martes, 15 de febrero de 2011

Nueve años sin Fernandez de la Mora



Gonzalo Fernández de la Mora:
una visión crítica de la transición
http://www.nodulo.org/ec/2008/n074p14.htm

Nueve años sin Fernandez de la Mora
http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=112660&cod_aut=

http://www.ateneojovellanos.com/pdfs/fdezdmora.pdf

http://www.galeon.hispavista.com/razonespanola/r114-zul.htm

Entrevista
GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA

Minuto Digital: 08.02.07

El 10 de febrero se cumplirán cinco años del fallecimiento de uno de los principales pensadores españoles de la segunda mitad del siglo XX: Gonzalo Fernández de la Mora. Ex ministro y diputado, preceptor del príncipe de España, ideólogo del régimen franquista, autor cuyos libros de pensamiento están entre los escasos traducidos del español a otras lenguas. En los años 80 fundó la revista ‘Razón Española’, que ahora dirige su hijo, con quien hablamos del legado de su padre.

El pensamiento de derechas en España en el siglo XX fue muy fecundo hasta la guerra (‘Acción Española’, Ramiro de Maeztu, José Antonio, Víctor Pradera, José Ortega y Gasset...) y después se agostó. Su padre ha sido uno de los pocos pensadores de esta corriente en la segunda mitad del siglo XX, sin embargo, la derecha política no lo ha aprovechado. ¿A qué lo atribuye, a su independencia, a su elitismo?

Los motivos son más elementales: mi padre no se avino a ocultar que la España de Franco representa uno de los periodos más gloriosos de nuestra historia desde Felipe II, y el consenso en el que están inmersas las elites políticas y mediáticas del actual régimen no permite citar con un mínimo de ecuanimidad a quienes hablan de Franco sin vituperio.

Da la impresión de que los dirigentes de la derecha española no se preocupan del ‘corpus ideológico’, sino que se limitan a copiar las innovaciones que vienen de Francia o de Estados Unidos. ¿Está de acuerdo?

La dirección doctrinal de la derecha española está sumida en un callejón sin salida desde la transformación de Alianza Popular en Partido Popular. Este cambio conllevó una redefinición política que podría resumirse en la frase: “no citar a Franco jamás, pero si fuera imprescindible, que sea para mal”. Esta asombrosa decisión ha dejado a la derecha política literalmente huérfana (es decir, sin padres), porque se ve obligada a remitirse a referencias doctrinales lejanas y dudosas (recordemos a Aznar ensalzando a Azaña ante la irrisión de la izquierda). Esta búsqueda de ideas y valores diferentes de los de la España de Franco ha obligado al PP a remontarse en el tiempo hasta Cánovas, y a oscilar sin vergüenza entre distintos modelos foráneos (por ejemplo el “patriotismo constitucional”), ninguno de los cuales tiene el menor arraigo social. La actual derecha política española sangra por la herida de la perenne negación de su dependencia personal, doctrinal, social y electoral de la España de Franco, llaga siempre abierta y que el paso de los años hace más profunda, ante las continuas embestidas de un adversario envalentonado que se apoya con naturalidad en sus propias referencias doctrinales y personales.


Usted estuvo hace unos meses en Italia para presentar una edición de ‘El crepúsculo de las ideologías’. Allí, la derecha, ¿libra la batalla de las ideas?

En Europa no existe la negación de la historia que protagoniza la actual derecha política española. El ejemplo de Italia que Ud. cita es paradigmático: el partido Alianza Nacional, que representa en torno al 15% del electorado italiano, defiende sin tapujos el pensamiento conservador. La presentación de la traducción italiana del libro de mi padre fue trasmitida por dos cadenas de televisión y recogida en la mitad de la prensa diaria con reportajes y entrevistas. En España, esa libertad de ideas es inimaginable, la derecha política mantiene una estricta censura desde hace años sobre toda cita pública de un pensador conservador hispano.

¿Cuáles cree que son las aportaciones de Fernández de la Mora más actuales a la época en que vivimos, tanto en España como en el mundo occidental?

Mi padre ha actuado como punta de lanza del pensamiento occidental sobre el Estado y las formas de gobierno a través de numerosos libros, de los cuales destacaremos El crepúsculo de las ideologías, La partitocracia, La envidia igualitaria, y Del Estado Ideal al Estado de Razón.. Recordemos que Fernández de la Mora ha sido el pensador español más traducido, después de Ortega. Su aportación esencial ha sido, en palabras de Dalmacio Negro, la “desmitificación de la política”. Esta desmitificación se ha basado en tres pilares: el primero es la progresiva pérdida de peso de las ideologías, teoría lanzada en 1964 por primera vez en el mundo; el segundo es la transformación de la democracia moderna en partitocracia, es decir, una forma de gobierno basada en la depredación de los partidos, que someten a su control toda la esfera estatal, incluyendo el poder judicial; y en tercer lugar, la envidia igualitaria como motor de las posiciones doctrinales de la izquierda y que puede resumirse en una frase: la búsqueda de la igualdad nace de la envidia hacia aquellos que son mejores. ¿Cuál es el futuro?: El Estado de Razón, es decir, el que sirve al orden, la justicia y el desarrollo a través de decisiones racionales, no apriorísticas.


Su padre fundó a principios de los 80 ‘Razón Española’, una revista de pensamiento que se acerca al número 150 sin apenas subvenciones, una proeza en España, y de cuya dirección se hizo usted cargo. ¿Cómo ha conseguido sobrevivir hasta ahora?, ¿cuáles son sus planes para el futuro?

‘Razón Española’ fue fundada por mi padre precisamente para difundir su movimiento filosófico razonalista (la aplicación de la razón en todas las áreas de la vida humana). Desde entonces, y confiamos en que lo siga siendo durante muchos años, es la revista más relevante del pensamiento conservador español. Esta hazaña se renueva a través del entusiasmo de nuestros colaboradores, todos los cuales trabajan sin compensación económica de ninguna clase, y del apoyo de nuestros lectores, que crecen de día en día.

Nuestros planes de futuro son los que han presidido nuestro pensamiento y nuestra acción desde la fundación de ‘Razón Española’: la defensa de la razón y de España.

Como diputado de Alianza Popular en las Cortes de 1977, Fernández de la Mora votó en contra de la Constitución porque fomentaba la partitocracia y el secesionismo. ¿Le parece que se han cumplido sus pronósticos?

Precisamente en el número de enero de ‘Razón Española’, un excelente estudio de Pedro González Cuevas analiza en detalle su pregunta, y su respuesta no admite dudas: las consecuencias previstas por mi padre en 1977 se han cumplido. Asalto de todas las instituciones del Estado, incluyendo el Poder Judicial, por parte de los partidos, transformación de la palabra “nacionalidad” en “nación”, vaciamiento del Estado a través del artículo 150.2 de la Constitución y toma del poder en algunas regiones por parte de minorías antiespañolas que impondrían su voluntad al conjunto de España a través de pactos con partidos nacionales.

Ante las cesiones del PP frente a CiU en 1996, mi padre dedujo que el proceso de destrucción de la unidad nacional iniciado en la Constitución del 78 era irreversible a medio plazo. Como resultado ello nos encontramos en permanente fase constituyente, acelerada por la actual ronda de nuevos Estatutos. La nueva Constitución en ciernes se basa en una transferencia diferencial de la soberanía a las regiones, creando de facto una confederación asimétrica.

En sus memorias ‘Río Arriba’, su padre habla de la guerra y del ambiente de odio que él sufrió, siendo un niño, por parte de las izquierdas en Madrid. Ahora que el PSOE propone la recuperación de la ‘Memoria Histórica’, ¿se les inculcó en su casa a usted y a sus hermanos deseos de venganza?

En mi casa y en mi familia jamás se citaron las atrocidades cometidas por las izquierdas durante la República y nuestra guerra, y únicamente se hablaba de España en positivo. Por poner un ejemplo, yo me enteré de lo que fue Paracuellos siendo ya mayor de edad, cuando tenía todavía una visión arcangélica de nuestra patria, impregnada desde la cuna. De forma general, la generación de mis padres perdonó sin el menor rencor la barbarie de lo que en la guerra se llamaron las “hordas rojas”, e hizo todo lo posible para que dichos horrores se olvidaran, como única base posible de reconciliación y convivencia. La palabra “memoria”, por definición, implica dar más valor a nuestros caídos que a los muertos del adversario, y por ello mismo sólo puede llevar al enfrentamiento y al odio, como la realidad demuestra día a día.

La única vía socialmente positiva es dar preferencia pública a la historia, y relegar la “memoria” al ámbito íntimo. Esperemos que los españoles seamos capaces de comprender esta obviedad a tiempo.

¿Qué opinión tenía Fernández de la Mora de hacia dónde va España?

Mi padre escribió numerosas páginas detallando el progresivo dominio de la razón sobre todas las actividades humanas, y explicando que ese avance comportaba una disminución de las peculiaridades nacionales. En nuestro caso concreto, preveía que la integración europea implicaría una progresiva difuminación de la España histórica, reforzada por la caída de la natalidad, la corrupción de las elites y la cesión de soberanía a la UE y a las regiones. Pensaba que nuestro futuro sería la sumisión a Europa, y confiaba en que la fortaleza germana consiguiera mantenernos en Occidente, pese a las tendencias tercermundistas de parte de la opinión pública española y de nuestra posición geográfica.

Don Gonzalo fue uno de los preceptores del entonces príncipe de España. ¿Qué opinión tenía de la Monarquía en sus últimos años?

La opinión de mi padre sobre el actual Jefe de Estado fue siempre muy pobre: un hombre de corta inteligencia, sin referencias morales y aquejado del pecado de codicia.

En cuanto a la monarquía como institución para España, mi padre no sólo la apoyó siempre, sino que fue unos de los agentes activos en el proceso de Restauración, en la convicción de que las debilidades individuales se compensaban con las ventajas que aportaba la institución, en esencia jerarquía y patriotismo. En sus últimos años sin embargo, y a la vista de los hechos, mi padre se replanteó la oportunidad de la institución monárquica y gustaba de formular a sus interlocutores la siguiente pregunta: Si Felipe González hubiera sido Presidente de la República de España, ¿hubiera permitido el vaciamiento de la Nación Española?

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