lunes, 29 de agosto de 2011

Italia despierta



Italia finalmente se despertó...les dejo saborear esto ....es conmovedor.

El último 12 de marzo, Silvio Berlusconi debió enfrentar la realidad. Italia festejaba el 150 aniversario de su creación y en esta ocasión se dio en la ópera de Roma la opera Nabucco de Giuseppe Verdi, dirigida por el maestro Ricardo Muti. Nabucco es una obra tanto musical como política: evoca el episodio de la esclavitud de los judíos en Babilonia, y el famoso canto "Va pensiero" el el canto del Coro de esclavos oprimidos. En Italia, este canto es símbolo de la búsqueda de libertad del pueblo, que en los años 80 -época en que se escribió la ópera - estaba oprimido por el imperio Habsburgo, y que combatió hasta la ceación de la Italia unificada. Antes de la representación, Gianni Alemanno, alcalde Roma, subió al escenario para pronunciar un discurso denunciando los recortes al presupuesto de cultura que hizo el gobierno, siendo que Alemanno es miembro del partido gobernante y viejo ministro de Berlusconi. Esta intervención política, en un momento cultural de los más simbólicos para Ialia, produciría un efecto inesperado, siendo que Berlusconi en persona había asistido a la representación.

Relatado luego por el Times, Ricardo Muti, director de la orquesta, contó que fue una verdadera velada de revolución: "Al principio, hubo una gran ovación en el público. Luego comenzamos con la ópera. Se desarrolló muy bien hasta que llegamos al famoso canto Va pensiero. Inmediatamente sentí que la atmósfera se tensaba en el público. Hay cosas que no se pueden describir, pero uno las siente. Era el silencio del público que se hacía sentir. Pero en el momento en que la gente se dio cuenta que empezaba el VA Pensiero, el silencio se llenó de verdadero fervor. Se podía sentir la reacción visceral del público ante el lamento de los esclavos que cantan: "Oh patria mía, tan bella y perdida."

Cuando el coro llegaba a su fin, ya se oían en el público varios Bis. El público comenzó a gritar: "Viva Italia" y "Viva Verdi" Gente en el gallinero comenzaron a arrojar papeles llenos de mensajes patrióticos. Aun cuando ya en una única ocasión había aceptado hacer un Bis para el Va Pensiero en la Scala de Milan en 1986, dado que para Muti la ópera debe ir de principio a fin. "Yo no quería sólo hacer un bis. Tenía que haber una intención especial para hacerlo.", relata. Pero el público ya había despertado su sentimiento patriótico. En un gesto teatral, Muti se dio vuelta y miró al público y a Berlusconi a la vez, y se produjo lo siguiente:

:
[Luego de que se callaran los llamados a un Bis para el Va Pensiero, en el público se oyó el Larga Vida a Italia !"]
El director de orquesta Ricardo Muti :
Sí, estoy de acuerdo con esto. "Larga vida a Italia"
pero...
[aplausos]

Muti : Ya no tengo más 30 años y he vivido mi vida, pero en tanto que italiano recorrí mucho el mundo , y hoy tengo vergüenza de lo que sucede en mi país. Entonces accedo a vuestro pedido de un bis para el Va Pensiero nuevamente. No es sólo por la dicha patriótica que siento, sino porque esta noche, cuando dirigía al Coro que cantó "Ay mi país, bello y perdido" , pensé que si seguimos así vamos a matar la cultura sobre la cual se construyó la historia de Italia. En tal caso, nuestra patria, estaría en verdad "bella y perdida".

[Aplausos , incluidos de los artistas en escena]

Muti : Siendo que reina acá un clima italiano, yo, Muti, me calle´la boca muchos años. Quisiera ahora...tendríamos que darle sentido a este canto; estamos en nuestra casa, el teatro de Roma, y con un coro que cantó magníficamente bien y que acompañö espléndidamente, si quieren, les propongo unirse a nosotros para que cantemos todos juntos.

Entonces invitó al público a cantar con el coro de esclavos. "Vi grupos de gente levantarse. Toda la ópera de Roma se levantó. Y el Coro también. Fue un momento mágico en la ópera.

« Esa noche no fue solamente una representación de Nabucco, sino también una declaración del teatro de la capital para llamar la atención a los políticos."


miércoles, 24 de agosto de 2011

Banqueros


"hambrientos tragones, que todo lo tragan, todo lo destruyen, todo lo confunden, todo lo roban y ensucian, como las harpías de Pineo"... "salen a la plaza y rua con su mesa y silla y caxa y libro, como las rameras al burdel con su silla"...
"Y si dices, mercader, que no lo emprestas, sino que lo pones [o depositas] mayor burla es esa; ¿quién nunca vio pagar al depositario? Suele ser pagado por la guarda y el trabajo del depósito; cuánto más, que agora pongas tu dinero en poder del logrero en empréstido o en depósito, así como llevas tu parte de provecho que el dicho logrero lleva a quien te vendió su ropa, también llevas parte de la culpa y aún la mayor parte." DR. SARAVIA DE LA CALLE siglo XVI

«usura devoradora... un demonio condenado por la Iglesia pero de todos modos practicado de modo engañoso por hombres avarientos» LEON XIII

martes, 26 de julio de 2011

Menudo engendro!!!!


Hijo de dos políticos laboristas socialistas divorciados, imbuido por una educación progresista, tarado y subproducto de la modernidad, Masón, Nacionalista materialista de raiz protestante, racista materialista sin nada de espiritualidad sobre la diversidad humana, Luterano, anticatólico, templario-sectario...

Vamos un engendro de las ideas mas racionalistas y antitradicionales de los últimos dos siglos...

lunes, 25 de julio de 2011

Santiago y Cierra España!!!


«es indudable que el culto a Santiago fue una fuerza poderosa galvanizadora de la resistencia de la cristiandad del Noroeste hispano frente al Islam, del siglo IX al XII» «creyeron los peninsulares y creyó la cristiandad y el viento de la fe empujó las velas de la navecilla de Occidente y el auténtico milagro se produjo» (Claudio Sánchez-Albornoz. Historiador y Presidente de la República en el exilio).

lunes, 20 de junio de 2011

Hasta la proxima!!



El vano ayer engendrará un mañana

vacío y ¡por ventura! pasajero,

la sombra de un lechuzo tarambana,

de un sayón con hechuras de bolero;

el vacuo ayer dará un mañana huero.

Como la náusea de un borracho ahíto

de vino malo, un rojo sol corona

de heces turbias las cumbres de granito;

hay un mañana estomagante escrito

en la tarde pragmática y dulzona.

Mas otra España nace,

la España del cincel y de la maza,

con esa eterna juventud que se hace

del pasado macizo de la raza.

Una España implacable y redentora,

España que alborea

con un hacha en la mano vengadora,

España de la rabia y de la idea



Antonio Machado

viernes, 17 de junio de 2011

Dedicado a la chusma que se pasea impunemente por nuestras calles...

La finanza y el poder




El Estado –sea del color que sea- es, endémicamente, un mal comerciante. De ahí el fracaso clamoroso del marxismo. la función del Estado no es comerciar, sino –en la vertiente de su política interior- conservar el orden público, desarrollar la riqueza e impedir abusos. Particularmente, estamos contra las nacionalizaciones de empresas, y, en consecuencia, también contra la nacionalización de la banca, “solución” que no solucionaría nada y convertiría al Estado en un comerciante de dinero cuando –como esperamos haber demostrado ya- el dinero no es una mercancía, sino un medio de intercambio, y la catástrofe de los “ciclos económicos” se origina, precisamente con la artificial alteración del valor de algo que debería ser fundamentalmente estable. Cuando decimos que el Crédito debe ser reservado al Estado, queremos hacer hincapié –lo repetimos- en que dicho crédito debe ser sin interés. Ya Platón calificó de “aberración contra Natura” la pretensión de hacerle producir dinero al dinero.

La finanza y el poder

http://studimonetari.org/articoli/finanzaypoder.html

jueves, 16 de junio de 2011

Indignado


Indignado de que a los violentos de la izquierda y sus reivindicaciones haya que escucharlas y dialogar con ellos, omitiendo sus “benditas” instituciones democráticas.

Indignado por el desprecio a las víctimas del terrorismo, a los que defienden la España eterna, los que defienden la familia, los valores cristianos, la memoria histórica para todos, al simple olor a derecha social.

Indignado porque los asesinos y terroristas sean premiados política y carcelariamente por dejar de asesinar siempre que sean de izquierdas.

Indignado porque aquellos que desprecian a España y su base jurídica, aquellos que se basan en inventos sobre el RH, la historia, la lengua, destruyen y expulsan de manera xenófoba a quienes no comulgan con sus mentiras, que estos canallas sean privilegiados económicamente y su voto valga mas representativamente en el parlamento nacional que el de un señor de Toledo.

Indignado porque las entidades financieras mal gestionadas y corruptas sean rescatadas por dinero público.

Indignado con los inútiles que hacen el juego a un mejunje de ideas de izquierdas que han arruinado este país de la mano del capitalismo mas salvaje, global y progresista.

Indignado con gentes que solo piensan en formulas, programas y en números y olvidan que la crisis es espiritual y de valores.

Indignado por la anestesia insuflada por progres de izquierda, derecha económica y separatistas que han arruinado este país.

Indignado con aquellos que se preocupan por guerras a mil kilómetros y han perdido cualquier sentimiento comunitario, cercano o histórico hacia España.

Indignado con los que se autodenominan ciudadanos del mundo y rechazan su identidad.

Indignado con aquellos que hacen apología del mestizaje global luchando contra la diversidad étnica y la riqueza cultural en beneficio de la homogeneización y el mercado.

Indignado con la iglesia progre que parece más una sucursal perro flauta, que la iglesia de Cristo instituida en nuestra Roma

Indignado…

viernes, 10 de junio de 2011

jueves, 9 de junio de 2011

Mientras no se sepa hablar más que de clases económicas...


Mientras no se sepa hablar más que de clases económicas, de trabajo, de salarios, de producción, mientras se piense que el verdadero progreso humano, la verdadera elevación del individuo, está solamente condicionado por un particular sistema de distribución de la riqueza y de los bienes y tenga relación con la pobreza y el bienestar, con el estado de la prosperity o con el socialismo utópico, se permanecerá siempre en el mismo plano de lo que debe combatirse. Nosotros afirmamos que todo aquello que es economía e interés económico como mera satisfacción de la necesidad animal ha tenido, tiene y siempre tendrá una función subordinada en una humanidad normal; que más allá de esta esfera debe diferenciarse un orden de valores superiores, políticos, espirituales y heroicos, un orden que -como ya hemos dicho- no conoce y ni siquiera admite “proletarios” o “capitalistas” y que sólo en función de dicho orden se deben definir aquellas cosas por las que vale la pena vivir y morir; un orden que debe establecer una verdadera jerarquía, diferenciar nuevas dignidades y, en la cumbre, entronizar la superior función del mando, del Imperium.

