viernes, 8 de octubre de 2010

12 de octubre primer dia de Imperio



12 de Octubre: primer día del Imperio



Era nuestra Granada.

Isabel y Fernando –Yugo y Flechas– habían cerrado con la cristianización de los minaretes de la ciudad mora, el broche de la reconquista que iniciara Pelayo en Covadonga.

España era nación, apretada en su unidad de destino.

La judería cruza las fronteras, o inclina su perfidia siónica ante la Cruz.

Los nobles comienzan a sentir su auténtica nobleza dentro de la órbita de una patria en la que anochece el feudalismo.

Cisneros canta a España por las tierras de Africa. El Mediterráneo es para nosotros y suena en el viento la gloria del Gran Capitán.

Nuestro destino está trazado y perfilada en la Historia nuestra razón de ser.

Agoniza el siglo XV. La antorcha civilizadora empieza a deslumbrar las conciencias dormidas de hierro y Edad Media, y es precisamente entonces, cuando el visionario Cristóbal Colón, cuenta a la Reina Católica sus sueños de horizontes y lejanías.

El orbe de la cristiandad que más tarde tendrá su centro espiritual en Valladolid con el César Carlos y en El Escorial con el Rey Felipe, siente paroxismo de Imperio, voluntad de expansión y ansia de almas y horizontes para la Justicia y para Dios.

Pero el mar es la frontera que rodea nuestra sed de infinito.

Ya no hay Santo Sepulcro que conquistar en Oriente, se han vencido los símbolos islámicos en el Continente; el Mediterráneo es pequeño para las pupilas de nuestros navegantes y en las tierras de Europa que más tarde cruzarán en triunfo los estandartes del César, no hay empresa universal que cumplir.

España, ecuménica, imperial y romana, sólo tiene abierta una ventana grande a la altura de sus destinos: el azul sin fin del océano, tras el que todas las auroras los sueños de Colón, ven desde los alféizares granadinos, abrirse nuevas rutas de luz para la Historia.

Isabel, guerrera y santa, vende sus joyas de reina pobre y abre con el sacrificio las puertas del más allá para la gran empresa de España.

Hay quehacer en las dársenas de los armadores, recluta de navegantes audaces, hondos suspiros de esperanza brava en los pechos morenos de los Pinzones y un constante bisbiseo que corre por todos los labios de la Península: «Por orden de la Reina se va a buscar un nuevo camino de las Indias.»

El ansia popular se va incorporando a nuestra primer aventura imperial.

España ha comenzado su quehacer y un buen día, nublado de interrogantes en el cielo y de rumores de despedida en la tierra, los baupreses de tres carabelas, que danzan sobre las aguas andaluzas, enfilan azules marineros, hacia las tierras del Imperio que todos presienten en la alegría de las entrañas desde los ventanales góticos de nuestra Rábida que hoy está de luto.

Y allá van, los precursores de Elcano –«Primus circundidiste mihi»– dueños de la esfera sobre la teoría del mar, a crear nuestra gloria que nadie en el planeta podrá igualar ya nunca. España va a descubrir tierras que luego conquistará para la Raza.

Marchan día y noche con el alma despierta; una incertidumbre y una esperanza en cada suspiro. Bajo los cielos inmensos del Atlántico, Flechas y Yugos, junto a la Cruz de la Victoria, abren frente hacia el «Plus Ultra» desde la majestad hinchada de las lonas que no rondan gaviotas.

Sobre el mar y bajo el cielo, les acompaña sólo Dios.

Hasta que al fin, un 12 de Octubre, Este dispone que sea el primer día del Imperio.

Las primeras islas de las costas americanas, se perfilan ante sus ojos, y es un mundo inmenso y único el que Dios ofrece a los héroes de la Reconquista. Para los que alzaron la Cruz por los riscos astures de Covadonga ocho siglos atrás, para los héroes de Las Navas de Tolosa, para los conquistadores de la Alhambra, un premio divino: América.

Hay concierto de fieras y pájaros entre la flora extraña de sus selvas perfumadas. Los aborígenes hincan en tierra la rodilla ofreciendo sus frutas y metales, hay un temblor de advenimiento en toda la increíble geografía, y en medio de este apoteosis triunfal, Colón el visionario clava la cruz entre las flores de canela y toma posesión de aquella tierra virgen en nombre de sus Reyes y para España y Dios.

Fue aquél, el primer día del Imperio.

12 de Octubre de 1492.


Federico de Urrutia

http://www.filosofia.org/his/h1937a1.htm

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