viernes, 29 de enero de 2010

Vic, España, Europa...



"Un día millones de hombres
abandonarán el hemisferio sur para irrumpir
en el hemisferio norte.
Y no lo harán precisamente
como amigos: irán para
conquistarlo.
Y lo conquistarán poblándolo
con sus hijos. Será el vientre
de nuestras mujeres
el que nos dé la victoria."

Huari Boumedienne
(Presidente de Argelia, hablando en
las Naciones Unidas en abril de 1974)

jueves, 28 de enero de 2010

martes, 26 de enero de 2010

Tiempos de acero

Futuro y comunidad


El hombre es un animal social. Lo dijo Platón, y además es verdad. Si hay que elegir un error del liberalismo el primero es éste: que el hombre no está solo, que no puede estar solo, que forma necesariamente parte de comunidades, de una vida plural, y que si está solo -de una soledad no buscada- está enfermo. Y si busca la soledad en exceso corre el mismo riesgo.

La enfermedad del Occidente moderno es, pues, una enfermedad individualista, un afán loco de autodeterminación, en sí mismo ciego y estéril.

Nosotros somos parte de ese Occidente, y tenemos en parte ese problema. Unos más y otros menos, pero todos lo tenemos.

La mentalidad del francotirador es la de los privilegiados del Antiguo Régimen: "yo estoy por encima de la realidad, yo se cómo actuar, yo puedo vivir y actuar solo". ¿Es posible luchar así contra el caos? Durante un breve período, personas muy fuertes y muy formadas pueden lograrlo. Los santos pueden lograrlo incluso hasta su muerte. Pero los que no somos ni santos, ni fuertes, ni rigurosamente formados, no podemos. Yo no creo conocer a nadie que pueda. Y por consiguiente la mentalidad del francotirador es, desde nuestro punto de vista, tan estéril como la de los marqueses que en 1789 danzaban despreocupadamente sus minués mientras la chusma -sin verdaderos aristócratas- se disponía a la subversión.

La reconstrucción de las comunidades de hombres, después del caos, será sólo posible a partir de pequeñas comunidades en las que los valores se hayan encarnado. Esos valores no viven por sí mismos, ni viven en los libros, ni viven en el pasado, ni viven en hipotéticos francotiradores espléndidamente y jüngerianamente aislados. El aislamiento es una tentación evidente si se contempla la degeneración del mundo, incluyendo la degeneración de quienes teóricamente están a nuestro lado. Pero esa tentación es una excelente arma del sistema, que no teme a los francotiradores, como no temió a un Jünger.

Existe también la tentación inversa (pero no siempre excluyente): ¿por qué no vivir una vida "normal"? Esa tentación es la más evidente para todos, ya que todo nos llama a ello, a una vida social, profesional y moral normal. Pero ¿qué es "normal"? La normalidad posible en el mundo de hoy es la normalidad del sistema (o sea, que no es una normalidad sana y aceptable, hoy imposible), y está perfectamente diseñada para aplastar indoloramente cualquier veleidad revolucionaria. Así ha sido, y así será: ¿cuántos conservan su modo-de-ser-y-de-vivir después de centrarse en los estudios, de encontrar novia, de casarse, de hipotecarse, de trabajar, si lo hacen fuera de una comunidad de vida? Sólo los que rehuyen la aparente normalidad, porque los demás terminan siendo pasto de las hienas y esto sin excepciones notables y con extremos de abyección que no todos los jóvenes podeis imaginar.

Todo esto lo sabemos ya.

Tal vez sea además el momento de plantear algo esencial sobre tales comunidades, y sobre tal vida no-normal-y-no-aislada. ¿El rasgo de no-normalidad debe ser la nostalgia histórica? NO. La nostalgia histórico-estética -que no debe confundirse con la lealtad esencial a quienes nos precedieron en la vivencia de los valores- es castrante y esterilizante. Es una deformación de la realidad, negativa como lo es el individualismo o como lo es la rendición ante los altares de la "normalidad". Es una deformación de la que procedemos en cierto modo y que en cierta medida nos rodea, y que algunos han renunciado a combatir; sin embargo, debe ser combatida porque nuestra batalla -que es atemporal y en nombre de principios perdurables- debe ser combatida aquí y ahora, en este mundo y en esta realidad, que conocemos y aceptamos pero que combatimos. Ciertamente por "familias" o nidos de gente diferente a la "normalidad" y no por exquisitos intelectuales aislados ni por siervos del modo-de-vivir moderno; pero tampoco por nostálgicos de algo que no conocieron, que no vive y a lo que no pertenecen. La única virtud indudable de este nostalgismo -nunca confundir nostalgia con lealtad, porque la única nostalgia aceptable desde la lealtad es la nostagia del futuro- es que preserva durante un tiempo el grupo de combatientes frente al mundo; pero es precisa una reelaboración actual de formas y mitos que evite la artrosis pasadista.

