miércoles, 5 de agosto de 2009

NIETZSCHE, EL PRECURSOR


LECTURA RECOMENDADA

Filosofan a martillazos porque la razón no basta en el mundo de ZP

Pascual Tamburri Bariain

Ilustración, liberalismo y marxismo pretendieron convertir todo lo real en material y todo lo humano en racional. El resultado fue un siglo inhumano que Nietzsche previó y Heidegger vivió.



31 de julio de 2009



NIETZSCHE, EL PRECURSOR


Pavel Kouba, El mundo según Nietzsche. Interpretación filosófica. Traducción de Juan A. Sánchez Fernández. Herder, Barcelona, 2009. 424 pp. 29,80 €

LA RAZÓN NO BASTA



Michel Henry, Fenomenología material. Ensayo preliminar de Miguel García Baró. Traducción de Javier Teira y Roberto Ranz. Encuentro, Madrid, 2009. 240 pp. 30 €



El filósofo checo Pavel Kouba ha dado un paso que a muchos otros ha hecho dudar: se ha adentrado en la comprensión de la obra de Federico Nietzsche. Extraño, asistemático y por definición contradictorio, el gran hereje del siglo XIX anticipó la crisis del pensamiento y de la civilización occidentales que llega hasta nuestros días. Si él no se entendería nuestra historia intelectual. Casi un siglo después de Nietzsche y hace ya dos generaciones Michel Henry exploró sus propias soluciones a la situación que el alemán había planteado.

Dice el muy popular Enrique Rojas (en El hombre «light») que "el ocaso de los valores supremos es uno de los dramas del hombre actual, pero como éste necesita del misterio y de la trascendencia, crea otros que, de alguna manera, llenen ese vacío en que se encuentra. Aparecen así los ya mencionados en el curso de estas páginas: hedonismo y su brazo más directo: consumismo; permisividad y su prolongación: subjetivismo y todos ellos unidos por el materialismo". El verdadero problema es que todas esas verdades ya eran apreciables en el siglo XIX. Los sistemas filosóficos materialistas (todos los ilustrados) no podían ser parte la solución por ser el núcleo del problema; y la solución no estaba, en opinión de Nietzsche, en una restauración del pasado. Sólo un nuevo impulso devuelve la vida a una civilización decadente, porque nadie apuesta su vida por un pasado fósil.

Nietzsche tuvo la genial intuición de señalar no sólo el problema sino sus causas. Mal entendido desde el pensamiento cristiano oficial, hay en él una gran fe latente, negada eso sí por las incoherencias que toda ortodoxia inmanente ofrece al cabo de unos años o unos siglos de predominio. Nietzsche no fue anticristiano más que en el mismo sentido en que fue antiplatónico: consideró liquidados por la realidad contemporánea los modos de hacer y de pensar del pasado. No las verdades subyacentes en aquel pasado, sino su expresión actual. Era necesario un giro radical, o la aceptación de la muerte.

Spengler y Toynbee explicarían unas décadas después cómo no se trataba ya de la muerte de una persona, de una escuela o de una tradición filosófica concreta: desde el siglo XIX Occidente agoniza y muere, y antes de que millones muriesen físicamente en campos de batalla y en gulags ya antes la tradición filosófica que había vertebrados sus países había muerto. Desde ese punto de vista los distintos existencialismos encuentran su explicación: hace falta que la vida y la verdad se reencuentren, no sólo en la revelación sino en la vida del pensamiento, porque en otro caso Europa porirá por brillante que sea su carcasa. Y ya ni siquiera lo es.

Kouba explora todas las dimensiones del pensamiento nietzscheano, gran planteador de preguntas más que de respuestas. Polémico, odiado y difamado, pero sobre todo desconocido. Kouba nos lleva a través de Husserl y Heidegger a entender cómo podemos acceder a la verdad si ya no hay trascendencia y si, como liberalismo y marxismo han demostrado, lo material no la sustituye con éxito. No es el menor mérito de esta edición española de Herder la calidad de su traducción, que hace accesible y grato un texto denso en conceptos que habitualmente se convierten en un tormento para el lector. No en este caso.

Entender el mundo actual exige vivirlo sin creer en él

La fenomenología material del francés Michel Henry entra de lleno en el debate postnietzscheano, que por lo demás es el postmoderno: ¿cómo es posible conocer el mundo si ha dejado de haber verdades objetivas? La reducción de lo humano y real primero a lo racional y después a lo simplemente tangible no ha hecho al hombre más libre ni más dueño del mundo. Al revés, como Nietzsche anticipaba, lo ha convertido en esclavo, ha privado de sentido a la vida y en definitiva ha hecho intrascendente la vida misma. Así, el occidente dueño de todo el poder y la gloria terrenos navega sin rumbo y se enfrenta sin convicción a quien sí cree y sí vive.

El mundo tal y como lo hemos heredado de los tres siglos pasados se deshace. Las soluciones del pasado han dejado de valer, porque todas las grandes ficciones han dejado de estar en vigor. Henry trabaja de una manera en cierto modo parecida a la de Nietzsche, no rehuyendo las paradojas y las contradicciones, creyendo que en ellas más que en un nuevo intento de aplicar esquemas pasados puede estar la respuesta. Henry no da una respuesta, pero la busca, vive. Y puede aceptarse o no su modo de entender las cosas –que ciertamente es compatible con el cristianismo siempre que no se reduzca éste a algunos de sus instrumentos filosóficos- pero no discutirse que el mundo de hoy exige respuestas que hasta ahora no se han dado o no han encontrado su expresión.

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