sábado, 29 de mayo de 2010

No está España, no, agotada, ni en definitivo naufragio


Con el mero hecho de querer y soñar para España una grandeza, se está ya en nuestras líneas, ayudando los propósitos nuestros. No importa que las querencias y los sueños se hagan o afirmen sin los contenidos que hasta aquí eran la sustancia tradicional de lo español. Pues la tradición verdadera no tiene necesidad de ser buscada. Está siempre vigente, presidiendo los forcejeos de cada día. Y no se olvide hasta qué punto ciertos valores palidecen, y cómo no es posible que un gran pueblo dependa por los siglos de los siglos de una sola ruta. No está España, no, agotada, ni en definitivo naufragio. Necesita voluntad, voluntad creadora, gentes que continúen y renueven su tradición imperial y magnífica.

Cuando se nace en una coyuntura floreciente de la Patria, los deberes son claros y a menudo tan rotundos, que nadie puede desconocerlos sin riesgo. Pero si la etapa es catastrófica, si la Patria es entonces un concepto al que todos los grupos e intereses adjetivan y desvirtúan, confundiéndola con su propio egoísmo, hay que ganarla y conquistarla como a una fortaleza. No hay Patria sin algo que hacer en ella y por ella. Ese quehacer es la dádiva, la contribución, el sacrificio de cada uno, para que la Patria exista y brille.

No hay comentarios: