miércoles, 24 de noviembre de 2010

Divorcio a la italiana



domingo 29 de agosto de 2010
Divorcio a la italiana

La derecha italiana es la más sólida intelectual, cultural, propagandística y socialmente de Europa. Como tratamos por medio de un interesante video, todo ello es fruto de un concienzudo y honesto trabajo de años en el plano de las ideas que no se ha dado en el resto de países de nuestro continente, en los cuales se ha seguido el camino opuesto, -esto es, la rendición ante el modelo de sociedad progresista y la renuncia a la propia alma ideológica-. El resultado de ello es que la derecha italiana ha desarmado por completo a la izquierda, la cual se ve incapaz de poder plantarle cara electoralmente desde unos años para acá y que vacila entre un intento de “Viva Zapatero”, por parte de los radicales, y una extraña síntesis entre el antiguo Partido Comunista Italiano y el sector de la Democracia Cristiana más centrista que sin Romano Prodi como candidato nunca le gana unas elecciones a Silvio Berlusconi. El ejemplo que mejor plasma el gratificante efecto, provocado por esta importante y eficaz tarea, es un detalle que sería sorprendente en el resto de países, especialmente en el nuestro, como es la hegemonía de la derecha entre aquellos jóvenes italianos más activos en política.

Sin embargo, el conservadurismo italiano, englobado electoralmente en una gran coalición –hoy partido- que en cada cita electoral suele abrirse para contener desde pequeños partidos liberales y democristianos hasta a reconocidos neofascistas, con la secesionista Liga Norte incluida, tiene un grave problema: su líder, Silvio Berlusconi.

“Il cavalieri”, tan zalamero con el votante conservador como oportunista para sus intereses personales, no tiene fondo ideológico ninguno y solamente es un anticomunista por conveniencia, la misma que le impulsó a coquetear en los 80 con el Partido Socialista cuando su amigo, el corrupto primer ministro Bettino Craxi, le abría camino para que pudiera construir su gran imperio empresarial (un dato fundamental para conocer al personaje y que interesadamente los medios de comunicación suelen ignorar). Contemplando como el padrino Craxi huía hacia Túnez, tras la debacle del régimen de partidos políticos tradicionales que supuso “tangetópolis”, Berlusconi decidió saltar a la arena política creando su propio partido que, al nombre del grito de los tifosi “Forza Italia” y con unos cuadros compuestos por el personal de sus empresas, inauguró la etapa de la política espectáculo. Pero para dar consistencia al proyecto, que ganaría las elecciones de 1994, necesitaba como aliados a aquellos que intentando quitarse la naftalina de la República de Saló de encima, llevaban más de una década marginando a los camaradas del plomo y revisando el programa neofascista para adecuarlo al de un conservadurismo democrático, social e identitario. El postfascista Movimiento Social Italiano -que el delfín del histórico Giorgio Almirante, Gianfranco Fini, dirigía hacia la renovación- , y la entonces Liga Lombarda del polémico secesionista Umberto Bossi, serían los extraños compañeros de viaje del partido de “il Cavalieri”. Si bien con Bossi –que haría caer ese primer gobierno a los nueve meses- comenzaría una inicial historia de amor-odio que finalmente desembocaría en un sólido matrimonio de conveniencia, Fini iba a ser un fiel lugarteniente que llegaría al punto de -15 años después- fusionar a su Alianza Nacional, mediante la que había conseguido desvestir la camisa negra del MSI, con Forza Italia en el nuevo partido “Popolo de la Libertà”. Pero para este viaje no se necesitaban las alforjas. La vertiginosa transmutación ideológica de Fini -que se ha acabado situando a la izquierda de Berlusconi, después de haber empezado muy a su derecha- y una mezcla de indignación, por la escandalosa trayectoria berlusconiana, con el puro interés de un sexagenario que ansía suceder de una vez al playboy y magnate metido a estadista, ha elevado la tensión hasta el punto de producir la salida de Fini del recién nacido partido, tras protagonizar una tensa escena pública, en plena convención, en la que uno y otro se reprocharon a gritos los agravios del uno con el otro.

Y como en todo divorcio, quienes salen perdiendo siempre son los hijos del matrimonio. La derecha italiana tiene un lastre en su máximo líder. (....) ... Berlusconi es un -amoral y corrupto- cáncer que a largo plazo puede acabar carcomiendo ese vigoroso cuerpo sociopolítico y cultural con el que hoy cuenta “la destra”. Pero la alternativa ya no puede ser un Fini que hace tiempo que se pasó de frenada, convirtiéndose en el “Gallardoni” italiano. Precisamente es en la alcaldía de la capital donde corren aires de esperanza. En la ciudad eterna de Roma, emerge, cual nuevo césar, un nombre de pasado, presente y futuro, Gianni Alemanno, que es el retrato que falta en ese anuncio de La Gaceta en Intereconomía sobre la derecha en Europa.

http://aticoderecha.blogspot.com/

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