Así, a este respecto, van a desarraigarse muchas malas hierbas que han crecido también en nuestras filas. ¿Qué significa, si no, ese discurso del “Estado del Trabajo”, del “socialismo nacional”, del “humanismo del trabajo” y similares? ¿qué significan esas llamadas más o menos explícitas a una involución de la política dentro de la economía, recogiendo así una de esas tendencias problemáticas hacia un “corporativismo integral” y, en el fondo, acéfalo, que en el fascismo ya encontró, afortunadamente, el paso obstruido? ¿Qué es eso de considerar la formula de la “socialización” como una especie de fármaco universal y elevar la “idea social” a símbolo de una nueva civilización que, quién sabe cómo, debería estar más allá tanto del “Este” como del “Oeste”?

Éstos -es necesario reconocerlo- son puntos oscuros presentes en no pocos espíritus que, también, por otra parte, se encuentran en nuestro mismo frente. Con lo cual ellos piensan que se mantienen fieles a una consigna “revolucionaria”, mientras que en realidad obedecen sólo a sugestiones más fuertes que ellos mismos, de las que está saturado un ambiente político degradado. Y entre tales sugestiones se encuentra la misma “cuestión social”. ¿Cuándo se tomará conciencia de la verdad, es decir, de que el marxismo no ha surgido porque haya existido una cuestión social objetiva, sino que la cuestión social surge -en numerosísimos casos- sólo porque existe un marxismo, vale decir, artificialmente, y sin embargo, en términos casi siempre insolubles, por obra de los agitadores, de los famosos “excitadores de la conciencia de clase”, sobre los que Lenin se ha expresado muy claramente, puesto que ha refutado el carácter espontáneo de los movimientos revolucionarios proletarios?

Es partiendo de esta premisa desde donde se debería actuar, en el sentido antes mencionado de la desproletarización ideológica, de la desinfección de las partes aún sanas del pueblo del virus político socialista. Sólo entonces, una y otra reforma podrá ser estudiada y realizada sin peligro, según la verdadera justicia.

¿Como funcionan los bancos?

miércoles, 8 de junio de 2011

Crisis del capitalismo


Crisis del capitalismo

Eduardo García Serrano. 7 de abril.

Socialismo y comunismo buscan un objetivo ideal sin relación alguna con la realidad de las cosas, pues la igualdad completa no existirá jamás y menos a través de la supresión de la propiedad privada, porque la propiedad responde a uno de los más fuertes instintos del hombre. Por eso la igualdad social-comunista es una pesadilla que no tiene en cuenta la fuerza de las cosas ni el carácter de los hombres.

El capitalismo no es menos atroz ni menos injusto que el socialcomunismo. La crisis que estamos viviendo es la propia esencia del liberalcapitalismo provocada por sus especuladores ambiciosos y fieros que, desde sus tribunas políticas, económicas, periodísticas y financieras predican la jibarización del Estado con tanto éxito, por cierto, que desde el desmoronamiento de la Unión Soviética hemos admitido como indiscutible el fundamento del capitalismo, que es tan antiguo como el dinero que inventaron los fenicios.

Los liberales y los capitalistas que con su codicia han provocado la crisis económica y financiera que hoy padecemos ya comercializaban en la época grecorromana en la lonja de Delos, el mayor mercado de esclavos del Mediterráneo. En el Aventino se reunían en casa de Balbo, el banquero y financiero hispanorromanoque hacía acopio de trigo cuando los augures le soplaban que la cosecha iba a ser escasa.

Son los descendientes de los que vendieron, a buen precio y a mejor interés, los maderos y los clavos a Marco Licinio Craso para que crucificara en las cunetas de la Vía Apia a los seis mil insurrectos de Espartaco. Estaban en el Templo de Jerusalén cuando el Hijo de un carpintero judío los expulsó a latigazos. Pagaban de su bolsillo a las partidas de bandoleros que jalonaban la ruta de la seda y de las especias para encarecer el producto y venderlo a precios astronómicos en Europa. Se encastillaron en las fortalezas feudales y redujeron a los campesinos a la infamante condición de siervos de la gleba.

Durante la Revolución Francesa se tocaron con el gorro frigio y auparon al cadalso primero a la aristocracia para quedarse ellos con sus palacios y comprar lo único que el dinero no otorga: nobleza, y luego a los jacobinos para someter el poder político al poder económico.

De ese semen envenenado viene el liberal capitalismo que ha provocado la crisis que hoy padecemos y que ahora clama para que el Estado, en el que ellos no creen, intervenga un poquito y un ratito, socialice las pérdidas y socapa de salvar a los más débiles, o sea a la inmensa mayoría, les devuelva a ellos la libertad de volver a robarnos a todos.

La verdad llega siempre sin haber sido invitada, aunque cueste oírla entre el ruido de Wall Street. Y la verdad es que, en una crisis como esta, provocada por la codicia del capitalismo liberal, nuestra única esperanza es el Estado. La intervención del Estado, cuyo objetivo prioritario en las actuales circunstancias no es tanto conseguir la victoria sobre el capitalismo, como evitar la aniquilación económica y social de centenares de millones de desgraciados que iremos a la ruina si el Estado no embrida las salvajes leyes de la libertad de mercado en virtud de las cuales unos cuantos se hacen multimillonarios jugando en los casinos financieros con el dinero de todos.

Si el Estado no interviene no habrá sitio para tantas cruces, ni cruces para tantos cuerpos.

DIARIO YA

martes, 7 de junio de 2011

lunes, 6 de junio de 2011

Los indignantes indignados


De impaciencia creciente y estómago sensible, el abajo firmante confiesa no haber prestado demasiada atención a los sedicentes indignados que ocupan algunas calles españolas con una repercusión mediática nacional e internacional de la que nunca han gozado manifestaciones mucho más multitudinarias celebradas por variados motivos al parecer indignos de atención. Pero como acaba uno topándoselos por la calle o en los telediarios, la realidad acaba invadiéndolo todo por muchos filtros que se quiera interponer.


Lo primero que salta a la vista es el aspecto de la mayoría de los protagonistas, suficiente argumento para quienes todavía sigan libres de ese prejuicio que ordena no fiarse de las apariencias. «Seguiremos en la lucha aunque no nos queden balas, con la cabeza rapada o con la cresta levantada», dice uno de sus banderines de enganche.


Ahorrándonos maldades, una segunda evidencia asalta al viandante neutral en forma de carteles pretendidamente ocurrentes: «Si viene la policía, sacad las uvas y disimulad»; «Disculpen las molestias, pero esto es una revolución»; «Nuestros sueños no caben en vuestras urnas»; «Sueña lo que quieras soñar, ve donde quieras ir, sé lo que quieras ser» y mil pamplinas más plagiadas con medio siglo de retraso de aquellos pijos sesenteros cuyos furores revolucionarios se apagaron al echar el primer polvo y ganar el primer sueldo.


Pero sólo hacen falta treinta segundos de observación para empezar a comprender y a indignarse. Se dicen apolíticos –cosa absurda puesto que cualquier acción destinada a influir en la sociedad es política– pero sus propuestas de supresión de las fuerzas armadas, nacionalización de la banca o derecho a la autodeterminación de los pueblos, entre otras, evidencian su filiación ideológica izquierdista. ¿Por qué, entonces, no se afilian a cualquier partido de dicha tendencia, desde el PSOE hasta ETA-BILDU, y dejan de molestar a paseantes y comerciantes?


Se dicen apolíticos puesto que «esto no es política sino sentido común». Pero el que suscribe, que también aspira a que se le reconozca la posesión de una humilde pizca de ello, encuentra que el suyo difiere enormemente del sentido común del que aquéllos hacen gala, y no por ello se le ocurre pretender que el suyo sea universal.


Todas las propuestas de los indignados, sin excepción, obedecen escrupulosamente los mandamientos de la Santa Madre Iglesia de la Corrección Política, y sin embargo se tienen por el colmo de la transgresión, patente síntoma de la debilidad mental que caracteriza a nuestra logsizada juventud.


Se creen el arquetipo de la independencia, la espontaneidad, la libertad y la rebeldía cuando han tenido que esperar para organizar el guateque al toque de silbato de panfletos bochornosamente insulsos como el de Stéphane Hessel, ese creador privilegiado del mundo moderno, vencedor de la Segunda Guerra Mundial, sostenedor de toda corrección política e ideólogo de la ONU que, tras décadas pegando fuego ahora viene de bombero.


Critican la corrupción, incapacidad y deficiente formación de nuestros políticos, acertada observación a la que, sin embargo, han tardado demasiadas décadas en llegar. Pero como el acceso de tanto incapaz a las tareas rectoras es el resultado necesario del exceso de igualitarismo característico de las sociedades gobernadas por la voluntad mayoritaria de las masas, no hay peor remedio para dicha enfermedad igualitarista que las dosis mayores de igualitarismo que los indignados proponen.


Se indignan con la desmesurada casta política, a la que achacan el despilfarro y la ineficacia de las instituciones. Sin embargo, de sus labios no ha salido ni una sílaba de crítica al Estado de las Autonomías, principal causa del ineficaz despilfarro y gran momio de la casta criticada.


Atacan la desigualdad y los privilegios pero no han dicho ni pío contra los separatismos, principales defensores del neofeudalismo.


Se declaran depositarios de la soberanía nacional despreciando a millones de ciudadanos representados en el Parlamento, justificando cualquier golpismo y guardando atronador silencio sobre los separatismos, enemigos mortales de la soberanía nacional.


Condenan la violencia y la injusticia y miran para otro lado si se les recuerda el millar de vidas que aquí, delante de sus narices, se ha llevado por delante el terrorismo nacionalista vasco.


Proclaman su solidaridad con los pueblos oprimidos de cualquier Continente lejano mientras que, con infinita hipocresía y crueldad, ignoran a las miles de víctimas del terrorismo españolas.


Cuando el nefasto sistema educativo igualitario instaurado por González, Maravall y Rubalcaba les permitió ir pasando curso tras curso sin aprobar no se acordaron de exigir una educación de calidad, pero ahora se quejan –en sus pancartas no por casualidad sembradas de faltas de ortografía– de que sus currículos no les sirven de nada ni en España ni en el extranjero.


Como gobierna el partido que, por evidente afinidad ideológica, se apresuró a compartir sus reivindicaciones, echan la culpa al sistema, a la política, al mercado, a la sociedad, al mundo y a la Ley de la Gravedad.


Reclaman todo tipo de derechos laborales y salariales y exigen a los pérfidos empresarios que les faciliten el medio de vida que ellos son incapaces de construir. Menos a su vagancia e inutilidad, echan la culpa a todo de la dificultad de encontrar trabajo y se consideran titulares del derecho a ser amamantados por el Estado Mamá.


Creen que su generación es la más desdichada y la más digna de protección porque ni saben ni les importa que otras, sin ir más lejos la del baby boom de los 60, tuvieran que buscarse la vida a pesar de cifras de paro igualmente enormes y de graves crisis económicas y políticas; por no hablar de las anteriores, que consiguieron salir adelante a pesar de guerras, posguerras y emigraciones.


