lunes, 15 de marzo de 2010

Ser o hacer




"... pues se proponía levantar al fin un muro de escudos, y resistir, y combatir a pie hasta que cayera el último hombre, y llevar a cabo en los campos del Pelennor hazañas dignas de ser cantadas, aunque nadie quedase con vida en el Oeste para recordar al último Rey de la Marca."


La forma es esencial, en lo que a nosotros se refiere y al nivel superior de la militancia.

En los niveles iniciales importan ante todo los resultados, las metas logradas, las victorias obtenidas. Pero, en la formación y definición de los Capitanes de esta lucha (los que, sabiendo que el mundo moderno agoniza, siguen en pie) ha de importar igualmente la manera en que esa lucha se desarrolle.

Éomer tenía razón. Se puede vencer en una batalla, o no -y hay que intentar vencer, eligiendo la batalla y empeñando en una batalla posible todos los medios concebibles-, pero también es necesario que nuestro modo de afrontar la lucha, nuestra vida, lo que de nosotros vean quienes nos sigan (seguir, e el sentido de que vendrán después; pero también en el sentido de que combatan a nuestro lado, tal vez sin intuir más que una parte de la importancia de la lucha) sea realmente ejemplar. Que en cada uno de nuestros actos se resuma nuestra manera de vivir, y por ende nuestro modo de entender el mundo. Podrán no comprenderlo, pero si lo ven, antes o después, y en el lugar más insospechado, la Idea florecerá.

Por eso me sublevo contra la idea de "hacer", las "listas de cosas hechas o por hacer". No estamos aquí para "hacer cosas", pues sobran los fachas y los mercenarios que hagan las cosas que ahora mismo podemos hacer cara al mundo. Estamos para hacerlas, al frente de todos, unidos férreamente por lazos más fuertes que la sangre y que la muerte, de una determinada manera. Nuestros jefes determinarán en cada momento qué hacer. Pero, como Éomer, quienes elijan el camino difícil tendrán que hacerlo de manera "digna de ser cantada aunque nadie quede para cantar", sin vacilaciones, sin concesiones, sin pactos ni mediaciones. Cada una de esas manchas en nuestro modo de hacer es peor que una derrota, y no sólo para quien se equivoca, sino para todos nosotros.

Quien quiera "hacer" sin comprometerse a "ser" es digno de respeto, podrá ser nuestro amigo, pero no puede ser uno de los nuestros, porque no habrá aceptado este aspecto esencial.

Roldanus 2003

No hay comentarios: