jueves, 30 de julio de 2009

ETA vuelve a matar. Eta una cara mas de la izquierda.






Con la muerte hoy de dos guardias civiles en Palmanova (Mallorca), la banda terrorista ETA ha asesinado en lo que va de año a tres personas, todas ellas miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado, ya que la última víctima mortal de la organización terrorista fue el policía nacional Eduardo Puelles.

...en ese reparto de culpa, “la de la izquierda es mayor, porque desde el término de la Guerra Civil ha practicado sistemáticamente la demolición teórica de la nación española, haciendo suyos los planteamientos de los nacionalistas. Todos han hecho concesiones políticas, pero la izquierda además ha sintonizado ideológicamente con ellos”.
Jesus Lainz

Roma Madre





Roma, Roma, Roma: te saludamos con el triple saludo, madre, maestra y heroína. Todo nos habla de ti en el cerco nativo. Acueductos, arcos y columnas de la España romana, lusitana y tarraconense, nombres de ciudades y montañas, de mares y de ríos…Nosotros te vemos alegre, Roma joven, eterna y victoriosa, continuar tu camino infalible. ... la voz de España también grita: ¡Eia Eia, Eia! ¡Alala! Rafael Sánchez Mazas

miércoles, 29 de julio de 2009

martes, 28 de julio de 2009

Comunidad

II encuentro de asociaciones patriotas





Los próximos días 7, 8 y 9 de Agosto la Asociación Alfonso X ha organizado el II encuentro de asociaciones patriotas, el cual consistirá en una serie de actividades lúdicas y culturales para los asociados y simpatizantes de las mismas. Charlas divulgativas, deporte, música y cultura comprenderán unas jornadas de convivencia entre un magnífico ambiente de camaradería. Para más información en cuanto a horarios, precios, alojamiento…puedes dirigirte a nosotros por los medios habituales teniendo siempre a tu disposición nuestro e-mail info@alfonsox.org.


Asociación Alfonso X

lunes, 20 de julio de 2009

Fiesta 25 de julio tarde noche



Sabado 25 de julio tarde noche enviar correo a hpdelpulgar@gmail.com

Parrillada solidaria

No conformeTatoo


domingo, 19 de julio de 2009

sábado, 18 de julio de 2009

Derecha, historia y «memoria histórica»



ABC
Derecha, historia y «memoria histórica»
Por PEDRO C. GONZÁLEZ CUEVAS PROFESOR TITULAR DE HISTORIA DE LAS IDEAS EN LA UNED


La derecha gobernó durante ocho años, pero, en la práctica, no reinó -según el autor- porque el imaginario ideológico siguió en manos de la izquierda. Lo que explica, en parte, la derrota electoral. Debería reflexionar sobre su necesario rearme intelectual

LA sociedad española padece hoy una cierta inflación de lo que se ha venido a llamar memoria histórica. Desde hace tiempo, la izquierda política y cultural denuncia una supuesta amnesia con respecto a la Guerra Civil y al franquismo. Algo que, dicho sea de paso, desmiente la copiosa bibliografía dedicada a esos temas. En esa denuncia, la apelación a la memoria histórica ha tenido un papel de primera magnitud. El peligro que encierra ese concepto es su carácter abiertamente polémico. Y es que la memoria histórica tiende a presentarse como una especie de moral de sustitución, cuyo leif motiv es fundar la identidad de grupos e individuos; lo que implica un culto al recuerdo y a la conmemoración de ciertos acontecimientos.

Es, además, selectiva por naturaleza, ya que tiene por base una discriminación partidista de los hechos. En ese sentido, como señaló Tzvetan Todorov, la memoria histórica y la historia representan dos formas antagónicas de relación con el pasado. La primera se basa en la conmemoración; la segunda, en la investigación. La memoria histórica está, por definición, al abrigo de dudas y revisiones; mientras que la historia es esencialmente revisionista, porque ambiciona establecer los hechos y situarlos en su contexto, para evitar anacronismos. La primera demanda adhesión; la segunda, distancia.

Con su utilización de la memoria histórica, la izquierda ha renunciado al principio de reconciliación nacional para pasar a una beligerante campaña en favor de los vencidos en la Guerra Civil española, cuyo objetivo último es la deslegitimación histórica y política de la derecha. Novelas, películas, ensayos, tesis doctorales, desenterramiento de cadáveres en fosas comunes, etcétera; todo ello se ha erigido en voz y símbolo del bando republicano. En esa campaña, se ofrece una visión profundamente maniquea de los acontecimientos. Los republicanos aparecen como depositarios de las virtudes cívicas; mientras que los rebeldes son la encarnación de todos los males.

En el fondo, viene a identificarse antifranquismo y democracia; lo que significa una gravísima manipulación histórica. Porque los socialistas revolucionarios, los comunistas y los anarquistas -lo mismo que sus aliados internacionales- no combatían en defensa de la legitimidad republicana, sino por la construcción de un sistema social y político antidemocrático y colectivista. De ahí que numerosos liberales, como Ortega, Lerroux, Menéndez Pidal, García Morente, Marañón, Cambó, etcétera, apoyaran a Franco en la Guerra Civil. De esta forma, la izquierda falsea la dinámica política de los años treinta.

Frente a esa ofensiva, el Partido Popular apenas tuvo algo que oponer. Desde los años sesenta, la derecha no sólo renunció a la lucha por la hegemonía cultural, sino que padece un claro síndrome de autocrítica cuasimasoquista; y, en consecuencia, aceptó la visión del adversario. Prueba de ello fue, por ejemplo, su apoyo a la concesión de la nacionalidad española a los supervivientes de las Brigadas Internacionales, que fueron presentados ante la opinión pública nada menos que como «voluntarios de la libertad».

Pero la manifestación más llamativa de esa actitud la protagonizó José María Aznar, al reivindicar la figura de Manuel Azaña; lo que fue un error por partida doble. En primer lugar, porque ensalzó a un intelectual mediocre, de quien lo mejor que puede decirse, como hizo Lázaro Carreter, es que fue «un utopista a quien el cielo castigó concediéndole el poder». ¿Acaso no existía la figura egregia de Ortega y Gasset, como posible referente intelectual de la nueva derecha española? Y, segundo, porque, como señaló el ex comunista Jorge Semprún, en sus Memorias, aquel gesto demostraba que eran «los valores de los vencidos de la Guerra Civil los que fundan la ley moral». Además, aquellos gestos no tuvieron su reciprocidad en la izquierda, cuyos intelectuales criticaron el homenaje tributado por Aznar a Antonio Cánovas, en el centenario de su asesinato; y las beatificaciones de sacerdotes asesinados por los republicanos en la Guerra Civil. Lo que demuestra no sólo lo equivocado de esta estrategia, sino la escasa capacidad autocrítica de la izquierda. Su último desdén ha sido la retirada de la estatua de Franco sita frente a los Nuevos Ministerios, conservando, en cambio, las de Prieto y Largo Caballero, cuya responsabilidad en el estallido de la guerra civil es evidente, y que se encuentran en el mismo lugar.

Desgraciadamente, se ha perdido la oportunidad de plantear una discusión seria sobre nuestro más próximo pasado, a semejanza del «Debate de los historiadores», protagonizado entre otros por Habermas y Nolte. Tampoco hemos contado con una figura como la de Renzo de Felice, capaz de someter a discusión racional los tópicos sobre el fascismo y la resistencia italiana; o la de un Furet, con su reinterpretación histórica de la Revolución francesa y de la utopía comunista.

La derecha apenas contó con el apoyo de los intelectuales. Gobernó durante ocho años, pero, en la práctica, no reinó, porque el imaginario ideológico siguió en manos de la izquierda. Lo que explica, en parte, su derrota electoral. La lejanía del poder podría servirle para reflexionar sobre su necesario rearme intelectual. Pero ello sólo será posible si conoce y asume su verdadera historia, emancipándose de la caricaturesca construcción de la memoria histórica elaborada por la izquierda. Una historia llena de errores y de aciertos, como toda obra humana; pero cuyo balance es más positivo que el de su antagonista. Asumir su pasado con capacidad crítica y optimismo creador; tal es la reforma moral que necesita.

Barbacoa Pre Boda





viernes, 17 de julio de 2009

Navas de Tolosa Julio 1212



«Desde el siglo VIII en adelante, la historia de la cristiandad hispana es, en efecto, la historia de la lenta y continua restauración de la España europea; del avance perpetuo de un reino minúsculo, que desde las enhiestas serranías y los escobios pavorosos de Asturias fue creciendo, creciendo, hasta llegar al mar azul y luminoso del Sur... A través de ocho siglos y dentro de la múltiple variedad de cada uno, como luego en América, toda la historia de la monarquía castellana es también un tejido de conquistas, de fundaciones de ciudades, de reorganización de las nuevas provincias ganadas al Islam, de expansión de la Iglesia por los nuevos dominios: el trasplante de una raza, de una lengua, de una fe y de una civilización»

Claudio Sanchez Albornoz

Fabula sobre la avaricia

jueves, 16 de julio de 2009

Libro recomendado



«Hoy presenciamos el lento suicidio de un pueblo que, engañado mil veces por gárrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan, y, corriendo tras vanos trampantojos de una falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu, que es el único que ennoblece y redime a las razas y a las gentes, hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la historia nos hizo grandes, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, de la única cuyo recuerdo tiene poder bastante para retardar nuestra agonía.» Menendez y Pelayo

EL DINERO ESTIERCOL DEL DEMONIO



EL DINERO ESTIERCOL DEL DEMONIO

Cuando en 1998 publiqué para Marsilio Editori “El dinero –Estiércol del demonio-”, que Mondadori, para quien entonces trabajaba como autor, había rechazado considerando que era excesivamente pesimista, el mundo occidental, a pesar de algunos ruidillos sordos, bien perceptibles para esas personas que tienen oídos para entender, tenía todavía plena fe en si mismo, en el modelo de desarrollo que había impetuosamente abrazado a partir de mediados del siglo XVIII, con la Revolución industrial, basado en la Economía, la Tecnología y el Dinero que, como escribe Simmel, “es la técnica que une todas las técnicas” y hace que se puedan realizar.

Han pasado solo diez años y el panorama ha mutado completamente. Todo el mundo industrializado, desde los Estados Unidos hasta Europa, está atravesando una muy profunda crisis económica que, a despecho de los optimismos de fachada y de conveniencia de los jefes de estado y demás, no tiene salida. Este hecho es particularmente inquietante y grave para un sistema como el nuestro que ha apuntado todo en la economía y ha hecho del dinero el único valor realmente compartido: el “Dios Dinero”. Si efectivamente este Dios fracasa no queda más que el desierto .

La globalización, que empezó en silencio al amanecer de la Revolución industrial, que se ha acelerado vertiginosamente en los dos siglos sucesivos ha alcanzado su completa madurez con la adhesión a nuestro modelo económico de países como Rusia, India y China, enfatiza y dilata de hecho enormemente las devastadoras potencialidades del dinero que, siendo inmaterial, abstracto, conceptual, no conoce fronteras, barreras, obstáculos y allí donde logra imperar sin molestias devora al hombre así como sucedía en los circos de un tiempo donde la boa devoraba al conejo tembloroso y acorralado en el rincón y del cual, por un poco de tiempo y por detrás del cristal, se entreveía la silueta completa en la garganta monstruosamente dilatada del reptil. Nosotros ya estamos en las mismas condiciones que el conejo, ya no somos hombres, sino siluetas de hombres, estilizaciones, trágicas parodias, degradados a consumidores, a tubos de digerir, a lavabos, a inodoros por donde tiene que pasar en el tiempo más breve posible todo lo que con la misma rapidez producimos para complacer al omnipotente Moloch que domina sobre nosotros. Ya no somos patrones del mecanismo, que sin embargo hemos creado nosotros mismos, sino sus servidores cada vez más dóciles. Porque el dinero no destruye solo nuestras economías además de las del así llamado Tercer Mundo, lo que es solo una paradoja en apariencia, sino que disgrega al hombre desde su interior, en sus núcleos constitutivos, antropológicamente existenciales, éticos, volviéndole cada vez más débil.

El hecho es que el dinero, en su esencia extrema, es futuro, proyección del futuro, representación del futuro, imaginación del futuro, expectativa en el futuro. Y nosotros hemos introducido en el sistema una cantidad tan colosal, imaginaria (la moneda, que a su vez es también una abstracción pero que tiene por lo menos una consistencia física, ya casi no existe), como para hipotecar este futuro hasta épocas tan lejanas sideralmente que hacen que en realidad sea casi inexistente. Este futuro orgiástico que nos hace destellar como la Tierra Prometida, retrocede constantemente ante nuestros ojos con la misma inexorabilidad que el horizonte cuando alguien corre como loco intentando llegar hasta él.

Esta broma atroz dura desde hace demasiado tiempo como para que pueda durar mucho más. Hace diez años yo concluía así mi libro: en cualquier caso, este futuro inexistente “que nuestra fantasía y nuestra locura ha dilatado a dimensiones monstruosas, un día se nos caerá encima como un presente dramático. Ese día ya no habrá dinero. Porque ya no tendremos futuro, ni siquiera para poderlo imaginar. Nos lo habremos devorado”.
Ese día ya está aquí.
Massimo Fini

miércoles, 15 de julio de 2009

Conmemoración Batalla de Bailen 19 de Julio


Batalla de Bailén.

El 11 de julio, Castaños llegó a Porcuna con sus tropas y allí se le unieron las que enviaba la Junta de Granada. Por una curiosa coincidencia fue también en Porcuna donde Julio César reunió a sus tropas antes de la batalla de Munda.

El plan de Castaños consistía en cortar la retirada de Dupont, incomunicarlo de su mando central, evitar que recibiera refuerzos y batirlo. Las dos primeras divisiones andaluzas cruzarían el Guadalquivir y ocuparían el camino real al norte de Andujar, hacia Bailén, mientras que un destacamento se apoderaba de los pasos secundarios de Sierra Morena, las cañadas de los pastores que conducen, por el santuario de la Virgen de la Cabeza, al Valle de la Alcudia y a la Mancha. Al propio tiempo, la tercera división andaluza y la reserva amagarían un ataque sobre Andujar para mantener a Dupont ocupado. Si a Castaños le salían las cuentas, atraparía a Dupont en una especie de tenaza y entonces, las divisiones situadas al norte descenderían sobre Andujar y caerían sobre el flanco izquierdo francés, al tiempo que la tercera y la reserva amagaban un nuevo ataque de frente, por el puente romano, con una parte de la fuerza, mientras que la otra atravesaba el río, aguas abajo, y atacaba al francés por su flanco derecho. Mientras esto ocurriera en Andujar, tropas ligeras de voluntarios interceptarían los posibles refuerzos franceses en el camino real, por los pasos de Despeñaperros.

Castaños se puso en movimiento. El trece de julio acampó en Arjona y al día siguiente movió dos divisiones hacia Andujar, mientras que las dos restantes se dirigían a Mengibar e Higuera de Arjona. El día quince, Castaños amaneció en las inmediaciones de Andujar, Coupigni sobre Villanueva de la Reina (de donde expulsó al destacamento francés que la ocupaba) y Reding sobre Mengibar, amenazando a las tropas francesas de Vedel que guardaban los vados del Guadalquivir. Vedel lanzó un ataque contra Mengibar, pero Reding lo rechazó comprometiendo sólo las tropas estrictamente necesarias, de modo que el francés no sospechara que tenía delante una división completa. La astucia de Reding engañó a Vedel que quedó convencido de que se enfrentaba a un enemigo poco numeroso y se desprendió de una parte de sus tropas para reforzar las de Dupont.

Al día siguiente Reding, viendo el camino despejado, atravesó el Guadalquivir con su división y descargó toda su fuerza artillera sobre Vedel. El general Gobert tuvo que acudir a reforzarlo a costa de desguarnecer Bailén. Los valones del bando español rechazaron una carga de la caballería francesa. El general Gobert pereció en la refriega (su tumba está en la iglesia de Guarromán), y Dufour, que lo sustituyó en el mando, tuvo que ceder terreno, pero Reding, quizá desconcertado por su victoria, no se atrevió a avanzar sin el apoyo de la división de Coupigni y prefirió replegarse hacia Mengíbar en lugar de perseguir al enemigo en retirada. Esta indecisión resultó, a la postre, un acierto táctico porque Dufour pensó que el objetivo de los españoles no era Bailén, sino cortar las comunicaciones francesas en los pasos de Despeñaperros. Dufour actuó consecuentemente para adelantarse al enemigo y, a marchas forzadas, sin consultarlo con Dupont, se dirigió hacia el norte dejando Bailén desguarnecido.

Reding, por su parte, no se movió de Mengíbar. Mientras esperaba a Coupigni expuso las corazas francesas conquistadas la víspera, para que sus soldados comprobaran que las balas las traspasaban, para que comprobaran que los coraceros franceses no eran invencibles. Mientras tanto, en Andujar, Dupont intentaba descifrar las intenciones de los españoles después de los amagos de Reding por el flanco de Mengibar. Curándose en salud ordenó a Vedel que se replegara hacia Bailén y se uniera a Dufour, al que suponía acantonado allí, para despejar el camino real y mantener a raya los ataques procedentes de Mengibar. Pero Vedel, cuando llegó a Bailén y supo que Dufour se había replegado hacia Despeñaperros, prosiguió la marcha hacia el norte hasta unirse a él y juntos se estacionaron en La Carolina y Santa Elena.


- El Ejército de Castaños

El general Castaños, jefe militar designado por las Juntas de Granada y Sevilla, había alistado un ejército de unos veinticinco mil hombres, dos mil caballos y sesenta cañones que repartió en cuatro divisiones mandadas respectivamente por el marqués de Coupigni, el mariscal Félix Jones, el teniente general Manuel de la Peña y por Teodoro Reding, que era suizo.

Antes de que el servicio militar se hiciera obligatorio, los soldados eran profesionales pagados y todos los ejércitos de Europa, incluido el napoleónico, alistaban regimientos de extranjeros. En el ejército español había, en 1808, seis regimientos suizos en virtud de un tratado firmado cuatro años antes entre los dos países. También había algunos regimientos de guardias valones que formaban la guardia real.

En Bailén combatieron destacamentos suizos en los dos bandos. Se da la circunstancia de que dos de estos regimientos se llamaban "de Reding", como el general, y tan pertinaz coincidencia de nombres puede resultar confusa. Por el lado español estaba el regimiento de Nazario Reding y en el lado francés el de Carlos Reding que, después de servir a España, se había pasado a los franceses días antes de la batalla, atraído quizá por el prestigio y las mayores oportunidades de promoción que podían encontrar bajo las águilas de Napoleón. No fue el único. Otro regimiento suizo que actuó en Bailén, el de Preux, también se había pasado a los franceses.

Sin embargo, las deserciones de batallones suizos preocuparían menos a Castaños que la inexperiencia de sus voluntarios. La mayor parte de los españoles que acudieron al llamamiento de las Juntas eran bisoños, pero Castaños los entrenó exhaustivamente durante quince horas ocho horas diarias.

- El Ejército de Dupont

Los efectivos franceses se agrupaban en cuatro divisiones (Barbou, Vedel, Rouyer y Gobert), aunque algunas estaban incompletas. En total eran 857 oficiales, 21.021 soldados y 5.019 caballos. Las tropas españolas ascendían a 24.442 hombres.

Las fuerzas parecían compensadas, pero hay que tener en cuenta que los españoles eran bisoños y que los franceses, aunque de origen misceláneo, lo que rebajaba algo su calidad, eran, en su mayoría, veteranos fogueados en los campos de batalla de Europa.

- La batalla.

En Bailén no quedaron tropas francesas. Dupont se percató de que no tenía tropas con las que proteger su retirada. Angustiado comprendió la necesidad de replegarse antes de que los españoles se percataran de su delicada situación. Salió de Andujar de noche, sin esperar a que amaneciera, para ganar unas horas al enemigo y tomó el camino de Bailén, pero no le sirvió de nada porque Reding y Coupigni habían unido sus fuerzas la víspera y aquella misma noche se le adelantaron y le cortaron la retirada. Acamparon en las afueras de Bailén, con la idea de descender hacia Andujar en cuanto amaneciera y atacar a Dupont, según lo planeado por Castaños. Una partida de ajedrez jugada casi a ciegas, sin conocer exactamente los movimientos propios ni los del adversario.

Sobre las tres de la madrugada del martes 19 de julio de 1808 las vanguardias de Dupont que subían hacia Bailén se toparon con las de Reding que se disponían a bajar a Andujar. La sorpresa fue mayúscula por ambas partes. A la luz turbia del amanecer, las avanzadas de los dos ejércitos intercambiaron los primeros disparos. Comenzaba la batalla.

Los franceses se desplegaron en orden de combate ocupando las lomas cubiertas de olivos (Cerrajón, Zumacar Grande y el Zumacar Chico). Delante de ellos se desplegó la línea española por las despejadas lomas de Cañada de Marivieja, Cerro Valentín, la Era de Cerrajal y Cañada de las Monjas, con la retaguardia apoyada en el pueblo.

Reding, instalado con su estado mayor en una era a la salida del pueblo, entre el camino real y el Cerro Valentín, supervisó el despliegue de su infantería en dos líneas, con la artillería en los intervalos y la caballería en la retaguardia, presta a intervenir donde fuera menester.

La embestida francesa no se hizo esperar. Chabert, el general que mandaba la vanguardia de Dupont, menospreciando la potencia del enemigo, lanzó una carga contra las líneas españolas sin aguardar la llegada de Dupont con el grueso del ejército. El ataque fue fácilmente rechazado por la artillería y fusilería de Reding. Chabert, después de perder dos cañones y muchos hombres, se replegó algo desconcertado. Los bisoños españoles cobraron fe en la victoria.

A poco llegó Dupont y se hizo cargo de la delicada situación. Una fuerza importante le cerraba el paso y a su espalda venía Castaños pisándole los talones. Dupont podía mantener sus posiciones en espera de la llegada de su general sobre la retaguardia española, pero si Castaños se adelantaba, él mismo corría peligro de ser tomado mucho antes entre dos fuegos. Le urgía romper la línea española inmediatamente antes de verse atenazado por el enemigo. En aquella tesitura decidió dar la batalla lo antes posible con las tropas disponibles. Ni siquiera esperó la llegada de su propia retaguardia, en la que había situado sus mejores tropas (caballería, artillería y suizos) en previsión de un ataque de Castaños. Dupont incurrió en el mismo error que Chabert una hora antes: menospreciar la potencia del enemigo.

En el segundo ataque francés, a las cinco de la madrugada, intervinieron la brigada Chabert y la caballería de Dupré, los famosos dragones y coraceros franceses. Mientras tanto, la artillería de los dos ejércitos se enzarzaba en un duelo singular en el que nuevamente venció la española. Dupont quizá recordaría amargamente las palabras de Napoleón: "El cañón decide las batallas."

Ya comenzaba a elevarse el sol caldeando el día cuando Dupont lanzó su tercer ataque, con sus tropas considerablemente reforzadas por los regimientos suizos y la retaguardia (excepto la brigada Pannetier que quedaba retrasada por si Castaños los alcanzaba). Esta vez la carga se dirigió contra la izquierda y el centro español, pero fue diezmada por la artillería y hubo de replegarse con grandes pérdidas. El combate en la izquierda de la línea española estuvo más indeciso porque los dragones y coraceros franceses arrollaron sucesivamente a los lanceros españoles, a los refuerzos enviados por Coupigni e incluso a las milicias que intentaban proteger la retirada de los anteriores. La situación de los españoles llegó a ser bastante apurada, pero se resolvió al final cuando los franceses volvieron a ponerse en la enfilada de los cañones y nuevamente recibieron una mortífera lluvia de metralla (Antes de la invención de la ametralladora, el cañón disparando saquitos de balas conseguía un efecto bastante parecido).

La caballería francesa se vio obligada a replegarse. Entonces Dupont se percató de que la victoria no iba a ser fácil. Sus tropas se desmoralizaban y la escasez de agua comenzaba a constituir un problema. Los franceses tuvieron que aceptar el combate en mitad de las calores del mes de julio, quizá con unos cuarenta y cinco grados centígrados de temperatura o alguno más si tenemos en cuenta los rastrojos incendiados por los disparos y el inadecuado atuendo de la milicia, la caballería embutida en sus corazas y cascos metálicos, y la infantería en sus casacas de paño. A ello se sumaba que el peligro y el humo de la pólvora resecan las gargantas y no había más agua en media legua a la redonda que la del pueblo, en manos españolas, y la de la noria de San Lázaro, un fresco pozo situado en tierra de nadie, entre las dos líneas, del que los franceses no pudieron extraer ni una mala cantimplora dado que la artillería y la fusilería españolas batían sus accesos. El que intentaba acercarse era hombre muerto. Esto explica que algunos autores atribuyan a la enloquecedora sed la principal causa de la derrota de los franceses.

Impedir que el enemigo se aprovisionara era parte de la batalla. Los españoles no padecieron sed puesto que, como dice un informe, en Bailén "a porfía se destinaron seglares, eclesiásticos y muchachos, perdida enteramente la aprensión y el miedo, a llevar (...) agua en abundancia, cuanta se necesitó para refrescar los cañones y con que refrigerar la tropa en un día de tan excesivo calor."

Por otra parte, los españoles no tenían tanta necesidad de agua puesto que casi siempre se limitaron a defender sus posiciones dejando a los franceses el trabajo de atravesar el campo para atacarlas. La sed y el peligro de que Castaños llegara con sus tropas decidieron a Dupont a echar toda la carne en el asador antes de que fuera demasiado tarde: convocó a tres batallones de la brigada Pannetier, y dejó a los dos restantes para proteger su retaguardia. Las nuevas tropas, algo cansadas después de la marcha forzada, intervinieron en un par de refriegas que costaron bastantes bajas a las dos partes, sin mayores resultados. A la postre, el frente quedó como estaba. Después, una carga de los coraceros de Privé fue rechazada nuevamente mientras el calor y la sed crecían. "Hay que vencer o morir" comentó Dupont, abatido, a su Estado Mayor. Y un general murmuró: "Lo segundo es probable, lo primero totalmente imposible."

A las diez y media de la mañana algunos franceses intentaron acercarse a las líneas españolas enarbolando bandera blanca. Luego Dupont hablaría de "un gran número de soldados a los que nadie podía sujetar, que corrían hacia las fuentes vecinas para calmar la sed, dejando las líneas desguarnecidas."

Dupont hizo correr el rumor de que las tropas de Vedel estaban a punto de caer sobre la retaguardia española. A las doce y media, con todo el sol en lo alto, los franceses, rotos de cansancio y agobiados por el calor y la sed, realizaron el supremo esfuerzo de atacar nuevamente las líneas españolas. Para estrellarse nuevamente con la metralla artillera y con la fusilería de Reding que había dispuesto sus hombres de manera que oponía siempre tropas de refresco.

En una de las cargas francesas los suizos de Preux y de Carlos Reding se encontraron frente a frente con sus compatriotas del regimiento de Nazario Reding. Al reconocer a sus antiguos camaradas, los oficiales de los dos regimientos ordenaron cese el fuego y se reunieron a deliberar en tierra de nadie, a intentar convencer a los del bando opuesto para que se les unieran. Al final no hubo acuerdo, regresaron a sus respectivas posiciones y reanudaron el combate. Más tarde, cuando estos suizos pasados a Napoleón comprendieron que esta vez los franceses llevaban las de perder se pusieron nuevamente de parte de los españoles.

Después del último revés, los franceses no estaban en condiciones de seguir atacando. Habían dejado en el campo dos mil muertos y el certero fuego de la artillería española les había desmontado catorce de sus dieciocho piezas. La artillería francesa era de calibre ocho; la española contaba con cuatro cañones del doce, lo que explica, en parte, su superioridad. Dupont, temeroso siempre de que en cualquier momento le apareciera Castaños por la espalda, envió a Reding parlamentarios con bandera blanca para solicitar la suspensión de las hostilidades y la capitulación. Reding exigió que la capitulación comprendiera las fuerzas de Vedel y Dufour, aunque no hubieran intervenido en la batalla. Andaban negociándolo cuando, hacia las tres de la tarde, llegaron los españoles de la división de reserva y dispararon unos cañonazos para avisar a Reding de que tomaban posiciones a la retaguardia del enemigo. La trampa que tanto había temido Dupont se cerraba sobre su ejército.

Castaños se había adelantado, pero Vedel tampoco se hizo esperar. Sobre las cinco apareció en la retaguardia de las tropas de Reding y aunque unos oficiales españoles lo informaron de la capitulación de Dupont, él hizo caso omiso y atacó a la retaguardia enemiga. Quizá creyó que se trataba de una argucia del enemigo. El caso es que sus tropas capturaron sin dificultad el Cerro del Ahorcado y apresaron a un regimiento español y a dos piezas de artillería que, respetando disciplinadamente el alto el fuego, ni siquiera intentaron defenderse. En la derecha española fueron menos pacíficos y cuando se vieron atacados devolvieron el fuego a los franceses. Por un momento pareció que iban a reanudarse las hostilidades. En este caso, las tropas de Dupont, atrapadas en una bolsa, agotadas y sin artillería, podían darse por aniquiladas. Dupont, encolerizado, ordenó a Vedel que suspendiera las hostilidades. Aclarado el mal entendido, se reanudaron las conversaciones. No era fácil llegar a un acuerdo honorable. Aquella noche Vedel volvió a hacer de las suyas. Sigilosamente sacó a sus tropas y huyó, camino real arriba, hacia Castilla, pero al día siguiente un correo de Dupont lo alcanzó con la orden terminante de regresar y rendirse, tal como se había acordado.

La capitulación se firmó en una humilde venta junto al arroyo Rumblar. Dicen que Dupont dijo, al entregar su espada a Castaños: "General, os entrego esta espada vencedora en cien combates", a lo que Castaños respondió: "Pues éste de Bailén es el primero que yo gano." Después, los vencidos desfilaron ante los vencedores y entregaron las águilas de bronce que remataban los mástiles de sus banderas (las banderas, como eran de tela, las habían quemado para evitar que cayeran en manos del enemigo). Además devolvieron las tres banderas españolas que Vedel había capturado en su ataque.

Los franceses tuvieron dos mil doscientos muertos y cuatrocientos heridos; los españoles solamente doscientos cuarenta y tres muertos y setecientos treinta y cinco heridos. Se ve que los franceses se expusieron más, con tantas cargas de caballería, mientras que los españoles adoptaron una táctica más defensiva. Además, los franceses estuvieron peor atendidos. Los heridos españoles se evacuaban rápidamente al pueblo.

Dupont entregó quince generales, 469 oficiales, 8.242 soldados, veintitrés cañones, dos mil caballos y doscientos tiros de mulas. Según los términos de la capitulación, los siete generales, 163 oficiales y diez mil soldados de Vedel podrían conservar sus bagajes y enseñas y embarcarían en Rota y Sanlúcar con destino a un puerto francés. Una vez a bordo se les devolverían sus diecisiete cañones y el resto de sus armas.


Repercusiones de la batalla.

La batalla de Bailén tuvo gran repercusión. Los franceses abandonaron Madrid y se replegaron hacia el Norte. La noticia de la derrota de Napoleón corrió como la pólvora por Europa y destruyó el mito de la invencibilidad de los franceses. Napoleón montó en cólera y acudió personalmente a España al frente de un ejército de doscientos cincuenta mil hombres con los que ocupó la península (a excepción de Cádiz, que resistió heroicamente).

Cuando tu nazcas!!

martes, 14 de julio de 2009

PERSPECTIVA. SI PERO ¿CUÁL?


PERSPECTIVA. SI PERO ¿CUÁL?

Es fácil, en el curso de la efímera vida, sucumbir a la pasión del momento y, bajo su embriagador influjo, conceder supremo e inmerecido protagonismo al tiempo presente. Percibiéndolo como conclusión y no tránsito, como destino final y no intento pasajero.
Si las más inspiradas mentes han incurrido en este defecto endémico parecería imprudente solicitar de las masas que lo sortearan, habida cuenta de que la multitud carece de memoria y capacidad de reflexión sobre la realidad y simplemente se deja vivir, sin procurar entender demasiado, como reses que pastan en la pradera.

Ortega afirmaba en un inspirado texto acerca de la importancia relativa que el dinero había detentado a lo largo del devenir histórico, que éste sólo se impone como principio regulador del cuerpo social en etapas de transición, de pronunciada crisis del resto de valores, de ausencia de otro principio superior. Para ilustrar este pensamiento demostraba que “así como los judíos poseen hoy el dinero y son los amos del mundo, también lo poseían en la Edad Media y eran la hez de Europa”. Lo que equivale a decir que ellos apenas han alterado su modo de actuación a lo largo de siglos, o incluso milenios, y es el caprichoso azar de los avatares humanos el responsable de encumbrar a lo más alto aptitudes antaño desdeñadas por mezquinas. También equivale a opinar que actualmente se vive bajo el imperio del egoísmo hedonista por quiebra del sistema tradicional de valores, aunque esto no suponga anunciar ninguna novedad.

Imbuidos, pues, y como no puede ser de otro modo, del ánimo reinante en nuestra época (presentida como final feliz de un tortuoso itinerario) concebimos la brillante idea de interpretar cualesquiera hechos, doctrinas o etapas históricas bajo el barniz del momento actual. De manera que esquivamos el elemento metódico primordial inherente a toda investigación o evocación histórica que pueda preciarse de tal; a saber: valorar los acontecimientos e ideas a la luz del clima espiritual en que nacieron.

Sin embargo, al decir “perspectiva” no nos referimos a situarnos desde la perspectiva “de la eternidad”, es decir, desde ninguna perspectiva, como aconsejaba el racionalista hebreo Spinoza, sino que, reconociendo la gran aportación del pensamiento orteguiano (otra vez él, sí) al confuso universo de los principios filosóficos, admitimos que nuestra “circunstancia” (cultura a que pertenecemos, período, lugar…) condiciona decisivamente nuestro juicio de la realidad y modo de vivir. Pero, aunque hoy nos hallemos en medio de una “circunstancia” que nos incita a sencillamente abominar de nuestro pasado, encontramos precisamente en otra más recia “circunstancia”: el impulso irracional e inexplicable de la sangre, no motivos ni razones sino la enérgica corazonada de que en ese, para nosotros amado, pasado existió algún arcano oculto que en algún recodo de nuestra andadura perdimos de vista para quedar sin él huérfanos de fe, esclavos inermes de la vigente visión ruin y miserable de la existencia. Quizá redescubrir ese misterioso arcano nos conceda la posibilidad de evadirnos de tan limitada visión, de anular lo más nefasto de nuestra presente “circunstancia”. Dicho en plata: no pretendemos conquistar una visión de conjunto, universalista sino recuperar la visión española (indiscutiblemente incluida en el seno de una integradora visión occidental) allí donde comenzamos a perder el rumbo.

Las voces que, con razón, pregonan a los cuatro vientos el absoluto descrédito de política, justicia o economía puedan acaso suponer que en todo tiempo y latitud la cosa funcionó de manera semejante y que la sinvergonzonería e ignominia predominantes en lides de “alta” política son sin duda testigo que nuestros coetáneos mandatarios recogen, inocentes ellos, como herencia perenne de ese siempre oscuro pasado.
Hay también quienes sostenemos que frente a la mediocre, artificial y narcotizante dicotomía “izquierda-derecha” (hija de la mencionada visión ruin y raíz de muchos de nuestros males) se impuso durante siglos una elevada concepción de la “res pública” como eminente misión que apuntaba siempre hacia arriba; tan arriba que los pigmeos y miopes de ahora jamás alcanzarían a pescar ni un resquicio de su aroma.
Cuentan que cuando el césar Carlos (para el que resultaría como mínimo risible, absurda y vacía la tal división en izquierdas y derechas), Emperador de la cristiandad, sintió su vigor declinar por el peso de una corona que circundaba la tierra, hizo llamar a su hijo Felipe, esforzada y graníticamente educado desde la más tierna niñez en el amor a la cruz, a la verdad y a la justicia; e inició la ceremonia de abdicación dirigiéndole, tembloroso y apoyado en su bastón, emocionadas palabras: “He estado nueve veces en Alemania, seis en España, siete en Italia, diez en Flandes; he atravesado en tiempo de paz y de guerra cuatro veces Francia, dos Inglaterra y dos el África, ocho el Mediterráneo, tres el Océano, y ahora será la cuarta vez, al regresar a España para buscar mi sepulcro. Honrad siempre la religión, conservad la fe católica en toda su pureza; considerad las leyes del país como sagradas e inviolables y no tratéis nunca de quebrantar los derechos de vuestros súbditos. Y si deseáis alguna vez buscar como yo el descanso en la vida privada, que tengáis un hijo que merezca le podáis entregar el cetro con tanta alegría como yo lo hago hoy”. Dicho lo cual el Emperador se dejó caer extenuado en su trono, y Felipe, que se había hincado de rodillas a sus pies, le llenó las manos de besos y de lágrimas.

Este episodio, a buen seguro, no sería reflejado de esta guisa en los sesudos estudios que sólo apelan al raciocinio economicista hoy en boga (¡malos tiempos para la lírica!) desconociendo por completo, y como de costumbre, la voz de la sangre. Muy a pesar de que la vida se muestra testaruda en aleccionarnos acerca del hecho de que los hombres que forjaron los más robustos e intrépidos cauces de nuestra historia eran todos “hombres de raza” y no sistemas de pensamiento ni almacenes de dinero. Primera pista.

Y habrá muchos a los que la expresión “hombre de raza” les suene a chino y se planteen recelosos si esta fórmula no será pura retórica. De raza es aquel que mira a los ojos y sabe adonde va, habla alto y ríe a carcajadas. De raza era Napoleón Bonaparte que manifestaba: “me siento empujado hacia un fin que no conozco, cuando lo haya alcanzado un átomo bastará para destruirme pero hasta entonces nada podrán contra mi todas las fuerzas humanas”. De raza es aquel que se siente designado para cumplir una sublime tarea y no tiene tiempo para explicaciones.

Hombres cuya esencial intuición del universo, como toda genuina expresión religiosa y artística, emanaba de un primario e insondable terror al misterio de la muerte, es decir, la Tragedia. Sol secreto y cegador que nos revela el motivo íntimo de la poderosa fascinación que sobre el alma hispana ejercieron desde antiguo el arte del toreo y la Pasión de Cristo, símbolos ambos insuperablemente trágicos e incomprensibles en su profundo misticismo para la mentalidad urbana de hoy. Segunda pista y el arcano se posa ante nuestros ojos.

Otra oportunidad para reeducar nuestro horizonte visual y escapar a la visión simplista y pragmática imperante nos la ofrece el trance en que el “yo” de un pueblo entra en contacto con el “tú” de otro. Se produce entonces, nos dicen los progresistas, un enriquecimiento mutuo. Y se vuelve a ignorar el factor instintivo, la raza, que nos murmura que esto no es cierto más que en apariencia. Porque aun en los estadios más primitivos de evolución de los pueblos el dictado de la sangre señala siempre el núcleo sustancial del camino, al margen de superfluas y puntuales aportaciones foráneas (más de forma que de fondo). Así, los europeos adoptaron las formas externas de una religión de origen oriental como el cristianismo sólo para después dotarlas de un contenido acorde a su propia alma. Por ello en la religión de los apóstoles y en la de los cruzados laten dos espíritus lejanos e inconciliables; constituyen en efecto dos religiones distintas bajo el mismo manto doctrinal.