Se aprovechan de muchos cándidos que adoran a los jóvenes por el mero hecho de su juventud, cuando el problema de esa inmotivada adoración es que la mayoría de los adorados, tras su alegre revolucionarismo juvenil, se vuelve razonable cuando ya ha dejado mucho mal tras de sí.


Si éstos y sus propuestas –por llamarlas algo– son el germen de la España por venir, habrá que ir pensando seriamente en el exilio

Jesus Lainz
http://elblogdejesuslainz.blogspot.com/

domingo, 5 de junio de 2011

sábado, 4 de junio de 2011

Memoria Historica. Crisis del capitalismo


El fenómeno de la quiebra del capitalismo es universal. No es ésta la ocasión de que yo hable de él en sus caracteres técnicos. Ya hemos tenido sobre ello otras comunicaciones. Ante otros auditorios, en otras circunstancias, he hablado de esto más por menudo. Hoy, ante todos vosotros, sólo quiero fijar el valor de algunas palabras para que no os las deformen.

Cuando hablamos del capitalismo — ya lo sabéis todos — no hablamos de la propiedad. La propiedad privada es lo contrario del capitalismo; la propiedad es la proyección directa del hombre sobre sus cosas: es un atributo elemental humano. El capitalismo ha ido sustituyendo esta propiedad del hombre por la propiedad del capital, del instrumento técnico de dominación económica. El capitalismo, mediante la competencia terrible y desigual del capital grande contra la propiedad pequeña, ha ido anulando el artesanado, la pequeña industria, la pequeña agricultura: ha ido colocando todo — y va colocándolo cada vez más — en poder de los grandes trusts, de los grandes grupos bancarios. El capitalismo reduce el final a la misma situación de angustia, a la misma situación infrahumana del hombre desprendido de todos sus atributos, de todo el contenido de su existencia, a los patronos y a los obreros, a los trabajadores y a los empresarios. Y esto sí que quisiera que quedase bien grabado en la mente de todos; es hora ya de que no nos prestemos al equívoco de que se presente a los partidos obreros como partidos antipatronales o se presente a los grupos patronales como contrarios, como adversarios, en la lucha con los obreros. Los obreros, los empresarios, los técnicos, los organizadores, forman la trama total de la producción, y hay un sistema capitalista que con el crédito caro, que con los privilegios abusivos de accionistas y obligacionistas, se lleva, sin trabajar, la mejor parte de la producción, y hunde y empobrece por igual a los patronos, a los empresarios, a los organizadores y a los obreros.

Pensad a lo que ha venido a quedar reducido el hombre europeo por obra del capitalismo. Ya no tiene casa, ya no tiene patrimonio, ya no tiene individualidad, ya no tiene habilidad artesana, ya es un simple número de aglomeraciones. Hay por ahí demagogos de izquierda que hablan contra la propiedad feudal y dicen que los obreros viven como esclavos. Pues bien: nosotros, que no cultivamos ninguna demagogia, podemos decir que la propiedad feudal era mucho mejor que la propiedad capitalista y que los obreros están peor que los esclavos. La propiedad feudal imponía al señor, al tiempo que le daba derechos, una serie de cargas; tenía que atender a la defensa y aun a la manutención de sus súbditos. La propiedad capitalista es fría e implacable: en el mejor de los casos, no cobra la renta, pero se desentiende del destino de los sometidos. Y en cuanto a los esclavos, éstos eran un elemento patrimonial en la fortuna del señor; el señor tenía que cuidar de que el esclavo no se muriese, porque el esclavo le costaba el dinero, como una máquina, como un caballo, mientras que ahora se muere un obrero y saben los grandes señores de la industria capitalista que tienen cientos de miles de famélicos esperando a la puerta para sustituirle.

Una figura, en parte torva y en parte atrayente, la figura de Carlos Marx, vaticinó todo este espectáculo a que estamos asistiendo, de la crisis del capitalismo. Ahora todos nos hablan por ahí de si son marxistas o si son antimarxistas. Yo os pregunto, con ese rigor de examen de conciencia que estoy comunicando a mis palabras: ¿Qué quiere decir el ser antimarxista? ¿Quiere decir que no apetece el cumplimiento de las previsiones de Marx? Entonces estamos todos de acuerdo. ¿Quiere decir que se equivocó Marx en sus previsiones? Entonces los que se equivocan son los que le achacan ese error.

Las previsiones de Marx se vienen cumpliendo más o menos de prisa, pero implacablemente. Se va a la concentración de capitales; se va a la proletarización de las masas, y se va, como final de todo, a la revolución social, que tendrá un durísimo período de dictadura comunista. Y esta dictadura comunista tiene que horrorizarnos a nosotros, europeos, occidentales, cristianos, porque ésta sí que es la terrible negación del hombre; esto sí que es la asunción del hombre en una inmensa masa amorfa, donde se pierde la individualidad, donde se diluye la vestidura corpórea de cada alma individual y eterna. Notad bien que por eso somos antimarxistas; que somos antimarxistas porque nos horroriza, como horroriza a todo occidental, a todo cristiano, a todo europeo, patrono o proletario, esto de ser como un animal inferior en un hormiguero. Y nos horroriza porque sabemos algo de ello por el capitalismo; también el capitalismo es internacional y materialista. Por eso no queremos ni lo uno ni lo otro; por eso queremos evitar — porque creemos en su aserto — el cumplimiento de las profecías de Carlos Marx. Pero lo queremos resueltamente; no lo queremos como esos partidos antimarxistas que andan por ahí y creen que el cumplimiento inexorable de unas leyes económicas e históricas se atenúa diciendo a los obreros unas buenas palabras y mandándoles unos abriguitos de punto para sus niños.

Si se tiene la seria voluntad de impedir que lleguen los resultados previstos en el vaticinio marxista, no hay más remedio que desmontar el armatoste cuyo funcionamiento lleva implacablemente a esas consecuencias: desmontar el armatoste capitalista que conduce a la revolución social, a la dictadura rusa. Desmontarlo, pero ¿para sustituirlo con qué?

Mañana, pasado, dentro de cien años, nos seguirán diciendo los idiotas: queréis desmontarlo para sustituirlo por otro Estado absorbente, anulador de la individualidad. Para sacar esta consecuencia, ¿íbamos nosotros a tomar el trabajo de perseguir los últimos efectos del capitalismo y del marxismo hasta la anulación del hombre? Si hemos llegado hasta ahí y si queremos evitar eso, la construcción de un orden nuevo la tenemos que empezar por el hombre, por el individuo, como occidentales, como españoles y como cristianos; tenemos que empezar por el hombre y pasar por sus unidades orgánicas, y así subiremos del hombre a la familia, y de la familia al Municipio y, por otra parte, al Sindicato, y culminaremos en el Estado, que será la armonía de todo. De tal manera, en esta concepción político-histórico-moral con que nosotros contemplamos el mundo, tenemos implícita la solución económica; desmontaremos el aparato económico de la propiedad capitalista que absorbe todos los beneficios, para sustituirlo por la propiedad individual, por la propiedad familiar, por la propiedad comunal y por la propiedad sindical.

viernes, 3 de junio de 2011

Resistencia Ciudadana


Crece la impresión de que el país anda cabeza abajo: criminales protegidos, leyes inútiles, mayorías heridas en beneficio de minorías… Pero la resistencia ciudadana ya es una realidad.

Están pasando cosas gravísimas y con un punto grotesco, alucinante, como en una de esas pesadillas que nos asaltan tras una digestión gruesa. La sensación de que todo se rompe viene extendiéndose de manera imparable. Las conciencias más sensibles lo perciben con agudeza dolorosa; otros muchos prefieren entumecerse la conciencia con televisión y consumo, para no sentir. A fin de cuentas, a Zapatero habrá que reconocerle el mérito de haber hecho patente lo latente, de haber levantado el telón sobre el cáncer que venía corroyéndonos en secreto, de habernos dado a todos el empujón final: disolver la nación bajo la presión separatista, reducir la Constitución a una parodia de ley, invertir los criterios morales generalmente aceptados, transformar la educación en estabulación de masas, resucitar lo peor que tenemos detrás por incapacidad de mirar hacia delante, sustituir la cultura por la farándula, qué sé yo; cosas que venían pasando desde mucho tiempo atrás, pero que sólo ahora se han manifestado con total crudeza. Y uno puede vivir con una grieta en el techo, pero las cosas se complican cuando la techumbre cede y constatas que te has quedado a la intemperie.¿Alucinación catastrofista? Pues no, mire, oiga. Estamos en un país donde, por ejemplo, no puedes fumar en ningún lado, pero puedes abortar a barra libre. Si echas por ahí el humo que te ensucia los pulmones, eres poco menos que un criminal; pero si arrojas al cubo de la basura los cadáveres desmembrados de fetos de siete meses, te protege la ley. La contraposición parece demagógica, ¿verdad? Lo terrible es que es real como la vida misma.

Estamos en una sociedad extraordinariamente restrictiva en mil cosas, pero asombrosamente indulgente con otras que, sin embargo, son muchísimo más graves. Extiéndase la misma contradicción a cuantos terrenos se desee, desde la rendición ante el chantaje de un criminal hasta la subvención de pornografía antirreligiosa. Es obvio que aquí hay algo que funciona mal: cuando una sociedad persigue menudencias pero tolera crímenes, cuando extrema la ley para ciertos asuntos de rango menor pero la anula para otros de gran fuste -cuando eso ocurre, estamos ya enfangados en la ciénaga de la injusticia, en un mundo puesto del revés, en un lugar donde sólo cabe huir o resistir (para pasar a la ofensiva).

Ojo, que aquí no estamos hablando de una batalla de carácter confesional.

Por ejemplo, que la comunidad autónoma de Madrid permita abortar niños de siete meses no es algo que afecte únicamente a ciudadanos católicos con un especial grado de conciencia sobre la vida nonata, sino que nos concierne a todos, a cualquiera que aún no haya perdido el sentido natural de lo que vale una vida. También por ejemplo, que un Gobierno de alucinados sectarios pretenda determinar la formación moral de los alumnos no es algo que deba incomodar sólo a quienes no comparten la ética zapateriana, sino que tiene que despertar la resistencia de cualquier ciudadano celoso de su libertad; porque aquí el problema no es qué doctrinas quieran meter en la cabeza de los críos, sino que lo grave está en que alguien ose invadir terrenos que deben permanecer bajo la radical soberanía de las personas. Este tipo de desafíos va incluso más allá de la fe; alcanzan también a quien no la tiene.

Y así sucesivamente.

Aviso para navegantes: podemos desesperar tranquilamente -o sea,

trágicamente- de la capacidad de nuestro sistema para regenerarse. Hace falta una fe infinita para pensar que esta gente que nos gobierna -políticos, financieros, tiburones mediáticos- va a limpiar la habitación que ella misma ha ensuciado. ¿No veis cómo se revuelven, histéricos, ante el menor síntoma de resistencia, ya se trate de unas banderas españolas al viento o de una protesta ciudadana en defensa de un belén? Levantan la voz trémula -pero acostumbrada a mandar- y arrojan el grito de alarma: “Fascistas”, “franquistas” y demás repertorio de lo políticamente correcto.

