos, es, sin embargo la complementariedad orgánica de hombre y mujer. Por una política real de la diferencia.


Los chicos de CPI practican la “cinghiamattanza”. ¿Sois bestias sedientas de sangre?


La cinghiamattanza- que tanto sueño ha hecho perder a moralistas, fanáticos, periodistillas y sociólogos de “talk show”- es un “deporte no conforme” cuya carga vitalista solo puede ser negada por quien tenga abiertamente mala fe. Se practica solo entre adultos voluntariamente. No es una “iniciación”, no es un “adiestramiento”. Es juego, lucha y vida. Ninguno está obligado, ninguno cree realmente formar parte de ninguna “casta guerrera” solo por el hecho de portar ludicamente un cinturón. Es por otra parte un momento de reapropiación de la corporeidad. En un mundo que tiene con el cuerpo una relación acomplejada, paranoica, decadente, en un mundo que ha producido anorexia, automutilación, castración, cansancio, a nosotros nos gusta jugar redescubriendo la belleza del cuerpo en el sudor, la alegría y la acción.


Entonces, en dos palabras, ¿qué quiere CPI?


Retomarlo todo.

lunes, 18 de abril de 2011

FRAGMENTOS DE UNA PRIMAVERA



Este articulo fue galardonado con el premio «Luis Fuster» creado por el S.E.U. de Valencia. Hoja de Campaña (el boletín que recibían los divisionarios en el frente ruso), aparecido en su número el 21 de marzo de 1943, en su página 8.


FRAGMENTOS DE UNA PRIMAVERA

Por Luis García Berlanga Martí.


Los cinco llevamos en el fondo de la cartera, junto a las católicas estampas, madre y novia a la devoción a la Virgen, una rosa de los Alpes. Nos las dieron muchachas alemanas, también estudiantes, una tarde en que el dulce y húmedo paisaje de Baviera invitaba a enlazar los brazos. Ilse se llamaba la que conmigo paseó por los bosques inundando de melancolía el ensueño intraducible de nuestras miradas. Me acuerdo de sus manos tibias, de sus risas en la vieja cervecería ante mis esfuerzos lingüísticos y de sus ojos vidriosos en la despedida.

De aquellas tardes, hoy apenas me queda un recuerdo suave, congregado al tacto de esta blanca rosa de la nieve sumergida en mi cartera. Ahora ya no son los verdísimos bosques con ciervos y pájaros asomando su tímida fuga, sino este monótono e implacable paisaje ruso. Llueve, llueve suavemente, como parece agradar a los espíritus apacibles. Los pies se hunden a cada paso en el barro, pegajoso y frío, mientras el agua resbala por nuestros capotes. Hay en todas las caras y en todas las cosas una extraña sensación de víspera. Todos sabemos que el frente está cerca, y hoy, no sé por qué, lo presentimos ya junto a nosotros. Las manos se estremecen de gozo al apretar el fusil, que pronto lanzará su grito de metal al enemigo.

Alguien ha dado la voz de alto. Se detiene poco a poco la columna y al borde del camino van surgiendo hogueras alrededor de las cuales se improvisan animados grupos. Uno de ellos, los formamos nosotros —«Los bohemios» nos bautizaron en el campamento-, camisa azul con cisne blanco bajo el verde uniforme alemán. Junto al fuego quizá un poco simbólico en esta fecha, 12 de octubre, hemos encendido las pipas, y Carlos como de costumbre, ha iniciado una conversación intrascendente, saturada de chistes y alusiones.

Pasa un enlace sobre una moto. Nos conoce; se detiene un poco y grita:
—¡Muchachos nos quedamos aquí! ¡Estamos a tres kilómetros de la primera línea!
Esta misma noche relevamos a los alemanes. Nos saluda brazo en alto y reanuda la marcha.

Al principio nos hemos quedado todos enmudecidos. Daniel es el primero en salir, de un ensimismamiento. Se vuelve hacia nosotros y dice tan sólo estas palabras:
—¡Ya era hora!

Parece como si la noticia hubiese eliminado de nuestro recuerdo la noción de los 1.300 kilómetros recorridos hasta este momento. Han desaparecido de nuestros rostros todas las huellas de sueño, fatiga y penalidades. Nos hemos puesto de pie y como en todas las grandes ocasiones, hemos cantado. Y ha sido una desgracia no conocer ningún himno del S.E.U., porque aquí en este instante y ante este paisaje, sus estrofas entonadas por nosotros hubiesen tenido una emoción y apasionada.
Con una Lili Marlen, rubia y exuberante, sueña este soldado alemán que silba la canción mientras amanece. Los dos estamos en el observatorio, sonriéndonos, ya no podemos hablar, y mirando con indiferencia lo que nos rodea, porque para nosotros el paisaje ha perdido ya el espíritu de tarjeta postal, de panorama en la excursión campestre hacia el que todos dirigimos el Kodak topificado de nuestras miradas. La única verdad que reconocemos es la de la blancura agobiante de la nieve que nos circunda y aplasta.

Ángeles esquimales —los vimos— nos trajeron el invierno. Pasaron ante nosotros inefables y altísimos, y a continuación volando hacia el Sur, inundando con la nieve de sus alas, pueblos y e estepas. Pero sabemos que arcángeles azules, de agua, están preparados para anunciarnos la primavera, su primavera, y esto nos consuela y reconforta.

Aquí, la primavera nos traerá consigo esta eclosión sentimental de pájaros y flores a que estamos acostumbrados en tierras meridionales. Aquí la primavera será —¡y ojalá sea pronto!— agua y nada más que agua, y agradeceremos tanto el primer charco que veamos a la puerta de la chabola, como la simbólica rosa inicial de los jardines.

De aquí esta indiferencia ante el paisaje. Sé que las torres exdoradas que se divisan hacia el Sur, son de Nowgorod —«la bella» la llamaron los rusos— aristocrática y veraniega hace cincuenta años, deshecha y solitaria hoy, con las puertas y las casas abiertas, esperando no sé qué angustiosa comitiva. También sé que mirando hacia el Norte, me invadirá un burgués presentimiento de Leningrado, y que, enfrente de mí, pueblo de heterogéneos nombres, Sawod, Now-Nicolaiewscaja, Xenofonte... son destrozados poco a poco por la artillería ante nuestra impasible vigilancia; pero todo esto me importa poco. En concreto, solo veo, porque así me lo exige mi conciencia, el espacio que me han mandado observar, en este caso, las heladas riberas del Wolchow, con las barcas empotradas en el hielo, ansiosas de pescadores y de peces resbaladizos por sus cubiertas. Y aunque el crepúsculo debe ser hoy, con estos árboles escarchados, de una gran belleza, m retiro en cuanto te' mino la observación a nuestro refugio subterráneo, donde un par de leños encendidos, me harán más feliz que la poética contemplación de la naturaleza.

Julio ha empapado de sangre está retrasada primavera. Todavía queda nieve para grabar iniciales en su blanca superficie, pero ya han surgido las rosas que han de dulcificar la sepultura. Cerramos los ojos a esta angustia que nos invade, porque ya no está entre nosotros el mejor compañero. Sobre un carro, un carro de ruedas destartaladas y ejes viejos que chirriaban, a contraluz, con la estepa iluminada eternamente, llevamos ayer su cadáver a Motorowo, y en un jardín, la cabeza hacia España, lo enterramos. Eran las doce, esa hora crucial en que todas las ciudades del mundo, luces encendidas proclaman la infinita existencia del amor. Con él se fueron las medallas religiosas, el cisne blanco en la camisa azul y aquella rosa de los Alpes, que una estudiante alemana le regalara. Nos dejó, sin embargo, una antología de la buena muerte y una postura arrogante ante lo irremediable. Caía la tierra sobre su cuerpo y descendía sobre nosotros el afán silencioso en la lucha. Así, sin gritos proseguimos, cada vez más acelerada, la marcha hacia los límites de nuestra conciencia. Se desangran si, los cadáveres de los falangistas, pero esa sangre entra en las venas de los que quedamos para rejuvenecer nuestro ímpetu.

Tengo su diario entre mis manos. Es de tapas azules, y sus páginas están llenas de una letra apretada y ágil. Todas sus confidencias están trasplantadas —y aquí con más pureza— a la blanca amistad del papel. Por todas partes alusiones a su eterna entrega a la Falange. Se dictaba a sí mismo la violencia y la fe en la revolucionaria tarea. Leo...

« ¡Que día más terrible aquel en que ninguna mano extendida nos señale el mejor camino hacia la muerte. Si en la constelación falangista no se esperasen refuerzos, ¿Cómo íbamos a justificar nuestra presencia en este campamento terrestre?»

«Se nos quiere llevar a la malicia ofreciéndonos como cebo y consuelo el fácil recuerdo de lo pasado. Y no; no se hacen las revoluciones fundando un museo de añoranzas sino buscando con el punto de mira al enemigo.»

«Las consignas no deben perderse entre las páginas tibias de revistas que, nadie lee. Las consignas deben clavarse a gritos en paredes enemigas.»

Al terminar de leer me fijo en la última página, donde; a lápiz, pero con gruesos caracteres, había escrito:

¡ARRIBA ESPAÑA!»

miércoles, 13 de abril de 2011

¿Por qué no existe una cultura de «Derecha»?



Uno de los temas más recurrentes en nuestras publicaciones y en las conversaciones de nuestro ambiente es la condena del encuadramiento masivo a la izquierda de la cultura italiana . Esta condena se realiza en un tono en parte dolorido, en parte sorprendido, como si fuese algo contra natura que la cultura se encuentre actualmente encuadrada en aquel vector mientras a la derecha aparece un vacío casi completo.

Habitualmente se intenta explicar este estado de cosas mediante explicaciones baratas, ese tipo de explicaciones que sirven para tranquilizarse a uno mismo y permiten mantenerse en el aspecto más superficial de las cosas.

Se dice, por ejemplo, que la cultura está a la izquierda porque es allí donde encuentra más dinero, de editoriales, de medios de propaganda. Y también se afirma que si el viento cambiase muchos «comprometidos con la izquierda» revisarían su engagément.

En todo esto hay parte de razón. Una cultura o, mejor, el punto de partida del que tiene necesidad una cultura son también organización, dinero y propaganda. Resulta indudable que el aplastante predominio de las ediciones de orientación marxista, del cine social‑comunísta, invita al engagément también a muchos que en un ambiente diferente habrían permanecido neutrales.

Sin embargo, esto no debe hacer olvidar la verdadera causa del predominio de la hegemonía ideológica de la izquierda. Ésta reside en el hecho de que allí, en la izquierda, existen las condiciones para una cultura, existe una concepción unitaria de la vida, materialista, democrática, humanitaria, progresista. Esta visión del mundo y de la vida puede asumir diferentes matices, puede tornarse radicalismo y comunismo, neo‑iluminismo o «cientifismo» de carácter psicoanalítico, marxismo militante y cristianismo positivo de naturaleza «social». Pero siempre nos encontramos frente a una visión unitaria del mundo, de los fines de la historia y de la sociedad.

De esta concepción común surge una masiva producción ensayística, histórica y literaria que puede ser mezquina y decadente pero que posee una lógica y una íntima coherencia propias. Esta lógica, esta coherencia ejercen una fascinación creciente sobre las personas cultas. No es ningún misterio para nadie que un gran número de docentes medios y universitario es marxista y que el proceso de extensión del marxismo entre el cuerpo de profesionales de la enseñanza se verifica con una impresionante rapidez. Y entre los jóvenes que tienen el hábito de leer, las posiciones de izquierda ganan terreno de forma evidente.

En el ámbito de la derecha no se produce nada semejante. Aquí se vaga en una atmósfera deprimente, hecha de conservadurismo de andar por casa y respetabilidad burguesa. Se pueden leer artículos en los que se solicita que la cultura tenga más en cuenta los «valores patrióticos» o de la «moral», todo en medio de una pintoresca confusión de ideas y de lenguaje.