Tres caminos equivocados por consiguiente:

1) Creer que es posible luchar solo, sin el calor de la camaradería. Puede creerse desde un mal entendido sentido de la superioridad (porque jerarquía implica precisamente comunidad), y lleva necesariamente al agotamiento, al hastío, al escepticismo, a la ironía sangrante, a la presbicia intelectual y al abandono.

2) Creer que es posible luchar desde la normalidad contemporánea. Puede creerse desde un temor reverencial y paradójico a la soledad y a la firmeza, y lleva necesariamente a la asimilación, a la entrega a plazos de la fortaleza del alma, a la conservación sólo de cierta retórica y de ciertos tics, a la palabrería, a la ficción, a la degeneración y al abandono.

3) Creer que es posible luchar desde la nostalgia formal o material. Puede creerse desde una profunda negativa a buscar formas nuevas para injertar los valores en el mundo de hoy, y lleva necesariamente a la sectarización -ésa sí, en el peor sentido-, a la negación de la realidad, a la desconexión del mundo y por consiguiente a la renuncia a hacer operativos nuestros valores, a trabajar y a imaginar, a la traición a lo que realmente representó en su tiempo el objeto de tal nostalgia, al coleccionismo y al abandono.


Un solo camino:

1) Luchar en equipo, en comunidad, en grupo, y esto tanto por razones morales como prácticas.

2) Luchar sin aceptar nada de la normalidad moderna, aunque evidentemente la inmensa mayoría de quienes nos ayuden en la lucha, de quienes luchen con nosotros, van a ser gentes empapadas en esa normalidad que en la vanguardia de la lucha no puede penetrar.

3) Luchar con la vista puesta en el presente y en el futuro de la parte de mundo que nos toca vivir, ya que la lealtad se cifra en valores, no en soluciones concretas ni en apariencias determinadas.


La amalgama necesaria de estas tres necesidades: el trabajo compartido, el genuino socialismo del esfuerzo, de la abnegación y de la disciplina. Ahí encuentran su explicación las tres renuncias y las tres exigencias, y ahí -en el camino, el el dolor, en la alegría del deber cumplido, en el seguimiento de órdenes netas- está el resumen también de nuestra propuesta. Porque nosotros no tenemos un programa, sino unos valores, que no es necesario escribir de otra manera que no sea en nuestra manera de vivir; a cierto nivel, nosotros no tenemos una solución, sino que nosotros debemos ser la solución. De esta precisa manera y no de otra.

Roldanus 2003

viernes, 22 de enero de 2010

Uno de nosotros




De uno de nosotros no hay que pedir normalmente ni promesas ni juramentos: nuestra palabra debe bastar. Quien da una palabra empeña su honor, y el de todos nosotros, y de su cumplimiento se deriva el valor que damos realmente a lo que decimos ser.

Para que un militante incumpla su palabra -es decir, no haga lo que se ha comprometido a hacer- han de darse razones realmente insalvables, distintas de su comodidad, de su conveniencia o de la aceptación social de su militancia, por ejemplo.

El silencio es mejor que la palabra. Quien hace y calla actúa mejor que quien hace y pregona su quehacer. Uno de los nuestros "es" de determinada manera, o trata de modelar su vida de determinada manera. En su tarea se expresa, mejor que con palabras, qué es y qué piensa.

