lunes, 27 de septiembre de 2010

Los caciques y la chusma



Por otra parte, siempre ha sido norma de vida para el caciquismo ampararse contra la ciudadanía en las bravuconerías de los delincuentes políticos. Así como los caciques de la Monarquía tenían sus chulos de distrito, los de la República -que muchas veces son los mismos, con ropaje republicano se valen de las bravatas del pistolerismo social-comunista, y hasta toman oficialmente su voz, pronunciando grandes amenazas contra la libertad de los ciudadanos que no se les someten.


La colectividad es objeto de la agresión bien combinada de esos elementos parásitos: Hay un consorcio inmoral de los que viven aprovechándose del mando, sin otro servicio que el de dañar a todos con su mal gobierno, y los que alientan con la ilusión de conquistar ese mando para gobernar peor. ...

El deber de los españoles que trabajan y no comen de la Política, y de todos los que conservan la honrada repugnancia contra todo intento de absorción roja, es atacar valientemente, ferozmente si es preciso, las agresiones combinadas de los caciques y la chusma incivil.

Hay que romper la farsa de quienes se atribuyen la exclusiva de los derechos populares. Urge acreditar que el pueblo, alejado ordinariamente de la calle y de la bulla política por la necesidad de trabajar, sabe imponerse también en la calle, mantener su propia libertad frente a la insolencia de las infames bandas de alborotadores.

Es falso que los obreros, la masa honrada de trabajadores manuales, esté al lado de sus caciques, ni mucho menos en unión de la gentuza que deshonra la libertad republicana. Sabe mucho la gente trabajadora de desengaños políticos y conoce bastante con qué arbitraria facilidad se toma su nombre con el solo objeto de defender los privilegios de enchufistas y niños bien.

(Anónimo. Libertad, núm. 32, 18 de enero de l932.)

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