jueves, 31 de julio de 2008

Epístola desde Cimeria



Te encaramaste a mi nido de águilas,

y desde allí la ciudad no fue sino el dibujo

de un sello regio inscrito sobre una roca sin valore.

Ni libros ni sones inmortales.

Ni el puño de hierro que blasonará el cielo de tu juventud,

huérfana de belleza antigua.

Ni gesto ni mito que imprimieran tu presencia

en un mundo que nos ignora.

Epístola desde Cimeria”, Ángel Sobrevuela

Orcos


Ahora lo veo ya clarísimo: son orcos. A ellos les gusta todo lo cutre, raído, sucio, destructivo y ruín. Son la sombra en persona extendiéndose por el mundo. Pretenden englobarlo todo, incluídos a nosotros. Su tipo humano es el orco, solo que de momento no se han vuelto tan feos, aunque esto último solo algunos.

Como ya supondreis, acabo de ver el señor de los anillos. Absolutamente recomendable. No recuerdo si se ciñe o no al texto o si algún purista desaprueba algún aspecto concreto. El caso es que el mensaje que se vierte a la sociedad es cien por cien positivo. Y este es el de una cosmogonía épica que refleja la totalidad del mundo moderno. Es el mito de la renovación del mundo a través del sacrificio al que empuja el amor.

El mensaje más profundo es que la batalla se da en el interior de cada uno.

También Saruman caminó por los bosques y se preocupó de "lo que crece". En cambio ahora "tiene el alma de metal". Este es el mensaje que debe importarnos.

Por fortuna, nunca llueve eternamente y al final siempre sale el sol.
Suerte a todos en el año que empieza y buena guerra.

Springer 2002

Riopar 2004






La salidas al monte han de ser obligatorias para todos/as sin excepción, es lógico que conforme se salga más se aumente el nivel de las ascensiones, conociendo el medio y los factores a la perfección, pero siempre en grupo.

Llegados al nivel en el que estamos es tan importante un Aneto como el Padroncillo, un pico aparentemente más fácil. El pasado Domingo solo fuimos tres personas al citado pico pero la experiencia fue fabulosa. Allí tan cerca del cielo, de Dios y de nosotros mismos, disfrutamos del paisaje y meditamos como solo se puede hacer en el silencio de nuestra madre Naturaleza.

Salir por salir es una experiencia más sino es añadiéndole la compañía de los camaradas y las actividades desarrolladas por todos, como lecturas comentadas, rezos y canciones.
Hemos llegado a cohabitar un refugio con esos otros montañeros y creerme no saben nada del sentido religioso de la montaña. Son urbanitas( a veces no ) vestidos de robots y que han convertido el ir a la montaña en un movimiento mecánico carente de toda espiritualidad, podrán ser los mas expertos pero han convertido la ascensión en una carrera de autómatas que no paran ni a contemplar el paisaje. Suben y bajan añadiendo tal o cual pico a sus trofeos como el que colecciona chapas.

Eso, a mi por lo menos, no interesa. Sí soy partidario de hacer ascensiones más fuertes pero no por ello elegir a placer cual o tal salida según su nivel. Me llena de orgullo ir a todas las salidas al campo ya sean paseos por el monte como ascensiones tipo el Aneto.

Digo todo esto porque me consta que muchos de vosotros no vinisteis el domingo por falta de ganas o comodidad en algunos casos y por el destino elegido en otros.

La montaña esta de moda y muchos borregos trasladan su ignorancia allí. Yo no quiero ser del montón, ni un borrego.Iré, si, pero con mis camaradas allí donde nos lleve el valor, ahora recordad que cada salida es única y las experiencias vividas también y en muchos casos no se van a repetir. Alguien decía que cada día es el ultimo de la vida, tomad esto también para nuestras excursiones.

Edu.

miércoles, 30 de julio de 2008

Holderlin




Muerte por la patria

Friedrich Hölderlin


¡Llegas, oh batalla! De las colinas
bajan al valle oleadas de jóvenes
para enfrentar a los insolentes invasores,
seguros de su arte y de su brazo.
Pero más segura que todo,

el alma de los jóvenes se abate sobre ellosm
pues los justos pegan como magos
y sus cantos patrióticos
paralizan las rodillas de los infames.

¡Recibidme, recibidme en vuestras filas,
no quiero morir un día de vil muerte!
Morir inútilmente me horroriza;
pero sí caer en el altar de la patria,

desangrar mi corazón por la patria.
Pronto esto será un hecho. Aquí estoy,
yendo hacia vosotros, camaradas,
que me enseñasteis a vivir y a morir.
¡Sí, ya bajo a la batalla!

¡Cuántas veces bajo el sol tuve sed
de veros, héroes y poetas de otros tiempos!
Ahora acoged como amigo al humilde extranjero
y seremos unos de otros hermanos.

Ya llegan los heraldos de la Victoria:
¡La batalla es nuestra! Sigue viendo
en lo alto de la luz, oh patria,
y no cuentes los muertos. Porque por ti,
ni uno solo de más ha caído.

Piragua



Arn, El Caballero Templario (Arn: The Knight Templar) Dirigida por Peter Flinth

Cervantes


'Tembló el cita en el oriente,
el barbaro al mediodía,
el luterano al poniente,
y en la tierra siempre fría
temió la indómita gente;

Arauco vio tus banderas
vencedoras, y las fieras
ondas del sangriento Egeo
te dieron como en trofeo
las otomanas banderas'
Cervantes


martes, 29 de julio de 2008

De Juana Chaos

Optimista


...nadie habría de decir "soy fiel" hasta después de pasar al Más Allá, cuando podrá decirse, en la lápida de pocos: "Fue fiel". En el duro camino hasta entonces nos encontramos, aligerados con la certeza de que no caminamos solos, y de que así seguirá siendo en 2004.
PV

Autoindulgencia


La autoindulgencia consiste en ser comprensivo con uno mismo, justificando las propias flaquezas, cobardías, perezas, inacciones, concesiones y debilidades varias. Como nadie es perfecto, todos incurrimos en esas cosas varias veces al día; pero lo realmente peligroso es negar que es así, o no tratar de mejorar.

Siempre hay una buena excusa para el autoindulgente, algo más importante que explica los problemas, los defectos, los retrasos ...

La autoindulgencia es una inevitable tendencia humana, pero es de naturaleza material, burguesa, femenina. Es incompatible con la militancia, y es el primer vicio a combatir como individuos y como grupo.

