miércoles, 23 de septiembre de 2009

Levantaos no temais


En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz... Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas..." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto. Escuchadle." Al oírlo, los discípulos cayeron, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis."

No hay comentarios: