jueves, 18 de junio de 2009

La sinrazón encapuchada ataca de nuevo







La sinrazón encapuchada ataca de nuevo

“Varios encapuchados de extrema izquierda asaltan una emisora de radio en Ciudad Real y lanzan proclamas a favor de un preso”. Cambiemos “Ciudad Real” por “Bilbao” y obtendremos portadas en periódicos de tirada nacional y noticias en todos los telediarios. Hagamos un esfuerzo mayor e imaginemos que los “gamberros” eran jóvenes de otro espectro ideológico, lo que en muchas ocasiones se tilda por los medios de “extrema derecha”: tertulias, decenas de “condenas”, ruedas de prensa de Esteban Ibarra y compañía denunciando los hechos... alerta social y condena ejemplar para los asaltantes.

Sin embargo, el ataque terrorista (podemos calificarlo así si entendemos el terrorismo como uso sistemático del terror para coaccionar a la sociedad) no ha acaparado la atención mediática suficiente ni los políticos han dado un paso al frente para ponerse del lado de los trabajadores que en aquel momento estaban en el estudio de la COPE en Ciudad Real. Alguna voz -tímida y apenas audible- ha mostrado su repulsa, varias agencias de noticias han elaborado informaciones escuetas y desapasionadas -muy en la línea del servil y gris periodismo moderno- y poco más. ¿Sorprendente? Sí, aunque no por ello inesperado.

La permisividad del sistema y de los mass media con estos falsos “revolucionarios” viene de lejos; conciertos subvencionados por administraciones locales, cesión de espacios públicos para actos subversivos, “vista gorda” de las autoridades con las bandas urbanas violentas autoproclamadas “antifascistas”... una estrategia aparentemente orquestada que se ha visto acentuada con la llegada al poder del gobierno “socialista”.

Esa condescendencia puede tener doble lectura; por un lado, un trato “amable” de la izquierda caviar hacia la extrema izquierda puede desmovilizar a parte de los radicales y suavizar diferencias entre los dos sectores. Por otra parte, se desactiva el espiral acción-reacción tan deseado por los grupúsculos extremistas: ataque al sistema, ataque del sistema, legitimación de la violencia como “autodefensa” contra el sistema. Finalmente, y empleando un lenguaje sencillo, “todo queda en familia”.

El problema es que la “tolerancia” de la clase política y las fuerzas de seguridad con estos indigentes intelectuales niños de papá tiene su cara cruda. Y como siempre, pagamos los mismos. El abominable asalto a la COPE en Ciudad Real ha servido para asustar a una trabajadora , preocupar a algunos responsables del medio y generar sensación de inseguridad entre los ciudadanos medianamente informados.

Mientras nos llevamos las manos a la cabeza y redactamos estas líneas, por desgracia, la chusma guarro-progre se congratula del asalto a esa cadena maldita y celebra la “valerosa” acción, y su “vanguardia” de aprendices de delincuentes prepara la coartada (el único detenido está ya en libertad). Triste pero cierto.

No nos sorprendería que los COBARDES acaben siendo héroes si son condenados finalmente a pagar una multa de 100 euros. La izquierda es experta en transformar a delincuentes comunes en héroes y mártires. El caso reciente de 14 “cachorrillos” para los que la fiscalía pedía 35 años de cárcel por disturbios en una manifestación, y que acabaron absueltos (tras una macro-campaña de la izquierda batasuna y “tribuurbanera”) es un buen ejemplo. “Los de Cangues” recibieron el aliento de las alimañas y acabaron saliendo por la puerta grande del juzgado.

Sería una lástima que nuestros “amiguetes” manchegos salieran “limpios” de ésta, pero hay precedentes. Al menos nos quedará la satisfacción de haber entendido correctamente su “ataque”; entrar en una emisora local violentamente con capuchas y en superioridad numérica, lanzar proclamas ininteligibles a favor de un preso común -ladrón de bancos reconvertido a anarquista para ganar amistades y apoyos fuera del “talego”, al que NADIE conoce en la ciudad en la que se emite el noticiario- y salir corriendo profiriendo gritos absurdos no es ninguna hazaña. No obstante, cometeríamos un error calificándolo de chiquillada; hace tiempo que la violencia planificada de estas bandas urbanas dejó de serlo.

Dicen que donde no hay justicia es peligroso tener razón. España, poco a poco, se convierte en el paradigma de esa afirmación.

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