A veces, incluso, se agrava con la irritación, con el malestar, con la agresividad a la defensiva -sabemos que no actuamos bien, pero lo negamos, o culpamos a los demás. El autoindulgente convive mal, salvo con otros autoindulgentes claro.

La solución, siempre, es el orden y la alegría más humilde.

Para militar, y más para dirigir, es preciso ser exigente con uno mismo. Y comprensivo (pero no indulgente) con los demás, en la medida en que cada uno responda a lo que dice ser.

Esto es importante para la vida comunitaria. Y especialmente importante si emprendemos una "vida pública". La autoindulgencia nos haría menos creíbles, menos eficaces, menos correctos. Sobre todo, menos alegres, y menos capaces de seguir nuestro camino.

Roldanus 2004

lunes, 28 de julio de 2008

Negociacion. Capuchita roja

Santiago y cierra España!!


'Dice un hombre que ha visto a Santiago
en tropel con doscientos guerreros;
iban todos cubiertos de luces,
con guirnaldas de verdes luceros,
y el caballo que monta Santiago
era un astro de brillos intensos.
Dice el hombre que cuenta la historia
que en la noche dormida se oyeron
tremolar plateado de alas
que en sus ondas llevóse el silencio.
¿Qué sería que el río paróse?
Eran ángeles los caballeros.
¡Niños chicos, cantad en el prado.
horadando con risas al viento!'

Centro Cultural Occidente


Se firme. Que la cobardía y la comodidad ajenas no te debiliten, sino que refuercen tu decisión. Vencerás si perseveras. Si te rindes, huirás de tí mismo el resto de tu vida, aunque materialmente ésta sea más cómoda.
Yo sólo puedo ofrecerte una certeza, desde la posición que ocupo: aquí hay un camino para defender, al más alto nivel, aquello que tú siempre has creido. Aquí hay una familia que no comparte tu sangre, pero que sí comparte tu alma. Aquí estamos, frente a un mundo que vive dominado por lo contrario de lo que amamos.
Juntos, con un estilo común de vida, con orden, con alegría, con disciplina. Si quieres, puedes. Dios y la Patria nos pedirán un día cuentas de lo que hayamos hecho con las oportunidades que se nos dieron. Y no se nos preguntará qué hicieron los demás, o si vencimos, sino qué hicimos nosotros, y si luchamos noblemente.

Centro Cultural Occidente 2004

domingo, 27 de julio de 2008

Trilogia del Señor de los Anillos de Peter Jackson






Orientaciones


En primer lugar, debemos reconocer claramente que las destrucciones que hoy en día nos rodean son más bien de carácter moral y espiritual que de naturaleza material, económica o social. No hay nada que no se pague: el destino relativamente mejor -si lo comparamos con las otras naciones vencidas- que la traición y la deserción nos han deparado (2) tiene su contrapartida en un desfallecimiento interior, en un marasmo ideológico, en un decaimiento del carácter y de toda verdadera dignidad (3). Reconocer esto significa también reconocer que el problema principal, el fundamento de cualquier otro, es de naturaleza interior: rebelarse, renacer interiormente, darse una forma, crear en sí mismos un orden y una rectitud. Nada han aprendido de las lecciones del pasado reciente quienes hoy todavía se ilusionan a propósito de las posibilidades de una lucha puramente política y sobre el poder de tal o cual fórmula o sistema, si no se parte, ante todo, de una nueva cualidad humana. Es éste un principio que hoy, más que nunca, debería aparecer con una evidencia absoluta: si un Estado tuviera un sistema político o social que, en teoría, valiera corno el más perfecto, pero en el cual la substancia humana fuese deficiente, entonces este Estado descendería antes o después al nivel de las sociedades más bajas, mientras que, por el contrario, un pueblo, una raza capaz de engendrar verdaderos hombres, hombres de intuición justa y de instinto seguro, alcanzaría un alto nivel de civilización y se mantendría en pie, firme frente a las más arduas y calamitosas pruebas, incluso aunque su sistema político fuera deficiente o imperfecto. Hay que adoptar, pues, una precisa posición contra el falso “realismo político”, que piensa sólo en términos de programas, de problemas, de organización de partidos, de recetas sociales y económicas. Todo esto es contingente y no esencial. La medida de lo que aún puede ser salvado depende, por el contrario, de la existencia o no de hombres que vivan no para predicar fórmulas, sino para ser ejemplos; no para ir al encuentro de la demagogia y del materialismo de las masas, sino para despertar diferentes formas de sensibilidad y de interés. A partir de lo que, pese a todo, sobrevive aún entre las ruinas, reconstruir lentamente un hombre nuevo, animarlo gracias a un determinado espíritu y una adecuada visión de la vida, fortificarlo mediante la adhesión férrea a ciertos principios. Este es el verdadero problema.

Julius Evola

Donoso Cortes


El fundamento, señores, de todos vuestros errores (dirigiéndose á los bancos de la izquierda) consiste en no saber cuál es la dirección de la civilización y del mundo. Vosotros creéis que la civilización y el mundo van, cuando la civilización y el mundo vuelven. El mundo, señores, camina con pasos rapidísimos á la constitución de un despotismo el mas gigantesco y asolador de que hay memoria en los hombres. A esto camina la civilización, y á esto camina el mundo. Para anunciar estas cosas no necesito ser profeta. Me basta considerar la combinación pavorosa de los acontecimientos humanos desde su único punto de vista verdadero, desde las alturas católicas.

Considerad una cosa, señores. En el mundo antiguo la tiranía fue feroz y asoladora, y sin embargo esa tiranía estaba limitada físicamente, porque todos los Estados eran pequeños, y porque las relaciones internacionales eran imposibles de todo punto; por consiguiente en la antigüedad no pudo haber tiranías en grande escala, sino una sola, la de Roma. Pero ahora, señores, ¡cuan mudadas están las cosas! Señores, las vias están preparadas para un tirano gigantesco, colosal, universal, inmenso; todo está preparado para ello : señores, miradlo bien; ya no hay resistencias ni físicas ni morales : no hay resistencias físicas, porque con los barcos de vapor y los caminos de hierro no hay fronteras; no hay resistencias físicas, porque con el telégrafo eléctrico no hay distancias; y no hay resistencias morales, porque todos los ánimos están divididos y todos los patriotismos están muertos. Decidme, pues, si tengo ó no razón cuando me preocupo por el porvenir próximo del mundo : decidme si al tratar de esta cuestión no trato de la cuestión verdadera.

El mundo católico no puede consentir, y no consentirá en la destrucción virtual del cristianismo por una ciudad sola entregada al frenesí de la locura. La Europa civilizada no puede consentir, y no consentirá que se desplome, señores, la cúpula del edificio de la civilización europea.

sábado, 26 de julio de 2008

SuperZP

La difícil tarea de guiar personas y formar jóvenes






El gobierno de toda comunidad implica, si es desarrollado a conciencia, un sacrificio constante. Desde Platón y Aristóteles hasta nuestros días, la doctrina y la práctica políticas coinciden en demostrar un solo hecho, capital: el hombre o los hombres que dirigen, guían y gobiernan un grupo humano –y en definitiva da igual si se trata de una pequeña asociación o de un Estado– se inmolan a su misión. En ellos terminan por resumirse los vicios y las virtudes de la comunidad, a ellos se dirigen todas las miradas en los momentos de incertidumbre, su vida es ejemplo de lo que toda la comunidad es, quiere ser o debe ser. Para bien y para mal, al menos en nuestra civilización, así son las cosas y así van a seguir siendo.

En consecuencia, el buen gobierno de las comunidades tiene su base más saludable en una formación de la juventud en los valores y para los valores, o, si se quiere mayor precisión, en los principios y para los principios. Aquello que se vive en la adolescencia y en la primera juventud a través las experiencias comunitarias que han de entreverar esos años decisivos es lo que después regirá la sociedad. Una sociedad con una vida juvenil sana y con un liderazgo juvenil –individual o comunitario, poco importa– igualmente sano tiene ante sí un futuro mejor que las sociedades que carecen de ambas cosas.

Es el caso de nuestro tiempo, de nuestro mundo, en grado superlativo. En la parte predominante de la juventud española faltan destellos de liderazgo auténtico, aunque sobra verborrea al respecto. Una serie de problemas lastran esa parte de nuestro futuro que vive ya, incluso en sus partes más sanas o teóricamente más esperanzadoras. En el seno de nuestra juventud se combate una batalla cotidiana entre una España fuerte, justa y eficiente y una España hecha de egoísmos, de bajezas y de miserias en apariencia brillantes. Las cosas no van demasiado bien.

La primera y grave cuestión es la confusión de la conveniencia propia con el interés general. Nadie dice aceptar hoy que un político planifique su tarea conforme a sus intereses y apetencias particulares. Pero en cambio se tolera, demasiado a menudo con complacencia y sonrisas, que adolescentes, jóvenes y menos jóvenes confundan sin escrúpulos ambas cosas. Un líder juvenil o un grupo juvenil con cierta vocación de liderazgo social, por ejemplo, no pueden planificar su tiempo, sus recursos y sus tareas según su calendario recreativo o de otro tipo. Si no se respeta esa jerarquía en lo pequeño no podremos el día de mañana pedir que se respete en lo grande.

Pero no se trata sólo de una realidad material. En segundo lugar, el problema radica en la tendencia a analizar la realidad según los propios prejuicios. Puede argumentarse que tal cosa es problema ideológico de los políticos; pero en realidad es un problema que se crea en la selección y formación de cuadros juveniles, cuando no se enseña –ya no se enseña, ya no se impone– a distinguir la verdad objetiva del deseo subjetivo. Y de aquellos polvos vienen estos lodos.

Nos enfrentamos a una clase dirigente –no sólo política– autoindulgente, capaz de perdonarse a sí misma todos los errores y todas las debilidades, capaz de negar todas las evidencias que contradigan el elevado concepto que de sí misma y de sus obras tiene. Pero esa flor envenenada se cultiva en la juventud, en esa juventud con una tendencia al autoerotismo (moral, que es peor) que milenios de experiencia occidental corregían y que la modernidad contemporánea ensalza y aplaude.

La experiencia no se está transmitiendo, porque no se está dando importancia al futuro. En ese futuro tendremos, por ejemplo, líderes sociales agresivos, ferozmente incapaces de reconocer sus limitaciones y de aceptar la crítica objetiva, que será tomada como insulto; y a la vez tendremos dirigentes moralmente indiferentes, porque habrán sido educados, de hecho, si no formalmente, en la idea de que ellos valen más que todos los milenios anteriores de vida europea. La agresividad y la indiferencia, por cierto, como mecanismos de defensa ante psicopatologías sociales crecientes.

Ese futuro tiene una explicación, que es el ordenar las cosas sobre el placer egoísta, sobre el interés individual y sobre la opinión veleitaria. Ustedes dirán que todo esto peca de pesimismo (si no me creen) y de inevitabilidad (si me creen). Pero ustedes me creerán si son jóvenes o si viven cerca de jóvenes, porque estarán viendo que las cosas ya son así en los ámbitos juveniles, incluso en los más selectos y teóricamente más inmunes a toda decadencia moral. Y si recuerdan cómo impone nuestra tradición clásica que sean las cosas convendrán conmigo en que todo esto nada tiene de inevitable.

Si confiamos la solución de este inmenso problema futuro, que afecta a todas las dimensiones de nuestra comunidad humana, a los poderes públicos y sólo a ellos, estoy dispuesto a admitir que el mal es inevitable. Pero no ha de ser así: en todo espacio juvenil o con participación juvenil ha de subrayarse la primacía del deber sobre el placer, de las metas comunitarias sobre los intereses individuales.Han de desinflarse los egos hipertróficos, tantas veces cúmulo de vanidades sin base real en los campos que dan verdadero sentido a la vida humana. Han de imponerse el orden, la disciplina, la definición estricta de objetivos vitales y de planes de vida; han de informarse esos estilos de verdad, de belleza y de bondad, afirmando sin temor que lo verdadero, lo bello y lo bueno no dependen de gustos individuales, y que no nos llegan a todos con igual facilidad; ha de crearse con el ejemplo y con la exigencia un sentido de servicio y de sacrificio por metas elevadas y altruistas, con renuncia a las vanidades del mundo.

Se trata, nada menos, que de educar. Pero no de impartir clases en el sistema docente, sino de imponer en todo grupo juvenil, o al menos en todo ámbito juvenil de donde previsiblemente hayan de salir los líderes de la siguiente generación, estos principios eternos. Transigir, tolerar o disimular lo contrario nos evitará, es cierto, trabajo, disgustos y quebraderos de cabeza; pero nos condenará –a la comunidad de la que se trate, y a todos en general– a una catástrofe sin precedentes históricos.


