miércoles, 16 de junio de 2010

Plaza del Castillo. Rafael Garcia Serrano


Intereconomía rescata "Plaza del Castillo", de García Serrano

Manuel R. Ortega

Fue, y con razón, el cronista literario de la Guerra Civil desde el bando nacional, el autor de una Anábasis azul, como otros lo fueron desde el bando contrario.

18 de diciembre de 2009

Rafael García Serrano, Plaza del Castillo. Biblioteca Homo Legens. Madrid, 2009. 24 euros.

Hubo más, por descontado. Pero la trilogía novelada por excelencia de los nacionales y especialmente del ámbito falangista, escrita por quien no sólo vivió los hechos sino que los protagonizó, corresponde a la pluma de Rafael García Serrano.

Hoy el escritor navarro es, como otros de su época y adscripción ideológica, un apestado. Y pese a ello sus ediciones, algunas cuidadas y otras semiclandestinas, continúan cosechando éxito. Hace ya unos cuantos años El Mundo llegó a incluir Plaza del Castillo en una de sus promociones. Por algo sería. García Serrano vende. Y está bien que lo haga.

Casi nadie en Francia -siempre quedan policías del pensamiento en todas partes- niega el carácter de grandes literatos a nombres como Céline, Brasillach o Drieu, entre otros muchos más. Tampoco podrá negarse que, con toda su carga ideológica del lado zurdo, La forja de un rebelde de Arturo Barea, e incluso La esperanza de André Malraux, son dos obras representativas del guerracivilismo literario en su campo. Sin embargo, hacer lo propio con los escritores españoles del bando nacional continúa abriendo la caja de las persecuciones y del muro de silencio. Un muro más virtual que real. Ahí está, estos días, la noticia de que el Madrid, de Corte a checa de Agustín de Foxá ha incrementado sus ventas después de que los nietos de Lenin, haciendo gala de libertad de expresión, prohibiesen un homenaje al escritor en Sevilla.

Setenta años después del fin de la lucha fratricida, hay quienes se emperran en ganar una guerra entonces perdida y con los enemigos de enfrente desaparecidos. Obviamente, las páginas de Plaza del Castillo rebosan de pensamientos políticamente incorrectos para los guardianes de la ortodoxia literaria e intelectual. ¡Como si la obra de García Serrano, y de otros muchos, no hubiera que leerla poniéndola en relación a su contexto! Cuenta José María Doménech en el estudio introductorio de esta edición, parida por el esfuerzo recuperador de la editorial Homo Legens que dirige el profesor Javier Paredes, que el escritor navarro tuvo dos características: ser católico y falangista. Doble pecado, por tanto, para ser condenado como un maldito en nuestros días. Lo peor de todo no es ese velo de censura al que han sido sometidos, sino el desconocimiento, porque la trilogía de la Guerra Civil de Rafael está formada por novelas costumbristas, cargadas de sentimiento, de vivencias y de anécdotas reales convertidas en literarias, y con el dominio suficiente para pasar de lo más coloquial a lo más elevado sin caer en la grandilocuencia.

Al fin y al cabo, Plaza del Castillo no sólo es la novela de los días previos a la sublevación del 18 de julio en Navarra y Pamplona. Es la de los Sanfermines de 1936, la de los usos y costumbres de la capital navarra en aquellos tiempos, la de las tradiciones que se remontan a lo más profundo de las memorias de los pueblos. También es la de los preparativos de la conspiración, la camaradería, la lucha y la muerte, la amistad por encima de la ideología y el amor. Hay frases que descolocarían a los nuevos inquisidores, como aquella en que el capitán Contreras, uno de los conspiradores presos, ve ondear la bandera republicana y lanza una reflexión a sus camaradas: "Pienso que es la bandera de mi patria y que si alguien la atacase me gustaría defenderla a modo (…) a mí la Monarquía y la República me traen sin cuidado y las mismas diferencias tengo con Don Alfonso que con Don Manuel". Por no hablar de esa otra que algunos no aceptarían que saliese de la boca de un nacional: "Me produce mucho más miedo un banquero español que ese pobre Lenin español con su tartera de caviar y dinamita". O incluso aquella de un voluntario a otro: "La historia ha pasado junto a ti y tú pensabas en una chica. Es bonito, hombre".

Y tanto. ¡Bendito maldito!


http://www.elsemanaldigital.com/articulos.asp?idarticulo=103633

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