viernes, 26 de junio de 2009

Politicos corruptos. Valores contra mafia



«Hay un equívoco muy extendido que consiste en afirmar que éste o aquel político mantenía contactos con un mafioso, que éste o aquel político estaba acusado de compartir intereses con organizaciones mafiosas; pero como los tribunales no lo habían condenado, el político en cuestión es un hombre honrado. ¡No es así! Este razonamiento no funciona, porque los tribunales solo pueden hacer una estimación de carácter judicial: podrían decir “a ver, sí, tenemos sospechas, sospechas graves, pero yo no dispongo de la certeza jurídica y judicial que me permita afirmar que este hombre es un mafioso. Sin embargo, las investigaciones han destapado muchos hechos de este tipo, además de otros órganos, otras instituciones; es decir, políticos. Los poderes disciplinares de diversos órganos administrativos, los ayuntamientos o quien sea deberían, en consecuencia, sacar las conclusiones oportunas de estos acercamientos entre políticos y mafiosos, que no constituyen un delito pero que dejan en entredicho la fiabilidad de la gestión pública del imputado”. Esto no ha pasado porque no se ha ido más allá de la sentencia: se han quedado con que este tipo no ha sido declarado culpable, por lo que es un hombre honrado. Y yo digo: “vamos a ver, no me irás ahora a decir que no has conocido a gente que no era honrada, que no ha sido condenada jamás porque no hay pruebas suficientes para condenarla, pero que aún así son sospechosos, y esta sospecha debería, por lo menos, fomentar, sobre todo en el interior de los partidos políticos, una gran limpieza echando a aquellos a los que se les relacionó con extraños episodios y en hechos inquietantes. No basta ser honrado: hay que demostrarlo”.»

Paolo Borsellino,
abogado italiano nacido en Palermo el 19 de enero de 1940. Como magistrado y conjuntamente con el juez Giovanni Falcone, llevó a cabo los procesos judiciales contra Cosa Nostra. Comenzó su trabajo bajo las órdenes del también asesinado Jefe de Fiscales Rocco Chinnici. Finalmente falleció en un atentado perpetrado por la mafia siciliana el 19 de julio de 1992, en la via d'Amelio, en Palermo

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