lunes, 18 de enero de 2010

Comunidad






Creo que sería, no ya inútil, sino contraproducente, caer en el maquiavelismo y separar los distintos niveles de la lucha. Si aspiramos a la comunidad popular no hemos de esperar a conseguir el poder político, la influencia social, el predominio cultural necesarios para triunfar. Tenemos que empezar a vivir ya esa comunidad popular; fijáos sin embargo que digo vivir, y no construir: porque una característica reseñable del concepto de comunidad es su naturalidad. No estamos hablando de una construcción intelectual ni de una organización burocrática, sino de grupos de hombres y de mujeres surgidos espontáneamente, en torno a momentos comunes de sus vidas -el origen, la residencia, el trabajo, el otium,...- que intentan preservar y conquistar una identidad. La gran comunidad popular final será la articulación de todas esas comunidades que, humildemente, podemos empezar a construir, y la portadora de su identidad colectiva. Atención: del mismo modo que la simple adición de individuos no da lugar a la comunidad, la suma de pequeñas comunidades no tiene como resultado la comunidad popular: es fundamental la integración orgánica, natural, espontánea, jerárquica. Entrando en una dinámica de lucha popular-comunitaria garantizamos la fabricación de ladrillos, pero no estamos en posición de ver el conjunto del edificio...

A la comunidad popular por la comunidad popular. La principal virtud de una lucha social realizada a través de pequeñas células comunitarias es su vigor intrínseco, la facilidad con la que esas células se insertan naturalmente en el tejido social podrido y son capaces de darle nueva vida. La compacidad así lograda supera con mucho a la de cualquier organización jerarquizada tradicional, en cuanto que, desde estas posiciones, sería posible resistir al medio y ganar, muy poco a poco, terreno.

Una segunda virtud de este modelo de lucha es que representaría potencialmente un modelo y un objetivo. Me explico: el ideal de vida no quedaría relegado a después de la victoria política, sino que ya antes de ella sería una realidad a la escala de las pequeñas comunidades, dedicadas o no, en todo en parte, a la política convencional.

En tercer lugar, la lucha comunitaria podría alimentar otros tipos de lucha, no sólo idealmente, como acabo de decir, sino también de manera más concreta y directa. Por una parte, la existencia de comunidades de vida y de valores garantizaría siquiera biológicamente para el futuro la existencia de militantes para los otros tipos de lucha. Por otro lado, esas comunidades, miembros de la sociedad pero a la vez radicalmente opuestas a ella, aliviarían la tensión soportada por los militantes de otros frentes, al no estar sometidos ya permanentemente a un medio en todo hostil.

También existen potenciales dificultades. La principal es el riesgo de sectarismo, que nos llevaría a una excesiva autocontemplación y a una renuncia a la actividad exterior para centrarnos en nuestro pequeño mundo, satisfactorio en sí mismo, pero limitado. No hay que olvidar que el objetivo es la comunidad popular a todos los niveles: si perdiésemos esa meta el proyecto comunitario no sólo habría sido inútil, sino que habría hecho estériles muchos esfuerzos....

Roldanus

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Sinceramente grato el ver que existen personas que no han caido en el borreguismo , saludos y seguid asi .

Anónimo dijo...

Buena teneis montada por allí

Alfaraz dijo...

Muy bien.
Pero la cámara de fotos sigue desenfocando una barbaridad...


AE!


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