martes, 23 de junio de 2009

ETA obliga a la sociedad vasca a escenificar el cambio



ETA obliga a la sociedad vasca a escenificar el cambio

Algo está cambiando en el País Vasco. Y algo ya es mucho teniendo en cuenta las expectativas y la deriva inmoral y antinacional de las instituciones vascas en los últimos treinta años. El vocabulario, las imágenes, los símbolos. Todo eso parece cambiar de manera significativa en el País Vasco.

A Eduardo Puelles le asesinaron el viernes. Matar es muy fácil, incluso para una banda de chapuceros y toxicómanos. Pero responder ante el crimen de la manera adecuada siempre se nos ha antojado demasiado difícil. Sobre todo cuando padecíamos el lastre de un gobierno autonómico dirigido por los que no querían la derrota de ETA.

Con Ibarretxe confinado en su caserío, y tras el asesinato de Eduardo Puelles, nos hemos ahorrado la consabida retórica nacionalista que seguía a los crímenes de la banda terrorista. Ya no hemos tenido que oír a un patético lendakari diciendo aquella canallada de "ETA estorba" (a los objetivos separatistas debía referirse). En esta ocasión casi todo apuntaba en la dirección adecuada; las banderas del Parlamento vasco por vez primera a media asta (antes no había ni banderas), la manifestación multitudinaria por un policía nacional en Bilbao, el féretro con la bandera nacional portado, entre otros, por un policía autonómico.

Nadie excepto el malnacido Sastre, parido por el Tribunal Constitucional, ha osado abrir la boca para empañar la respuesta adecuada al crimen etarra. Este sujeto, batasuno antes, internacionalista hoy y filoetarra siempre ha hecho de portavoz de la banda y de sus intereses disgregadores para advertirnos que o negociamos o padeceremos mucho dolor.

Pero la mejor respuesta la ha dado la viuda de Eduardo Puelles que con un discurso corajudo y bandera de España en mano (la que cubría el féretro de su marido, y da la razón de su muerte), se ha dirigido a la multitud de españoles congregada en Bilbao para arremeter contra los asesinos, no concederles las lágrimas de su dolor y advertirles de que hay muchos más como su marido dispuestos a seguir luchando contra el terror. Sobrecogía ver la entereza de esa mujer excepcional, escoltada por sus hijos, horas después de tener que dar sepultura a su marido. Pero gestos como ese son los que dan esperanza en el País Vasco.

No obstante la raíz del problema no estaba en las calles de Bilbao sino en el sistema educativo vasco que ahora han perdido los nacionalistas. Ayer, Isabel Celaá, nueva consejera de Educación hizo algo insólito al asegurar en la fiesta de las ikastolas de Álava que el testimonio de las víctimas del terrorismo estará en las aulas. Era el marco adecuado para hacer ese anuncio, ante centenares de personas que no querían oírlo, y por eso debemos felicitar a la nueva consejera vasca de Educación. Ahora solo falta que los escolares vascos puedan oír, ver y tocar el testimonio de la viuda de Eduardo Puelles.
http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=97868

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