lunes, 7 de junio de 2010

El orgullo hobbit de un profesor de Instituto


El orgullo hobbit de un profesor de Instituto

Una razón para despreciar los recortes de ZP: dar clase es cobrar (aunque sea poco) por hacer lo que me gusta. Y encima de vez en cuando por encontrar seres humanos con sentido propio.

Ser profesor e intentar enseñar es, entre otras cosas, una fuente de continuas sorpresas. El contacto con la humanidad discente causa sin cesar alegrías y penas, raramente indiferencia. Se puede teorizar mucho sobre todo esto, pero al final los hechos son los que son: abandonar un centro de enseñanza produce irremediablemente pena, llegar a otro una ilusión que en principio parece no compensar lo perdido… y cada año una breve lista de jóvenes esperanzas y sorpresas, de personas a las que vemos potencias y carencias, a las que esperamos ver triunfar y a las que a veces vemos, impotentes, fracasar.

Siendo todo esto cierto, leer o ver a un alumno ya crecido y maduro es una alegría adicional. Por eso hoy no quiero escribir en este blog, y lo cedo a Aitor Ibáñez Alonso, alumno hasta 2009, que no ha sido ni el mejor ni el más brillante ni el más popular, pero que ha competido seriamente por todos esos títulos y por alguno más, y con el que me une la complicidad que al fin nos reúne a todos los que alguna vez nos hemos sentido hobbits. Puede ser que no esté de acuerdo con todo lo que Aitor dice aquí; puede que sí. Lo seguro es que estoy muy contento de que lo haya escrito, y no negaré en ningún foro donde sea preguntado haber sido, en tiempos pasados, su tutor. Tampoco el de otros.

"Un ser humano para gobernarlos a todos", por Aitor Ibáñez Alonso

El mundo fantástico que Tolkien creó en El Señor de los Anillos tiene mucho que ver con la realidad. Todas sus criaturas, aparte de por su aspecto físico, tienen un carácter innato que las diferencian del resto y cada una de ellas canaliza también una parte de nosotros mismos, o de nuestras aspiraciones como colectivo social o a lo que deberíamos aspirar a ser en conjunto.

Las criaturas que más se asemejan al hombre contemporáneo (el hombre que surge del liberalismo decimonónico y cuya mentalidad perdura hasta nuestros días) son los enanos. Procedentes de un linaje tan antiguo como el mundo, los enanos son avaros por naturaleza cuyo afán por la belleza y la exaltación del trabajo del metal, hace que se genere en ellos la perentoria necesidad de conseguir más y más, por el mero hecho de acumular riqueza. Sin duda, los enanos son el paradigma del homo economicus: maximizadores del beneficio, racionalmente egoístas y con infinitas necesidades por satisfacer. Sin embargo, los enanos tienen un gran sentido de la palabra dada y no conocen la traición, solo la venganza si se actúa con mala fe contra ellos. Su lealtad inquebrantable nos hace ver que ante todo su ego no es absoluto y no ponen sus intereses por encima de los demás.

Siguiendo con el repaso a las criaturas fantásticas de Tolkien, hay que mencionar a los hobbits. En mi opinión, ese pueblo de perezosos y abotargados seres que viven en agujeros excavados en la tierra representan el ideal de sociedad pacífica y comunitaria o en otros términos: una comuna. Los hobbits son anárquicos, puesto que no tienen ni tan siquiera un servicio de policía en la Comarca e incluso dejan las puertas de sus casas abiertas. Beben cerveza, fuman pipa, y bailan, y cantan, y ríen y se hacen regalos en sus numerosas fiestas. Para mí, la Comarca y sus fraternales habitantes supone todo lo contrario a nuestra sociedad actual en la que el yo ha desplazado no sólo a la religión sino también a nuestros semejantes.

"Who wants to live forever" decía Farrokh Bulsara en aquella mítica canción. Pues bien, los elfos (los primeros nacidos) no se hacían esa pregunta. Aparte de la inmortalidad, los elfos eran las criaturas más hermosas de la Tierra Media, todo lo que crean es bello y puro y su cultura y artes les hacían poseedores de vastos conocimientos en la forja, manufactura, literatura, música, así como su gran capacidad para estar en armonía con la naturaleza. Es por ello por lo que los elfos son un ejemplo a seguir para todos los seres y un paradigma de máxima expresión del ser. Nosotros, en nuestro camino por conseguir la felicidad también queremos ser elfos, pero sin orejas picudas. Queremos que el tiempo no pase, mantenernos siempre jóvenes, buscamos el placer sensorial, en definitiva, vivir más y mejor. Sin embargo, una vida inmortal puede conllevar la infelicidad al ver que todo aquello que amas perece mientras tú sigues vivo volviéndote desdichado para la eternidad. Por eso, es por lo que muchos elfos mueren a causa de la pena.

La visión del hombre en el mundo de la fantasía tiene rasgos similares a la nuestra. No me extenderé mucho en ello porque la enseñanza que se puede sacar de ellos es poca. Los hombres han sido y serán corrompibles cuya dúctil voluntad se puede torcer como se puede comprobar en ejemplos como el de Isildur o Boromir. Aunque hay excepciones como Aragorn, esa es la tónica general y la que Tolkien quería reseñar. Como vemos, son un espejo de nosotros mismos y de nuestro afán de anteponer nuestros intereses en detrimento de los demás.

Si se le hubiera preguntado al profesor Tolkien cómo es el ser humano actual, seguro que nos respondería: "somos enanos, con voluntad de hombre, que pretenden ser elfos sin reparar en los otros hobbits" .

¿Que con cuál me quedo? No es ningún héroe, ni mago sabio, ni hábil elfo. Sin duda me quedo con un pequeño hobbit que en mi opinión es el protagonista de la obra. Me refiero a Sam, que se enroló en la misión de destruir el anillo por su amigo, y para poder ver elfos, y otras criaturas en su viaje, cuya lealtad y amor hacia Frodo se anteponen a la tentación del Anillo cuando él es portador durante un tiempo. Admiro sobre todo su sencillez y su mentalidad para ser él mismo: un hobbit que ama a sus gentes y a su tierra, y que no necesita ningún anillo de poder ni ningún tipo de medio fácil para vivir su vida.

EL SEMANAL DIGITAL

2 comentarios:

Sushi dijo...

Respecto a su anterior texto sobre el ser del militante, ¿dónde queda después de haber leído esto?

Hernan Perez dijo...

No le entiendo, ¿A que se refiere?