domingo, 7 de marzo de 2010

PACIFISTAS




PACIFISTAS

¡PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES!

Dice el burgués mientras estudia el estado de su cuenta corriente. El no necesita una política firme delante ni hombres armados que protejan sus derechos. La conciencia ciudadana y la Declaración Internacional de Derechos del Hombre cuidan sus bienes y el españolito de a pie se admira de lo bien que está organizado todo.

¡JAMAS DE NUEVO VIOLENCIA Y GUERRA!

Así gritan los verdaderos intransigentes. Lamentablemente a ningún bromista se le ha ocurrido hasta la fecha fundar un partido político con el grito de: ¡Jamás de nuevo dolor de riñones! Tendría tanta razón como los amigos de la paz.

¿Significa esto que queremos la violencia y la guerra por sí mismas?. Desde luego que no. Pero no se elimina la guerra deponiendo las armas. De la misma manera que no se acaba con el dolor de riñones extirpándolos.

También la paz ha de ser defendida, y por cierto, como todos los bienes de esta tierra, con las armas. Quien quiera la paz, prepárese para la guerra. Y el que quiera guerra, ése, que predique la paz.

¡Tranquilidad y orden!, nos gritan ahora. ¡Bien!. ¿Por qué no gritasteis eso cuando imperaban tranquilidad y orden?. Entonces alborotasteis cuanto pudisteis contra el Estado y ahora, cuando por los mismos medios vosotros mismos entrasteis en la butaca, exigís de nosotros que seamos buenamente tranquilos y mientras tanto, vaciáis a todos descaradamente los bolsillos. ¡Esto es lo que os conviene!.

Cuando alguno penetra sigilosamente durante la noche en una casa para robar, también ése está a favor de la tranquilidad y el orden.

Y si detrás de él una voz femenina grita: ¡Al ladrón!, entonces se mostrará como vosotros muy asombrado y dirá que eso perturba la tranquilidad de la noche.

Los que dicen que todo se arregla hablando no lo creen ni ellos mismos. ¿O es qué no viven en el duro reino de la existencia diaria?.

Algunos ingenuos quedan que están convencidos de que la mejor forma de servir a la estabilidad es renunciando: creen que los enemigos entrarán en razones alguna vez. ¡Qué se lo cuenten a quienes saben más que nosotros porque ni ven la televisión ni leen los periódicos!.

El señor Domínguez pasea al anochecer por el Retiro, pacíficamente, con musiquilla de órgano, tatareando himnos celestiales, ha cogido incluso una ramita de árbol: el señor Domínguez es pacifista. De repente, dos se plantan delante de él y le ponen una navaja en la barriga de un modo que nadie puede malinterpretar. Los de la navaja, presumiblemente, no son pacifistas. ¡El dinero o la vida!. El señor Domínguez da el dinero y se queda con la vida. ¡El reloj o la vida!. ¡El chaquetón o la vida!. Y así, hasta que a los otros les de la gana. Pero, puede ser que el señor Domínguez no tenga nada, o que diga que no y ofrezca resistencia. ¡Así es la loca vida!. ¡Ah!, pero esto nunca lo haría porque él es un amigo de la paz y un enemigo de la violencia. Así, Domínguez, en cuanto puede respirar y deja de ver la navaja, llama a la policía.

Porque el señor Domínguez sabe que la policía está para eso y también sabe que la policía no lleva precisamente una ramita de árbol, sino cachiporra y pistola al cinto. ¿Qué significa esto? Pues que cuando un honesto ciudadano está en peligro apela a la fuerza de otros, la fuerza que él mismo es demasiado cobarde para ejercer.

El pacifismo es renuncia a la autodefensa y confianza en la protección de los otros. Pagar a hombres para que defiendan nuestros bienes y nuestra vida. Eso es el no va más de la cultura para estos señores que adoran la democracia y se declaran enemigos de la violencia. Exponer la propia vida justamente por esos derechos es para ellos la forma más repulsiva de la barbarie.

Y así se nos presenta el Régimen en la práctica.

Afuera, ante vecinos económicamente más poderosos, se arrastran por el suelo, mendigan, lamen el polvo y besan las manos que someten la independencia de nuestro país y que manejan nuestra economía. Pero en casa, los ánimos se les suben del mismo modo que se les bajan fuera: frente a los vecinos son infames, cobardes y rastreros. Vienen de vuelta y se resarcen aquí de todas las humillaciones que sufren fuera con sonrisa boba e impertinente, se ensañan entonces con quienes protestan y les critican justamente.

Hacia afuera la consigna dice: ¡sí señores, como ustedes quieran!, y adentro golpean cantando: ¡os vais a enterar!.

Todo lo que nos cuentan son mentiras y engaños.

Cuanto peor le va a España, mejor le va a sus ministros, a sus políticos y a los altos cargos. Cuanto más tienen que pagar en impuestos sus ciudadanos, tanto mayores son los sueldos que perciben los Directores Generales. ¡Y nadie carga con la responsabilidad!.

Han hecho de la política un negocio. Vienen y van, hacen experimentos con el pueblo y, si su partido fracasa, vuelven a sentarse en los sillones del Parlamento para hacer oposición contra sus sucesores. ¿Ante quién rinden cuentas?. ¿Dónde están los tribunales que les recuerden su deber?

Que sea como quiera. Ponemos manos a la obra y renegamos de los chalaneos judiciales y parlamentarios. ¡Nos quedamos con la Patria!. ¡No queremos nada para nosotros, pero todo para la Nación! Serviremos con todas nuestras fuerzas y por todos los medios al bien común. Las acusaciones y condenas, no nos importan.

¡Queremos trabajo y seguridad!. ¡No papeletas de voto y promesas!.

La juventud española está despertando, que el resto del pueblo reconozca a sus verdaderos verdugos ya nos encargaremos nosotros de demostrarlo. Y entonces ya no se dirá: Hay que respetar las reglas del juego democrático y votar cada cuatro años. Entonces bramará el viento huracanado de una nueva libertad:

¡LA LIBERTAD DE LA PATRIA!


A.P.E

Febrero 1993

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Qué es APE?

Anónimo dijo...

A por ellos

Anónimo dijo...

Es una firma o una organización o qué?

Porque he visto varios textos firmados por APE