lunes, 12 de abril de 2010

Katyn, la maldicion de Polonia ¿Accidente o seguimos con la estela del 11 M, Pim Fortuim, Haider...?



Katyn, la matanza que manipuló la izquierda durante 50 años
José Antonio Gundín


La muerte del presidente polaco, Lech Kaczynski, y de casi cien personalidades y dirigentes del país que le acompañaban al estrellarse el avión que les llevaba a la ciudad rusa de Smolensk para rendir homenaje a los veinte mil compatriotas asesinados en los bosques de Katyn, ha causado una gran conmoción internacional no sólo por la dimensión de la tragedia, sino también por la maldición que parece ejercer sobre Polonia aquel episodio histórico, el cual ha marcado de manera indeleble la vida del país durante los últimos 70 años. Sin Katyn y la barbarie que encierran sus fosas no se entendería a la Polonia actual, el prolongado sufrimiento de su pueblo, su obstinada lucha contra el comunismo, su abrazo de la fe católica y su permanente desconfianza hacia sus vecinos europeos que le dieron la espalda.

No les falta razón a los polacos para esa suspica. Katyn apenas si existe para los historiadores europeos, ya no digamos para los libros escolares. A pesar de situarse al mismo nivel de ignominia que otras matanzas del siglo XX, desde Auschwitz hasta los gulag, pasando por la Revolución Cultural, en Europa no se le ha prestado atención alguna y la inmensa mayoría de la gente jamás ha oído hablar de ella. Ni que decir tiene que España no es una excepción. Una película reciente, dirigida por el conocido director polaco Andrzej Wajda, ha permitido a los más jóvenes descubrir, con estupor, la existencia de esta barbarie del siglo XX que fue celosamente ocultada durante 50 años.

Y aquí es donde los intelectuales, los mandarines culturales y los guardianes del canon ideológico entran en escena, para vergüenza general. Al mismo Stalin que ordenaba a su policía secreta masacrar a veinte mil personas indefensas, prisioneras del Ejército Rojo, los poetas occidentales, con Neruda, Alberti y Sartre a la cabeza, componía himnos en loor del dirigente soviético. Por supuesto, cuanto el Ejército nazi descubrió la masacre, nadie creyó a los alemanes y todos dieron por buena la versión del tirano soviético: que los autores habían sido los esbirros de Hitler.

Esta ha sido la versión oficial, universalmente aceptaba por nuestros intelectuales e historiadores, de la masacre de Katyn hasta que en 1990, tras la caída del Muro de Berlín, quedó al descubierto la verdad que tan celosamente se había intentado ocultar y que sólo los polacos sabía sin ningún género de dudas. Fue el propio Gorbachov, con motivo del 50 aniversario de la masacre, quien públicamente reconoció la culpabilidad de Moscú. Veinte años después, hace apenas unos días, Putin pidió perdón por aquell crimen masivo.

Pero, ¿quiénes de nuestra intelectualidad, de nuestros historiadores, de nuestros mandarines cuturales serán capaces de admitir su ominoso silencio? Eso también es memoria histórica. Es lamentable que la tragedia del sábado haya actuado como triste recordatorio de que en Katyn yacen, además de veinte mil polacos salvajemente asesinados, la dignidad de la mayoría de los intelectuales europeos, empezando por los españoles.

http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=106304

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