jueves, 23 de abril de 2009


“Este desprecio del pensamiento, que reina hoy en todas las clases, constituye un grave peligro social. Un país, todavía más que un individuo, necesita de un cerebro sano y bien equilibrado. La atropellada marcha del dinero, la orientación de todas las fuerzas de un país hacia la producción industrial y comercial, la preocupación exclusiva del desarrollo económico, conducen siempre a catástrofes. Las grandes épocas de nuestra historia han sido aquellas en que el pensamiento era franco, poderoso, honrado, soberano”.

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