miércoles, 16 de diciembre de 2009

Jose Ignacio Munilla (Obispo de San Sebastian)



¿Cómo es posible que fuese aceptada una filosofía tan brutal cuya dinámica interna está abocada con toda certeza a la violencia y a la muerte? Algunos afirman que la explicación está en el atractivo mesiánico de Marx, quien incitó el espíritu de sus seguidores de forma astuta y despiadada. Explotó la miseria de los pobres hasta el extremo, presentándose como un mesías redentor de la tragedia del hombre, hasta el punto de reubicar el paraíso, convirtiéndolo en un reino terrenal.

A mi juicio, la persecución religiosa habida en Europa como consecuencia de la filosofía marxista, no es suficientemente conocida ni por jóvenes ni por adultos. ¿Cuántos saben -por poner un ejemplo- el dato fehaciente del asesinato de doscientos mil sacerdotes ortodoxos tras la revolución comunista en Rusia?

Es importante que entendamos que estas páginas tan negras de la historia de Europa, no pueden explicarse solamente por su contexto socio-político, sino que para su plena comprensión, es necesario conocer las ideas erróneas que han echado gasolina al fuego de las injusticias sociales. Bien sabemos que existen ideologías fratricidas que forman parte de la cultura de la muerte. En efecto, las ideas erróneas pueden ser también cómplices del asesinato de los inocentes.

Si verdad es aquello de que “quien siembra vientos, recoge tempestades”, más cierta es todavía la promesa de Cristo: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios…Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.” (Mt. 5, 9-11).

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