El Semanal Digital, 23 de agosto de 2004
Tirso Lacalle

Irlanda

Juan Ignacio




Esta si que es bella, camarada,

porque la buscas tú

y te impones con voluntad.

Mueres bajo el sol o bajo las estrellas,

pero mueres en combate

y tu sangre se hace fértil

como una primavera.

Nadie dice nada.

Sólo tus camaradas alzan el brazo

y escriben tu nombre en letras de oro

y gritan: ¡¡ Presente!!

Tienen los ojos brillantes y no lloran,

porque han de honrarte

con fiesta de polvora y asalto.

Media hora después cantan un himno.

Y en las estrofas del himno estás tú:

¡¡Presente!!

Dos horas después están encarcelados,

Y tú con ellos: ¡¡Presente!!

Y siempre tú: ¡¡Presente!!

Con tu último gesto: ¡¡Presente!!

Con tu última y eterna sangre: ¡¡Presente!!

viernes, 25 de julio de 2008

Miguel de Cervantes


"...dirás al otro, que en sus venas tiene
la sangre de Austria, que con esto sólo
le dirás cien mil hechos señalados
que, en cuanto el ancho mar cerca y contiene,
y en lo que mira el uno y el otro polo,
fueron por sus mayores acabados.
Estos ansí informados,
entra en el escuadrón de nuestra gente
y allá verás, mirando a todas partes,
mil Cides, mil Roldanes y mil Martes,
valiente aquél, aquéste más valiente;
a estos solos les dirás que miren
para que luego aspiren
a concluir la más dudosa hazaña:
Hijos, mirad que es vuestra madre España!"
Miguel de Cervantes

Desolacion

Santiago y cierra España!!

Hombres G

jueves, 24 de julio de 2008

Contreras


'¡Cuántos recios muchachos de esa especie deben haber desaparecido sin dejar huella, deben haber mordido el polvo con un tesoro natural de vivos recuerdos! Por ello no podemos sino felicitarnos ante la inusual casualidad que hizo que un Gelmmelshausen, un Commynes, un Cervantes o un Contreras, echasen mano de la pluma para relatar la historia de su tiempo a partir del lugar en que late más cálida e inmediatamente: desde el corazón del guerrero. '

Ernst Jünger
(sobre Alonso de Contreras)

Suspiros de España

El sheriff de Coslada

Vickie uno de nosotros

Mircea Eliade


“…la aparente pobreza de las culturas primitivas implica no una incapacidad de teorizar, sino un estilo, una manera de pensar netamente distinta del estilo moderno…podemos identificarles un conjunto de verdades, integradas de manera coherente en un sistema, en una teoría…con ayuda de estas verdades, el hombre intenta salvarse integrándose en lo real” – Mircea Eliade

miércoles, 23 de julio de 2008

Henry David Thoreau



"En el paisaje hay exactamente la belleza que cada uno está preparado para apreciar, ni un gramo más. Lo que vea un hombre desde determinada cumbre, será tan diferente de lo que vea otro como lo son ambos entre sí.

El imperio contraataca en Innsbruck

Felipe II

Gabinete Caligari

martes, 22 de julio de 2008

Vamonos de Fiesta

Canción del pirata



Canción del pirata
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

José de Espronceda

Recuerdos Gredos 2004

Orden

lunes, 21 de julio de 2008

Aventura Pirenaica 19 y 20 de julio





"
Sede del amanecer, del heroísmo, y, si es necesario, de la muerte heroica transfigurante, lugar de un "entusiasmo" que tiende hacia estadios trascendentes, de un ascenso desnudo y de una fuerza solar triunfal opuesta a las fuerzas paralizantes, que oscurecen y bestializan la vida.." Evola

Cuando una montaña se empeña en no dejarte subir, es mejor no intentarlo. A más de 3000 m, en pleno vivac y a las 2 de la madrugada nos sorprendió una tormenta eléctrica que nos obligó a recoger todo apresuradamente y empezar a bajar a toda prisa. Erramos el camino de bajada y tuvimos que subir nuevamente para coger el camino correcto; justo cuando empezamos a subir de nuevo el cielo se enfureció aún más y nos mandó su particular regalo en forma de granizo.

Tras un duro sufrimiento, empapados, a oscuras, doloridos por el granizo y con el corazón en la boca, encontramos por fin el camino bueno y empezamos a descender penosamente por él; sin embargo la bajada debía ser rápida porque el cielo seguía amenazando.
Pasamos la zona de nieve, la tormenta amainó y empezamos el descenso por las rocas casi a ciegas, con un solo frontal para los tres. Erramos de nuevo el camino de bajada y nos fuimos desviando paulatinamente hacia la derecha, confundidos también por las luces de unos montañeros que bajaban delante de nosotros.

Casi con las primeras luces del día, nos encontramos con los dos montañeros que nos precedían en el descenso; charlamos y descansamos un rato. Después, guiados por la fila de luces de los montañeros que empezaban a subir, comenzamos a bajar todos juntos.

Ya de día, completamente destrozados y empapados llegamos al refugio. Nos despedimos allí de nuestros amigos, que decidieron bajar directamente hasta el parking sin descansar. Nosotros en cambio preferimos quedarnos allí un rato, recuperarnos un poco y comer algo antes de afrontar la última parte del descenso.

En los diez minutos escasos que tarda el autobús en hacer el trayecto hasta donde teníamos nuestro coche, los tres dimos alguna cabezada. Por fin llegamos al coche, nos pusimos ropa seca y nos quitamos las botas. A mí se me puso una sonrisa de auténtico placer cuando me calcé mis cómodas zapatillas sobre unos calcetines secos y limpios. Ya estábamos listos. Ya sólo quedaban diez horas de viaje.


Batalla de Bailen


Don Juan Carlos y el Príncipe, "pillados" con el peor vicio familiar

Pascual Tamburri:Este 19 de julio se cumplen los 200 años de la batalla de Bailén. Fue la primera victoria española tras la invasión francesa, y fue la primera interrupción en el ciclo europeo de victorias de Napoleón. El Ayuntamiento de Bailén y miles de ciudadanos van a celebrar el aniversario, pero los Reyes y sus hijos han decidido no participar.


