martes, 21 de abril de 2009

Nacimiento de Roma XXI Abril. Hispano




Posiblemente ningún país del mundo tenga una historia tan entreverada con la de Roma como España. Recordar, al inicio del tercer milenio, cuanto de España queda en la Urbe por antonomasia, cuyo pasado, desde su mítica fundación en 754 a.C., acumula tres milenios de vida y de cruce de culturas, es un ejercicio de memoria histórica que conduce necesariamente a los albores de la propia España.

La huella de España en Roma


«A las pocas horas de caer en Roma... ¿qué cosa me pasó? No sé. Sólo recuerdo que girovagué alucinado por las calles, y jardines, y cielos, y árboles, y palacios, y acentos de aquella vida. Y que de pronto me encontré abrazado a Roma con un ansia incontenible y desarticulada de balbucear tenuemente: madre.

Roma, a los pocos días, ya fue todo para mí.

Roma era el Madrid cesáreo e imperial que Madrid no sería nunca.

Roma era ese firmamento cálido, azul, de un azul sexual, embriagador, azul y dorado que yo no había visto en parte alguna de España –y que era España, sin embargo– y que me protegía como una mano regia.

Era la matriz de una Castilla mía, depurada, antigua, eterna, celeste, inajenable. Roma era –¡qué impresión descubrir eso, sencillamente!– mi lengua, el manantial de mi habla, espuma y cristal, originario en el que yo ahora zahondaba mi espíritu como un Jordán beatífico, saturándome de santidad, de periodo de orígenes, de filialidad, de ternura agradecida.

Roma era lo que yo nunca supuse que podría pervivir: aquella iglesia de mi infancia, y aquel sonar de campanas de mi colegio de monjas y aquel olor de agua bendita-incienso, y aquella visión negra de sotanas y roja de sobrepellices, y era la procesión de ese día y de ese pueblo, y de esa tarde castellana, y de esa noche madrileña y de ese alba en el mar.

Y era Roma el capitel y la columna y el portal del palacio en la ciudad vieja, y el cuadro y el púlpito, y el sentido melancólico, adusto y altiplánico de la llanura y la sierra de mi naturaleza.

Encontraba en Roma el olor a madre que nunca había olido en mi cultura, que es peor que el olor a hembra, porque enloquece de modo más terrible.

Olor a mundo antiguo, medieval y nuevo. ¡Qué era eso al lado de la bastardía arribista de las otras culturas europeas, que se me disputaban el favor!»

Ernesto Gimenez Caballero


"Dentro de tres semanas yo estaré recogiendo mis cosechas. Imaginad donde querréis estar y se hará realidad. Manteneos firmes, no os separéis de mí. Si os veis cabalgando solos por verdes prados, el rostro bañado por el sol, que no os cause temor. Estaréis en el Elíseo y ya habréis muerto. ¡Hermanos! Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad." Máximo Décimo Meridio

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