A la izquierda se sabe perfectamente qué es lo que se quiere. Ya se hable de la nacionalización del sector eléctrico o del urbanístico, de las historia de Italia o del psicoanálisis, siempre se trabaja para un fin determinado, para la difusión de una determinada mentalidad, de una cierta concepción de la vida.

A la derecha se anda a tientas en la incertidumbre y en la imprecisión ideológica. Se es «patriótico‑resurgimental» y se ignoran los aspectos oscuros, democráticos y masónicos que coexistieron en el Resurgimiento con la idea unitaria. O bien se apuesta por un «liberalismo nacional» y se olvida que el mercantilismo y el nacionalismo liberales han contribuido de manera importante a la destrucción del orden europeo. O, incluso, se habla de Estado nacional del trabajo y se olvida que, desdichadamente, ya tenemos una república italiana fundada sobre el «trabajo» y que reducir a estos términos nuestra alternativa significa simplemente rebajarnos al nivel de socialdemócratas accesorios.

Quizás las personas cultas no sean menos en número a derecha que a izquierda. Si se considera que la mayor parte de electorado de derecha es burgués, se debería deducir que entre ellos son abundantes las personas que hayan realizado estudios superiores y deberían haber contraído un cierto «hábito de lectura».

Sin embargo, mientras el hombre de izquierda dispone también de los elementos de una cultura de izquierda y lee a Marx, Freud, Salvemini, el hombre de derecha difícilmente posee una conciencia cultural de «Derecha». No sospecha la importancia de un Nietzsche en la crítica a la civilización, jamás ha leído una novela de jünger o de Drieu la Rochelle, desconoce la Decadencia de Occidente de Spengler y no duda en absoluto que la Revolución francesa haya constituido una página insigne en la historia del progreso humano. Mientras se mantiene en el ámbito de la cultura es un bravo liberal, sólo, tal vez, un poco nacionalista y patriota.

Únicamente cuando empieza a hablar de política se diferencia: Opina que Mussolini (En España Franco) era un hombre honesto y no quería la guerra y que las películas de Passolini son «obscenas».

No hace falta demasiado para darse cuenta de que a la derecha no existe una cultura porque no existe una verdadera idea de la «Derecha», una visión del mundo cualitativa, aristocrática, agonística, antidemocrática; una visión coherente por encima de ciertos intereses, de ciertas nostalgias y de ciertas oleografías políticas.

¿Qué significa ser de «Derecha»?

Con estas afirmaciones, que como todas las afirmaciones verídicas, escandalizarán a más de uno, creemos haber puesto el dedo sobre la llaga.

¿Qué debería significar en verdad «ser de Derecha»?

Ser de «Derecha» significa, en primer lugar, reconocer el carácter subversivo de los movimientos nacidos de la Revolución francesa, ya sean éstos el liberalismo, la democracia o el socialismo.

Ser de «Derecha» significa, en segundo lugar, comprender la naturaleza decadente de los mitos racionalistas, progresistas y materialistas que preparan la llegada de la civilización plebeya, el reino de la cantidad y la tiranía de las masas anónimas y monstruosas.

Ser de «Derecha» significa, en tercer lugar, concebir el Estado como una totalidad orgánica donde los valores políticos dominen sobre las estructuras económicas y donde el dicho «a cada uno según su valía» no significa igualdad, sino una equitativa desigualdad cualitativa.

En fin, ser de «Derecha» significa aceptar como propia aquella espiritualidad aristocrática, religiosa y guerrera que ha caracterizado en sí a la civilización europea y aceptar, en nombre de esta espiritualidad y sus valores, la lucha contra la decadencia de Europa.

Resulta interesante ver en qué medida esta conciencia de «Derecha» ha aflorado en le pensamiento europeo contemporáneo. Existe una tradición antidemocrática que recorre todo el siglo XIX y que en sus formulaciones del primer decenio del XX prepara muy de cerca el fascismo. Podría hacerse comenzar esta tradición con las Reflexions on the revolution in France en las que Burke, por primera vez, desenmascaraba la trágica farsa jacobina y advertía que «ningún país puede sobrevivir durante mucho tiempo sin un cuerpo aristocrático de una clase u otra».

A continuación esta línea argumentativa intentó sostener la Restauración con los escritos de los románticos alemanes y los reaccionarios franceses.

Piénsese en los aforismos de Novalis, con su reaccionarismo chispeante de novedad y revolución («Burke hat ein revolutionäres Buch gegen die Revolution geschrieben»), o en las sugestivas y proféticas anticipaciones: Ein grosses FehIer unserer Staaten ist, dass man den Staat zu wenig sieht... Liessen sich nicht Abzeichen und Uniformen durchaus einführen? Piénsese en un Adam Müller y su polémica contra el atomismo liberal de Adam Smith y la contraposición de una economía nacional a la economía liberal. En un Gentz, consejero de Metternich y secretario del congreso de Viena, en un Görres, en un Baader o en el mismo Schelling. junto a ellos está Federico Schlegel con sus múltiples intereses, la revista Europa, manifiesto de la reacción europea, la exaltación del Medioevo, los primeros estudios sobre los orígenes indoeuropeos, la polémica con los liberales italianos sobre el patriotismo de Dante, patriota del Imperio y no micro‑nacionalista.

Piénsese en un De Maistre, este maestro de la contrarrevolución que exaltaba al verdugo como símbolo del orden viril y positivo, al vizconde De Bonald, a Chateaubriand, gran escritor y político reaccionario, el radicalismo de un Donoso Cortés: «Veo Regar la era de las negaciones absolutas y las afirmaciones soberanas». No obstante, la crítica puramente reaccionaria presentaba unos límites demasiado evidentes al cerrarse ante aquellas fuerzas nacionales y burguesas que ambicionaban fundar una nueva solidaridad más allá de las negaciones iluministas. Arrndt, jahn, Fichte, pero también el Hegel de la filosofía del derecho pertenecen al horizonte contrarrevolucionario por la concepción nacional‑solidarista del Estado, aunque no comparten en dogmatismo legitimista. La negativa a abrirse a las fuerzas nacionales (incluso también allí, como en Alemania, donde éstas se sitúan en posiciones antiliberales) constituye el límite de la política de la Santa Alianza. Destruido el sistema de Metternich por la miopía de su concepción de base (combatir la Revolución con la policía y restaurando la legalidad del setecientos), la contrarrevolución se divide en dos ramas: una se queda en posiciones meramente legitimistas, confesionales, destinadas a ser vencidas; la otra busca nuevas vías y una nueva lógica.

Carlyle polemiza contra el espíritu de los tiempos, el utilitarismo manchesteriano («no es que la ciudad de Manchester se haya enriquecido, se trata de que se han enriquecido algunos de los individuos menos simpáticos de la ciudad de Manchester») o el humanismo de Giuseppe Mazzini (« ¿Qué son todas estas memeces de color de rosa?»). Carlyle busca en los Héroes la clave de a historia y ve en la democracia un eclipse temporal del espíritu heroico.

Gobineau publica en 1853 su memorable Essai sur Vinegalité des races humaines, dando origen a la idea de una aristocracia basada sobre fundamentos raciales. La obra de Gobineau se verá proseguida en los trabajos de los alemanes Clauss, Günther, Rosenberg, del francés Vacher de Lapouge y del inglés H. S. Chamberlain. A través de ella el concepto de estirpe, fundamental para el nacionalismo, se desliga de la arbitrariedad de los diversos mitos nacionales y se reconduce al ideal nórdicoeuropeo como medida objetiva del ideal europeo.

A fines de siglo, la punta de lanza de la «Derecha» la constituye la polémica de Federico Nietzsche contra la civilización democrática. Nietzsche, más que Carlyle o Gobineau, es el creador de una «Derecha» modernamente fascista, quien ha proporcionado un lenguaje centelleante de negaciones revolucionarias. Nietzscheano es el desprecio por el adversario, la rapidez en el ataque, la temeridad revolucionaria («was fällt das soll man auch stossen»). Las palabras de Nietzsche serán recogidas in Italia por Mussolini y d´Annunzio, en Alemania por Jünger y Spengler y en España por Ortega y Gasset.

Entretanto, también en el seno del nacionalismo se ha producido un «cambio de signo». Ya en las formulaciones de los románticos alemanes la nación no era la masa desarticulada, la nation jacobina, sino la sociedad ständisch, con sus cuerpos sociales, sus tradiciones, su nobleza. Una sociedad enseñaba Federico Schlegel tanto más es nacional cuanto más ligada a sus costumbres, a su sangre, a sus clases dirigentes, que representan la continuidad en la historia.

A fines de siglo, se ha llevado a cabo una reelaboración del nacionalismo en el espíritu del conservadurismo. Maurras y Barrés en Francia, Oriani y Corradini en Italia, los pangermanistas y el movimiento juvenil en Alemania, Kipling y Rhodes en Inglaterra han conferido a la idea nacional una impronta tradicionalista y autoritaria. El nuevo nacionalismo es esencialmente un elemento del orden.


Fascismo, Nacionalsocialismo y cultura de «Derecha».

Ya se ha dicho esencialmente. En efecto, el mito del «pueblo» no precisado sirve todavía para introducir bajo mano toda una serie de ideas que no son de «Derecha». De aquí la escasa capacidad de aprehensión de los regímenes fascistas de Italia y Alemania en el campo de la cultura. Fascismo y nacionalsocialismo, si bien tuvieron clara su oposición a los movimientos surgidos de la Revolución francesa y osaron hacer frente al mito burgués y al proletario, contra capitalismo anglosajón y bolchevismo ruso no llegaron a crear en el seno del Estado una ciudadela que pudiese sobrevivir a la catástrofe política. Baste pensar que en Italia el liderazgo cultural se confió a Gentile, un hombre que supo estar a la altura de las circunstancias pero que ideológicamente, sólo era un patriota resurgimental, ligado estrechamente al mundo de la cultura liberal. No es extraño que todos los discípulos de Gentile (aquellos inteligentes, que son alguien en el ámbito cultural) militen en la actualidad en el campo antifascista o incluso en el comunista. Quien lea Genesi e struttura della società no puede evitar quedar perplejo ante el espíritu democrático‑social de esta obra que, dignamente, culmina el ideal bolchevique del humanismo del trabajo. En consecuencia, no puede sorprender que un gentiliano como Ugo Spirito se manifieste a veces «corporativista» a veces «comunista», sin tener necesidad de cambiar un solo renglón de lo que ha escrito.

En Italia, durante el ventennio se habló mucho de patria, de nación, pero no hubo preocupación jamás en hacer circular las ideas de la más moderna cultura de «Derecha». La Decadencia de Occidente de Spengler (que Mussolini conocía en su edición original), Der Arbeiter de Jünger o Der wahre Staat de Spaan nunca fueron traducidos, novelas como el Gilles de Drieu la Rochelle o Los proscritos de Von Salomon fueron completamente ignorados por la cultura oficial fascista.

En esta situación era natural que la obra de un Julius Evola resultase ignorada. Un libro como Rebelión contra el mundo moderno que, traducido en Alemania, despertó gran interés (Gottfried Benn escribió sobre él: «Una obra cuya excepcional importancia se hará evidente en los años que por venir. Quien la lea se sentirá transformado y contemplará Europa con una mirada diferente») en Italia pasa por no escrito.

A la sombra del Littorio, tras la fachada de las águilas y las divisas, continúo prosperando una cultura neutra, insípida, a veces fiel al régimen por un íntimo patriotismo pequeño‑burgués, más a menudo en oculta actitud polémica e instigadora. Hoy en día están de moda las memorias del estilo de las de Zangrandi en las que algunos personajes mediocres del mundo de la política y el periodismo se vanaglorian de haber hecho carrera como fascistas sin serlo en realidad. Es evidente la mala fe de estas escuálidas figuras pero, entre tanta mentira permanece una verdad: la cultura fascista, aquella cultura oficial de los Littotiali della gioventú, detrás de una fachada de homenajes adulatorios al Duce, al Régimen, al Imperio, quedaba una amalgama de socialismo «patriótico», de liberalismo «nacional» y de catolicismo «italiano».

Caída la identidad Italiafascismo, destruido en 1943 el concepto tradicional de patria, los socialistas «patrióticos» se convierten en social‑comunistas, los liberales «nacionales» tan sólo en nacionales y los católicos «italianos» en demócratacristianos.

Es indudable que el oportunismo ha contribuido a esta fuga general, pero es cierto que si el fascismo hubiese hecho algo para crear una cultura de «Derecha», una ciudadela ideológica inexpugnable, algo habría quedado en pie.

El nacionalsocialismo trabajó sobre unos cimientos mejores. La cultura alemana de «Derecha» poseía tras de sí una prestigiosa lista de nombres, empezando por los primeros románticos hasta llegar a un Nietzsche El mismo Goethe ha dejado escritas palabras de desconfianza nada equívocas dirigidas al engreimiento liberal de su tiempo. Igualmente, entre 1918 y 1933, en Alemania floreció la denominada «revolución conservadora» en la que se integraban autores de fama europea: Oswald Spengler, Ernst Jünger, Othmar Spaan y Moeller van den Bruck, Ernst von Salomon o Hans Grimm son nombres conocidos también más allá de las fronteras alemanas. El propio Thomas Mann había hecho con sus Consideraciones de un imprudente una contribución fundamental a la causa de la «Derecha» alemana.

Sin embargo, también aquí el mito del «pueblo» ganó la partida a los gobernantes y la Gleichshaltung hace enmudecer toda crítica, incluyendo la constructiva. No obstante, en comparación con el fascismo, el nacionalsocialismo posee el mérito de obligar a la cultura neutra a rendir cuentas, teniendo conciencia, en mucha mayor medida que el régimen italiano, de representar una auténtica visión del mundo violentamente hostil a todas las putrefacciones y desviaciones de la Europa contemporánea. La muestra de arte degenerado y la quema de libros tuvieron cuanto menos, un significado ideal revolucionario, un carácter de abierta revuelta contra los fetiches de un mundo en descomposición.

Pero también en Alemania se exageró; se atacó encarnizadamente a personajes que podían haberse dejado en paz, como un Benn o un Wiechert, mientras a su vez los depuradores mostraban taras populistas y jacobinas. Existe un librito titulado An die Dunkelmänner unserer Zeit (A los oscurantistas de nuestro tiempo) en el cual Rosenberg responde a los críticos católicos de su Mythus con una vulgaridad que nada tiene que envidiar a Voltaire o a Anatole France.

(....)


Indicaciones para una nueva cultura de «Derecha».

¿Cuáles son los problemas que se plantean a aquéllos que quieren afrontar el problema de la cultura de «Derecha»? Ante todo resulta necesario un planteamiento correcto de la cuestión. Y la primera contribución a este planteamiento es la definición de las relaciones que existen entre «Derecha» y cultura.

Es preciso poner en claro que para el hombre de Derecha los valores culturales no gozan de la condición excelsa a la que son ensalzados por los escritores deformación racionalista. Para el verdadero hombre de «Derecha», antes que la cultura están los valores genuinos del espíritu que encuentran expresión en el estilo de vida de las verdaderas aristocracias, en las organizaciones militares y en las tradiciones religiosas todavía vivas y operativas. En primer lugar está un cierto modo de ser, una cierta tensión hacia alguna realidad, después el eco de esta tensión bajo forma de filosofía, arte o literatura.

En una civilización tradicional, en un mundo de «Derecha», en primer lugar se encuentra el espíritu viviente y sólo después la palabra escrita.

Únicamente la civilización burguesa, nacida del escepticismo iluminista, podía creer sustituir el espíritu heroico y ascético por el mito de la cultura, por la dictadura des philosophes.

El demócrata rinde culto a la problemática, a la dialéctica, a la discusión y transformaría de buen grado la vida en café o en un parlamento. Para el hombre de «Derecha», por el contrario, la investigación intelectual y la expresión artística alcanzan sentido sólo como comunicación con la esfera del ser, con algo que, sea de la manera que sea, no pertenece al reino de la discusión sino de la verdad. El verdadero hombre de «Derecha» es instintivamente un homo religiosus, pero porque mide sus valores no con el metro del progreso sino con el de la verdad.

«Ser conservador ‑ha escrito Moeller van den Bruck- no significa depender del pasado inmediato sino vivir de los valores eternos».

La cultura y el arte de «Derecha» no pueden pretender ser ellos mismos el templo sino sólo el vestíbulo del templo. La verdad viviente está más allá.

De aquí surge una cierta desconfianza del genuino hombre de «Derecha» frente a la cultura moderna, un desprecio impersonal hacia el vulgo de literatos, estetas y periodistas. Recuérdense las palabras de Nietzsche: «Una vez el pensamiento era Dios, después devino hombre, ahora se ha hecho plebe. Todavía un siglo de lectores y el espíritu se pudrirá, apestará».

(...) No se trata meramente de la burda desconfianza del escuadrista y del lansquenete por los refinamientos de la cultura sino también del aspirar a una espiritualidad hecha de heroísmo, fidelidad, disciplina, sacrifico. José Antonio recomendaba a sus falangistas «el sentimiento ascético y militar de la vida».

Establecida esta premisa, consideraríamos más de cerca el objetivo de animar una cultura de «Derecha». El fin, lo hemos dicho, es la construcción de una visión del mundo que se inspire en valores diferentes los hoy dominantes. No teoría o filosofía sino «visión del mundo». Esto deja un amplio margen de libertad a las posiciones particulares. Se puede trabajar en crear una visión del mundo de «Derecha» tanto desde posiciones católicas como desde posiciones neo‑paganas (...).

Un ejemplo modesto pero interesante de esta concordia discors nos lo ofrecen las revistas juveniles del primer neofascismo. Cantiere e Carattere por parte católica, Imperium y Ordine Nuovo por parte evoliana han contribuido de manera importante a un proceso de revisión de ciertos mitos burgueses y patrioteros característicos de la vieja derecha.

