martes, 30 de junio de 2009

Tres regalos de fin de curso que Gabilondo no haría a sus hijos


Tres regalos de fin de curso que Gabilondo no haría a sus hijos
Pascual Tamburri Bariain
Los buenos estudiantes merecen ahora su recompensa. Los malos, aunque sean premiados por un sistema educativo horrendo, necesitan ayuda. Grandes libros españoles en ambos casos.

26 de junio de 2009

SM acaba de publicar un Atlas Cronológico de la Historia de España, concebido para usuarios de todas las edades y con instrumentos tanto impresos como en línea. La Real Academia de la Historia ha avalado este proyecto mientras presentaba finalmente el primer volumen del Diccionario Biográfico, coordinado por nuestro compañero Jaime Olmedo Ramos y destinado a ser un punto de referencia en siglos por venir. A la vez, y siempre en torno al final de curso y a los restos de la difunta Selectividad, miembros de la misma Academia lanzaban el primer tomo de la Historia Militar de España, coordinado por Martín Almagro-Gorbea y financiado por el Ministerio de Defensa. Tres hitos en el conocimiento y la divulgación del pasado, tres regalos y tres estímulos para el futuro. ¿Serán suficientemente apreciados?

¿Dónde y cuándo sucedió?

Intente usted contar la Historia sin fechas, nombres ni acontecimientos: le saldrá a usted un café sin cafeína y sin agua. Tendrá azúcar, desde luego –es decir, el añadido ideológico- pero no será historia. Pues bien, caballero, sus hijos y nietos, si han sido educados a partir de 1990, no han recibido en general ni el recuerdo de lo que veníamos llamando historia. Un prejuicio sectario ampliamente extendido entre los políticos y en el gremio docente ha creado ese monstruo: una historia en la que saber cuándo, dónde y quién está mal visto.

El Atlas Cronológico de la Historia de España (ACHE) es un instrumento magnífico para quien aprende Historia, para quien la enseña y para quien deba divulgarla. Una cartografía cuidada, una cronología exhaustiva y una cuidada herramienta en red ofrecen con los medios más modernos algo que en España ha faltado durante décadas, y que teníamos que buscar en los atlas alemanes o en sus muy desiguales copias francesas. El atlas no es, desde luego, "la" Historia, pero es un pilar fáctico sin el que no hay historia posible.

Las mejores recomendaciones para que este Atlas sea el regalo adecuado en junio de 2009 las han dado sus críticos. Todos los docentes relativistas alérgicos a lo que llaman "esencialismo", todos los padres preocupados por a utilidad mercantil de los estudios y por las notas más que por la formación, todos los cursis que denuncian la historia "evenemencial" y "memorística": la crítica progre –propia por cierto de profesores en edad de jubilarse que han protagonizado dos décadas de degeneración en las aulas y en el Ministerio- ha acertado al señalar las virtudes de la iniciativa.

36 académicos llevando a las aulas los fundamentos del saber histórico son toda una lección. Lección para quien reciba este regalo y, más aún, para quien ha permitido que hayamos llegado tan bajo. Estoy convencido de que el ministro Gabilondo y su corte, en privado, aprecian estas iniciativas, aunque en público su religión laica les obliga a despreciarla. ¿Por qué tanta hipocresía?

¿Quién lo hizo y por qué? ¿No hay historia sin violencia?

Imaginemos una Historia sin guerra y sin Ejércitos. ¿Sería un sueño, verdad? Todo amistad, florecillas campestres, progreso, amor y tal. La Historia contada por el ministro Gabilondo. Tendría sólo un defecto: que no sería humana. Nuestro pasado, como previsiblemente el futuro de quienes nos sucedan, está trufado de hechos de armas. Negarlo es ridículo y ocultar su importancia a las generaciones por venir significa privarles de instrumentos para tomar las decisiones que a cada uno correspondan. Cierto, nadie desea la guerra en sí misma; pero si hay una postura más estúpida que desearla es mentir a los jóvenes negándola.

Por eso es correcta y necesaria la decisión paralela de la Academia de la Historia de lanzar el Diccionario Biográfico (muchos de cuyos protagonistas son, claro, guerreros) y la del Ministerio de Defensa de reunir a los especialistas en Historia militar, académicos o no, en una ambiciosa Historia Militar de España. Nada más lógico que verla dirigida por el actual duque de Tetuán, y nada más fiable que confiar su parte antigua a Martín Almagro-Gorbea. Ofrecer a los españoles de hoy y de mañana la cronología del pasado y los nombres de sus autores es un regalo para todos; no avergonzarse de los eventos militares es un acierto que agradecerán en especial las víctimas de la LOGSE.

"A ciertos imbéciles, recordar asedios y batallas les suena a militarismo, y recelan de una historia que ni conocen ni les importa". Para qué buscar palabras mejores que las de Arturo Pérez Reverte? Es políticamente incorrecto recordarlo y más aún enseñarlo a hijos y a alumnos, pero las cosas son así: España no sólo tiene un glorioso pasado común, sino que además una buena parte del mismo ha implicado derramamiento de sangre. Oh, terrible. Sí, pero cierto: y porque otros mataron y murieron, y porque estuvieron dispuestos a matar y a morir, y porque supieron hacerlo, hoy estamos aquí y somos como somos. No dudo que habrá cretinos que creerán que esto es incompatible con la "educación para la pazzz" pero lo cierto es lo contrario: a mayor ignorancia de la guerra, a menor preparación de las conciencias para ese supremo esfuerzo, mayor riesgo no sólo de que suceda sino de que, además, la perdamos.

