miércoles, 9 de diciembre de 2009

Hernan Perez del Pulgar


Acudió Hernando al punto, animándolos con su voz y ejemplo; pero apenas echó de ver, con no menos indignación que sorpresa, que miraban más por la conservación de la vida que por la quiebra de la honra, <<¿qué hacéis, cobardes, qué hacéis? ¿De cuándo acá los moros han visto a un castellano la espaldas?... Mas si venís huyendo de la muerte, más cerca la tenéis>>. Y en diciendo esto, arremetió por medio de los suyos, hiriéndolos con su propia lanza, y empujándolos contra el enemigo. El arrojo del caudillo, su ejemplo, sus palabras acerosas, más penetrantes que sus mismas armas, restauraron como por encanto el ánimo de aquellos guerreros; y revolviéndose como un torbellino en contra de los moros, barrieron la llanura y los arrojaron a los montes”.

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