Otro punto crítico que nos brinda la ocasión para efectuar una regeneradora pirueta de perspectiva en busca de nuestro arcano es la voz “pueblo”, vocablo muy utilizado (como la “humanidad” de Proudhon) para manipular a los incautos. Pruebas de ello son la revolución francesa o la soviética. Pero un pueblo, en última instancia, representa la comunidad más profunda, que nace de una sagrada adhesión, de un nexo racial, idiomático, religioso y político entre hombres que se sienten formando un todo. Cuando este sentimiento se extingue cesa el pueblo de existir aun cuando perdure el nombre. Es esta quizá (y sin quizá) la deriva que afronta la nave española, torpemente orientada por timoneles de disolución, abandonada hace al menos un par de siglos la ruta de la concordia entre sus hijos.
Pero en su mirar alucinado por la estela de los siglos la sangre de los mejores tiende siempre a retornar a su morada primigenia y contempla cautivada aquel siglo XVI y el enigma impenetrable que guió con firmeza nuestros pasos.
Porque aquel hombre de raza, devoto, asceta, piadoso, monje o hidalgo, amaba lo que no conocía; lo que escapaba a su humana comprensión era abrazado, con sacra y respetuosa emoción, por su corazón anhelante, alentándole a superar esa humana condición, despreciando la muerte el héroe y la vida el santo.

En cambio, el “homo economicus” del siglo XXI, pura intelección utilitaria e irreligiosa, no encuentra ya rincones en su interior para la entrega y la epopeya. Con el extravío, tiempo ha, de nuestro arcano compañero se disipó también su capacidad para escuchar el fluir de la sangre. Sigue sin comprender el misterio primero de la vida, pero éste, en lugar de inspirarle amor a todo aquello que de verdad merece la pena, sólo le mueve al odio. Odio a todo lo que posea dirección y sentido inmutables, fuerza y jerarquía, armonía y belleza. Pues él, careciendo ya de tales atributos no puede sino odiarlos.

¿Y nosotros? Nosotros, residuos anacrónicos de tiempos sombríos, zafios incivilizados e indomesticables que aún osan perturbar la placentera y perezosa existencia del rebaño; nosotros, que sentimos aún la luz de la Europa eterna, vemos nuestros más hondos lamentos expresados de forma incomparable en las líneas que con su alma selló Dostoievski: “Me voy a Europa; ya sé que me voy a un cementerio; pero sé también que es el más querido de todos los cementerios. Allá están sepultados muertos queridísimos. Las lápidas de sus tumbas hablan de una vida pretérita tan cálida, de una fe tan apasionada en las propias hazañas, en la propia verdad, en la propia lucha, en el propio conocimiento, que, lo sé de antemano, me postraré sobre el suelo y besaré esas piedras, regándolas con mi llanto”. Y, precisamente porque sabemos apreciar el valioso legado de que somos herederos y permitir que éste inunde nuestra vida, no podemos rendirnos.

Joaquín Verdú

http://asociacionalfonsox.blogspot.com/

lunes, 13 de julio de 2009

Nacidos de los misterios de la mañana


"Quien ha alcanzado la libertad de la razón, aunque sólo sea en cierta medida, no puede menos que sentirse en la tierra como un caminante, pero un caminante que no se dirige hacia un punto de destino pues no lo hay.. Mirará, sin embargo, con ojos bien abiertos todo lo que pase realmente en el mundo; asimismo, no deberá atar a nada en particular el corazón con demasiada fuerza: es preciso que tenga también algo del vagabundo al que agrada cambiar de paisaje. Sin duda ese hombre pasará malas noches, en las que, cansado como estará hallará cerrada la puerta de la ciudad que había de darle cobijo: tal vez incluso como en oriente, el desierto llegue hasta esa puerta, los animales de presa dejen oír sus aullidos tan pronto lejos como cerca; se levante un fuerte viento, y unos ladrones le roben su acémilas. Quizá entonces la terrible noche será para él otro desierto cayendo en el desierto y su corazón se sentirá cansado de viajar. Y cuando se eleve el sol de la mañana, ardiente como un airado dios, y se abra la ciudad, puede que vea en los ojos de sus habitantes más desierto, más suciedad, mas bellaquería y más inseguridad aún que ante su puerta, -por lo que el día será para él casi peor que la noche. Es posible que a veces sea así la suerte de este caminante. Pero pronto llegan, en compensación, las deliciosas mañanas de otras comarcas y de otras jornadas, en las que desde los primeros resplandores del alba, ve pasar entre la niebla de la montaña a los coros de las musas que le rozan al danzar; más tarde sereno, en el equilibrio del alma de la mañana antes del mediodía y mientras se pasee bajo los árboles verá caer a sus pies desde sus copas y desde los verdes escondrijos de sus ramas una lluvia de cosas buenas y claras, como regalo de todos los espíritus libres que frecuentan el monte, el bosque y la soledad, y que son como él, con su forma de ser unas veces gozosa y otra meditabunda, caminantes y filósofos. Nacidos de los misterios de la mañana temprana, piensan que es lo que puede dar al día, entre la décima y la duodécima campanadas del reloj, una faz tan pura, tan llena de luz y de claridad serena y transfiguradora: buscan la filosofía de la mañana"

Friedrich Nietzsche-"Humano,demasiado humano"

domingo, 12 de julio de 2009

sábado, 11 de julio de 2009

viernes, 10 de julio de 2009

Casaggi Firenze. Centro Social de Derecha






Estilo


Despreciamos el mito burgués de la “seguridad”, de la mezquina vida estandarizada, conformista, domesticada y “moralizada”. Despreciamos el vínculo anodino propio de todo sistema colectivista y mecanicista y de todas las ideologías que confieren a los confusos valores “sociales” primacía sobre los valores heroicos y espirituales, por medio de los cuales se debe definir, para nosotros, en todos los dominios, el tipo del hombre verdadero, de la persona absoluta. Algo esencial será conseguido cuando se despierte nuevamente el amor por un estilo de impersonalidad activa, en el que lo que cuenta es la obra y no el individuo, por el cual seamos capaces de considerar como algo importante no a nosotros mismos, sino a la función, la responsabilidad, la tarea que se acepta, el objetivo perseguido. Allí donde este espíritu se afirme se simplificarán muchos problemas de orden también económico y social, los cuales quedarían sin solución si se afrontaran desde el exterior, sin la previa eliminación de la infección ideológica que ya, de partida, perjudica todo retorno a la normalidad e incluso la misma percepción de lo que significa normalidad.

jueves, 9 de julio de 2009

¿Hacia donde vamos?


De otra parte, se sabe que en algún régimen no íntegramente socialista o en cada régimen donde el capitalismo y la inicitativa privada no están abolidos, el sindicalismo provoca una situación caótica, inorgánica e inestable. La lucha entre las categorías de trabajadores y los empleados por el arma de la huelga y otras formas de chantaje de parte de estos ‑con las defensas, convertidas cada vez en más raras y débiles, por parte de los segundos, y los LOCK OUT‑ se fracciona en presiones y enfrentamientos parciales, cada asociación categorial no se ocupa más que de intereses, no queriendo saber nada de los desequilibrios que sus reivindicaciones particulares puedan entrañar en el conjunto y menos aún del interés general; el todo, habitualmente, está cargado sobre el Estado y el gobierno que se encuentra así forzado a correr aquí y allí para tapar agujeros y poner en pie, golpe a golpe, la estructura tambaleante e inestable. A menos de creer en el milagro de alguna "armonía prestablecida" de tipo leibnitziano, no puede concebirse que en una sociedad donde el Estado ha cedido siempre más adelante del sindicalismo como fuerza auto‑organizada, la economía pueda sobrevivir un curso normal; puede pensarse, por el contrario, que en razón de la multiplicidad de los problemas y de los conflictos, la situación se volverá tal que al fin la única solución razonable será hacer tabla rasa y aceptar la solución íntegramente socialista como la única capaz de instaurar, a través de una planificación total, un principio de orden y disciplina...

Frente al marxismo americano







Por Juan Pablo Vitali

www.elmanifiesto.com

Hitler y Stalin en determinado momento fueron aliados, lo que demuestra lo frágil que resultan las ideologías ante los intereses políticos. Sin embargo, el poder y sus alianzas ocasionales, tienen ciertos objetivos que van más allá del poder mismo y su acumulación: son las metas que los pueblos procuran alcanzar para cumplir su destino.

En el caso histórico al que me refería es evidente que al final no resultó la alianza, y todo terminó en la brutal carnicería que todos conocemos.

Esta reflexión de Perogrullo viene a cuento, porque a veces vemos cómo algunos suman y restan un poder, que si lo analizamos en profundidad, se construye arrimando proyectos e identidades que en el fondo nada tienen que ver entre sí. Son alianzas de momento como la de Hitler y Stalin, y que pueden terminar igual.

Son alianzas que se fabrican contra un supuesto enemigo común, son “anti determinada cosa”, pero más allá de eso no hay mucho más que pueda unir a sus componentes. En esto también hay que citar a Borges, no como político –que no lo era–, sino por su sutileza en la forma de decir las cosas: “No los une el amor, sino el espanto” decía el escritor con la ironía propia de su inteligencia.

Y yendo hacia lo más cercano, vemos como hoy también se construyen extrañas alianzas.

Gente de la llamada peyorativamente “ultraderecha europea” se pone a hablar bien de Chávez, que se proclama trotskista, antieuropeo, socialista, guevarista e indigenista, según le venga a la boca en su caribeño léxico verborrágico.

A su vez, ciertos marxistas pretendidamente ortodoxos en su materialismo filosófico, hablan bien de la revolución iraní, que hasta donde yo sé se basa en principios religiosos que, si son coherentes –y no tengo porqué pensar que no lo son– no siguen precisamente la lógica dura y científica de Marx, sino el Corán y su profeta, según la creencia en un Dios que no puede por definición ser marxista.

A veces vemos unirse en protestas a burgueses progresistas con personas que los colgarían de una cuerda a la primera oportunidad.

En Sudamérica hay indios que rechazan la conquista europea y son marxistas ¿No era acaso Marx un europeo que armó su andamiaje filosófico en el pensamiento occidental? ¿No fue el idolatrado Che Guevara un descendiente de conquistadores españoles, formado en el pensamiento filosófico revolucionario europeo?

Los muy revolucionarios chavistas reciben dólares norteamericanos por el petróleo para hacer su revolución del “socialismo del siglo XXI”, y los super comunistas chinos mejoran el sistema capitalista con un comisario político detrás de cada obrero en las líneas de producción.

Los indigenistas sudamericanos tienen como artífice de unificación de sus diversas comunidades el idioma español, que según dicen les enseñó el más horrendo opresor de sus culturas.

Los neonazis escuchan una música derivada de ritmos negros, como es en su gran mayoría el rock, y los descendientes incaicos del Perú recuerdan la grandeza de la “raza cobriza” que los agrupa políticamente según precisamente su “raza”.

Los eslavos, la escoria de la raza blanca, según el comisariato político nacionalsocialista, se convierten en la salvación para cierto identitarismo blanco posmoderno.

Los abanderados del amor libre se tiran de los pelos porque las amigas de Berlusconi toman el sol desnudas en una residencia privada, y luego salen igual de desnudos para apoyar a los gays en sus marchas públicas, a los besos por las calles de Roma.

Queridos amigos, si por una cuestión de poder debemos celebrar las más diversas alianzas, por lo menos tengamos el buen gusto de hacerlo con la moderación propia de personas inteligentes, y no arrojando sobre el rostro de nuestros eventuales interlocutores agobiantes discursos y soberbias justificaciones ideológicas, del todo innecesarias para nuestro castigado intento de razonar un poco, dentro de unos parámetros medianamente aceptables.

miércoles, 8 de julio de 2009

Socialismo Nacional







El socialismo es el socialismo y añadirle el adjetivo "nacional" no es más que un disfraz en forma de "caballo de Troya". El "socialismo nacional" en la hipótesis de que fuera realizado (con la inevitable eliminación de todos los valores y todas las jerarquías incompatibles con él), se pasaría, casi inevitablemente, al socialismo, y así progresivamente, por que no es posible detenerse a medio camino en un plano inclinado...el corporativismo del ventenio, en lo que el mismo tiene de válido debe interpretarse esencialmente en el marco de una idea orgánica antimarxista, por lo tanto fuera de todo lo que legítimamente se puede llamar socialismo...

Y con esta cita que cierta extraña gente no releerá nunca lo suficiente, cerramos el examen de esta obra.

(Sacado del Prologo de Adriano Romualdi a la Edición italiana de El Fascismo visto desde la derecha de Julius Evola Il Secolo d´Italia, Roma, 7 de noviembre de 1964)

...No sin relación con esto, nuestro radicalismo de la reconstrucción exige que no se transija no sólo con ninguna de las variedades de la ideología marxista o socialista, sino tampoco con aquello que en general se puede llamar la alucinación o el demonismo de la economía. Se trata aquí de la idea de que en la vida individual y colectiva el factor económico sea lo más importante, real, decisivo; que la concentración de los valores e intereses en el plano económico y productivo no sea la aberración sin precedentes del hombre occidental moderno, sino algo normal, no una brutal y eventual necesidad, sino algo que se desea y se exalta. En este círculo cerrado y oscuro se encuentran atrapados tanto el capitalismo como el marxismo. Debemos romper este círculo. Mientras no se sepa hablar más que de clases económicas, de trabajo, de salarios, de producción, mientras se piense que el verdadero progreso humano, la verdadera elevación del individuo, está solamente condicionado por un particular sistema de distribución de la riqueza y de los bienes y tenga relación con la pobreza y el bienestar, con el estado de la prosperity o con el socialismo utópico, se permanecerá siempre en el mismo plano de lo que debe combatirse. Nosotros afirmamos que todo aquello que es economía e interés económico como mera satisfacción de la necesidad animal ha tenido, tiene y siempre tendrá una función subordinada en una humanidad normal; que más allá de esta esfera debe diferenciarse un orden de valores superiores, políticos, espirituales y heroicos, un orden que -como ya hemos dicho- no conoce y ni siquiera admite “proletarios” o “capitalistas” y que sólo en función de dicho orden se deben definir aquellas cosas por las que vale la pena vivir y morir; un orden que debe establecer una verdadera jerarquía, diferenciar nuevas dignidades y, en la cumbre, entronizar la superior función del mando, del Imperium.

Así, a este respecto, van a desarraigarse muchas malas hierbas que han crecido también en nuestras filas. ¿Qué significa, si no, ese discurso del “Estado del Trabajo”, del “socialismo nacional”, del “humanismo del trabajo” y similares? ¿qué significan esas llamadas más o menos explícitas a una involución de la política dentro de la economía, recogiendo así una de esas tendencias problemáticas hacia un “corporativismo integral” y, en el fondo, acéfalo, que en el fascismo ya encontró, afortunadamente, el paso obstruido? ¿Qué es eso de considerar la formula de la “socialización” como una especie de fármaco universal y elevar la “idea social” a símbolo de una nueva civilización que, quién sabe cómo, debería estar más allá tanto del “Este” como del “Oeste”?

Éstos -es necesario reconocerlo- son puntos oscuros presentes en no pocos espíritus que, también, por otra parte, se encuentran en nuestro mismo frente. Con lo cual ellos piensan que se mantienen fieles a una consigna “revolucionaria”, mientras que en realidad obedecen sólo a sugestiones más fuertes que ellos mismos, de las que está saturado un ambiente político degradado. Y entre tales sugestiones se encuentra la misma “cuestión social”. ¿Cuándo se tomará conciencia de la verdad, es decir, de que el marxismo no ha surgido porque haya existido una cuestión social objetiva, sino que la cuestión social surge -en numerosísimos casos- sólo porque existe un marxismo, vale decir, artificialmente, y sin embargo, en términos casi siempre insolubles, por obra de los agitadores, de los famosos “excitadores de la conciencia de clase”, sobre los que Lenin se ha expresado muy claramente, puesto que ha refutado el carácter espontáneo de los movimientos revolucionarios proletarios?

Es partiendo de esta premisa desde donde se debería actuar, en el sentido antes mencionado de la desproletarización ideológica, de la desinfección de las partes aún sanas del pueblo del virus político socialista. Sólo entonces, una y otra reforma podrá ser estudiada y realizada sin peligro, según la verdadera justicia.
"Orientaciones" de Julius Evola

martes, 7 de julio de 2009


«Sobre todas las sombras cabalga el Sol»
Tolkien



Volvamos, pues, a los primeros principios, dejemos la lágrimas por lo que nunca volverá a ser, dejemos el egoísmo de lo que nuestro ego nos pide o de lo que el mundo trata de ofrecer, seductor. Confiemos, trabajemos, perseveremos, creamos, creemos; unidos con los que son y con los que fueron, ajenos a los que ni son ni fueron -aunque puedan parecer-, leales al pueblo que vive y a los Muertos que señalan el camino, camino áspero del futuro, no camino del pasado.
Roldanus

Todos los enlaces de Roldanus en http://exromalux.blogspot.com/search/label/Roldanus

Festival de Teatro Clasico de Almagro. Dedicado a Lope de Vega






A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

No sé qué tiene el aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo,
no puedo venir más lejos.

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Él dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento;
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo
su locura en su arrogancia,
mi humildad en mi desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en este tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

«Sólo sé que no sé nada»,
dijo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio;
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del juicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más,
otros por carta de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres,
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los estraños,
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Todos andan bien vestidos,
y quéjanse de los precios,
de medio arriba romanos,
de medio abajo romeros.

Dijo Dios que comería
su pan el hombre primero
en el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento;

y algunos, inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento,
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros,
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo!
Porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños.

Fea pintan a la envidia;
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir,
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones ni pleitos;

ni murmuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, firmaron
parabién, ni Pascuas dieron.

Con esta envidia que digo,
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

lunes, 6 de julio de 2009

¿Escuelas sin armarios? ¿Apologia de la pederastia soterrada?






Federico y la derecha social




Federico y la derecha social

¿Federico? Jiménez Losantos, por supuesto. Y es que, incluso en su actual laberinto, sigue siendo signo de contradicción en unos tiempos en los que lo políticamente correcto y lo uniforme se impone. Pues bien, a nuestro Federico le quedan estrechos tan previsibles márgenes. Es su estilo: para bien, y para mal. Y si a muchos disgusta y enerva, a otros, sin que Federico sea santo de nuestra devoción, nos divierte e interpela.

No sabemos, todavía, dónde recalará Federico y su equipo en el otoño próximo. No parece que tenga muchas opciones. Pero, ya siga en COPE, versión nocturna y reducida, ya lo haga de francotirador desde la emisora Unidad Liberal Radio de Madrid, Federico es necesario. Por varios motivos. Ante todo, por haberse ganado, con persistencia y laboriosidad, una legión de seguidores que lo consideran como su principal referente mediático/político, y que tienen derecho a seguir disfrutándolo. Pero, lo que es más importante, es la derecha social española la que lo necesita a su vez. Todavía.

¡Ojo!, derecha social no es sinónimo de Federico; ni viceversa.

La derecha social es anterior, más amplia, y plural que el propio Federico y su estrecho grupo de profesionales e intelectuales liberales a los que ha cobijado y, en otros casos, formado.

La derecha social española, aunque no guste a tantos, existe: aquí está. Ha ocupado las calles en reiteradas ocasiones; demuestra una notable vitalidad; mantiene diversas modalidades de presencia social; y, por algo será, ¡se le ridiculiza reiteradamente en la mayor parte de medios de comunicación.

En la derecha social encontramos diversas identidades y temperamentos: liberales y conservadores; algunos post-franquistas, antifranquistas de los pocos que realmente lo fueron, y muchos a los que Franco ni les va ni les viene; católicos, agnósticos y ateos; militantes pro-vida e indiferentes en cuestiones morales; españolistas de pro y liberales de mirada económica un tanto estrecha; estudiantes, empresarios, trabajadores y pensionistas; mujeres y hombres; heterosexuales y gays;…

A todos ellos les une algunas ideas y valores comunes: una percepción positiva de la nación española y su historia; ciertas creencias –al menos en origen- enraizadas en los principios cristianos; una vocación militante y de presencia social; un inconformismo cultural y vital; cierto desapego del Estado y un particular sentido de la responsabilidad individual y social.

Plural, muy plural. Desconcertadamente plural. Así las cosas, difícilmente podía asimilarse sin más al Partido Popular; pues le es anterior. Con todo, una buena parte le ha votado –a su pesar- y lo seguirá haciendo. Otra porción, por el contrario, nunca lo ha hecho y espera, en su periferia, la ascendencia del partido de derechas sin complejos que nunca llega. Ciertamente, derecha social y Partido Popular no terminan de encajar...

A lo largo de estas décadas españolas en democracia, tan plural derecha social necesitaba unos cauces organizativos, un corpus ideológico, una estrategia, un liderazgo; pues, en caso contrario, estaría abocada a la extinción. Y todo ello se lo proporcionó Federico. El cauce: La mañana de la COPE, Libertad Digital, y una difusa red social liberal. Un corpus: el nacional-liberalismo elaborado y plasmado en su Ilustración Liberal. Una estrategia: la movilización social, por medio de numerosas y multitudinarias manifestaciones en defensa de las víctimas del terrorismo y contra la negociación con ETA, la defensa de la vida, la defensa de la unidad española… ¡tirando de un perezoso -o poco decidido- Partido Popular! Un liderazgo: el suyo propio. Y el de Luis del Pino, Francisco José Alcaraz, y algunos otros.

Federico, en todo ello, ha encontrado diversos compañeros de viaje: no pocos periodistas, un puñado de profesores universitarios y comunicadores; heterogéneos colectivos como la Asociación de Víctimas del Terrorismo en su junta anterior, Peones Negros, la Fundación para la Defensa de la Nación Española, determinados grupos pro-vida. Pero, paradójicamente, unos pocos, poquísimos realmente, políticos. Y enemigos: muchos. Y rivales: cada vez más

Decíamos que la derecha social, huérfana de estrictos cauces políticos, se encontró con Federico. Y el matrimonio –dejémoslo en una poliédrica unión de hecho- no resultó del todo mal. Hasta ahora.

Pero, ya se sabe, es con la aparición de dificultades cuando se comprueba la solidez de la unión. Además, a esta derecha social le han salido otros pretendientes que quieren llevarse el gato al agua: políticos (la, en buena medida, genéticamente incompatible UPyD, la post-franquista AES, la errática Ciudadanos-Libertas); transversales (Hazte Oír); mediáticos (Intereconomía); atípicos (la Plataforma de las Clases Medias).

Entonces, ¿la derecha social está en crisis? Efectivamente, es su estado natural; no en vano, esa multiplicidad, en movimiento y reelaboración sin liderazgos establecidos, carece de calco político

Durante bastantes años, en relación a esa derecha social, Federico ha jugado un papel muy importante que difícilmente ningún otro podrá representar en el futuro inmediato. Pero esa unión de intereses está sufriendo el impacto de una crisis que se resume, a muy corto plazo, en un interrogante: ¿qué lista votar en las europeas? Diga lo que diga, haga lo que haga Federico, la derecha social hará, como siempre, lo que le dé la real gana. Vamos, que votará un poco de todo: incluso en blanco. Y el particular matrimonio “derecha social/Federico” acusará tal agonía; aunque no se romperá. Lo que sí puede llegar a hacerlo es el cese de su convivencia. De ahí el grave dilema de Federico… y César Vidal.

Esta derecha social, de la que hablamos, es un tanto individualista, escasamente disciplinada, irregular en sus apariciones públicas, y nada unitaria; según se manifiesta habitualmente. Es deseable, en consecuencia, que las diversas identidades que la integran se doten, progresivamente, de estructuras organizativas que les den voz, haciéndolas valer ante los partidos políticos que pueden representarla: el Popular, básicamente. Y, acaso, coyunturalmente y como medida de protesta, ante UPyD o alguna aparición inesperada a la derecha del Partido Popular.

Por ello, y si quiere tener un futuro, debe consolidar varios movimientos sociales, cuya representatividad política todavía está por dibujar; si bien todo indica que, salvo alguna sorpresa histórica, seguirá siendo el Partido Popular el que lo haga.

Esta derecha social, en permanente ebullición, sigue buscando un rostro, unos cauces permanentes y unos líderes que la representen. A falta de políticos que hagan propios –y sin reservas- sus valores, otros actores vienen cubriendo sus huecos: periodistas, particularmente. De ahí que afirmemos que Federico sea necesario. Y Antonio Jiménez. Y Enrique de Diego. Y Antonio Martín Beaumont, etc.

Federico, Federico: un tipo sin complejos. Genio y figura… Aunque no nos guste demasiado, si no existiera, habría que inventarlo.

Fernando José Vaquero Oroquieta