Estas revistas, junto a otras que no hemos mencionado (Il Ghibellino, Barbarossa, Tradizione, etc.) contribuyeron ‑también con grandes limitaciones a guiar un cierto discurso. Éste lo debe todo o casi todo a aquél que puede perfectamente ser definido como el maestro de la juventud neofascista: Julius Evola.

Sin libros como Gli uomini e le rovine y Cavalcare la tigre no habría sido posible mantener libre en el ámbito de la «Derecha» un espacio cultural. Pero Evola es un gran aislado y su obra está ya en su haber. Son necesarias nuevas fuerzas creadoras o al menos una tarea de difusión inteligente.

Se ha cultivado los dominios particulares de la historia, la filosofía o la ensayística. Se ha intentado algo en el campo del arte. No sin razón Evola ha comparado la Tradición a una vena que tiene necesidad de innumerables capilares para llevar la sangre a todo el cuerpo.

Orientaciones para una nueva cultura de «Derecha».

¿Cuáles podrían ser los fines de una «Derecha» cultural?

En el campo de la visión del mundo, la definición de una concepción orgánica y no mecánica, cualitativa y no cuantitativa, una Ganzheitslehre para la cual se dispone de toda una serie de puntos de referencia desde Schelling hasta Othmar Spaan. Pero también algunos filones del idealismo -depurados de cierta mitología historicista- pueden constituir puntos de referencia contra el neomarxismo y el neoiluminismo. Desde el Hegel de la Filosofía del Derecho hasta el mejor Gentile, algunos elementos pueden ser utilizados. No ha de pasarse por alto la crítica de la ciencia y d e la concepción matemática del cosmos, para la cual tanto la crítica al concepto de la ley de la naturaleza de un Boutroux e incluso el élan vital de Bergson pueden servir como elementos de ruptura para una concepción no matemática sino voluntarista y espiritualista del universo.

En este dominio existen puntos de referencia bastante numerosos'. Lo importante es darse cuenta de que una visión del mundo debe ser formulada también en términos lógicos y no sólo míticos. La importancia de un Evola con respecto a un Guénon consiste en que aquel tiene en su haber una Teoria y una Fenomenología dell´Individuo Assoluto, es decir, un propio y verdadero pensamiento de la máxima coherencia y pleno de consecuencias. En una época de dominio raciona­lista no se puede pretender hacer aceptar un «tradicionalismo» que se pre­sente en términos más o me­nos fideísticos.

En lo que hace referencia a la ciencia propiamente dicha son susceptibles de ser utili­zadas las reservas formula­das por grandes científicos contemporáneos como Hei­senberg o Weiszácker frente al método científico como in­strumento de conocimiento absoluto. Es importante el te­ner presente que la física más moderna no conoce una ma­teria sino una serie de hipóte­sis entorno a un quid concep­tualmente indefinible.

Un segundo dominio es el de la antropología. An­tropólogos como el ameri­cano Jensen (The heritability of intelligence) y el inglés Eysenck (Raza, Inteligencia y Educación, La desigualdad hu­mana) han analizado la dife­rencia intelectual entre blan­cos y negros haciendo hin­capié en los factores heredi­tarios. Otro americano, Car­leton S. Coon, en su The origin of races ‑considerado como el estudio más impor­tante sobre los orígenes del hombre después del de Dar­win‑ ha mostrado cómo las razas humanas no tienen un progenitor común sino que han superado separadamente el umbral de la homíní­zación. Se trata de afirmacio­nes fundamentales que los mass‑media se esfuerzan por ignorar pero por los cuales una «Derecha» no puede de­sinteresarse por sus con­secuencias antiigualitarias.

En los márgenes de la ciencia se sitúa uno de los temas más en discusión hoy en día: la ecología. Pues bien, sería absurdo que la «Derecha» dejase a la iz­quierda esta cuestión cuando todo el significado último de su batalla se identifica preci­samente con la conservación de las diferencias y de las peculiaridades necesarias para el equilibrio espiritual del planeta, conservación de la que la protección del ambi­ente natural constituye una parte.

El de la historia es uno de los campos más violentamente atacados por la ofen­siva del enemigo. Demostrar que la «Derecha» va contra del «sentido de la historia» es uno de los medios más económicos para desacredi­tarla a los ojos de una época dispuesta a cambiar el pro­greso técnico por el progreso en sentido absoluto.

Resulta necesario en primer lugar asumir una con­cepción de la historia no ba­nalmente evolutiva. Un Os­wald Spengler, un Toynbee, un Günther, un Altheim pueden proporcionar los puntos de referencia. A la concepción de la historia como un «progreso» mecánico se opone una visión histórica que reconoce periodos de desarrollo y periodos de involución. En general, no existe una histo­ria de la humanidad sino so­lamente una historia de las diferentes estirpes y civili­zaciones, por ejemplo, una historia de Europa como de­venir de las estirpes indoeu­ropeas a través de los ciclos prehistóricos, greco‑romano y medieval‑moderno.

Esta concepción de una cultura europea es también la que nos ayuda a comprender la historia más reciente. Toda 1a historiografía de «Derecha» desde 1800 en adelante ha sido escrita en clave nacional o nacionalista. Este esquema no estaba me­todológicamente errado, pero sí estrecho. Mostró sus límites cuando el fascismo se sitúa como movimiento europeo para la reestructura­ción de la civilización euro­pea en su conjunto. Por esta razón los libros de los epígonos del nacionalismo, como un Tamaro (Ventanni di storia) nos dejan insatis­fechos por la falta de una adecuada perspectiva histo­riográfica.

El dominio del arte merece una mención especial. Aquí no es suficiente la clari­dad de las orientaciones sino que es necesario integrar las tesis «justas» con aquella in­falibilidad del gusto que con­fiere a un sentimiento del mundo nobleza artística.

¿Qué es el arte de «Derecha»? No se trata simplemente de escribir una buena novela o poesías difer­entes por su contenido sin de expresar una tensión es­tilística diferente. Existen li­bros de autores comprometi­dos con la «Derecha» en los que difícilmente se podría encontrar esta nueva dimen­sión. Sin embargo ésta puede aparecer en escritores menos engagé. Véase, por ejemplo, Los Acantilados de Marmol de Jünger.

Este autor, que si bien durante algún tiempo estuvo muy cercano al nacionalso­cialismo, muy pronto se dis­tanció asumiendo posturas críticas. Pero difícilmente po­dremos encontrar algo que esté más «a la Derecha» que esta novela: la impersonali­dad aristocrática de la narra­ción, el estilo impecable y brillante, la ausencia de la más mínima brizna de psi­cologismo burgués la con­vierten en un modelo difícil­mente obviable.

En general, estas car­acterísticas se hallan en todas las mejores obras de Jünger. El contenido literario de este autor es un poco complejo. Pero un sentimiento artístico «de Derecha» puede también vivificar una materia descar­nada, pobre, «naturalista». Es el caso de las novelas del no­ruego Hamsun, en gran parte historias de los países del Norte: historias de pesca­dores, de marineros, de cam­pesinos. También aquí, quizás en un tono menor, una dignidad mesurada y firme y, a la vez, un elemento mítico presente en las vicisi­tudes de estas almas sencillas luchan contra el destino en la atmósfera magnética del paisaje boreal.

No tenemos más remedio que limitamos a un par de ejemplos, los primeros que nos vienen a la mente. Pero todo el mundo puede com­prender lo que habíamos querido decir e integrar estas indicaciones con su sensibili­dad y sus conocimientos. Es­tas reflexiones son válidas para todo tipo de arte: la forma pasa a un segundo tér­mino frente al contenido. Vé­ase la desenvoltura con la que el fascismo se ha apro­piado de la arquitectura moderna para expresar un sentimiento del mundo que no es «moderno», o la arqui­tectura clásico‑moderna de la Universidad de Roma o la del Foro Mussolini. Se trata de obras menores pero de obras muy logradas, y el espíritu que emana de aquella brillante geometría no es la aridez de los rasca­cielos, sino la sustancia dura y luminosa del alma antigua: orden medida, fuerza disci­plina, claridad.

Y llegamos a un arte menor, el cine. También en este caso haremos algunas re­flexiones aisladas que pueden servir para en­cuadrar el problema.

Todo el mundo puede ver que El asedio del Alcázar con­stituye una buena película de propaganda fascista. Sin em­bargo, en rigor, con el mismo lenguaje se podría haber rea­lizado una epopeya antifas­cista. Por el contrario, resulta difícil no definir como «de Derecha» algunos encuadres del judío comunista Eisens­tein (tenemos en mente algu­nos de los fotogramas de Iván el Terrible), por su misticismo nacionalista y autoritario. Es sabido que Fritz Lang, el di­rector de Los Nibelungos, era un comunista convencido que abandonó Alemania a la llegada de Hitler. Pero pocas películas logran expresar me­jor que su obra principal la Stimmung heroica, mítica y pagana de la Alemania na­cionalsocialista. Y Goebbels demostró una notable inteli­gencia cuando pensó en él para dirigir la película del Congreso de Núremberg.

Todavía un ejemplo más: Ingmar Bergman. Este autor, ciertamente, no puede ser calificado de «fascista» (si bien los comunistas lo han hecho alguna vez). Pero en algunas de sus obras está presente una potencia sim­bólica que, transportada desde el arte al dominio so­cial, no puede dejar de ejerci­tar algunas precisas sugestio­nes que los adversarios de­finirían de buen grado como «irracionalistas y fascistas». Tenemos presentes algunas escenas de El séptimo sello. Evóquense los paisajes míticos y solemnes, la presencia in­visible en el corazón de lo visible, el drama del héroe. No se pretende divulgar ningún mensaje político, pero la impresión que el especta­dor recava del mismo es todo lo contrario a «democracia», «social» y «humanística».

Naturalmente, también aquí lo que decide es el in­stinto. Quien es verdadera­mente de «Derecha», quien interiormente está marcado por algunos valores, por un ethos particular, sabrá inme­diatamente distinguir las ex­presiones artísticas que perte­necen a su mundo. Estética procede de aisthänomai, un conocer por sensación inme­diata.

Las consideraciones que, hemos desarrollado en estas páginas no poseen un carác­ter sistemático. Simplemente pretenden afrontar un pro­blema, no definirlo. Por otra parte, en este campo son sufi­cientes las orientaciones genéricas. Más allá de estas cada uno debe proceder según sus conocimientos y su capacidad.

Unas pocas indicaciones son suficientes para trazar las líneas de desarrollo de una cultura de «Derecha». Pero estas orientaciones abstractas comenzarán a tomar forma cuando los hombres co­miencen a escribir y a cons­truir.

Adriano Romualdi, escritor, historiador y ensayista de la Derecha Social Italiana (Articulo escrito a finales de los años 60)

domingo, 10 de abril de 2011

viernes, 8 de abril de 2011

¿No sentís a España que está en el pan y el hierro...


Poema Trincheras Del Frente De Madrid de Agustin de Foxa

Una linea de tierra nos separa.
Pero estamos tan lejos…
Para llegar hasta vosotros, trenes,
rutas extrañas, playas extranjeras,
y sin embargo, hermanos enemigos
¡que cerca nuestra sangre!, que aclararon
las mismas frutas, que encendieron, roja,
primaveras y labios parecidos.

¿No sentís a la Patria temblorosa
que por los pies os mete sus metales
amasados de huesos y raices,
que por el cielo claro, azul y extremo,
trae campanas y el humo de la aldea
donde nacisteis? ¿No sentís a España
que está en el pan y el hierro y la amapola
en la espiga, en la voz y en nuestra carne?

¿No sentís a la Patria, camaradas,
alegres artesanos madrileños?
Tú, que de niño, fuistes con nosotros
al ritmo de un sencillo pasacalles
delante de la alegre infantería,
bajo balcones de rizadas palmas.

Tú, que estuvistes un día al lado mío
en el mismo columpio de verbena.
En la grada dorada de toros,
en las “paradas” de palomas y húsares
en la pradera junto al Manzanares.

Tú, hermano de taller y la tahona,
cerrajero que abristes nuestra puerta,
sereno de las tres de la mañana,
campanero de abril de altos balcones.
Maquinista del tren de mis veranos,
cochero del Retiro y de mis infancia,
guarda del césped, vendedor humilde
de globos y banderas; ¿por qué alzados
luchaís con odio contra mí y los mios,
y en la tarde de abril vaís a esconder
como topos siniestros en la tierra?
Cuando ya la victoria da en los trigos
de nuestros campos, y hay un alba intacta
endurecida de clarines de oro
y de frescas canciones juveniles.

lunes, 4 de abril de 2011

ZP Tanta Paz lleves, como descanso dejas


Es útil la variedad en la Derecha



HACIA UNA NUEVA POLÍTICA 7 - XII - 31

¿Unión de derechas?
Nosotros diríamos mejor "creación" de derechas. Es difícil unir lo que no existe. Y en los varios años que venimos oyendo con machacona persistencia, con unción sacerdotal, las exhortaciones para la "unión de las derechas" ha podido afirmarse que éstas no existían: no era posible unirlas. De ahí los fracasos de todas las tentativas de unión, y la razón de que cuantos llamamientos han hecho los periódicos derechistas a un frente único de estos elementos, hayan caído en el vacío. Como no había fuerzas organizadas con el ideario vivo, y masas adictas, sino camarillas y figurones desprendidos del pueblo, la pequeñez de entusiasmos y la sobra de egoísmos de las presuntas personalidades representativas, ahogaban en las primeras entrevistas toda posibilidad de hermanarse.

Hay que crear nuevas derechas como trámite previo a la finalidad de unirlas o - lo que sería más perfecto - de absorberlas. Porque atribuir hoy categoría de existentes, reconocer vigencia a los ancianos caudillajes y grupitos que en las diversas provincias tenían tono conservador, es cometer una candidez excesivamente "derechista" que se pagaría otra vez tan cara como se han pagado hasta aquí todos los vicios de atomización y bandería, tan característicos en los grupos políticos llamados conservadores.

Una nueva política. Para crear esa nueva derecha, debe darse nacimiento a una nueva política no menos radicalmente distanciada de los grupos y doctrinas adversos que de las antiguas mezquindades de la derecha burguesa. Y no es tan esencial que surjan y vivan unidas orgánicamente, bajo un solo jefe, un mismo nombre e idénticos postulados, las fuerzas nacientes, como que existan uno o dos principios de negación - antimarxismo, antiparlamentarismo - y otros de construcción - fe hispánica, justicia social, orden político cristiano - que cobijen un ancho frente de resurgimiento nacional y proyecten armonía en la diversidad. No demos tanta importancia por hoy a la unidad, como a la intensidad. Así como no puede pretenderse que un caudal en su nacimiento atraiga todas las corrientes que fluyen por modo natural en una cuenca, ni que fecunde sólo a la extensas superficie de ella, sería contra la naturaleza de las cosas que en el período de iniciación, la imponente masa capaz de sentir a España fielmente discurra por un solo cauce.

Es útil la variedad

Con ideales seriamente sentidos,la diversidad de métodos o de grados no empece la actuación conjunta, y en cambio proporciona la inestimable ventaja de ensanchar el frente de las fuerzas simpáticas, de "posibilitar" una máxima movilización de los elementos sanos. Es impolítico, violento y estéril pretender, por ejemplo, que todos los antimarxistas españoles se organicen poniendo por delante el lema de RELIGIÓN. Y a ésta misma le es perjudicial que por causa de un ambiente exclusivista, excomulgatorio políticamente, creado en derredor de su figura por los que ardientemente sientan lo religioso dentro de lo político, se crean los tibios obligados a escoger sin remedio entre un partido de ostentosa confesionalidad o uno de los muchos enemigos de la Iglesia. La variedad sentida, la que no obedece a un tachable afán de formar corro aparte para ser más fácilmente cabeza, es una variedad fecunda y es, sin duda, inevitable, pero además deseable en período de iniciación como hemos dicho. Busque cada cual espontáneamente su propio partido: haya varios en el frente de resurgimiento nacional, que puedan acoger, con la alegría de la casa propia, los diversos temperamentos de ciudadanos fieles a España y a la decencia cristiana. Y trabaje cada cual preocupándose más de su propia intensidad que de la labor pura o menos pura del grupo vecino. El mosaico ejemplar de la todavía vigente conjunción republicano-socialista, es sobre esto que tratamos una elevada lección experimental de táctica política. ¿Hubieran desarrollado la intensidad ya conocida, se habrían encaramado en las crestas de la victoria y hasta les sería posible su propia subsistencia sin la extensión tremenda que proviene de su variedad? Lo importante, repetimos, es movilizar extensa e intensamente a nuevas masas con nueva política. El tiempo se encargará de hacer más fuerte al que más valga. La unión será mucho más fácil entre organismos robustos que entre seres entecos. Y unas veces por absorción, la "unión de las derechas", material o formal, será un hecho no sólo fácil, sino ineludible. Hagamos primero derechas. Esto puede ser rápido queriendo. Y rápida será también, después, la unión. Onesimo Redondo

viernes, 1 de abril de 2011

Memoria historica. El fascismo



El «fascismo» no tiene nada que ver con el «nacionalismo». Es justamente lo contrario. Nacionalista es un Barrés, con sus bastiones de muertos. Un D'Annunzio, con sus Fiumes irredentos. Si el fascismo hubiera sido un «nacionalismo», una fórmula restricta, romántica y moderna, como es todo nacionalismo, hace tiempo que hubiera periclitado. Y periclitará apenas restrinja su significado romano, católico, esto es, universal y social, a un sentido nacional y fronterizo. Así lo acaba de subrayar en voz de alarma Giergio Pini en su «Civiltá di Mussolini fra l'Oriente e l'Occidente». Pero antes que Pini ya lo habíamos dicho –predicho– algunos.

Ernesto Gimenez Caballero

El ultimo samurai