Padres, madres, sed libres. Dad por supuesto que a vuestros hijos, si les hablan de Aníbal, les contarán que era un pacifista, y si les llegasen a hablar de Escipión les dirían que vino a España de turismo. Cosas peores hemos visto. Pero vosotros, si podéis, regaladles este libro u otros que seguirán, compradles los Episodios Nacionales y premiad sus notas de la ESO o de selectividad con un libro que aporte lo que, ay, las aulas tantas veces no quieren o no pueden dar.

¿Por qué su hijo merece una respuesta a las preguntas anteriores?

Creedme, para un joven mínimamente inquieto por el pasado y la identidad de España el sistema educativo no basta. No es sólo un problema de cantidad de información: es de prejuicios progres caducos. Hay decenas de miles de jóvenes sanos y capaces a los que se ha explicado no menos de doce veces la transición demográfica, la plusvalía, la lucha de clases, la eterna lucha del proletariado para liberarse y demás bla bla bla pero que van a llegar a la Universidad, y a veces a salir de ella, sin saber qué pasó en Lepanto, y no digamos ya cuándo pasó aquello.

Responded a sus preguntas. No les deis la razón cuando dicen que "los adultos no tienen tiempo que dedicarnos". Donde no llegue vuestro tiempo ni la capacidad de los profesores que lleguen los conocimientos tradicionales que estos libros contienen y recuerdan. Si son demasiado caros haced que sus colegios, sus institutos y las bibliotecas públicas los compren.

Y a ti, ¿qué quieres que te diga? "Pero es que hay más cosas, ya te contaré... espero que el año que viene cambien muchas… yo sólo puedo hablar de lo que he visto, de muchos favoritismos, de muchas ayudas injustificadas, de muchas importancias otorgadas a las relaciones con el profesor, y sobre todo, y una de las cosas que más me ha incordiado ha sido la calidad humana de muchas personas. Actitudes de compañeros míos (por llamarlos de alguna forma), cuyo único objetivo es aprobar. Para ellos, el fin justifica los medios, aunque probablemente no sepan en su vida quién escribió esa frase. Y por supuesto, la de compañeros tuyos, que en fin... Básicamente ésta es mi opinión, y tristemente coincide con la de muy pocos alumnos más…"

No puedo contestarte, no al menos ahora. Pero te diré una cosa: aunque lo creas no estás solo. Una legión de jóvenes de todas las épocas, y también de ésta nuestra tan desgraciada, ha sentido el aguijón de la injusticia. Búscalos. Búscalos en el pasado, no creas que el mundo es de los que no son como tú. Pide libros, no te refugies en ellos ni hagas de ellos un parapeto pero haz que te acompañen y entiende tu posición exacta en el mundo y en el tiempo. Estudia lo que quieras pero entiende que eres parte de una historia que no ha terminado y que, si se enseñase de otro modo menos utilitario, te dolería menos.

Busca en los libros lo que la tiza no te ha dado aún. Como recordaba Juan Manuel de Prada, "el libro ha dejado de ser aquel objeto sagrado y excepcional, escaso y casi milagroso, de la Antigüedad". Necios. "La modernidad, tan frívolamente utilitaria, ha querido entronizar una forma utilitaria de inteligencia, desestimando el conocimiento que atañe a las verdades de la naturaleza humana y al milenario acervo cultural que nos constituye como seres humanos". No adores el libro pero respétalo y síguelo, sobre todo cuando te dice lo que se te ha ocultado o te lleva donde no quisieron que llegases. "Si aún albergamos una semilla de repudio contra el caos, si aún aspiramos a derrocar la tiranía de la inmediatez, buscando un sentido vital que nos justifique, habremos de acudir a los libros" .

Te acabo de recomendar dos, tres libros. Pueden ser éstos u otros. Acabas de pasar una época extraña, entre exámenes, ocios, ansias y dudas. Has intercambiado promesas de eterna amistad con personas que irán desvaneciéndose de tu vida después de este verano único. Nos echamos unos a otros a la papelera después del Instituto, demasiado a menudo. Y sin embargo la patria de un hombre culto y libre es su bachillerato. "La vida llama. O lo que llamamos vida, por ahora": lo dijo Jonathan Coe en The Rotters´ Club pero podrían haberlo escrito Michel de Saint Pierre en Los nuevos aristócratas e incluso Rudyard Kipling en su Stalky & Co. Léelos, entenderás mejor qué te digo. No hay más certezas que las que te llevas de aquí incluso sin saberlo. Por eso, por todos los dioses aún no nacidos, lee, compra, regala y hazte regalar libros. Libros que te den lo que la escuela no te dio, lo que sin duda mereces, lo que este pobre país merece que tú tengas en vez de uno u otro examen aprobado. Sé bueno, siento repetirme, pero antes que eso lee y crece. Créeme. Vale la pena.

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