¡Tantos años con esa gaita! No nos damos cuenta de lo que mandan estos señores hasta que nos topamos con el guardia de la porra. Entonces vemos que, en realidad, no nos enfrentamos con una oligarquía, con un partido, ni siquiera con una corriente social, sino que es un sistema entero el que nos amenaza: una democracia de ficción, unos partidos encerrados sobre sí mismos, un caciquismo de la prensa o de la Administración o del dinero (¡o de los tribunales!) cuya supervivencia depende de que se mantenga intacto el orden de las cosas -y, sobre todo, de que la “mayoría silenciosa” siga en silencio.

Pero si nuestro sistema no puede regenerarse ya, porque está podrido, sin embargo la gente, la sociedad, sí puede limpiar el suelo. Hay cosas que no tienen pase. Y en ese sentido, en los últimos meses empiezan a aparecer signos verdaderamente esperanzadores. Es esperanzador, por ejemplo, que los ciudadanos salgan a la calle sublevados por el “escándalo De Juana”, que la gente redescubra sus banderas, que los padres de familia se planteen la objeción de conciencia ante la asignatura de “educación para la ciudadanía”.

¿Echamos la vista atrás? Todo esto empezó como manifestación de malestar y pronto se convirtió en señal de resistencia. La Boca Caliente profiere advertencias contra la estrategia del PP. No, Pepiño, no: ¡ya quisiera el PP! Lo que se está moviendo aquí es algo mucho más profundo. La irresponsabilidad de un Gobierno muy mediocre ha despertado la resistencia de los ciudadanos. No hay más secreto que ése. La ola no la mueve Rajoy: es una parte importante de la ciudadanía quien la empuja; el PP sólo surfea. Y si la ola no se deshace, también la derecha política tendrá que dar cuentas de sus responsabilidades -de sus complicidades.

Hace unos meses apelábamos a la resistencia. Ya está aquí: es eso que estamos viendo en la calle. Pero el baile no ha hecho más que empezar.

Publicado por José Javier Esparza el 26-03-2007 en www.elsemanaldigital.com

miércoles, 1 de junio de 2011

Para acabar con Mayo del 68 (instrucciones de uso)




La Europa del 68 aún vivía bajo la sombra de la generación que hizo la guerra. Quizás había que desplazarla. La sustituyó la generación de Mayo del 68, que ha venido mandando hasta hoy. Hoy tenemos que desplazarla.

Mayo del 68. No es sólo París, los adoquines, los CSR, De Gaulle que se va, todos esos recuerdos en blanco y negro de un simulacro de revolución pequeño-burguesa. El 68 es bastante más, algo antes y mucho después de esa fecha. Es el despiporre californiano de Berkeley, la fascinación de los jovencitos ricos por el Ché Guevara, la transformación del cristianismo en asamblea del “camarada carpintero”; es la adoración sin límites (ni crítica) por los “condenados de la tierra”, la reivindicación de lo horizontal contra lo vertical, la demonización de cualquier autoridad como “fascista”; es la transformación de lo privado -la sexualidad, por ejemplo- en materia de derechos públicos, es el rencor hacia la propia identidad, es la búsqueda de paraísos artificiales en la droga o en la contracultura o en la evasión espiritual; es la degeneración de la moral en sentimentalismo, la certidumbre paralizante de que todo es relativo, el nihilismo pasivo de la indiferencia; es la expulsión de la norma fuera de la Ciudad, la apoteosis del individuo como regla única de validez universal, y la ceguera ante cualquier realidad conflictiva, y al mismo tiempo la transformación de la lucha de clases en modelo apto para todo (lucha de generaciones, lucha de sexos, lucha de…), y también la Gran Negación: negación de lo bueno como valor, de lo bello como valor, de lo justo como valor. Y después, la metamorfosis de los viejos revoltosos en progresistas gentes de dinero, la petrificación del desorden establecido, el fin de lo político, el repliegue sobre sí mismo, el imperio del mercado y el consumo, de la pequeña satisfacción individual sobre cualquier apuesta colectiva.Todo eso es, en realidad, Mayo del 68. Nosotros somos Mayo del 68 -bien a nuestro pesar.

¿Acabar con Mayo del 68, dice Sarkozy? Oh, sí: perentoriamente, cuanto antes, incluso brutalmente; empujar este monigote de la Gran Parálisis de Europa con ferocidad y ruido, entre carcajadas joviales, a golpes de espada y maza, al son de himnos venidos del fondo de los tiempos. Pero sabiendo de antemano que el monigote caerá sobre nuestras cabezas. Es la imagen de Sansón moviendo las columnas del templo: lo que da fuerza a la estampa es la certidumbre de que el templo aplastará a Sansón. Así nosotros, hoy, ante Mayo del 68: también caerá sobre nuestras frentes -eso sí: altivas.

¿Acabar con el 68? Sea. Entonces habrá que organizar las cosas de otro modo.

Habrá que pensar que la finalidad del individuo no es “gozar sin trabas”, sino ponerse al servicio de algo que le trascienda, incluso si eso implica gozar menos. Habrá que dejar de decir “haz el amor y no la guerra”; ahora habrá que estar preparados para hacer el amor y también la guerra. Habrá que aprender de nuevo a ver el mundo en vertical, a ensalzar el valor de lo bueno, lo bello y lo justo. Habrá que rescatar la idea de mérito y dar a cada cual lo que merezca, y juzgar que es bueno que así sea. Habrá que enseñar a la gente a amar a su patria y a guardar su identidad histórica.Habrá…

Habrá que darle a nuestro mundo la vuelta como a un calcetín.

(Entre usted y yo: no creo que Sarkozy tenga realmente intención de hacer todas estas cosas. Pero a veces en la Historia ocurre que alguien tira una piedra al agua tranquila, la piedra agita un fondo desconocido, el fondo se mueve y transmite su agitación río abajo y, allí, un remanso hierve súbitamente en violenta espuma, y ya no importa ni el agua ni la piedra ni el remanso, sino sólo la fuerza que casi por azar se ha puesto en movimiento. ¿Quién sabe?).

2007 el manifiesto

martes, 31 de mayo de 2011

Por qué la derecha es tan fragil


Por qué la derecha es tan fragil
Publicado por José Javier Esparza el 7 de Julio de 2006 en Política y Sociedad.


Interesantes reflexiones sobre los complejos de la derecha política. ¿porqué el miedo a reconocerse en las propias ideas?¿porqué el miedo a decir con claridad soy de derechas?

Siempre que planteamos la cuestión de la fragilidad de la derecha, hay un aluvión de opiniones de lectores. En el PP no se enteran de estas cosas, pero la gran preocupación de la derecha social, hoy, no es otra: ¿por qué somos tan frágiles, tan vulnerables? ¿Por qué Zapatero piensa que nos aniquilará sin resistencia?La derecha, en general, no osa decir su nombre. Incluso el partido que la representa se define “de centro”. La derecha no osa decir su nombre porque el término “derecha”, en nuestra cultura política, viene afectado por un toque de ilegitimidad. Ser de derechas no está bien visto. Y esto es así porque hace muchos años que quien decide lo qué está bien y mal es la izquierda. Ésta posee el control de la cultura oficial y la mayor parte de las factorías de opinión. Es una batalla que la derecha nunca ha creído necesario librar ni en el franquismo ni en democracia. Hoy cosechamos lo sembrado.

Además, buena parte de la derecha no se reconoce como tal. Existe una realidad objetiva de derecha que, en España, viene compuesta por principios como la unidad nacional, la moral cristiana, la libertad individual y la tradición cultural hispánica. Pero con frecuencia veremos a personas que defienden esas cosas y, sin embargo, no se reconocen “de derecha”. ¿Por cobardía? A veces, sí. Pero otras veces es cuestión de escrúpulos. El término “derecha”, que designa un conjunto de ideas y principios, señala también a los “poderes tradicionales”. Y, claro, uno puede defender ciertos principios, pero siempre será incómodo que te cuelguen la misma etiqueta que al banquero de turno. La querella entre derecha de principios y derecha de intereses es muy vieja, pero siempre ha ganado la de “intereses”. Tantas veces ha ganado que, ahora, se ha hecho de izquierdas.

La derecha de intereses agoniza. Quienes tienen el poder -los polancos, los banqueros, todo eso- ya no están en la derecha. Eso nos liberará de servidumbres enojosas. Pero hay que extraer todas las conclusiones oportunas: que el poder ya no sea de derechas quiere decir que el poder no vendrá a socorrernos. Si la derecha no quiere que sus principios mueran, tendrá que actuar, resistir.

Actuar, en una vida pública pacífica, quiere decir marcar unas posiciones, fundamentarlas y defenderlas. La gente de derechas, si quiere que sus ideas sobrevivan, tendrá que dejar de pensar como pasiva “gente de orden” y empezar a moverse, a vivir con conciencia política, a participar en la vida civil, a comprar los libros y revistas de quienes comparten su visión del mundo, a hablar en las asociaciones de padres de alumnos o en los grupos de vecinos. Todo eso no lo va a hacer el PP; lo tiene que hacer la gente. Si no, la apisonadora nihilista pasará sobre ella. Y lo tendrá bien merecido.

Publicado por José Javier Esparza el 07-07-2006 en Semanal Digital

El antiglobalismo de derecha





El antiglobalismo de derecha

Marcello Veneziani


Si te fijas en ellos, los anti-G8 son la izquierda en movimiento: anarquistas, marxistas, radicales, católicos rebeldes o progresistas, pacifistas, verdes, revolucionarios. Centros sociales, monos blancos, banderas rojas. Con el complemento iconográfico de Marcos y del Ché Guevara. Luego te das cuenta de que ninguno de ellos pone en discusión el Dogma Global, la interdependencia de los pueblos y de las culturas, el melting pot y la sociedad multirracial, el fin de las patrias. Son internacionalistas, humanitarios, ecumenistas, globalistas. Es más: cuanto más extremistas y violentos son, más internacionalistas y antitradicionales resultan.

O sea, que cuanto más se oponen a la globalización, más comparten su meta final. Por lo demás, el Manifiesto de Marx y Engels es un elogio total de la globalización, a cargo de la burguesía y del capital, que rompe los vínculos territoriales y religiosos, étnicos y familiares, y libera de la tradición. Y en las cumbres anteriores, los presidentes de los países más industrializados eran casi todos de tendencia progresista y provenían del 68, desde Clinton a nuestros propios líderes, que soñaban con transformar el G8 en un coalición de izquierdas planetaria. Todos optimistas del G8.

¿Dónde están entonces los verdaderos enemigos de la Globalización? Están en la derecha, queridos amigos. Allí, no sólo desde hoy, se combate el mundialismo y el internacionalismo, la muerte de las identidades locales y nacionales. Si es verdad, como sostienen muchos pensadores, que la próxima alternativa será entre el universalismo y el particularismo, entre globalidad y diferencias, entre cosmópolis y comunidad, entonces el antagonista de la globalización está en la derecha. Con los conservadores y los nacionalistas, con los tradicionalistas y los antimodernos, pero también en el ámbito de la nueva derecha de Alain de Benoist y de Guillaume Faye, y de los movimientos localistas y populistas.

Hay una rica literatura de derecha que hace tiempo critica radicalmente la globalización y sus consecuencias: el dominio de la técnica y de la economía financiera en detrimento de la política y de la religión. Es en la derecha donde se reúne la respuesta populista a las oligarquías transnacionales. Es en la derecha donde las tradiciones se oponen a la sociedad global sin raíces. Es en la derecha donde se teme la imposición de un pensamiento único y de una sociedad uniforme, y se denuncia la globalización como un mal en sí mismo; mientras, en la izquierda, se denuncia que la globalización no extiende sus beneficios economicos a la humanidad sino sólo a unos pocos. O sea, que no se denuncia su efecto de desarraigo sobre las culturas tradicionales y sobre las identidades, sino sólo que no vaya unida a la globalización de los derechos humanos.

En Génova, pues, se consuma una paradoja: unos pocos hombres de derecha, entre agricultores, artesanos y tradicionalistas, se opondrán al G8 de modo débil y marginal pero con propósitos fuertes y radicales. Y mucha gente de izquierda se opondrá de modo vistoso y radical a una globalización que en el fondo comparte. En Génova la maldición de Colón golpea a la inversa: él zarpó para las Indias y descubrió América, éstos sueñan con un mundo nuevo pero descubren las viejas Indias.

¿Es eso, de tonto y mentecato?


Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?.

jueves, 26 de mayo de 2011

miércoles, 25 de mayo de 2011

martes, 24 de mayo de 2011

Palabras de un disidente de izquierdas

Pese a sus ideas o tics internacionalistas, ultra-igualitaristas, materialistas... Se perciben buenos instintos en gente como Anguita.


España y Roma XII


Hemos visto, pues –de modo sucinto, pero claro–, las dos vertientes del genio de Séneca el cordobés. Por una vertiente, Séneca resulta como un oriental, como un cristiano primigenio. Por la otra, un perfecto hombre antiguo, pagano, bárbaro. De una ladera, Séneca es el consolador de los débiles, de los doloridos, de las masas, vencidas y decadentes, de almas que poblaban el imperio en sus postrimerías. De otra ladera, Séneca es el revalorizador de lo individual hasta hacer heroica la vida del Sabio. Por un lado, Séneca ve el nihilismo del cosmos. Por otro, sólo salva la virtud del héroe para hacer frente a esa nada cósmica.

Todo esto –y otras cosas– me ha llevado a pensar muchas veces en el fondo estoico que nutre el actual Fascismo. Me ha llevado a meditar sobre el fundamento que pudiera tener el Fascismo en las doctrinas de Séneca el cordobés.

No se crea, que, al decir yo esto, es porque deseo, arbitraria y patrióticamente, dar una base genuinamente española a la nueva doctrina universalista, salida de la ciudad eterna. Quien conozca mis teorías sobre el Fascismo, como «nueva catolicidad», sustentadas en libros anteriores, no podrá extrañarse de tal pensamiento mío.

Yo afirmo que el Fascismo tiene una amplia base estoica en general, y, concretamente: senequista.

* * *

Una de las características esenciales del Fascismo es su antidemocracia, que lo es, a su vez del senequismo. «Argumentum pessimi turba est», dijo Séneca en De vita beata II. Luego Petrarca, imbuido por Séneca, lo expresó, eso mismo, de tal forma, que llegó a nuestra «Celestina» en el siglo XV: «Ninguna cosa es más lejos de verdad que la vulgar opinión.» Y Erasmo, redondeó esa máxima de Séneca al decir: «La verdad es que el juicio común de la gente nunca jamás fue ni es regla muy cierta ni muy derecha para regirse hombre por ella.»

Es lo que diría luego Mussolini con otras palabras: «Il fascismo nega che il numero, per il semplia fatto di essere numero possa dirigere le societá umane».

* * *

Otra característica genuina –quizá la más pura– del Fascismo es la de considerar la vida como una lucha.

«Il Fascismo concepisce la vita como lotta», dijo Mussolini. «Vida est militia homonis superterram», había dicho Séneca. «Per noi fascisti, la vita e un combatimento continuo incessante, che noi accetiamo con grande corazzio...» Puro senequismo. «Lo primero que le aconsejó es que una y muchas veces traiga a la memoria que toda la vida de los mortales no es aquí sino una perpetua guerra», dijo un gran intérprete de Séneca en el Renacimiento. El hombre, el fascista –dice Mussolini– deberá «conquistarse quella vita che sia veramente degna di lui». «Una vida feliz es aquella que es digna de su naturaleza.» «Cada uno es el artesano de su vida», había dicho Séneca. «Fare ditutta la propia vita tatto il propio capolavoro», diría luego Mussolini. Ese carácter práctico, ético, de la vida, que se había señalado a la filosofía de Séneca es el que aparece como estructura del Fascismo: «Questa concezion positiva della vita e evidentemente una concezione ética», «vita seria, austera, religiosa: in un mondo sorretto dalle forze morale», «Il fascista didegna la vita comoda», «Il nóciolo della filosofia fascista: noi siamo contro la vita comoda». Senequismo esencial: esencia de la vita beata, del Caballero Cristiano que diría el Renacimiento, traduciendo el concepto del Varón virtuoso, siempre en guardia contra los acontecimientos, endurecido contra toda comodidad engañosa. «Yo aprecio en más los bienes de trabajo, los que cuentan fatiga y se basan en la acción, luchando constantemente contra la Fortuna», «Vencer la costumbre», aconseja Séneca a Lucilio. Y esto otro: «Es necesario habituar el ánimo por medio de continuos, incesantes ejercicios.»

* * *

La concepción que del hombre tiene el Fascismo, como ser dotado para alcanzar las más altas cimas de la Voluntad por medio de ejercicios heroicos, es, en el fondo, la de Séneca. Donde Séneca escribe «el sabio», «el varón fuerte», hay que escribir hoy el «Duce», el «Führer», el «Héroe». Séneca es, mucho antes que Nietzsche, el gran forjador de la voluntad como poderío.

«La fuerza de las cosas adversas no mueve el corazón del varón fuerte; antes está firme en su estado. Porque es más poderoso que todas las cosas que fuera le acaecen. No digo yo que no las sienta, mas digo que las vence», traduce nuestro Cartagena en 1551.

Era ese un concepto que recogería Séneca, el Petrarca, León Bautista Aberti, Maquiavelo, Montaigne, y llegarían, a través de Nietzsche, hasta Mussolini. ¡Amar lo difícil! ¡Vivir en peligro!, ha repetido el Duce más de una vez.

Así decía Séneca en De Providencia, haciendo resaltar el heroísmo de Fueton: «Porque estas cosas que me piensas espantar más me avivan. Y allí me place estar donde el mismo sol ha miedo. Porque al hombre bajo y [10] para poco pertenece buscar lo seguro. Por lo alto va la virtud.» He ahí Séneca: ¡Contra lo seguro! ¡Contra la vida cómoda!

* * *

Ese concepto del «ardito», del «héroe», del «sabio senequista», comportó, en la Roma del siglo I, el mismo concepto de «aristocracia natural», de «realeza natural», que el Fascismo traería al mundo de hoy.

«¿Quién, pues, es el noble? Aquel a quien naturaleza ha hecho para la virtud.» «No estimo a uno por hombre diferente del vulgo, habiendo respeto al lugar y preeminencia que posee, sino al corazón que veo que tiene...» Y luego nuestro Vives ajustaría: «La verdadera y firme nobleza nace de virtud.»

Esta tesis senequista es la base de «la nueva jerarquía fascista». Séneca descubre así a su héroe, a su Duce: «Tal hombre será equilibrado y pleno de ordenación uniendo, a su natural majestad, un sentido de piedad en todas sus acciones.»

* * *

El Fascismo no emplea hoy la palabra virtud para designar lo que Séneca designaba con ella. Pero utiliza otra tan sinónima que su reiteración en todos los discursos y doctrinarios fascistas la hace equivalente: «fática.» Cuando el Duce emplea el término «fática» se refiere exactamente a la misma concepción que Séneca tenía de la Virtud. Al esfuerzo, trabajo, al coraje, a la tensión que el vivir, el varón fuerte necesita para vencer esa cosa dura y difícil que es la vida. «Non est delicata res viverlo.»

No debo olvidar que este estudio mío no puede tocar más a fondo un tema como éste que aquí va englobado en otro más general. Pero para terminar este apunte de «senequismo y fascismo», transcribiré las expresas alusiones de Benito Mussolini: «Se il fascismo non fosse una fede, come darebbe lo stoicismo e il coraggio ai suvi fregani?» (Muss. Vincoli di sangue, «Popolo d'Italia», 19 gen. 1922).

«L'orgoglioso motto squadrista me ne frego, scrit o sulle berde di una ferita, e un atto di filosofia non soltanto stoica, e il sunto di una dottrina non soltante politica: e l'educazione al combattimento, l'accettazione dei rischi che esso comporta, e un nuovo stile di vita.» (Muss. La dottrina del Fascismo, treves Milano 1932.)

* * *

El Fascismo, como el senequismo, «puodo stile di vito» es, en el fondo, el estilo eterno de Roma. La concepción que luego de Séneca, se llamaría cristiana, y hoy, fascista. O sea de que la vida es milicia. Frente al Oriente, donde la vida es despojamiento absoluto, y al Occidente, donde la vida, según Fausto, «es acción», Roma la concibe a través de sus más geniales hijos (Séneca, Loyola, Mussolini), como combate, como virtud, como fe, como fatiga. Por algo se da uno la pena de considerar el fascismo doctrina nueva para España, como una vieja sabiduría donde España dio sus mejores frutos. Como el viejo secreto, hoy cada vez más nuevo, que a Roma musitara el gran cordobés Lucio Anneo Séneca, por los años primeros de la rea del Cristo.

E. Giménez Caballero

sábado, 21 de mayo de 2011

Ante el monopolio de los valores de izquierda de la revuelta 15 M


Una de las tácticas que Lenin recomendó a los mandarines del Partido Bolchevique para hacerse con el poder consistía en montar organizaciones pantalla, aparentemente no relacionadas con el partido, que habrían de servir para llegar a nuevos graneros de votos. Así, los primeros bolcheviques se apoderaron de los más variopintos movimientos que, en principio, eran refractarios al ideario comunista, ya entonces un guiso muy pesado para los estómagos de los pequeños comerciantes, los campesinos con tierra o los artesanos.



Una vez conquistado el poder, única razón de ser de la izquierda desde sus orígenes leninistas, caían las pantallas y, con ellas, la vida y hacienda de los que osasen disentir. Aquella recomendación del genuino padre del socialismo fue llevada a la práctica por sus sucesores en todo el mundo. Allá donde los ideólogos izquierdistas han encontrado una causa tras la que esconderse, se han aprovechado de ella. Es lo que, con el tiempo, han terminado denominando “luchas” –en plural–, que han ido variando y evolucionando dependiendo de la época. La izquierda actual se ha apropiado, por ejemplo, de causas justas como la defensa del medio ambiente, la igualdad entre el hombre y la mujer o la promoción de la paz. El ecologismo, el feminismo o el pacifismo constituyen de este modo simples medios que sirven a un fin superior: el de garantizar el usufructo del poder a la camada socialista.



En la España de nuestros días, sacudida por una severa crisis económica provocada en gran parte por el Gobierno socialista, era esperable que el descontento –especialmente el juvenil, cuya tasa de desempleo supera el 40%– aflorase por algún lado. Y ahí, como hace 100 años, ha estado ágil la izquierda de hoy utilizando las técnicas de la izquierda de ayer. Han detectado por dónde podría romper esa insatisfacción, han esperado pacientemente a que fuese tomando forma y, una vez su causa ha sido reconocida, la han cooptado para ponerla al servicio de sus fines. Esa es la razón por la que el manifiesto de la plataforma Democracia Real Ya apesta a socialismo rancio de principio a fin, o el motivo por el que los jóvenes indignados incurren en tantas contradicciones, algunas de bulto, como abjurar del Estado y sus políticos… pidiendo más Estado y más políticos, siempre que estos sean, cómo no, intervencionistas hasta la náusea. La protesta ha quedado así diluida en un indigerible engrudo botellonero a medio camino entre mayo del 68 y la Facultad de Políticas de la Complutense.



Los indignados, cuyo manifiesto es una copia bastante deficiente del programa electoral de Izquierda Unida, en vez de erigirse en una amenaza para los que mandan son una oportunidad para que estos se valgan de su fuerza para amarrarse al poder. Un movimiento, en definitiva, perfectamente manipulable por los más convencidos. De hecho, en cierto modo, ya está siendo así. Los que en origen se presentaron como apolíticos e hicieron de la etiqueta “No les votes” su bandera, el miércoles ya decían que su objetivo era acabar con el bipartidismo al tiempo que pedían el voto para los partidos minoritarios. A escala nacional sólo existe un partido que cumpla ese requisito y se siente en el Parlamento: Izquierda Unida, de ahí que Cayo Lara no tardase en subirse al carro de los amotinados, al tiempo que el programa y las consignas de los mismos se radicalizaban unos cuantos grados. No ha sido el único. Los líderes socialistas, sabedores del batacazo electoral que les aguarda, se han apuntado entusiastas otorgando carta de legitimidad al así llamado “movimiento 15-M”, que, a estas alturas, poco tiene de apolítico y mucho, en cambio, de algarada callejera. A la izquierda no le importa tanto que lo que estén haciendo –ocupar ilegalmente una céntrica plaza de Madrid– sea poco democrático, como los réditos electorales que puedan obtener el domingo.



Si PSOE e IU movilizan, aunque sea en parte, una porción de ese electorado joven que, con toda la razón, le da la espalda, habrá merecido la pena el esfuerzo. Los indignados pueden convertirse, asimismo, en un arma muy valiosa de cara a sitiar al adversario, tal y como ocurrió durante las campañas electorales de 2003 y 2004, cuando grupos de radicales de izquierda asaltaron sin el menor rubor las sedes del Partido Popular. Todo esto lo pueden conseguir, además, con el aplauso de los medios y la mirada cómplice de la sociedad civil, que sí está genuina y lógicamente indignada. Pero, por muy mal que vayan las cosas, de nada serviría tratar de arreglarlas con una receta que incluye más de todo lo malo que nos ha llevado a esta situación. España está en crisis por exceso de políticos y una sobredosis de Estado. Lo último que necesitamos es reincidir en los viejos vicios intervencionistas e hiperreguladores que nos han conducido a esta situación. Y eso es lo que proponen estos, los indignados del 15-M.



*Fernando Díaz Villanueva es historiador, periodista y analista del Instituto Juan de Mariana.

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Tercios de España

viernes, 20 de mayo de 2011

España y Roma XI


Si los cristianos vieron en Séneca un evangélico, ¿qué vieron luego los renacentistas y los criticistas –Petrarca, Erasmo, Montaigne, Kant– para exaltarle a un puesto magno de precursor? Vieron la otra vertiente senequista. La puramente pagana: la humanista. De ahí que pueda afirmarse, con la misma razón, que del cristianismo, que Séneca fue un antecedente imprescindible del humanismo en el Renacimiento.

El renacer del neo-estoicismo durante el siglo XVI, fue ya estudiado por L. Zanta.

Pero ese renacer tenía fuentes anteriores a ese siglo. Ya Averroes, en la España del siglo XIII –otro cordobés– niega la recompensa ultraterrena para el hombre justo. Era la idea axial de Séneca en lo que se refería a un ultramundo, a la inmortalidad del alma y a la existencia de Dios. Era el clásico «materialismo» senequista, como hubiera dicho un descendiente de esa teoría: Carlos Marx.

Para el Séneca humanista, pagano y revolucionario, el Hombre era él centro del cosmos. Y la Razón, un principio autónomo. La Razón era el instrumento único para combatir esos grandes enemigos del hombre que se llaman las pasiones: «movimientos absurdos, alógicos, irracionales y contra la naturaleza del alma.» El Hombre que lograba mediante el ejercicio de la Virtud, de la Razón, combatir esos enemigos, alcanzaba el sumo grado beato de felicidad: la apatía, la impasibilidad. Ese hombre, era el Sabio.

El Mundo para este Séneca racionalista, que predica la autonomía de la moral, era un orden fatal, al que había que adecuarse. Seguir el Sino, la Naturaleza: sequere naturam. Ese sino englobaba a los hombres y a los dioses con igual fuerza. Existía una predestinación. Por eso el luteranismo se alzó con esa teoría.

El premio de la virtud en sólo la virtud consiste. Y ese fue el secreto de la concepción Kantiana de la Moral. El secreto de Séneca. Y el que quiso adivinar Petrarca en su «De remediis utriusque fortunae» que tanto influiría en todos los Renacimientos europeos, singularmente en el español. Pero realizar en la vida humana la felicidad por medio de la virtud era una quimera. De ahí las flaquezas de todos «los humanistas» que les conducía, como le condujeron a Séneca, a la atmósfera típica de esa concepción vital: el pesimismo. Y el suicidio.

Séneca no se suicidó voluntariamente. Le suicidó Nerón. Pero él se abrió las venas con la misma impasibilidad –impasibilidad o rencor endemoniado– con que Sócrates bebiera la cicuta.

El suicidio era la máxima libertad del hombre: la de poder quitarse la vida voluntariamente. Y como todo lo que era voluntario era honestus, el suicidio resultaba algo decente. Por eso Séneca se pondría siempre de moda en las épocas de suicidios literarios. En la época de La Celestina y de la Cárcel de Amor. En la época kantiana del Werther. Y luego en la schopenhaueriana de Figaro y Ganivet y del Andrés del Arbol de la Ciencia barojiano.

¡La libertad! «Nada es honesto cuando se hace por acción, contra el propio querer. Todo lo honesto es voluntario», había dicho Séneca. ¿No estaba ahí toda la doctrina del individualismo contra un Estado coactivo, contra una religión dogmática? ¿No estaba ahí Erasmo, y luego Voltaire? ¿No estaba ahí, en esa preformación del sabio, todo el superhombre de Nietzsche?

El hombre podía identificarse con Dios. He ahí el gran secreto milenario del genio de Occidente, que Séneca interpretó con su Sabio. El satanismo de Adán, de Prometeo, de Sócrates, de Fausto: El Hombre sobre Dios.

En España –ese Séneca– alboreó, a finales del siglo XV, suscitado por el humanismo petrarquesco e italiano, bajo la Corte de Juan II. Ya en 1482 se interpretaban los Proverbios de Séneca como hizo Díaz de Toledo.

En el año de 1491 tradujo a Séneca el obispo Alonso de Cartagena, de origen judío por cierto. «Cinco libros de L. A. Séneca.» Y tuvo tres ediciones más esa traducción: 1510 (Toledo), 1530 (Alcalá) y 1551 (Amberes).

Sus Epístolas aparecieron en cuatro ediciones sucesivas de 1502, 1510, 1529 y 1551. Y una antología senequista que fue muy leída por los españoles fue la de «Las Flores», traducidas por el erasmista Juan Martín Cordero (1555). Y el Pinciano escribe sus famosas «Castigationes» senequistas en 1536.

Las traducciones y comentarios sobre Séneca abundaron durante todo el siglo XVII. Se atribuye sentido senequista a Cervantes, a Mateo Alemán, a Calderón, a Quevedo, a muchos de nuestros místicos. Y en el XIX resucita con cierta originalidad y gracia, en el «Idearium», de Angel Ganivet. «Cuando yo, siendo estudiante, leí las obras de Séneca me quedé aturdido y asombrado, como quien perdida la vista y el oído, los recobrara repentina e inesperadamente» dice Ganivet en ese libro. «Yo soy entusiasta admirador de Séneca», afirma en «El porvenir de España». El suicidio de Séneca le da motivo para algunas humoradas sobre la sangría suelta, en el agua, como medicina. Pero le da otro motivo mucho más serio: el de suicidarse en las aguas del Vilna.

Recientemente, con el triunfo del «liberalismo» más completo de la historia española en el Gobierno republicano de Azaña (1931-1933), la vuelta a Séneca se ha reproducido, como buscando un apoyo humanista, anticristiano. La representación de la tragedia «Medea», traducida por Unamuno, en el anfiteatro romano de Mérida y ante el Palacio Real de Madrid, ha sido muy significativa. «Medea» era el rencor que incendia palacios, templos, que asesina y embruja con tenacidad inextinguible, como una ménade o una fuerza natural. Es decir: un poco, como la España pagana, laica, bárbara anticatólica, que Azaña soñó con instaurar.

No era esto...

jueves, 19 de mayo de 2011

El 22 M di no a Zapatero

La nuestra es una revolución espiritual...



Nosotros somos quien somos.

¡Basta de Historia y de cuentos!

¡Allá los muertos! Que entierren como Dios manda a sus muertos.



Ni vivimos del pasado,

ni damos cuerda al recuerdo.

Somos, turbia y fresca, un agua que atropella sus comienzos.



Somos el ser que se crece.

Somos un río derecho.

Somos el golpe temible de un corazón no resuelto.



Somos bárbaros, sencillos.

Somos a muerte lo ibero

que aún nunca logró mostrarse puro, entero y verdadero.



De cuanto fue nos nutrimos,

transformándonos crecemos

y así somos quienes somos golpe a golpe y muerto a muerto.



¡A la calle! que ya es hora

de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo.



No reniego de mi origen

pero digo que seremos

mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo.



Españoles con futuro

y españoles que, por serlo,

aunque encarnan lo pasado no pueden darlo por bueno.



Recuerdo nuestros errores

con mala saña y buen viento.

Ira y luz, padre de España, vuelvo a arrancarte del sueño.



Vuelvo a decirte quién eres.

Vuelvo a pensarte, suspenso.

Vuelvo a luchar como importa y a empezar por lo que empiezo.



No quiero justificarte

como haría un leguleyo,

Quisiera ser un poeta y escribir tu primer verso.



España mía, combate

que atormentas mis adentros,

para salvarme y salvarte, con amor te deletreo.





Poema de Gabriel Celaya

miércoles, 18 de mayo de 2011

REINVENTAR EL PATRIOTISMO (ESPAÑOL)


REINVENTAR EL PATRIOTISMO (ESPAÑOL)


Artículo de José Javier Esparza en “El Semanal Digital” del 26.01.06



26 de enero de 2006. "Lo que corre peligro no es la unidad de España, es su identidad", dice Gustavo Bueno. En efecto, tal vez pueda descartarse una ruptura de la unidad política formal del Estado: haría demasiado daño (económico) a los escindidos. Pero lo que estamos viendo desvanecerse a toda velocidad es la identidad española, el sentimiento de identificación con una trayectoria histórica, con una herencia cultural, con una personalidad colectiva. Ahora bien, sin identidad española, ¿qué importancia tiene la unidad de esto? Por eso algunos pensamos que la supervivencia de España no puede limitarse a la defensa de la Constitución, sino que debe jugarse, sobre todo, en el plano de los sentimientos –sí, sentimientos- comunitarios.

Objeción liberal: pero, entonces, ¿no estaríamos cayendo en el mismo abuso que denunciamos en los nacionalismos periféricos, en esa identificación de la ciudadanía con una trascendencia colectiva? Ese temor ata de pies a manos a liberales y a cosmopolitas. Pero es que el problema, en tales términos, está mal planteado. Lo que hace delirante al nacionalismo vasco o catalán no es el defender una identidad, sino que su interpretación política de esa identidad, en clave separatista, se basa en una impostura, a saber, la reconstrucción de la historia local como si desde su origen hubiera tendido hacia la conformación de un hecho político nacional. Por eso, porque son una impostura, tienen que recurrir a la coacción, a la exclusión, a la violencia. Nuestros separatismos no son malos porque sean "identitarios", sino porque son falsos.

Por cierto que esto debe hacernos reflexionar a todos, y especialmente a quienes consideramos las identidades culturales como una riqueza. Ocurre que, a fecha de hoy, la cesión de la pluralidad cultural a los nacionalistas, que es un rasgo básico de nuestro sistema, se ha convertido en una amenaza para la propia pluralidad cultural, porque lo que se está instalando en Cataluña, el País Vasco o Galicia (y ojo a Valencia) es una homogeneidad de plomo que aplasta la diversidad en esas comunidades. Inversamente, parece incuestionable que la idea de España se ha convertido hoy en la única defensa efectiva de la pluralidad cultural española, porque no hay otra instancia que la garantice.

Y mientras bailamos de identidad en identidad, ¿quién sostiene la idea de España? Desde el Estado, nadie. Ésa es la realidad de España en 2006. La aventura autonómica consistía en conjugar la unidad con la pluralidad; pensar una identidad española compuesta, que no dejara de ser española por integrar los hechos diferenciales. Hoy vemos que hemos fracasado. España es ya un Estado sin nación –y la identidad española empieza a ser una nación sin Estado.

¿Soluciones? En la práctica, sólo hay una: comenzar la reconquista desde abajo, desde la calle, desde la gente. En las actuales circunstancias, sólo desde fuera del Estado es posible pensar España como identidad nacional. Hemos entrado en una fase inesperada: hay que reinventar nuestro patriotismo.

España y Roma X


Toda una corriente que empieza en San Pablo y quizá termina en el socialismo actual, quiso ver exclusivamente en Séneca el filósofo de los humildes y los pobres de la vida.

Se sabe que es apócrifo el Epistolario cruzado entre Séneca y San Pablo, en los orígenes del Cristianismo. Lo cual lo estudiaron Fléury, en «Séneque et Saint Paul», y Aubertín en «Rapports supposés de Senéque et de St. Paul». Pero el hecho de que no se escribiera en realidad, no quiere decir que no hubiera podido escribirse idealmente. Tan es así, que los cristianos lo dieron por escrito, y tuvieron de Séneca una veneración cercana a la de un Padre de la Iglesia. San Agustín le envidiaba su ardor de mílite moral. «Ha hecho por la patria de la tierra lo que no hacemos nosotros por la patria del cielo», escribió en su Ciudad de Dios (V, 18) (Walter Burley, en pleno siglo XIV, le creía cristiano a Séneca.) San Jerónimo le llamada maestro Séneca. En el Concilio de Trento se le citó.

El cristianismo vio en Séneca todo lo que había en él de defensa ardorosa de lo débil e inválido para esa cosa tan ardua que es atravesar este valle de lágrimas. Non est delicatares vivere, había dicho Séneca.

La vida misma de Séneca había sido la de «un pecador» a la cristiana. Enfermo, cobarde, adúltero, traidor en ocasiones, solitario, soberbio, este alma constantemente atormentada luchó de modo desesperado por ponerse a flote, por serenarse, por encontrar una paz divina y una felicidad que era casi la cristiana. Dios para Séneca no fue el Dios cristiano, no estaba en la ultratumba. Pero Séneca, con el instrumento de la «virtud», algo así como el cilicio espiritual de los anacoretas, buscó una consolación inefable, un aniquilamiento final y decisivo, un «nihil admirari», un acallamiento tan absoluto de las pasiones, que Séneca se acercó no sólo al evangelio, a un Dios Padre Todopoderoso, sino a los mismos orígenes orientales del Evangelio: a un paraíso nihilista, al de Buda, al nirvana. Era su esencia cordobesa, oriental, la que a ello le empujaba. Hasta tal punto, que andando el tiempo, otro cordobés ilustre, el filósofo Abenhazan, se hermanaría con él en esos sentimientos. Eso lo vio muy bien el investigador de Abenhazan, nuestro Miguel Asín y Palacios: «Sin grande esfuerzo podrían encontrarse pensamientos de Abenhazán análogos, hasta en la forma de expresión, a sentencias de su paisano Séneca; sin embargo, no estimo que tal analogía se deba a nexo real y directo entre el pensador musulmán y la tradición senequista española, sino más bien a influjo de los moralistas árabes del Oriente.»

Es indudable que en la doctrina estoica de Grecia y Roma tuvo que tener el Oriente un influjo más decisivo del que se cree. Quizá está estudiado ese influjo. Yo no lo sé, pero lo intuyo y me complacería que alguien me lo indicare. Lo cierto es que en Séneca, con mucha más fuerza que en Zenón, en Atalo, en Epicteto o en Marco Aurelio, surge ese sentido moral tan contrario al típico de Occidente, creador, optimista, fuerte, demoníaco.

El estoicismo fue una filosofía para vencidos y para humillados, o para almas reblandecidas y románticas.

Fue la filosofía de un esclavo: Epicteto. De un político fracasado: Cicerón. De un príncipe soñador: Marco Aurelio. De un tísico y asmático, desterrado y condenado a muerte, como Séneca, que despreciaba el cuerpo. («Da a tu cuerpo lo suficiente para ir tirando». «Creo haber padecido todas las enfermedades, hasta las más peligrosas. Pero ninguna tan terrible como ésta que los médicos llaman la 'meditación de la muerte' (el asma).»

Séneca es el cantor de la muerte, el filósofo que mejor acaricia la «agonía y tránsito de la muerte», como diría luego otro senequista nuestro, el beato Avila. Siempre la tiene presente: «Mi disposición de ánimo al escribir esta carta es como si la muerte hubiese de llamarme mientras estoy escribiendo», escribe a Lucilio en la Epístola LXI. Y toda su preocupación es cómo habrá de distribuirse el tiempo, [9] que es un camino o viaje hacia la muerte (De temporis usu).

Junto a la contemplación de la muerte, la de la pobreza: «El camino más corto para poseer riquezas es despreciarlas.» Y junto a la pobreza y la muerte, el consuelo de la enfermedad: «Morirás porque vives, no porque estás enfermo.»

Muerte, pobreza, enfermedad, ¿no fueron las tres pruebas de Sakyamuni, de Gautama, del más eminente representante del genio de Oriente Buda? O bien, ¿no es ese sentir senequista el mismo, bíblico, de Job? «Todo se debe soportar con paciencia.» «¿Estoy enfermo? Disposición es del destino. ¿Han muerto mis esclavos? ¿Me apremian mis acreedores? ¿Se ha derrumbado mi casa? ¿Me sobrevienen pérdidas, heridas, desgracias y temores? Común es todo esto, amigo, y debe acontecer. La Providencia lo ordena y no la casualidad.» ¿No es esto Job? ¿No es esto el fatalismo esencial de Oriente? Por eso una de las claves de Séneca es su concepción del Sino, de lo Fatal, del Hado. «Darse y obedecer al Hado»: he ahí su consigna «Sequere naturam».

Pero precisamente en ese «sequere naturam» es donde el Catolicismo, alarmado abandonaría a Séneca, para los herejes y los paganos. Nuestro tratadista Antonio de Torquemada, lo puso bien en claro en su «Jardín de flores curiosas» (1573).

Además, Séneca representó para el Cristianismo –por lo demás, como los otros estoicos– el tipo del futuro confesor, del cura de almas. No sólo en casa de los ricos y los poderosos, sino cerca de todo el que sufría. Los Consuelos de Séneca a Marcia, a su madre Helvia y a Polibio, son los libros más cristianos escritos antes del Cristianismo. La prueba es que tuvo imitadores como Boecio en De consolatione, autor que tendría una larga influencia en las literaturas románicas medievales.

Y como los «Consuelos» de Séneca, fueron sus concepciones de la Vida beata, feliz, su tratado de la Ira, de los Beneficios: yacimientos de moral cristiana.

Creer que Séneca representó a lo largo de la Edad Media y luego en el Renacimiento solamente una precursión del liberalismo, del laicismo pagano, es un error, como ya avancé hace un momento. De ahí que en pleno Renacimiento reformista, en que los heréticos trataban sacar de Séneca sólo la parte individualista y rebelde, haya ingenios católicos que busquen la adecuación y armonía de las dos vertientes senequistas por mí señaladas.

Esa fue la tarea de un Justo Lipsio, bastante afortunada. Y, la menos dichosa, de nuestro gran Quevedo. Quizá es hoy la misma mía, interrumpida un día español del siglo XVII por el autor del «Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica».

martes, 17 de mayo de 2011

España y Roma IX


La vida y la obra de Séneca es algo tan dramático y paradójico, que sólo un español que vaya sabiendo el secreto de lo español, puede, en el fondo, comprenderlas.

Es indudable que Séneca significó por un lado la maximalidad del espíritu antiguo: la virtud, el culto al héroe, el respeto de las jerarquías. Pero no es menos indudable que Séneca fue el primer sensible al nuevo espíritu que iba a avecinarse, al espíritu más anticesáreo: el de los débiles, los enfermos, los esclavos, los inferiores, los cobardes, el espíritu de masas gregarias de los «humillados y ofendidos», que diría luego Dostoyewski.

Por eso en Séneca se encuentran igualmente los fundamentos de una filosofía de la voluntad, de la virtud pagana, del Héroe, que las bases de una doctrina de resignación, de despojamiento, de la pobreza y de lo miserable que es la vida.

Y es que la clave de Séneca no es sólo la época en que florece, tan apta para esa incertidumbre, para ese barroquismo moral. La clave de Séneca es que Séneca era un alma de Córdoba (llena de gérmenes orientales, de renunciación y nihilismo), con cultura y educación griega, occidental, «europea». Y en ese choque de entrañas cordobesas con dialécticas áticas, surge su patético y dramático sentido de la vida: el senequismo.

Algo tan complejo y hermoso, que el senequismo parece haber quedado como el sustrato definidor de toda una filosofía española que no existe, que no existe más que en nuestro aire, nuestra sangre, y entre las páginas estremecidas de los mejores espíritus de España.

* * *

Ese cruce y patetismo del genio del Oriente y del genio del Occidente, tan característico y definidor del genio de Séneca, era, sin embargo, el mismo crismático de Roma. Por eso Séneca representa a Roma fundamentalmente, en sus fundamentos más permanentes, no en los contingentes y pasajeros de «lo antiguo» o de «lo moderno».

Nadie entenderá de veras a Séneca, si lo enfoca de otro modo. Todo lo más tomará de Séneca la vertiente que mejor le vaya a sus particularismos políticos o ideales.

Séneca, por eso, sufrió a lo largo de la historia, deformaciones interpretativas, singularistas e incompletas.

Unos, potenciaron su aspecto puramente cristianizante. Otros, su aspecto liberal, individualista y demoníaco.

domingo, 15 de mayo de 2011

Obispo Estenaga. Memoria Historica



Wikipedia

Narciso de Estenága y Echevarría (Logroño, 29 de octubre de 1882 - Peralvillo, 22 de agosto de 1936) obispo titular de Dora (1922-36), declarado beato y mártir por la Iglesia Católica Romana. Hombre de gran cultura, e inteligencia fue además amigo y confesor del rey Alfonso XIII.


Fue uno de los trece obispos asesinados por el bando republicano durante la Guerra Civil Española, víctima de la persecución religiosa, y el más joven de estos trece prelados.

Contenido
1 Vida
2 Beatificación y legado


Vida
Huérfano de padre y madre (jornalero y lavandera, respectivamente), fue llevado primero a Vitoria y luego a un colegio para huérfanos en Toledo, fundado por Joaquín de Lamadrid (que también sería asesinado en el mes de agosto de 1936), que quedó impresionado por la viva inteligencia del niño. Lamadrid le consiguió una beca en el Seminario de Toledo, graduándose en Derecho con brillantez y siendo ordenado sacedote en 1907. Además del derecho, sentía predilección por los temas históricos y los relacionados con el arte. Debido a sus talentos fue pronto nombrado canónigo por oposición de la catedral primada.

Amigo y confesor del rey Alfonso XIII, tras quince años de ministerio sacerdotal éste lo eligió como Obispo- Prior de Ciudad Real Prior de las Órdenes Militares, el 20 de noviembre de 1922, cuando contaba con cuarenta años de edad. El propio rey le invistió como caballero de la Orden de Santiago. Fue consagrado obispo en Madrid el 22 de julio de 1923 por el cardenal Reig, primado de España, actuando como padrinos el conde de Guaqui y la duquesa de Goyeneche. El 12 de agosto hizo su entrada en Ciudad Real. Intervino en el Congreso Catequístico Nacional de 1929, celebrado en Granada, en el Ibero-Americano de Sevilla y en el Eucarístico de Toledo.

Era correspondiente de las Real Academia de la Historia y de la de Bellas Artes de San Fernando, académico de número y director de la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, caballero del hábito de Santiago y caballero de la belga Orden de la Corona. Dominaba varios idiomas y fue autor de varias obras, entre ellas una historia de la catedral de Toledo que dejó inconclusa. El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, que le encargó, en abril del 36, el Elogio fúnebre de Lope de Vega, con motivo del tercer centenario del fallecimiento del Fénix de los Ingenios.

Cuando estalló la Guerra Civil se produjo una situación equívoca. El gobernador civil de Ciudad Real, Germán Vidal Barreiro, partidario de Casares Quiroga, promovió la moderación, pero no impidió las matanzas realizadas por milicianos. A pesar del peligro, el obispo decidió permanecer en su diócesis. Cuando los contingentes de la Guardia Civil que había en la ciudad fueron trasladados a Madrid, el obispo quedó a merced de los radicales de extrema izquierda. El 5 de agosto los milicianos asaltaron y registraron su palacio. El 13 de agosto fue obligado por la fuerza a abandonar su morada, junto con su capellán, Julio Melgar, instalándose en casa de un amigo, Saturnino Sánchez Izquierdo (quien posteriormente también sería asesinado).

En la mañana del 22 de agosto los milicianos se llevaron a la fuerza al obispo y a su capellán, que no opusieron resistencia. Conducidos a las cercanías de Peralvillo del Monte, a orillas del Guadiana y a ocho kilómetros de Ciudad Real, fueron asesinados a tiros. Los cadáveres fueron encontrados al día siguiente, y trasladados al cementerio de la ciudad, siendo enterrados en la sepultura del Cabildo. Con la victoria de los nacionales, su cadáver fue traslado a la catedral (10 de mayo de 1940).

Beatificación y legado
El obispo Estenaga fue beatificado junto con otros 497 mártires en Roma el 28 de octubre de 2007. La festividad litúrgica del beato Narciso y compañeros mártires del siglo XX en España se celebra el día 6 de noviembre.

El libro negro de la izquierda española




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Colección: Ideas
Materias: Historia de España, Política
Páginas: 512

sábado, 14 de mayo de 2011

España y Roma VIII



¿Qué representó Séneca para Roma? ¿Y Roma para Séneca? No quiero referirme sólo con esto a la opinión que los romanos tuviesen de Séneca o Séneca de Roma. {(1) En algunas de sus obras, Séneca alude concretamente a su estimación de Roma: «Una ciudad es que, sin duda alguna, puede considerarse como la mayor y más hermosa del mundo.» «De ella puede afirmarse que es universal y que puede pasar revista a todas las otras ciudades» (Consolación a Helvia, VI). A Séneca se debe la definición del mundo antiguo: el mundo antiguo llegaba hasta donde «romana pax desinit». Hasta donde Roma llegaba.}

Yo quiero al decir esto pensar en que no se ha visto todavía con claridad y exactitud –por nadie– lo que estos españoles antiguos a lo Trajano y Séneca, representaron para Roma.

Y es algo tan evidente y alucinante, que se me escapa de la pluma y de la boca el poderlo blandir.

Trajano y Séneca, en el mundo antiguo romano, representaron lo mismo que Carlos V y Loyola en el mundo católico romano, y quizá lo mismo de otras figuras incógnitas aún, que habrán de aparecer a su tiempo en el mundo social romano, que ahora se desarrolla.

Representaron los españoles ante Roma –pagana y cristiana– el «sentido máximo de catolicidad». «El supremo esfuerzo de la universalidad», cuando Roma comenzaba a perecer en su clasicismo nacionalista y en su estrictez católica.

Séneca, para Roma antigua, fue algo así como Loyola en la Roma cristiana. Los que la levantan en vilo, como titanes, y la muestran al orbe, cuando el orbe se iba fatigando de contemplar la urbe sacra, cuando el mundo comenzaba a mirar al Oriente evangélico y luego al Occidente luterano.

No es un azar que Séneca surja en Roma, en la llamada «edad de plata». Loyola, al final del Renacimiento, en el «barroco».

Es decir: cuando las cumbres romanas encanecían de nieves invernales. Cuando la vejez se aproximaba, y, con la vejez, la muerte.

* * *

Tengo mucho ansia por escribir alguna vez todo un libro sobre nuestro Séneca. Ese libro, que ya debiera existir en una España que tuviera conciencia de su hispanidad. Me ensayé hace años con una pequeña tesis para un examen de Filosofía. Luego, siempre que he podido, he vuelto a Séneca, lleno de una atracción en la que se mezclan el entusiasmo y la antipatía.

Para mí Séneca es una de esas figuras españolas que yo he llamado verticilares. Que son como vértices. Es decir: cimas donde se biselan dos vertientes: una que asciende, y otra que declina. Ese siglo verticilar me parece el más característico de los grandes representantes del espíritu español. Lo es Séneca en el mundo antiguo. Un Arcipreste de Hita o un Alfonso X en el Medieval. La Celestina, en el Renacimiento. Cervantes en nuestra edad áurea. Quevedo en el Barroco. Goya y Jovellanos en el siglo XVIII. Larra, Ganivet, en el XIX. Hoy, un Unamuno.

Séneca llega a Roma, como llegaron los otros españoles de la época: en calidad provincial: a educarse. Es decir, con un sustrato bárbaro, de lejanías deformadas y ruralidades subconscientes. Con ese sentimiento concentrado luego falsamente llamado «complejo de inferioridad», del que arrancan siempre, como explosiones, los ímpetus, lo revolucionario. La timidez desbordada en ímpetus, es lo que suele caracterizar al provinciano con talento. Hoy a Trajano, a Séneca, se les hubiese denominado arribistas. Y es que comportaban el impulso fresco, virgen, de su natividad bárbara, a un mundo demasiado capitalicio ya, y fatigado. Demasiado batido y peinado por una cultura ciudadana. Lo esencial en Séneca no fue su sabiduría. Sino su barbarie. Esto, que puede sonar a paradoja, es una gran verdad. Yo entiendo por barbarie de Séneca la aportación que hizo de un espíritu contrario y subversivo al imperante en la civilización normativa de Roma.

Séneca, que pasa por uno de los ejemplares más perfectos del hombre romano antiguo, no lo fue más que a medias. Y en la parte más externa y superficial.

A mí Séneca me recuerda esos rusos de tipo Dostoyewski que usan la cultura de la época con ademanes correctos, ordinarios, confundibles con los de cualquier otro hombre de la calle. Pero que al usar de ella, la abusan, al abrazarla, la estrangulan. La túnica de Séneca no era diferente de las túnicas que cruzaban por el foro o que aparecían en los escenarios plautinos. Como la chaqueta de Dostoyewski se confundía en París o Berlín, con las de los transeúntes más vulgares y de todos los días. Y, sin embargo, Dostoyewski, con sus novelas imitadas de originales europeos, preparó la revolución bolchevique, la ruina de Occidente. Y Séneca, con sus filosofías imitadas de Grecia, preparó el Cristianismo, la ruina del imperio cesáreo