Para percibir si un grupo de militantes, una escuadra o un cuib, funciona, basta ver una cosa: si cada uno de sus miembros tiene confianza absoluta en la palabra de los demás, y particularmente de su jefe. Esta confianza, forjada en largos períodos de trabajo, de cumplimiento, de mutua entrega, de esfuerzos, riesgos y sinsabores compartidos, es el mejor patrimonio que un grupo puede tener como tal, y es la mejor aportación que un militante puede hacer a su grupo. Lo contrario conduce al abismo pues, aunque parezca exagerar, como tantas veces hemos oído (y tan pocas veces escuchado) "uno empieza viviendo como no piensa y termina pensando como vive".

Lo único que cuenta es que hoy nos encontramos en medio de un mundo en ruinas. Y la pregunta que debe plantearse es la siguiente: ¿existen aún Hombres en pie en medio de estas ruinas? ¿Y qué deben o pueden hacer aún?

La medida de lo que aún puede ser salvado depende ... de la existencia o no de Hombres que vivan no para predicar fórmulas, sino para ser ejemplos; no para ir al encuentro de la demagogia y del materialismo de las masas, sino para despertar diferentes formas de sensibilidad y de interés. A partir de lo que, pese a todo, sobrevive aún entre las ruinas, reconstruir lentamente un Hombre nuevo, animarlo gracias a un determinado espíritu y una adecuada visión de la vida, fortificarlo mediante la adhesión férrea a ciertos principios. Este es el verdadero problema.

Una reflexión final: haced piña. Convivid. Dad vuestro tiempo y vuestra fe a vuestra comunidad, y más en los tiempos duros que vendrán. Haced fuerte, próspera, jerárquica y ejemplar vuestra comunidad militante. No sabemos cuándo, pero en los tiempos del caos que se avecinan se presentarán oportunidades que hoy ni soñamos y que no nos deben coger ni desprevenidos ni divididos. Por pocos que seamos -poco importa-, sigamos entregados a esta pasión, una pasión por lo bueno, lo bello, lo justo y lo verdadero que antes o después inflamará el mundo si antes ha inflamado nuestras vidas.

Si no lo ha hecho, si queremos pasar directamente de la convicción racional (superficial) a la acción sin pasar por la fe viva y vivida (profunda), no tendremos absolutamente nada que aportar al mundo moderno.

Roldanus 2003

Opera

jueves, 21 de enero de 2010

martes, 19 de enero de 2010

¡Viva la mierda en que estamos metidos!


Vileza y sacrificio

¡Qué vileza! Pero también, ¡qué sacrificio y qué abnegación! ¡Renuncia a ser intelectuales! ¡Abajo nuestro señorío! ¡Aceptar lo ínfimo, la mierda, el andrajo y el piojo del paria!

¡Es el sacrificio de una clase para otra! ¡Es nuestra cristianización!

¡Nada de medias tintas! ¡Abajo el ofensivo liberalismo!

¡Al liberal, al intelectual, no lo perdonarán nunca los que vienen!

¡No hay temor de que triunfen los reformistas, los constituyentes, los liberales, los burgueses!

Estamos ya de acuerdo los señoritos y los golfos, los estudiantes y la gente de la calle, para enfrentar a los guardias, símbolo de una clase social que quiere mantenerse en ruinas!

¡Viva la mierda en que estamos metidos!

Sobre esta mierda ínfima y humilde es sobre la que hay que edificar todo el nuevo templo. Porque esa mierda no lo es, sino que es oro, es un simulacro, es una falsa realidad, es la nueva sublimidad.

Y quien no lo entienda así, que se inscriba en el partido republicano radical socialista, por ejemplo.

O que se vaya, con Alcalá Zamora. Es decir, que se vaya a la verdadera mierda, que no es más que mierda de verdad, mierda burguesa sin disolverse ni pasteurizarse.

E. Giménez Caballero

lunes, 18 de enero de 2010

Comunidad






Creo que sería, no ya inútil, sino contraproducente, caer en el maquiavelismo y separar los distintos niveles de la lucha. Si aspiramos a la comunidad popular no hemos de esperar a conseguir el poder político, la influencia social, el predominio cultural necesarios para triunfar. Tenemos que empezar a vivir ya esa comunidad popular; fijáos sin embargo que digo vivir, y no construir: porque una característica reseñable del concepto de comunidad es su naturalidad. No estamos hablando de una construcción intelectual ni de una organización burocrática, sino de grupos de hombres y de mujeres surgidos espontáneamente, en torno a momentos comunes de sus vidas -el origen, la residencia, el trabajo, el otium,...- que intentan preservar y conquistar una identidad. La gran comunidad popular final será la articulación de todas esas comunidades que, humildemente, podemos empezar a construir, y la portadora de su identidad colectiva. Atención: del mismo modo que la simple adición de individuos no da lugar a la comunidad, la suma de pequeñas comunidades no tiene como resultado la comunidad popular: es fundamental la integración orgánica, natural, espontánea, jerárquica. Entrando en una dinámica de lucha popular-comunitaria garantizamos la fabricación de ladrillos, pero no estamos en posición de ver el conjunto del edificio...

A la comunidad popular por la comunidad popular. La principal virtud de una lucha social realizada a través de pequeñas células comunitarias es su vigor intrínseco, la facilidad con la que esas células se insertan naturalmente en el tejido social podrido y son capaces de darle nueva vida. La compacidad así lograda supera con mucho a la de cualquier organización jerarquizada tradicional, en cuanto que, desde estas posiciones, sería posible resistir al medio y ganar, muy poco a poco, terreno.

Una segunda virtud de este modelo de lucha es que representaría potencialmente un modelo y un objetivo. Me explico: el ideal de vida no quedaría relegado a después de la victoria política, sino que ya antes de ella sería una realidad a la escala de las pequeñas comunidades, dedicadas o no, en todo en parte, a la política convencional.

En tercer lugar, la lucha comunitaria podría alimentar otros tipos de lucha, no sólo idealmente, como acabo de decir, sino también de manera más concreta y directa. Por una parte, la existencia de comunidades de vida y de valores garantizaría siquiera biológicamente para el futuro la existencia de militantes para los otros tipos de lucha. Por otro lado, esas comunidades, miembros de la sociedad pero a la vez radicalmente opuestas a ella, aliviarían la tensión soportada por los militantes de otros frentes, al no estar sometidos ya permanentemente a un medio en todo hostil.

También existen potenciales dificultades. La principal es el riesgo de sectarismo, que nos llevaría a una excesiva autocontemplación y a una renuncia a la actividad exterior para centrarnos en nuestro pequeño mundo, satisfactorio en sí mismo, pero limitado. No hay que olvidar que el objetivo es la comunidad popular a todos los niveles: si perdiésemos esa meta el proyecto comunitario no sólo habría sido inútil, sino que habría hecho estériles muchos esfuerzos....

Roldanus

domingo, 17 de enero de 2010

sábado, 16 de enero de 2010

viernes, 15 de enero de 2010

miércoles, 13 de enero de 2010

Heroes desterrados


General Moscardó (laureado individual); General Varela (bilaureado por sendas acciones en los años 20 y condecorado por Alfonso XIII); Capitán Henríquez Botella (laureado en 1944); Capitán Esteban Ascensión (por su defensa de la posición de Las Minas, en Vizcaya, durante la Guerra); Teniente Reinoso, Teniente Boza de Blas y el Teniente Ripoll (laureados en 1936); Teniente Alfonso Martínez (laureado en por los hechos de Cadellada, Oviedo, el 18 de octubre de 1936); Soldado Ponte Anido, muerto en la batalla de Krasny Bor, en el frente ruso, en 1943 como miembro de la División Azul. LAUREADOS Y RECORDADOS.

Defensa ordena quitar de los cuarteles los nombres de nueve laureados
www.larazon.es

Mota y Marin


Cuando el conde José de Maistre compuso, con su última sangre contrarrevolucionaria, el Tratado sobre el sacrificio, no podía sospechar siquiera que la unidad cristiana de la Europa, cuya agonía le apesadumbraba el ánimo, iba a revivir cien años después con el sacrificio de una generación y de unos hombres providenciales. Cada revolución nacional contemporánea, perfilando entre sí el contorno juvenil y unitaria del mundo que vuelve a convertirse unánimemente en un universo, ha necesitado la oblación de sus paladines o de sus más vaticinantes partidarios ante la muerte, la inmolación y el holocausto. Ungiéndose así de poderes sobrenaturales, han transmitido esta energía, como si fuera una arcangélica gracia, a su país y a su gente, a la masa total y espiritualizada de su pueblo.

La muerte ha vuelto, pues, a recuperar su prestigio y su influencia, fenecido durante el tiempo apocado y confortable de la hegemonía anglosajona, ya que mientras Inglaterra conservaba sus instintos violentos de bucanera y de alimaña feudal, corroía el temple y la moral aristocrática de las demás naciones con lágrimas ante el verdugo, sensiblería en los folletines, opio para los chinos y anestesia para todos los dolores entrañables y germinativos de la Cristiandad, esta época se espantaba, se avergonzaba de la muerte heroica como de un pecado tan morboso, como de un vicio tan infame, que era menester la hecatombe impersonalizada de la guerra para que de cuando en vez se satisfacieran y aplacasen las virtudes militares y generosas del alma humana. Aunque esta coyuntura genérica para la expiación y para el duelo mortal, que nos salva a los hombres, perdía el albedrío de su sentido voluntario al ser todos reclutas al ser todos soldados y combatientes dentro de un servicio impuesto y obligatorio. Morir en la batalla era como vacunarse contra la viruela o recoger la cédula de vecindad de cada uno, actos poco espontáneos y transmutadores.

La transmutación, la subversión creadora de nuestro tiempo se debe a la libérrima actitud de las juventudes actuales, resucitando, gracias a sus genios telúricos, a sus estirpes y a sus antiguas castas, la importancia individual y colectiva de la muerte para plasmar una vida nueva, si la queremos con la volición más honda de nuestro ser.

Hay un linaje entre las soleras de la Europa juvenil que, obedeciendo las palabras del emperador Juliano sobre los dacios de la Edad Clásica, “apréstanse a la muerte con más gozo que para ningún otro viaje”. Me refiero a la Dacia moderna, a la Rumania, donde la progenie dacio-romana se había esclavizado; pero donde el esclavismo, seductor y enervador, no ha roto la vetérrima fiereza de Decébalo.

Si contempláis la columna trajana en el Foro de nuestro Emperador, aquellos dacios vencidos en el siglo II aún alientan, recobrando con la supervivencia su altiva dignidad, encima de la Rumania legionaria. Porque no le temieron a la muerte aun no han muerto, ni morirán jamás. Y aquí se nos presentan con sus cándidas camisas galanas y sus facies con un fervor íntimo y fuerte como Ion Motza, Vasile Marín o el mismo Codreanu, quienes ya habían esperado pétreamente en el Foro Nuevo el retorno primaveral de ese viaje hacia el sacrificio de su sangre.

Aunque Ion Motza no es sólo el campesino dacio-romano cumpliendo desde el canon de la indumentaria hasta las minucias de la conducta, todas las tradiciones de su tierra y de su estirpe, sino también como educado junto a su padre, el protopope Ion, y sus abuelos paterno y materno, los popes ortodoxos Juan y Nicolás, o sea en una atmósfera litúrgica, ritual y eclesiástica, era un alma mística y teológica dentro de un cuerpo, que se asemejaba muchísimo en su rostro, apasionado, y puro, a San Juan Evangelista pintado por el Greco. La existencia entera de Ion Mofta fue una preparación y una realización de la Apocalipsis, clamando y reclamando en la Rumania de los judíos, de los agiotistas y de los cortesanos, un juicio final, un castigo eterno y una eterna y gloriosa salvación para cuantos impávidamente seguían su Buna Vestire; es decir, su Evangelio.

Si en el lenguaje y en la narración de las parábolas evangélicas, Marta y María representan dos tipos de feminidad delante de Dios, también Vasile Marin e Ion Motza son un par de deberes y de caracteres diferentes sirviendo al unísono la idéntica liberación y restauración rumanas. No en vano el primer maestro de Marin fue Maurras, con sus silogismos nacionales y exactos, mientras que Motza se inspiró en mensajes divinos a través de San Miguel Arcángel - el icono de la cárcel de Vacaresti -, San Antonio de Portugal, la bizantina Santa Paraschiva o en la palabra del capitán sin mácula y sin tacha. Vasile Marin es un inteleclual, que por la compresión casi matemática de nuestro tiempo descubre la verdad tremenda de la Guardia de Hierro, mientras que Ion Motza fue siempre un legionario, un vanguardista de la Dacia de Ulpio Trajano y de Miguel el Bravo, porque sus razones polémicas no le venían de la inteligencia, sino que eran sentimentales, fanáticas, religiosas.

Los dos comandantes de la legión, Ion, el dacio de Orastie, y Vasili Marin, más refinado por la estética y por la vida urbana de Bucuresti, aunque hermanados por la vital coyunda de la generación, hubieron de coincidir en el augurio de que el porvenir de la Rumania legionaria dependerá de su intervención y óbito en la guerra española. Experimentalmente se habían sutilizado sus sentidos y las potencias de su ánima para la percepción de esta verdad futura. Durante muchos años Ion Motza fue el adalid de los estudiantes de las cuatro Universidades del reino rumano, contrastando en la lucha y en la prisión la supremacía de la acción predicada amorosa, pero férreamente, por Cornelio Zelea Codreanu. Marín fue en la política de la Corte y de los Ministerios, en la burocracia administrativa de la Gran Rumania, purulenta por los masones y los afrancesados, donde comprendió el valor supremo del credo legionario, cuyo éxito venidero no se conseguiría comicialmente, sino por las armas y merced a la sangre lustral de los mártires y profetas.

Dentro de la Rumania, que contorneaban el Nistro y el Ponto Euxino, como fronteras frente al Asia de los Soviets, y al aniquilamiento oriental y catastrófico transmitido en el Anábasis de Jenofonte, en la Rumania de la Dobrogea y de Ardeal, del Banato y de los Cárpatos, donde la Moldavia y la Valaquia medievales eran un corazón más albo que las camisas aldeanas, se habían agotado las razones para que la legión del Arcángel San Miguel ejemplarizara con sus sacrificios porque ya cuanto era posible para la Legión, se había consumado y opuesto al rey.

Mas en el Occidente de Europa se guerreaba contra el ocaso de esta misma civilización, que se llamaba occidental, o mediterránea, o cristiana, abrazando más bien con la magnanimidad de la Cruz las tierras levantinas y orientales, donde nace el sol y nuestras tierras del postrero crepúsculo o de su tramonto. Esto quiere decir que desde Rumania hasta España y en medio de ambas extremidades, se levanta una Cruz y hay un camino, que no es estelar, cual la vía láctea, ni tampoco el astral camino de Trajano o nuestro, camino de Santiago, sino su itinerario encima de los montes y de las llanuras, de los valles y de los precipicios para ir y venir, para el trajín y el tránsito de las legiones, de los peregrinos y de las santos.

Santo Domingo de Guzmán estuvo en Transilvania, y esta visita se la devolvieron, al cabo de centurias y siglos, Ion Motza y Vasile Marin, George Clime, Alecu Cantacu­zino, el pope Dumitrescu, Banica Dobre y Nicola Totu. Los siete legionarios que llegaban según la confe­sión providencialista de Ionel, «en defensa de la Ley Tra­dicional, por la felicidad de la patria, por su re­surección, por la reconstrucción que le trae el capitán Cornelio Zeleo Codreanu«. Aquí se incorporaron en la compa­ñía veintiuna de VI VI bandera del Tercio, para dar señales de vida y de muerte, de presencia y de transfigura­ción, luminosa y perenne, delante de los suyos. Necesita­ban sucumbir para que la Cruz continuase erguida y la estirpe daciorromana no se extinguiera nunca. Sobre todo Ion Motza y Vasile Marin eran los predestinados a perecer en Majadahonda el 13 de enero de 1937, que había de ser el año de la mayor sublimación legionaria. En adelante y después del juramento de la pureza de la Legión en honor de Vasile e Ionel, la sangre de estas víctimas expiatorias, propiciatorias será un grial y una argamasa para la restauración de la cristiana Rumania.

Los mismos enemigos de Majadahonda asesinaron con pólvora homicida a Alejandro Cantacuzino Nicolás Totu, Jorge Clime y Banica Dobre en la Rumania, sanguinaria de madame Lupescu. Cruento destino el de nuestra generación, que ha rehabilitado la efusión de la sangre en be­neficio de sus patrias para que nuestros muertos sean la infantería imperial de una España resurrecta para que la Rumania de Trajano y Codreanu sea indestructible, porque Ion Motza, y Vasile Marin exigieron que los sepultaran jun­to a sus cimientos.

JUAN APARICIO

martes, 12 de enero de 2010

Por muchas placas que quiten no borraran la historia. 35 años despues de muerto los valientes de la progresia caviar quitan placas.



ELMUNDO.ES
Actualizado martes 12/01/2010 09:14

El Palacio de Capitanía luce desde este lunes dos nuevas placas transparentes en su fachada en las que se recuerda el origen del edificio y su trayectoria histórica. Sustituyen a las que hacían alusión a los generales Emilio Mola y a Francisco Franco.


La medida se enmarca en la obligación que tienen todas las administraciones de retirar los elementos y símbolos del franquismo de los edificios públicos, tal y como establece la Ley de la Memoria Histórica. Así lo explicó la subdelegada del Gobierno en Burgos, Berta Tricio, quien recordó que la propia Subdelegación tuvo que retirar "el escudo preconstitucional" que lucía su fachada.

"Es una decisión que emana de la Ley y que se ha ido tomando en las distintas dependencias Ministerio de Defensa", recordó. Así, la placa conmemorativa que recordaba que la junta de Defensa del general Cabanellas nombró en este Palacio a Franco jefe del Estado del bando nacional en el año 1936, se despidió del emblemático edificio sito en la plaza Alonso Martínez. La otra placa retirada recordaba que Capitanía fue "cuna del Alzamiento Nacional" y residencia del general Mola, quien dirigió desde allí sus operaciones.

Sin previo aviso
La retirada de estos dos elementos sorprendió a los ciudadanos y al propio alcalde este lunes, puesto que se hizo sin previo aviso. Las nuevas placas recuerdan que el Ayuntamiento compró la Casa de las Cuatro Torres en 1877 para la Capitanía General.

Andreas Hofer



Andreas Hofer (Contea - Oltre il confine)

Andreas Hofer es el mayor heroe del Tirol. Este mítico personaje Europeo combatió a los ejércitos de Napoleon durante la ocupación francesa del Tirol. Ferviente patriota y cristiano defendió su tierra y sus tradiciones hasta que traicionado fué capturado y fusilado en febrero de 1810.
Estaba al frente de los grupos "Schützen", que eran guerrilleros patriotas que combatian todo aquello que amenazaba sus tradiciones y su cultura. Hoy día todavía existen.
La forma de combatir a los franceses en Tirol fué practicamente calcada a la de los españoles. Incluso a Hofer se le ha comparado por sus similitudes (físicas tambien) con el guerrillero popular salmantino Julián Sanchez "el Charro" que igualmente combatió en España a las tropas napoleónicas.

Andreas Hofer, otro gran heroe europeo.

La canción esta interpretada por el grupo italiano Contea.
Antes de la canción hacen una pequeña introducción relatando los hechos acontecidos

lunes, 11 de enero de 2010

Tolkien


“A veces me siento aterrado al pensar en la suma total de miseria humana que hay en este momento en el mundo entero: los millones separados los unos de los otros, estremecidos, prodigándose en días sin provecho… aparte de la tortura, el dolor, la muerte, la desgracia, la injusticia. Si la angustia fuera visible, casi la totalidad de este planeta anochecido estaría envuelto en una oscura nube de vapor, oculto de la mirada asombrada de los cielos. (…) Todo lo que sabemos, y en gran medida por experiencia directa, es que el mal se afana con amplio poder y perpetuo éxito… en vano: siempre preparando tan sólo el terreno para que el bien brote de él. Así es en general, y así es también en nuestras propias vidas. Pero aún hay alguna esperanza de que las cosas mejoren para nosotros, incluso en el plano temporal, por la clemencia de Dios. Y aunque necesitamos todo nuestro coraje y nuestras agallas (la vastedad del coraje y la resistencia humanos es estupenda, ¿no te parece?) y toda nuestra fe religiosa para enfrentar el mal que pueda acontecernos (como les acaece a otros si Dios lo quiere), aún podemos rezar y tener esperanzas. Yo lo hago.”

viernes, 8 de enero de 2010

Italia. Una derecha sin complejos

32 aniversario del atentado de Acca Larenzia.
Homenaje del Alcalde de Roma y la Ministra de Juventud





In occasione del 32° anniversario della strage di Acca Larentia, il Sindaco ha deposto stamattina una corona d’alloro sul luogo dove vennero assassinati due militanti del Fronte della Gioventù Francesco Bigonzetti e Francesco Ciavatta, mentre uscivano dalla sezione del Msi in via Acca Larentia. Presenti alla cerimonia il Ministro alle Politiche giovanili Giorgia Meloni e l'assessore alle Politiche Culturali Umberto Croppi.

http://duepuntozero.alemanno.it/?p=1570

Primero fueron dos niños, los hermanos Mattei, quemados por ser hijos de un dirigente local del MSI. Dos años después caía asesinado a golpes el estudiante del FUAN-Caravella Mikis Mantakas. Le seguirían durante los años siguientes Mario Zichieri y Bruno Giudici. Pero habría que esperar al año 1977 para que la izquierda diera un importante golpe contra el ambiente identitario romano.

Eran las 18:20 horas de la tarde del día 7 de enero de 1978. Tres jóvenes miembros del Frente de la Juventud del MSI regresaban de un concierto del grupo de música alternativa “Gli Amicci del vento” , hacia su sede local de Acca Larenzia, en el popular barrio romano de Tuscolino. En las inmediaciones de dicho local les esperaba un comando izquierdista que abrió fuego contra ellos, causando la muerte inmediata de Franco Bigonzetti, estudiante de medicina de 20 años y heridas de gravedad a Vincenzo Segneri y Francesco Ciavatta, estudiantes de 18 años. El primero pudo refugiarse tras la puerta blindada de la sede misina, el segundo sería rematado por la espalda mientras intentaba huir ya gravemente herido. El comando terrorista bajo las siglas Nucleos Armados de Contrapoder territorial reivindicaba el atentado de la siguiente manera: “Un núcleo armado después de un cuidadoso trabajo de contrainformación y control en el basurero de Via Acca Laranzia ha golpeado a los topos negros en el exacto momento en el cual estos estaban saliendo para realizar su enésima acción escuadrista. Que no se ilusionen los camaradas, la lista todavía es larga”.

Tras conocerse la noticia, miles de jóvenes tomaron las calles de Roma en actos de protesta por el atentado. En el marco de dichos disturbios caía asesinado de un tiro en la frente Stefano Recchioni, de 19 años, miembro de la sección de Colle Oppio del FdG y guitarrista del grupo “Janus”. El autor de los disparos fue el capitán de carabineros Eduardo Sivori, absuelto de cualquier cargo posteriormente. Justo un año después, en el curso de una manifestación de protesta por el atentado y sobretodo por la pasividad estatal ante estos hechos, muere también abatido a tiros por la policía el militante misino Alberto Giaquinto de 17 años, también su asesino fue absuelto sin cargos. Los asesinatos de Acca Larenzia marcan el inicio de los llamados “años de plomo”, una época en la que “matar a un fascista no era delito” y en la que las sedes de las secciones juveniles del Movimiento Social Italiano eran poco menos que fortines militares en plena guerra civil. Los asesinatos por parte de la izquierda ante la pasividad y en ocasiones complicidad estatal continuarán, y muchos miembros del Frente de la Juventud y del FUAN, siendo conscientes de que comunistas y democristianos eran enemigos por igual, se verán envueltos en una vorágine de sangre y violencia en muchos casos sin retorno. Como declararía Peppe Dimitri, militante identitario romano de primera línea, “Aquel día es como si hubiera desaparecido para nosotros cualquier tipo de esperanza. (…) Nos sentimos verdaderamente solos contra todos”. La cruda realidad del aislamiento y del hecho de tener en contra a todos los poderes despertaba bruscamente a los militantes dentitarios y nacionalistas italianos de los años setenta, ya huerfanos de Romualdi y de Évola.

miércoles, 6 de enero de 2010

Mundo moderno


Ya no hay más que categorías económicas, sin distinciones espirituales, sin diferencias en las costumbres (. . .). Ya no hay más que «modernos», gentes en los negocios, gentes con beneficio o con salario, que sólo piensan en eso y que no discuten más que de eso. Todos carecen de pasiones, son presa de los vicios correspondientes (…); se pasean satisfechos por el universo de baratija en que se ha convertido el mundo moderno, donde muy pronto no penetrará ningún brillo espiritual”

lunes, 4 de enero de 2010

domingo, 3 de enero de 2010