viernes, 11 de septiembre de 2009



.... “La Bestia encarnó, entonces, en un carro de muerte. Sapo inmenso de hierro invulnerable. Se le hundieron los ojos, se le acható la frente: se hizo romo y sin gracia su perfil, con la fría inexpresión de los estanques muertos, o las conciencias pecadoras entre plumas y estiércol embotadas.

Se achicaron sus patas y se agachó en el polvo, sin estatura, igual que los reptiles o el soplo bajo de la tarde que hace danzar las hojas. Restregando su vientre por el fango avanzaba sin gracia ni nobleza, con un lascivo humano contoneo

¡ El carro de la muerte!¡ Cómo sonaba en los caminos fríos de la tarde, la concha de tortuga del monstruo! Sonido de materias triunfadora sin el más leve toque de la Gracia ni el más leve reflejo del Espíritu.

Sonido de dinero en la desmesurada escarcela sin fondo de algún cíclope. Sonido, sin sintaxis, de prosa dura y proletaria.¡ Ay qué dulce nostalgia de los sonidos de los tiempos buenos, de la paz y la gracia y la armonía!:

¡ Campanillas de plata de los Corpus floridos!¡ Tin tin claro y agudo de los dulces velones de Lucena! Los más viejos olivos centenarios murmuraban recuerdos y memorias de otro tiempo mejor con las acacias:¡ Cómo, al paso marcial, ayer cantaban las visagras de hierro, en la armadura, del noble César que pintó Tiziano!

Jose Maria Peman 1938

No hay comentarios: