domingo, 10 de mayo de 2009


Todo el equívoco en el que caen los exaltadores del “progreso” y de la “marcha hacia adelante” de la humanidad se basa en la confusión de la “cultura” (civiltá) con la “civilización”. Del incremento de la civilización con todas las conquistas y los espejismos de grandeza y de potencia, de mejoramiento social y técnico que le resultan propios, se infiere de ello un incremento de “cultura”. Parece en cambio que existe un destino por el cual los dos términos resultan antitéticos: todo progreso en lo material de “civilización” es pagado con una regresión –muchas veces imperceptible para la mirada superficial, pero no por esto menos real y fatal- en materia de “cultura” (civiltá). Parece que en cambio hay que elegir: entre un sistema que materialmente y socialmente presenta inevitables imperfecciones y disfunciones, y un sistema que en tal dominio puede alcanzar un incomparable grado de perfección, manteniendo sin embargo en lo interior un vacuum, una carencia sustancial del sentido de la vida, carencia mal compensada o mitigada por formas múltiples y exasperadas de distracciones o de exaltación colectiva y delirios ilusorios: en el momento actual cine, televisión, deporte, partidos, sexo.

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