miércoles, 16 de septiembre de 2009

Similitudes historicas


“He aquí sobre la escena otra vez el más turbio ingrediente de los que componen el complejo catalanista. No olvidemos la Historia: el catalanismo nace políticamente cuando España pierde sus colonias, es decir, cuando los fabricantes barceloneses pierden sus mercados. No se oculta entonces a su pausada agudeza que es urgente conquistar el mercado interior. Tampoco se nos oculta que sus productos no pueden defenderse en una competencia puramente económica. Hay que imponerlos políticamente al resto de España. Y nada mejor para imponerlos que blandir un instrumento de amenaza al mismo tiempo que de negociación. Ese instrumento fue el catalanismo. Eso que antes era viejo poso sentimental, expresado en usos y bailes, fue sometido a un concienzudo cultivo de rencor. El alma popular catalana, fuerte y sencilla, fue llenándose de veneno. ...Cataluña llegó a estar crispada de hostilidad para con el resto de la patria. Y esta crispación era invocada por sus hombres representativos en cuanto llegaba la hora de negociar un nuevo arancel. Los representantes de la burguesía catalana alquilaban sus buenos oficios de apaciguadores del furor popular a cambio de obtener tarifas aduaneras más protectoras.

‘Este ha sido el tortuoso juego del catalanismo político durante treinta años. Lo que en Cataluña fermentaba como expresión de una milenaria melancolía popular, en Madrid se negociaba como un objeto de compraventa. El catalanismo era una especulación de la alta burguesía capitalista con la sentimentalidad de un pueblo... ‘Los gritos separatistas que aclamaban el avi frenético no hubieran sido posibles sin la cauta preparación de los capitalistas ocultos tras de la Lliga...” ........... “Cuando nosotros empleamos el nombre de España hay algo dentro de nosotros que se mueve muy por encima del deseo de agraviar a un régimen y muy por encima de agraviar a una tierra tan noble, tan grande, tan ilustre y tan querida como la tierra de Cataluña... ‘Que no pase de hoy el afirmar que Cataluña tiene que ser tratada desde ahora y para siempre con un amor, con una consideración, con un entendimiento que no recibió en todas las discusiones. Porque cuando en esta misma Cámara y cuando fuera de esta Cámara se planteó en diversas ocasiones el problema de la unidad de España, se mezcló con la noble defensa de la unidad de España una serie de pequeños agravios a Cataluña, una serie de exasperaciones en lo menor, que no eran otra cosa que un separatismo fomentado desde este lado del Ebro... ‘Yo aseguro al señor presidente, yo aseguro a la Cámara, que creo que todos pensamos sólo en esa España grande cuando la vitoreamos o cuando la echamos de menos en algunas conmemoraciones... Todos los que sienten a España dicen viva Cataluña y vivan todas las tierras hermanas en esta admirable misión, indestructible y gloriosa, que nos legaron varios isglos de esfuerzo con el nombre de España”. (Del discurso pronunciado en las Cortes el 4 de enero de 1934.)

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