martes, 21 de diciembre de 2010

¿Condecorar a un asesino para celebrar la Navidad?


¿Condecorar a un asesino para celebrar la Navidad?

Santiago Carrillo ya es "hijo predilecto" de Gijón. En esta legislatura se han anulado concesiones del pasado a personas mucho menos manchadas. ¿Qué haremos con los etarras?


España sigue cultivando una forma especial de memoria histórica. Especialísima, en realidad, porque consiste en recordar sólo una parte del pasado, y sólo de una manera canónicamente establecida como dogma. Todo lo demás está, en cambio, prohibido. Esta semana de Navidad ha empezado con una prueba más del rencor miope de unos y de la cobardía obtusa de otros, que es la mejor sirvienta del resentimiento y de la ignorancia. Una vez más la ocasión de ponernos colectivamente a prueba nos la ofrece en su longevidad el ex secretario general del PCE, Santiago Carrillo.

Carrillo, un gran demócrata y un defensor de los derechos humanos y de las libertades públicas y privadas a lo largo de toda su vida, es desde el lunes 20 de diciembre de 2010 Hijo Predilecto de Gijón, por voto de los tres grupos municipales del Ayuntamiento. Sin demasiado pudor, la alcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso (PSOE), ha subrayado la trayectoria del premiado, incluyendo sin disimulo su participación activa en los movimientos revolucionarios de Octubre del 34 (un golpe de Estado antidemocrático, violento y sangriento). En aquel año Carrillo fue nombrado secretario de las Juventudes Socialistas, posición desde la que protagonizó la subordinación de esa parte del PSOE a la internacional de Stalin. Otro gran demócrata.

Ni siquiera voy a decir que me parezca mal el homenaje a Carrillo. Supongo que el héroe de Paracuellos tendrá sus partidarios y que la señora Felgueroso considerará memorable aquel pasado. Los representantes y representantas electos y electas de los gijoneses y gijonesas creen, por mayoría, que Carrillo "ha mantenido con coherencia sus ideas y la búsqueda de un país mejor, más libre y más justo para todos". Así sea: si quieren creer eso creo que deben tener libertad para decirlo, aunque necesitan seguramente informarse mejor sobre qué ha representado el comunismo en general y Carrillo en particular a lo largo del último siglo.

No es la primera vez que vivimos algo así. En marzo de 2005 nuestro mayor criminal de guerra, al menos vivo, ya fue homenajeado por toda la progresía española, encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero y servida lealmente por sus leales cipayos Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Rodolfo Martín Villa. En octubre del mismo año la Universidad Autónoma de Madrid lo hizo doctor honoris causa, y la cosa debió de gustar en ambientes palatinos porque el que entonces era rector hoy es ministro, fray Ángel Gabilondo.

Desmemoria histórica… para todos

Yo no creo que haya que juzgar a Carrillo. A diferencia de los progres, soy de los que creen que los crímenes prescriben, y esto en atención a lo que en la tradición europea llamábamos justicia. Pero desde luego es radicalmente injusto hurgar en el pasado esperando encontrar sólo bien a un lado y sólo mal al otro, como la Ley nos impone ahora en España. Juzgar a Carrillo sería un error, sólo menor al que supone convertir al viejo pistolero comunista en modelo de conducta o, valga la chanza, en defensor de las libertades. No hace falta ser el duque de Veragua para comprender lo macabro de la broma.

Aún no es día de Inocentes, pero esto es una muestra colectiva de pérdida de rumbo. Navegan sin rumbo las izquierdas que eleven esta memoria enfermiza a modelo de futuro. Y dan bordazos sin esperanza las derechas que les rían la gracia por miedo al qué dirán. Díganme por ejemplo, damas y caballeros del PP gijonés, con qué valor nos negamos ahora a homenajear, por ejemplo a la asesina etarra Mercedes Galdós Arsuaga. Claro, claro, mató incluso con sus manos a muchas personas, violando la ley y los derechos humanos y… ¿es que Carrillo hizo otra cosa? La "memoria" legalmente en vigor impulsa homenajes a criminales así y los anula, incluso retroactivamente y décadas después de su concesión, a los hombres y mujeres del franquismo, servidores del Estado durante décadas como bien sabe por ejemplo Martín Villa. ¿No sería mejor aplicar el mismo criterio, el que fuese, a todos?

El riesgo que corren ustedes es que los de la ETA y aledaños les tomen la palabra. Por eso, al final, quienes van a tener razón y desde aquí hay que dársela son dos ediles del PP gijonés, Pablo González y Dorinda García, que no votaron el homenaje a Carrillo. Quizá porque sospechen que con las mismas razones alguien no tardará en hablar del "valor y dignidad política y personal" de la etarra Galdós. Una vez que se empieza, siempre se puede llegar a lo peor

http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=111579

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