sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Por qué escarbáis vuestro vientre con afiladas armas y administráis crueles venenos a los que aún no han nacido?


¿De qué sirve que las muchachas, exentas de partici­par en la guerra, estén inactivas y no deseen , armadas con la pelta, seguir a los fieros escuadrones, si, sin tener nada que ver con Marte, de sus propias flechas soportan las heridas y arman sus temerarias manos contra sus propios hechos?. La que en primer lugar decidió arran­carse los tier­nos fetos, hubiera sido merecedora de morir en su propia batalla.
¿Es que para que tu vientre se vea libre del defecto de las arrugas, se ha de extender la arena de tu terrible lucha?. Si esa misma costumbre hubiese sido adoptada por las madres de la antigüedad, el género humano hubiera desapare­cido por falta de hombres y alguien, origen de nuestra especie, habría tenido que lanzar de nuevo pie­dras en un mundo vacío.
¿Quién hubiera aniquilado el poder de Príamo si la divinidad marina Tetis se hubiese negado a soportal el peso durante todo el tiempo completo?. Si Ilia hubiese matado en su hinchado vientre a los gemelos, hubiera perecido el fundador de la dominadora ciudad. Si Venus, cuando estaba embarazada de él, hubiese atentado en su útero contra Eneas, la tierra se hubiera visto privada de los Césares. Tú tam­bién, pudiendo nacer hermosa, hubieses muerto si, como tú, tu madre hubiera intentado tu acción.
Yo mismo, a pesar de preferir mejor morir amando, no hubiese visto la luz del día en el caso de que mi madre hubiese acabado con mi vida.
¿Por qué privas a la repleta vid de las uvas que van creciéndole y tomas con mano cruel los frutos no maduros? ¡Qué caigan los maduros por su propio peso!. Deja que los que hayan nacido crezcan: la vida no es un premio sin importan­cia para una pequeña espera.
¿Por qué escarbáis vuestro vientre con afiladas armas y administráis crueles venenos a los que aún no han nacido?


OVIDIO, Amores, 2, 14

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