Lógicamente hay descontento. El pleno municipal aprobó, pese al PSOE, un "Manifiesto de malestar e incomprensión ante la no presencia de la Casa Real en los actos conmemorativos del Bicentenario de la Batalla de Bailén". En cambio a Don Juan Carlos no le ha faltado tiempo para la Conferencia Mundial de su "amigo" el rey Abdalá de Arabia Saudí, con Zapatero, Salaman Ouda y Jamal Khashoggi. Sólo se ha echado de menos al "primo" Mohamed VI y a los dos Albertos con su sentencia bajo el brazo. Y Don Felipe a lo suyo. Pero ni todo esto es novedad ni, al fin y al cabo, es tan grave.

Lamentablemente, hay precedentes

En 1808 la invasión fue hecha posible por una Familia Real indecorosa y egoísta y por unos gobernantes e intelectuales en gran medida ajenos a la realidad del pueblo español. Mientras la gente moría en las calles y en los campos en nombre de Fernando VII, de la patria y de la fe, Napoleón había recibido en Bayona la corona de Carlos IV y del mismo Fernando VII, mucho más preocupados por su comodidad, sus riquezas y su futuro que por sus súbditos. La gente no supo nada de esto a tiempo, pero los Borbones en su conjunto quedaron retratados en aquellas jornadas de bajezas sin cuento. Fernando VII y su hermano el infante Carlos María Isidro vivieron los años siguientes en un palacio francés, de espaldas a los enormes sacrificios que hicieron posibles la victoria de España y la continuidad de la dinastía.

Entre 1808 y 1813 la mayor parte de los españoles pensaba que sus príncipes estaban en una celda poco menos que encadenados. Hoy conocemos sus ambiciones, sus negocios y su correspondencia servil con Napoleón. Completamente indiferentes a la gloria de Bailén, que en nada les correspondió. Por eso no es tan disparatado que la realeza de 2008 no vaya a Bailén, porque es poco probable que los Borbones pidan disculpas a la nación por la conducta familiar de aquellos años y por el sangriento siglo de decadencia que hicieron seguir a la batalla.

Lo peor de España en 1808 fueron sus gobernantes. Sus reyes, sus grandes fortunas, su alta nobleza, sus ilustrados librepensadores: todos a una y con pocas excepciones se unieron durante un tiempo al invasor. Un Ejército en cuadro y sin presupuesto, una Armada sin buques y sobre todo un pueblo dispuesto a todo por su libertad hicieron el milagro. Ellos fueron lo mejor, y seguramente dos siglos después sea bueno que sus descendientes celebren el aniversario sin la realeza. En 1808 los Borbones y la casta de privilegiados a su alrededor pensaron sólo en sí mismos y creyeron hacer un buen negocio sirviendo a los enemigos de España. No hay razones para que sus herederos conmemoren nada en Bailén.

PASCUAL TAMBURRI

PUBLICADO EN EL SEMANAL DIGITAL


Peñalara





domingo, 20 de julio de 2008

José de Espronceda




Feliz el que apartado
de las ciudades, cual la antigua gente,
labra el campo heredado
y en su pecho ningún cuidado siente,
ni la trompa guerrera
ni el mar airado el corazón le altera.

O las vides enlaza
con los álamos altos, bien gozando
de la volatil caza,
o las ramas inutiles podando,
o ya pulsa la avena
y con su tierno son el prado llena.

Mira en el cerro herboso
de los toros errantes la manada,
o en cántaro, gozoso,
pone la miel que fuera trabajada
por solícita abeja.
O su blanco vellón quita a la oveja.

José de Espronceda

sábado, 19 de julio de 2008

Asterix, uno de nosotros

J.R.R.Tolkien.



"Aunque tarde o temprano todas las cosas hayan de perecer, a Gondor no le ha llegado todavía la hora. No, aun cuando los muros sean conquistados por un enemigo implacable, que levante una montaña de carroña delante de ellos. Todavía nos quedan otras fortalezas y caminos secretos de evasión en las montañas. La esperanza y los recuerdos sobrevivirán en algún valle oculto donde la hierba siempre es verde."
J.R.R.Tolkien.

Ramond de Carbonnières



"Sobre estas cimas, que son las verdaderas extremidades de la tierra, el observador, invitado al recogimiento por la grandeza de los objetos y el silencio de la naturaleza, contempla sobre sí la inmensidad del espacio y bajo sus pies la profundidad de los tiempos."
Ramond de Carbonnières

Ion I. Mota


"Es el buen camino", dicen alegres todos los muchachos. Es camino jalonado, como se dice en el Ejército; es decir: camino marcado para no perderse. Todos tuvimos la alegría que tienen los que caminan cuando, atravesando solos un monte desconocido, hacia una meta perdida en las tinieblas y el misterio, descubren de vez en cuando sobre los árboles señales que les indican que éste es el buen camino.

Giovanni Gentile.


"Si los demás hombres son realmente idénticos a mí, entonces no podré nunca comprenderme realmente a mí mismo sin comprenderles a ellos; ni tampoco podré usar mi propia comprensión vital para hacer progresar mi desarrollo y gradualmente formar mi carácter sin, al mismo tiempo, progresar en el desarrollo de los demás y hacerles cada vez más cercanos a mi ideal."

Giovanni Gentile.

viernes, 18 de julio de 2008

Ramiro de Maeztu


“Vosotros no sabéis por qué me matáis, pero yo sí sé por lo que muero”

Unamuno


Esto es una miseria, una completa miseria. A nadie le importa nada de nada. Y cuando alguno trata de agitar aisladamente este o aquel problema, una u otra cuestión, se lo atribuyen o a negocio o a afán de notoriedad y ansia de singularizarse.

Fíjate y observa. Ante un acto cualquiera de generosidad, de heroísmo, de locura, a todos estos estúpidos bachilleres, curas y barberos de hoy no se les ocurre sino preguntarse: ¿por qué lo hará? Y en cuanto creen haber descubierto la razón del acto —sea o no lo que ellos suponen— se dicen: ¡bah!, lo ha hecho por esto o por lo otro. En cuanto una cosa tiene razón de ser y ellos la conocen perdió todo su valor la cosa. Para eso les sirve la lógica, la cochina lógica.

No hay porvenir; nunca hay porvenir. Eso que llaman el porvenir es una de las más grandes mentiras. El verdadero porvenir es hoy. ¿Qué será de nosotros mañana? ¡No hay mañana! ¿Qué es de nosotros hoy, ahora? Ésta es la única cuestión.

Pues bien, sí; creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro de don Quijote del poder de los bachilleres, curas, barberos, duques y canónigos que lo tienen ocupado. Creo que se puede intentar la santa cruzada de ir a rescatar el sepulcro del Caballero de la Locura del poder de los hidalgos de la Razón.

Defenderán, es natural, su usurpación y tratarán de probar con muchas y muy estudiadas razones que la guardia y custodia del sepulcro les corresponde. Lo guardan para que el Caballero no resucite.

A estas razones hay que contestar con insultos, con pedradas, con gritos de pasión, con botes de lanza. No hay que razonar con ellos. Si tratas de razonar frente a sus razones estás perdido.

Si te preguntan, como acostumbran, ¿con qué derecho reclamas el sepulcro?, no les contestes nada, que ya lo verán luego. Luego..., tal vez cuando ni tú ni ellos existáis ya, por lo menos en este mundo de las apariencias.

Es el valor que más falta nos hace: el de afrontar el ridículo. El ridículo es el arma que manejan todos los miserables bachilleres, barberos, curas, canónigos y duques que guardan escondido el sepulcro del Caballero de la Locura. Caballero que hizo reír a todo el mundo, pero que nunca soltó un chiste. Tenía el alma demasiado grande para parir chistes. Hizo reír con su seriedad.

* Verás cómo así que el sagrado escuadrón se ponga en marcha aparecerá en el cielo una estrella nueva, sólo visible para los cruzados, una estrella refulgente y sonora, que cantará un canto nuevo en esta larga noche que nos envuelve, y la estrella se pondrá en marcha en cuanto se ponga en marcha el escuadrón de los cruzados, y cuando hayan vencido en su cruzada, o cuando hayan sucumbido todos —que es acaso la manera única de vencer de veras—, la estrella caerá del cielo, y en el sitio en donde caiga allí está el sepulcro. El sepulcro está donde muera el escuadrón.

Y allí donde está el sepulcro, allí está la cuna, allí está el nido. Y de allí volverá a surgir la estrella refulgente y sonora, camino del cielo.

Y no me preguntes más, querido amigo. Cuando me haces hablar de estas cosas me haces que saque del fondo de mi alma, dolorida por la ramplonería ambiente que por todas partes me acosa y aprieta, dolorida por las salpicaduras del fango de mentira en que chapoteamos, dolorida por los arañazos de la cobardía que nos envuelve, me haces que saque del fondo de mi alma dolorida las visiones sin razón, los conceptos sin lógica, las cosas que ni yo sé lo que quieren decir, ni menos quiero ponerme a averiguarlo.

Una vez, ¿te acuerdas?, vimos a ocho o diez mozos reunirse y seguir a uno que les decía: ¡Vamos a hacer una barbaridad! Y eso es lo que tú y yo anhelamos: que el pueblo se apiñe y gritando ¡vamos a hacer una barbaridad! se ponga en marcha. Y si algún bachiller, algún barbero, algún cura, algún canónigo o algún duque les detuviese para decirles: «¡hijos míos!, está bien, os veo henchidos de heroísmo, llenos de santa indignación; también yo voy con vosotros; pero antes de ir todos, y yo con vosotros, a hacer una barbaridad, ¿no os parece que debíamos ponernos de acuerdo respecto a la barbaridad que vamos a hacer? ¿Qué barbaridad va a ser ésa?»; si alguno de esos malandrines que he dicho les detuviese para decir tal cosa, deberían derribarle al punto y pasar todos sobre él, pisoteándole, y ya empezaba la heroica barbaridad.

En marcha, pues. Y ten en cuenta no se te metan en el sagrado escuadrón de los cruzados bachilleres, barberos, curas, canónigos o duques disfrazados de Sanchos. No importa que te pidan ínsulas; lo que debes hacer es expulsarlos en cuanto te pidan el itinerario de la marcha, en cuanto te hablen de programa, en cuanto te pregunten al oído, maliciosamente, que les digas hacia dónde cae el sepulcro. Sigue a la estrella. Y haz como el Caballero: endereza el entuerto que se te ponga delante. Ahora lo de ahora y aquí lo de aquí.

¡Poneos en marcha! ¿Que adónde vais? La estrella os lo dirá: ¡al sepulcro! ¿Qué vamos a hacer en el camino mientras marchamos? ¿Qué? ¡Luchar! ¡Luchar!, y ¿cómo?

¿Cómo? ¿Tropezáis con uno que miente?, gritarle a la cara: ¡mentira!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que roba?, gritarle: ¡ladrón!, y ¡adelante! ¿Tropezáis con uno que dice tonterías, a quien oye toda una muchedumbre con la boca abierta?, gritarles: ¡estúpidos!, y ¡adelante! ¡Adelante siempre!

¡En marcha, pues! Y echa del sagrado escuadrón a todos los que empiecen a estudiar el paso que habrá de llevarse en la marcha y su compás y su ritmo. Sobre todo, ¡fuera con los que a todas horas andan con eso del ritmo! Te convertirían el escuadrón en una cuadrilla de baile, y la marcha en danza. ¡Fuera con ellos! Que se vayan a otra parte a cantar a la carne.

Esos que tratarían de convertirte el escuadrón de marcha en cuadrilla de baile se llaman a sí mismos, y los unos a los otros entre sí, poetas. No lo son. Son cualquier otra cosa. Esos no van al sepulcro sino por curiosidad, por ver cómo sea, en busca acaso de una sensación nueva, y por divertirse en el camino. ¡Fuera con ellos!

Esos son los que con su indulgencia de bohemios contribuyen a mantener la cobardía y la mentira y las miserias todas que nos anonadan. Cuando predican libertad no piensan más que en una: en la de disponer de la mujer del prójimo. Todo es en ellos sensualidad, y hasta de las ideas, de las grandes ideas, se enamoran sensualmente. Son incapaces de casarse con una grande y pura idea y criar familia de ella; no hacen sino amontonarse con las ideas. Las toman de queridas, menos aún, tal vez de compañeras de una noche. ¡Fuera con ellos!

El escuadrón no ha de detenerse sino de noche junto al bosque o al abrigo de la montaña. Levantará allí sus tiendas, se lavarán los cruzados sus pies, cenarán lo que sus mujeres les hayan preparado, engendrarán luego un hijo en ellas, le darán un beso y dormirán para recomenzar la marcha al siguiente día. Y cuando alguno se muera le dejarán a la vera del camino, amortajado en su armadura, a merced de los cuervos. Quede para los muertos el cuidado de enterrar a sus muertos.

Te consume, mi pobre amigo, una fiebre incesante, una sed de océanos insondables y sin riberas, un hambre de universos, y la morriña de la eternidad. Sufres de la razón. Y no sabes lo que quieres. Y ahora, ahora quieres ir al sepulcro del Caballero de la Locura y deshacerte allí en lágrimas, consumirte en fiebre, morir de sed de océanos, de hambre de universos, de morriña de eternidad.

Ponte en marcha, solo. Todos los demás solitarios irán a tu lado, aunque no los veas. Cada cual creerá ir solo, pero formaréis batallón sagrado: el batallón de la santa e inacabable cruzada.

Tú no perteneces al cotarro, sino al batallón de los libres cruzados. ¿Por qué te asomas a las tapias del cotarro a oír lo que en él se cacarea? ¡No, amigo, no! Cuando pases junto a un cotarro tápate los oídos, lanza tu palabra y sigue adelante, camino del sepulcro. Y que en esa palabra vibren toda tu sed, toda tu hambre, toda tu morriña, todo tu amor.

Si quieres vivir de ellos, vive para ellos. Pero entonces, mi pobre amigo, te habrás muerto.


Miguel de Unamuno, «El sepulcro de don Quijote», en Vida de don Quijote y Sancho, Madrid: Cátedra, 1988 (1905), pp. 139-153.



jueves, 17 de julio de 2008

Alexis de Tocqueville


"...cada día el ejercicio del libre albedrío del hombre se vuelve menos útil y menos frecuente; circunscribe la voluntad a límites cada vez más estrechos y gradualmente le va quitando al hombre el goce de sí mismo... tal poder no destruye, pero minoriza la existencia; no tiraniza, pero comprime, enerva, restringe e idiotiza a un pueblo, hasta que cada nación es reducida a nada más que un rebaño de tímidos e industriosos animales, de los cuales el gobierno es el pastor."
Alexis de Tocqueville

Herriko Tabernas

Sanchez Mazas



Hay en las afueras de Palermo un famoso palacio gótico-morisco llamado La Zisa. Allí, al pie de las armas de España, se leen estos versos:

En regio timbre se precia la Zisa de tal escudo si a Palermo ofrecer pudo glorias de España y de Grecia.

Pero ¿Por qué se sale con esta canción? ¿Por qué glorias de España y de Grecia? Pensad ahora que hay una pastoral castellana: la de Cervantes, la de Garcilaso, la de Montemayor, la de Fray Luis, la de San Juan de la Cruz, la de Lope. Pensad que hay una epopeya castellana desde el “Mio Cid” hasta Lepanto, hasta Rocroy.

El Imperio ha podido consolar a los hombres como una idea eterna…Ahí están nuestros escudos españoles en Sicilia. Con ellos he rezado como un rosario de coronas y de cuarteles españoles en la alegría y en la tragedia de las Dos Sicilias. Con ellos he visto mezclarse, junto a las lecciones más equilibradas y puras del arte y de la poesía clásicas, las catástrofes y los desordenes del tiempo y la naturaleza.

Etnas y Vesubios, terremotos, jardines, opulencia, miseria, Scilas y Caribdis, grandes ojos azules de las bahías, dorica pureza de los templos incólumes aun en las campiñas, versos de Virgilio y de Horacio, teoremas de Euclides, vino de Palermo en las venas, oro, plata, azul en los ojos, una gota de miel y de hiel en el paladar…Todo esto acompaña en las Dos Sicilias esa odisea del espíritu que va entre cataclismos y riesgos, claridades, reposos, maravillas y abominaciones. Todo en un mármol lo soporta, lo supera y lo resume aquella Psiche griega del Museo de Nápoles, dulce y extraña enamorada del amor, divina mutilada y sonriente. De ella pude acordar ante la torre casi derruida de Castellamare, en Palermo, una fina puerta de arco rebajado, hermana de las de Toledo y Alcalá, sostiene las armas reales. El sol de mediodía da, como en el rostro de un cuadrante solar, en el viejo escudo de España. Sobre el intenso azul del mar, aquietado en el cerco de oro de los montes, flotan, como pétalos en una copa, las embarcaciones pintadas a la antigua, de colores claros. Bajo las nubes blancas, que desunen ya de su cortejo matinal de bodas, el escudo del Rey Fernando y de la Reina Isabel casi brilla en el mármol donde fue sobriamente inciso sin escarolados follajes. A los flancos lleva esculpidos –invención de Antonio Nebrija– el yugo del buey y el haz de flechas. ¡Escudos españoles de Sicilia! Ellos dicen que tuvimos alguna parte en la idea humana, virgiliana, clásica y cristiana del Imperio. Se quiso defender con ellos una unicidad, una civilización, una religión, una cultura, una católica y romana pastoral de los Cárpatos a los Andes, un concierto de pueblos superiores... Ellos dicen cómo supimos continuar el discurso milenario de las armas y de las letras, cómo invocamos, hasta donde nos fue posible, en la larga pelea, el socorro de las musas; cómo dimos nuestra odisea de ultramar y nuestra Edad de Oro; cómo ensayamos no sólo humillar y oprimir a los pueblos –según se nos reprocha–, sino también establecer una cooperación más elevada, inteligente y generosa que la que existe ahora. Hicimos un esfuerzo por establecer una Monarquía universal, por hacer copartícipes a los pueblos en una jerarquía de las mejores... Quisimos una paz y unidad en la religión, en la cultura, en el heroísmo.

Aquí, a la tierra de Sicilia, antes que con el de las columnas del Plus Ultra, vinimos con aquel otro escudo. Trajimos, entre un yugo y un haz de flechas, los cuarteles de la nacional dinastía. Cantaba sus Geórgicas con el yugo y cantaba su Eneida con el haz. Más que ningún otro blasón se acomodaba éste a la sencillez, al consejo de Hesiodo, a la modestia, a la fuerte y templada dignidad de Itaca y de Castilla, al griego de Homero como a los latines de Isidoro y al romance de Garcilaso y de Fray Luis. Nunca tuvimos otro escudo mejor. Con su haz de flechas y su yugo arcaico él hacía pensar en la patria romana, «rica de cosechas y de héroes», que Virgilio había cantado.

Así volvía, en el escudo virgiliano de la Reina Isabel, aquel equilibrio de la pastoral y de la epopeya que pasa todavía como un sueño dorado de Cervantes. A la tierra de Cíclopes y de pastores, donde Vulcano acicalaba las armas de Aquiles y donde Minerva enseñaba a los hombres el arte de arar y de uncir los bueyes, volvía, en signos castellanos y aragoneses, el recuerdo de la lección maravillosa. En los trabajos y en los días, de España, en las mocedades de un Imperio, he aquí los símbolos sin énfasis que bastan al esfuerzo común. Significaron en sus acepciones más altas, más que predominio vanaglorioso, educación perfecta, hecha de soportar los yugos de las Ciencias y de las Artes y de afinarse en punterías y destrezas exactas de arquero.

Repongamos en el escudo yugo y haz. Si el yugo sin las flechas resulta pesado, las flechas sin el yugo corren peligro de volverse demasiado voladoras. Tornemos, más que a una política, a una disciplina, a una conducta, a un estilo, a un modo de ser, a una educación. Unamos a la laboriosidad cotidiana la audacia vigilante y el ojo seguro del sagitario.

Poco diría el yugo si sólo dijese: sujeción. Dice también instrumento para realizar la fatiga, ayuda piadosa, domesticidad, mansedumbre, coyunda sacramental de amor. Poco diría el haz si sólo dijese: la unión es la fuerza. Dice también que tiene en ligadura presta a soltarse alas de pluma y aguijones de acero.

¡Escudo virgiliano de la Reina Isabel! Haznos volar, aguijonear, arar, tender el arco en afinada puntería, espolear la yunta y el vuelo, tener una conciencia diaria del surco y de la trayectoria. Entre el yugo del buey y el haz de flechas tú podrías volverte nuestro cuadrante, en espera del Mediodía.

Rafael Sánchez Mazas

(Fragmento de una conferencia dada en Santander y publicada
por el Boletín de la «Biblioteca Menéndez y Pelayo» en 1927.)

A los viejos amigos...

miércoles, 16 de julio de 2008

Batalla de Las Navas de Tolosa (16 de julio de 1212)

Batasunis

España no puede morir




Ni podemos ver con calma ni podemos tolerar que los canallas de hoy insulten e injurien a la España de antes; la grande, la gloriosa, la ilustre, la que ejercía, cuando principios similares a los nuestros imperaban, una hegemonía tal en todos los órdenes de la vida, que puede decirse que extendiendo un día sus brazos abarcó entre ellos el planeta; e hizo más, hizo que al estrecharle contra su corazón las palpitaciones de España fueran el péndulo regulador de todos los movimientos sociales.

Después de sacar un mundo de las espumas de los mares y de haber completado el planeta y coronado los Andes con su bandera y haberla paseado triunfante por los pantanos de Flandes y las vertientes de los Apeninos, y desde las márgenes del Sena hasta el golfo de Corinto y de haber sido la amazona de la raza latina, esta España gloriosa cayó cuando- agobiada de los laureles y con el peso de una corona que circundaba la tierra, desfallecido el brazo, pero no el espíritu, después de tantos combates contra la barbarie germana y anglosajona- quedó sola entre los pueblos latinos que la abandonaron cobardemente, cuando no la hirieron por la espalda.

Pero, ¿Cómo cayó?. Cayó en Rocroi, con el sublime tercio de la sangre del conde de Villalba; cayó en Montesclaros, gloriosamente, con los intrépidos escuadrones del marqués de Caracena dejando en el campo cuatro mil muertos, pero causando otros tantos al enemigo, superior en número, y sacando intactos los restos del ejército; cayó con aquel don Juan de Austria que, sino tan grande como el de Lepanto, tras perder el segundo caballo en la contienda y de pelear solo en las avanzadas con una pica en la mano, vio a sus plantas ciento cinco títulos de Castilla y ocho mil soldados muertos en poco más de una hora de combate, pero causando al enemigo- excesivamente superior y auxiliado además por la mejor infantería inglesa- más de cinco mil cadáveres al pie de las colinas de Estremoz. Así cayo aquella España a quien ahora se insulta. Comparad a Rocroi, a Montesclaros y Estremoz con la entrada en la OTAN, Maastrich o la entrega nacional sin lucha de los últimos tiempos. ¿Hemos de tolerar después de esto que se nos diga a todas horas- podéis leerlo y escucharlo en la pluma o en la boca de los exponentes de nuestra vida política-: no penséis más en nada que parezca uso de la fuerza, apartad los ojos del otro lado del Estrecho, no penséis que el país puede disgregarse…?

Reduzcámonos, si es preciso, a límites más estrechos de soberanía política y económica; pensemos razonablemente y olvidemos todo lo que parezcan locuras, nada de quijotismo. Reduzcámonos a vivir de los turistas y de los fondos comunitarios de cohesión, a vegetar, a vivir humildemente, devorando en silencio el vilipendio sin pensar en el desquite de un mañana; no tengamos un ideal que pueda engendrar el entusiasmo del pueblo español y que desmienta la teoría inventada para amortiguar el sometimiento: la del país que debe marchar al ritmo de sus vecinos. Ciertamente que si a España hubiera que mirarla y juzgarla a través de los partidos y de los gobernantes que padecemos, seríamos, no decadentes, ineptos e incapaces ya de energía y resolución heroica, sino incluso de comprenderlas y admirarlas.

Aquí, parece que todo ha cambiado y que es otro pueblo diferente el pueblo que ha combatido. ¡Ah!, todavía hace cincuenta y pocos años, se pudo formar aquel pueblo de 1.936 que peleó en ambos frentes, y todavía nos conmueven el corazón aquellos episodios verdaderamente heróicos de nuestra guerra civil.

Hoy, ¿dónde están esas grandezas?. ¿No es verdad que todo eso parece que ya ha pasado y que desde 1.936 acá hay tres siglos de distancia?. Así sería si fuésemos a mirar a los españoles a través de sus poderes oficiales y de sus instituciones políticas; pero queda aún, con todo el vigor de la raza y conservando sus virtudes históricas el verdadero, el único pueblo español, aquel que no insulta a la Patria sino que se enorgullece de ella; aquel que no trata de buscar alguna página en su vida para mancharla y denigrarla con una afrenta; aquel que la invoca en sus sueños; aquel que no se siente amedrentado con las desgracias sino que ve en ellas un nuevo aliciente para pelear. Y nosotros probaremos- Puesto que de pruebas históricas se trata- que ese auténtico espíritu español no ha muerto; probaremos con la fuerza que quede en nuestros brazos a romper las cadenas que a modo de diadema han puesto en las garras de nuestra vieja águila; probaremos como lo hicieron nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos, que España no se entregará sin lucha.

El Porvenir. Junio 1994